La Iglesia como madre: crecimiento espiritual y el papel transformador de la maternidad

Queridos hermanos y hermanas: Retomamos hoy las catequesis sobre el misterio de la Iglesia, en este Año de la fe, con la imagen de la “Madre”. El Concilio Vaticano II dice que la Iglesia es nuestra madre en la fe, en la vida sobrenatural. Ante todo, la Iglesia es madre porque engendra nuevos cristianos. Por el Bautismo, los hace nacer a la vida divina y establece con ellos un vínculo vital, interior, como el de una madre con sus hijos. Además, como buena madre, los ayuda a crecer y a ser responsables, los alimenta, los educa, los cuida con ternura a lo largo de su vida. Así, la Iglesia nos anuncia la Palabra de Dios como luz para el camino, nos nutre con la Eucaristía, nos procura el perdón divino, nos sostiene en los momentos de sufrimiento y dificultad.

Y, finalmente, como todos formamos la Iglesia, su maternidad incluye también la solicitud de los unos por los otros. Todos, pastores y fieles, estamos llamados a colaborar en la transmisión de la fe, en el anuncio del Evangelio, en la atención a los necesitados… para hacer fecunda a la Iglesia. Preguntémonos: ¿Honro a la Iglesia como madre? ¿Participo en los sacramentos, escucho la Palabra de Dios en comunidad? Y sobre todo, ¿comparto su cuidado maternal por mis hermanos?

La maternidad de la Iglesia y la experiencia de las madres en la vida cotidiana

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, El Salvador, Venezuela, Paraguay, Colombia, Argentina y los demás países latinoamericanos. Invoquemos juntos al Espíritu Santo, para que conceda fecundidad a la Iglesia, no le permita que se cierre en sí misma, y salga a llevar la luz de Cristo hasta los confines de la tierra. Muchas gracias.

No se olviden del Señor. El Señor con su amor buscando el amor de un pueblo. Ene. 09:48 a. Cada vez es más difícil ver noticias católicas en las redes sociales. Durante la Audiencia, Francisco citó al Arzobispo de El Salvador, Mons. Oscar Arnulfo Romero - asesinado en 1980 -, quien dijo que "las madres viven un 'martirio materno'". Se trata de "una entrega total, sin aspavientos, en el silencio, la oración, el cumplimiento del deber. Ser madre «es también una elección de vida» que es la de «dar vida», dijo el Papa. En ese sentido, recordó que ante todo la Iglesia es Madre. "En la familia está la madre. Por ello, lamentó que muchas veces no se le dé la importancia que le corresponde. Para el Papa, "también en la comunidad cristiana la madre no es siempre justamente valorada, es poco escuchada".

«Una madre con los hijos tiene siempre problemas, siempre trabajo. Yo recuerdo en casa, éramos cinco y mientras uno hacía 'una', el otro pensaba en hacer 'otra' y la pobre mamá iba de un lado para el otro. Pero era feliz. El Papa indicó que "las madres son el antídoto más fuerte a la difusión del individualismo egoísta" ya que 'individuo' quiere decir 'que no puede ser dividido'". En ese sentido, dijo que muchas veces piensa en las madres cuyos hijos han muerto en la guerra. "Muchas veces he pensado en aquellas madres cuando han recibido la carta: 'Le digo que su hijo ha caído en defensa de la patria…'.

«Pobres mujeres, cómo sufre una madre!» Francisco dio gracias a todas las madres y pidió dar un aplauso a las que estaban en el Aula Pablo VI. Algunos las han redefinido como "las equilibristas": son madres italianas con hijos menores de edad, siempre al límite entre la familia y el trabajo. Según el último informe de "Save the Children", publicado en mayo de este año, hay algo más de 6 millones de mujeres en Italia que se encuentran en estas condiciones y que en 2020, año en el que estalló la pandemia del Covid-19, se vieron significativamente penalizadas por el mercado laboral, debido a la carga de trabajo doméstico y de cuidados que tuvieron que soportar durante los periodos en los que los servicios de guardería y las escuelas estuvieron cerrados. De las 249.000 mujeres que perdieron su empleo en 2020, señala el estudio, 96.000 son madres con hijos menores. Entre ellos, 4 de cada 5 tienen hijos menores de 5 años. Además, las mujeres italianas son las más viejas de Europa en el momento del nacimiento de su primer hijo (32,2 años, frente a una media de la UE de 29,4), mientras que sólo el 45% de las madres con hijos recién nacidos reciben una prestación por maternidad, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Qué se puede hacer para mejorar la situación

¿Qué se puede hacer para mejorar esta situación? Además de los cambios radicales necesarios en el mundo del trabajo, en el apoyo a la familia y en la promoción del papel de la mujer en la sociedad, los cristianos y todas las personas de buena voluntad tienen un recurso más: pueden mirar a María, Madre de Dios, Ella que representa un modelo de mujer y madre por excelencia. Sus características han sido bien delineadas por el Papa Francisco en los ocho años de su pontificado: releyendo sus homilías pronunciadas entre 2014 y 2021 en la solemnidad de María Santísima Madre de Dios, que cae el 1 de enero, surge un verdadero "identikit" de la Santísima Virgen en el que las mujeres de hoy pueden inspirarse.

