La nuestra casa, o mejor dicho su campo energético, está en contacto constante con energías. También nosotros y nuestra aura estamos rodeados por innumarables energías. Cada persona, cada objeto, todo lo que existe mantiene un intercambio continuo con otros campos e informaciones energéticas. El terreno tiene una fuerte influencia en la energía doméstica.
Supongamos que habéis adquirido un gran terreno en la periferia de la ciudad y decidís construir una casa. Obviamente, también el material de construcción es portador de ciertas energías básicas o de un campo de información. Y, sin embargo, una casa de nueva construcción desarrolla su “aura”, su energía, solo con el tiempo y, sobre todo, a través de las energías de sus habitantes. No obstante, existen muchos casos en los que las personas no se sienten a gusto en su casa nueva o se producen fenómenos difíciles de comprender. En estos casos, cuando es posible excluir el estrés geopático (radiazioni terrestri, vene d’acqua, etc.), la influencia de la energía del terreno se muestra con toda su potencia.
Aunque la casa aún no tenga historia propia, el terreno sobre el que reposa tiene orígenes antiguos. Observando un terreno donde previamente se derribó un edificio, durante varias semanas y meses es posible aún reconocer el campo energético, la “aura”, de la casa que existía. Normalmente los campos energéticos se mezclan y, por ello, el de la casa demolida se debilita hasta volverse imperceptible.
Con frecuencia se me pregunta si Madre Tierra no es capaz de limpiarse por sí misma. Un día, sumergiéndome en la cuestión, se materializó ante mí la imagen de Madre Tierra ocupada en transformar energías. Terremotos, erupciones volcánicas, cambios climáticos, tormentas o huracanes: todos estos fenómenos naturales parecen ser purificaciones. Pero la imagen indicaba que muchas veces somos nosotros, los humanos, quienes debemos transformar las energías que hemos creado. Madre Tierra trabaja para nosotros, pero también desea que vivamos estas experiencias con conciencia y luego transformemos las energías que nosotros mismos producimos. Si el hombre permanece inerte, los campos permanecerán inmutables, representando un peso excesivo. Por ello, ella transforma la energía, pero ese proceso puede ocurrir de forma lenta o mediante drásticos cambios geológicos. Nos toca reconocer las energías de un terreno, entender su influencia y volver a transformarlas.
Cuando nos mudamos a una casa ya habitada, deseamos que nuestra energía se ancle allí y que se disuelva la de quien vivió antes. No siempre es necesario proceder a una purificación al entrar en un nuevo apartamento. Imaginad una casa idílica con un jardín hermoso, donde vivía una familia feliz en plena armonía: el marido tenía un cargo de éxito, la pareja se amaba, los hijos eran angelitos. Quizá organizaban fiestas, cantaban y practicaban la meditación. No se ocurriría pedir una purificación energética en un convento (tueso inútil en un lugar de oración, meditación y uso de inciensos). Sin embargo, si sabemos que el dueño anterior era una persona colérica, si los inquilinos se enfermaban o morían en la casa, el deseo de un nuevo inicio se vuelve vital.
A influenciar con mayor intensidad una vivienda son siempre las personas que allí habitan o han habitado. Todo tiene su propio campo energético. No me lo creería ni yo de joven si no hubiera visto con mis ojos el aura de objetos, plantas y personas. Si realmente todo lo que existe tiene una aura, es evidente que estos campos mantienen intercambios continuos entre sí. Las plantas y objetos de madera, por ejemplo, poseen un amplio campo energético y, por ello, influyen más en el aura de la casa y de sus habitantes que los objetos de materiales sintéticos. Un viejo mueble que oculta una historia larga ejerce, claro, una influencia mayor que una cuchara de plástico en la cocina.
Os recomiendo escuchar con consciencia vuestro cuerpo o activar vuestros sentidos medianos cuando visitéis una ciudad. Notaréis que cada ciudad no solo tiene su historia, sino también su aura. No me gusta viajar, pero cuando voy en tren y no me dejo distraer, concentro a menudo mi atención en la energía de los lugares por los que voy pasando.