«Fuente de esperanza y de verdadera alegría», de hecho, María no es sólo la Madre de Dios, sino que es también "nuestra Madre", Aquella que "nos precede y nos confirma continuamente en la fe, en la vocación y en la misión -dijo Francisco en 2014- Con su ejemplo de humildad y disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio alegre y sin fronteras del Evangelio». De este modo, nuestra misión será fructífera, porque se inspira en la maternidad de María. Su relación íntima con Jesús es central: «La carne de Cristo - subrayó el Papa en 2015 - se tejió en el seno de María», creando una inseparabilidad. María está tan unida a Jesús porque recibió de Él la conocimiento del corazón, la fe nutrida por la experiencia materna y el vínculo íntimo con su Hijo; por ello, no se puede entender a Jesús sin su Madre.

En 2016, explicó que María se nos presenta como "un vaso siempre lleno de la memoria de Jesús, sede de la sabiduría, de la que se puede extraer para tener una interpretación coherente de su enseñanza". En la práctica, la Virgen nos permite "captar el sentido de los acontecimientos... gracias a la fuerza de la fe que aporta la gracia del Evangelio de Cristo". En 2017, recordó que María es "el antídoto más fuerte contra nuestras tendencias individualistas y egoístas" y que una sociedad sin madres sería fría, sin corazón y sin piedad. Las madres que sufren, las que enfrentan pruebas graves, tienen mucho que enseñar porque "no se rinden y siguen luchando para dar lo mejor a sus hijos".

La devoción a la Madre de Dios no es una etiqueta, sino una exigencia de la vida cristiana (2018). Mirando a María, se nos anima a dejar atrás lastres inútiles y a redescubrir lo que cuenta; la Madre es la firma de Dios en la humanidad. Su mirada maternal infunde confianza, ayuda a crecer en la fe y recuerda que la ternura es esencial para la fe (2019). La mirada de la madre es clave: un mundo sin mirada maternal es miope y la familia humana se basa en las madres; la ternura que queda relegada a un sentimiento no sostiene el futuro. También el abrazo de María es esencial, un baluarte contra la vida fragmentada. Dios no dejó de necesitar a la Madre: la Virgen es Reina de la Paz y guía por los caminos del bien, educando en la compasión (2020).

Otra característica destacada es la capacidad de "guardar las cosas en el corazón", cuidar y tomar la vida a pecho, cualidad de la mujer. Por ello, Francisco llama a proteger a las mujeres como fuentes de vida, que pueden ser objeto de violencia y explotación; toda violencia contra la mujer es una profanación de Dios. Debe liberarse del consumismo y respetarse; es la carne más noble que ha concebido al Amor que nos ha salvado. También denuncia la humillación de la maternidad y la visión utilitarista de la vida. En enero de este año, subrayó la capacidad de "llevar a Dios al tiempo": encontrar tiempo para Dios y para el prójimo, para quien está solo y necesita escuchar.

La reflexión continúa sobre la paternidad y la maternidad espirituales, y la importancia de relaciones significativas que acompañen en la vida. En un tiempo de exilio y pruebas, como las de María y José, se recuerda a los padres y madres que no están solos; la Iglesia es Madre y también Padre en su labor de misericordia y guía. La vida espiritual es inseparable de la vida humana, y la paternidad y maternidad espirituales surgen de la experiencia y del acompañamiento de quienes ya han recorrido ese camino. En este marco, la fe se comunica y se vive en comunidad, con apertura al servicio de los demás.

La primera fiesta mariana del año y las jornadas litúrgicas recuerdan que María es Madre de Dios y que la Iglesia, al mirarla, aprende a ser madre en su propia vocación de misericordia, perdón y educación para la libertad y la responsabilidad. La devoción a María es entonces un impulso para educar en la vida, en la empatía y en la entrega por los demás, especialmente por los más vulnerables.

imagen de la Virgen como madre universal

La Virgen María, Madre de la Iglesia ✨ Explicado con Amor y Fe

La síntesis es clara: la Iglesia es madre porque engendra, alimenta y acompaña; María es modelo de maternidad que educa a las personas para crecer en la fe, elegir con libertad y vivir la ternura que sostiene a la comunidad. El tiempo, la infancia de Jesús y la vida de la Iglesia muestran que la maternidad, tan central en la experiencia cristiana, invita a vivir con responsabilidad, generosidad y esperanza, defendiendo la dignidad de la mujer y promoviendo la paz y la unidad entre todos los hijos de Dios.

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