Una ciudad representa una enorme colectividad de campos energéticos y, con frecuencia, refleja la historia y también a sus habitantes. La energía de la ciudad puede influir en el campo energético de la casa. Existen energías del entorno muy favorables para la energía de nuestro hogar, como un bosque cercano o un vecino atento. Pero también pueden existir efectos opresivos: la frenesí de las metrópolis, una antena de transmisión o un vecino que hace la vida imposible. También hay una energía de la ciudad, y una energía del estado que nos influye. Las radiaciones y las energías que se liberan en el cosmos y que golpean la Tierra determinan el campo energético de nuestro planeta, de los hombres y de nuestras casas. Las erupciones solares pueden influir en electricidad y magnetismo terrestre, causando, por ejemplo, apagones. Aun así, la mayor parte de las radiaciones cósmicas puede atribuirse a influencias que, en última instancia, resultan útiles para nosotros y para nuestra conciencia.
La influencia de los campos electromagnéticos sobre nuestra vida aumenta año tras año. A mediados del siglo XX televisores eran raros; hoy la vida sin TV, ordenador, tablet, móvil, equipos hi-fi y electrodomésticos es impensable. La influencia de los campos electromagnéticos es difícil de modificar y las radiaciones no pueden “desactivarse” con métodos como la fumigación. El estrés geopático comprende venas de agua, fallas, radiaciones terrestres y magnéticas que crean una especie de retícula alrededor de la Tierra. Muchos, por ignorancia o miedo, creen que la influencia de los difuntos en la energía de la casa es mayor de lo que realmente es. Soy partidario de un sistema divino unitario y me parecería injusto que las personas que han concluido su marcha por la Tierra fueran forzadas a permanecer vagando, asustando a los humanos o moviendo objetos. Fenómenos ocultos como estos pueden entenderse como formas energéticas. En mi percepción, las almas no permanecen en la Tierra, pero dejan una parte para acompañar a sus seres queridos o aclarar cuestiones pendientes.
La influencia de los habitantes en su casa no debe ser subestimada. Somos nosotros mismos quienes más influimos en el campo de nuestra vivienda, y son nuestros pensamientos, emociones, palabras y acciones, nuestra energía creadora, las que influyen decisivamente en la energía de la casa. Todos los seres vivos poseen una forma de “biocampo”, reconocido por primera vez por el Ministerio de Salud en 2004, bajo la sigla HEF. Las vibraciones pueden ser mecánicas, electromagnéticas, y pueden inducir resonancias. Podemos tener resonancia mecánica, eléctrica, óptica, magnética, nuclear, entre otras. Los fenómenos vibracionales son el motor principal y la causa primaria de emisión de energía electromagnética, debida principalmente a la agitación térmica de átomos y moléculas.
Podríamos comparar el núcleo con el sol y los electrones con planetas del sistema solar: el campo que separa el núcleo de los electrones es inmenso; no es vacío, sino un “campo”. Con la física moderna llegamos al concepto del ser humano como conjunto de campos de fuerzas. Al tirar una piedra al agua, se forman ondas de choque que se propagan; la percepción habitual capta la zona de mayor resonancia, el cuerpo grueso, el núcleo visible a simple vista. Si pensamos en el espectro cromático de la luz, la banda visible es una sucesión de ondas de diferentes frecuencias; la luz también danza antes y después de lo visible, en infrarrojos y ultravioleta, pero el observador no las percibe. Instrumentos muestran luminiscencias que rodean a cada ser. El hombre parece ser un conjunto de campos electromagnéticos, donde el cuerpo físico visible es el centro y alrededor hay zonas de luminiscencia con diferentes frecuencias fuera de lo visible.
El sistema utilizado Vibraimage nació en el ámbito militar y forma parte del proyecto FAST (Future Attribute Screening Technology). El Analizador de Imagen, utilizado para monitorear las vibraciones emitidas por el llamado Campo Energético Humano (HEF), se basa en el principio de que todo vibra, de forma imperceptible a simple vista pero mensurable con tecnología. El software que conecta los datos del analizador a la pantalla del PC permite mostrar la imagen óptica del sujeto con su espectro de emisión en falsos colores. El analizador revela las vibraciones del cuerpo humano que varían en amplitud y frecuencia según los puntos del propio cuerpo, incluso de forma rápida. Además, permite ver el gráfico correspondiente al estado de partida.
El espectro de vibración puede medirse tanto en el ser humano como en animales y plantas, y en cualquier otro material, ya que toda la materia emite energía vibracional por la rotación y vibración de moléculas y átomos. Al final de la experimentación se obtienen “reportes” del espectro de vibraciones. El resultado de la Transformada de Fourier (FFT) se aplica a las vibraciones detectadas: su longitud indica la amplitud y el color su frecuencia (de 0,1 a 10 Hz), correspondientes a microvibraciones de aproximadamente 0,1 a 10 micras. Los estudios del estado funcional del cuerpo humano pueden orientarse al reconocimiento del estado emocional.
La análisis espectral de imágenes de una cámara de alta velocidad, mediante diferencias entre fotogramas adyacentes, puede indicar características mentales y fisiológicas en seres vivos, especialmente en el ser humano. En la materia inanimada, respecto a la animada, la mayor diferencia es la dinamidad de frecuencias y amplitudes, muy evidentes en seres vivos y parcialmente presentes en vegetales, menos en la materia inerte.
En cuanto a colores y frecuencias energéticas, se describen asociaciones como: VIOLA 0.1-1 Hz, movimiento lento de energía; BLU 1-3 Hz, activación mental; AZZURRO ~4 Hz, estados de relajación y meditación; VERDE 5-7 Hz, propagación de energía en procesos de sanación; GIALLO 8 Hz, procesos de sanación y estado Alpha; ARANCIONE/ROSSO 8.5-10 Hz, mayor velocidad de propagación y fuerza energetica, asociado al Beta; COLORES OSCUROS indicando congestiones a disolver. Estas frecuencias se relacionan con ritmos EEG (Delta, Theta, Alpha, Beta) y con estados meditativos.
La materia inerte presenta diferencias respecto a la viva en la dinámica de frecuencias; la ciencia de las frecuencias de luz y la interacción entre mente y materia ha alimentado conceptos de campos energéticos y de la conciencia. La experiencia de un operador olistico que observa y utiliza frecuencias de luz y prácticas de grounding, visualización, y meditaciones propone un camino de armonización entre cuerpo, mente y espíritu.
Leer y evaluar el campo energético es una habilidad clave para entender cómo las energías sotiles influyen en el bienestar global. Un profesional holístico puede intervenir para ayudar a un cliente a darle sentido a su enfermedad, mejorar su vida, y gestionar tensiones físicas o emocionales. Las relaciones energéticas entre las personas revelan que cada individuo tiene su propio campo energético y que las energías entre dos personas se entrelazan continuamente, afectando la calidad de la relación. Con prácticas conscientes y técnicas de protección energética, se puede mejorar la comunicación, desarrollar empatía y mantener el equilibrio dinámico del campo energético, creando relaciones más sanas y armoniosas.
La educación y la experiencia en estos campos incluyen ejercicios sobre lectura del campo, protección frente a interferencias, y reconocimiento de la influencia de estímulos externos. Además, se plantean advertencias: el curso está orientado a la búsqueda interior y al crecimiento personal evolutivo y no a la resolución de patologías médicas. Es un llamado a transformar la propia energía y a comprender que todos somos parte de un sistema donde la mente y la materia están intrínsecamente conectadas, tal como sugieren las ideas de la interacción entre psique y física cuántica.
En suma, el modelo de pensamiento propuesto propone que la mente, como parte de un campo de fuerzas, se articula con la materia y que los campos energéticos de objetos, lugares y personas interactúan en una red dinámica que condiciona nuestra experiencia de la realidad. Este marco invita a explorar, cuidar y transformar nuestra energía para vivir de forma más consciente y armónica.

Cómo Controlar Mentalmente el Campo Energético (Conocimiento Oculto)
Metadatos y orientación práctica: el artículo une la observación de experiencias sensoriales y la teoría de campos para proponer una visión integradora de la casa, el terreno, las personas y el cosmos como un sistema de energías interconectadas.