Muchos recurren a su fe para encontrar orientación en las relaciones sexuales, y los budistas no son una excepción. Un objetivo último del budismo es escapar del sufrimiento, y se considera que el sexo, homosexual o no, debe abordarse con la Intención Correcta.
La perspectiva budista sobre la homosexualidad es muy flexible. Buddhism es increíblemente diverso y, por ello, puede ser difícil sacar conclusiones sobre temas específicos. Los factores socioculturales que permiten la expansión de creencias y entendimientos dentro del budismo son lo que generan esa diversidad.
El Dalai Lama y su influencia
El Dalai Lama, líder espiritual del budismo tibetano y de la escuela Gelug, es ampliamente reconocido por su activismo en derechos humanos, lo que incluye derechos iguales para los homosexuales. Según un portavoz de la Oficina del Tíbet, el Dalai Lama se opone firmemente a la violencia y a la discriminación dirigida a la comunidad gay; defiende el respeto, la tolerancia, la compasión y el reconocimiento de los derechos humanos para todos, independientemente de la sexualidad.
Su perspectiva ha influido notablemente en la manera en que se contemplan cuestiones éticas y morales dentro del budismo. Su posición inicial sobre la moralidad de la homosexualidad se basaba en tradiciones religiosas previas y enseñanzas de los patriarchs de la escuela Gelug, pero ha evolucionado con el tiempo debido a otros medios, influencias culturales y fuentes religiosas.
Tsongkhapa (1357-1419), maestro tibetano y patriarch de la Gelug, escribió un comentario sobre el sexo que es considerado autorizado en el budismo tibetano y es referencia para lo que el Dalai Lama cita cuando habla de lo que está bien o no. En una conferencia de prensa en junio de 1997, comentó: “Desde un punto de vista budista [la sexualidad entre lesbianas y gais]… se considera generalmente una conducta sexual inapropiada”.
El Dalai Lama mencionó que todos los monjes deben abstenerse de sexo, o de cualquier otro acto sexual. Sin embargo, para los laicos, declaró que el propósito del sexo es la procreación, por lo que los actos homosexuales serían vistos como ligeramente antinaturales e innecesarios. En una visión más amplia de todo el budismo, el sexo homosexual no es conducta sexual inapropiada, excepto para el clero célibe, y solo en la medida en que toda sexualidad es inapropiada según ciertas interpretaciones culturales tibetanas.
La evolución de su posición se apoya en encuentros con practicantes homosexuales y en la idea de que la tradición budista puede cambiar con el tiempo. En su libro Beyond Dogma, admite que la homosexualidad no es inapropiada en sí misma, sino que lo inapropiado sería el uso de órganos ya definidos como inapropiados para el contacto sexual. Este giro ha sido objeto de debates y ha iluminado la necesidad de reinterpretación de las preceptos ante nuevos contextos sociales.
En entrevistas posteriores, como Larry King Now en 2014, reiteró que la homosexualidad es una cuestión personal siempre que sea segura y consensuada, y que el matrimonio entre personas del mismo sexo debe acatar la ley del país correspondiente. Aun así, afirmó que no tiene autoridad para redefinir las preceptos y que cualquier cambio debe surgir del consenso de la sangha y de las tradiciones budistas.
La responsabilidad de la comunidad budista es abogar por el fin de la opresión de minorías sexuales y de otros grupos, incluso si el Dalai Lama no puede implementar cambios unilaterales. Diversos maestros y comunidades han pedido que se revisen enseñanzas sexuales que pueden alimentar conductas discriminatorias y que se fomente un entendimiento más compasivo y contextual de las preceptos.
Perspectivas dentro de las tradiciones budistas
En el budismo, los preceptos éticos-incluido el de no realizar conductas sexuales inapropiadas-son compromisos personales para quienes han tomado votos. Se distingue entre monjes y laicos: los monásticos deben abstenerse de relaciones sexuales, mientras que los laicos deben actuar con intención correcta y evitar el daño hacia otros. La orientación respecto a la homosexualidad varía según las escuelas: Theravada, Mahayana y Vajrayana (budismo tibetano) muestran diferencias culturales y doctrinales.
Las actitudes hacia la sexualidad, en particular, están influenciadas por normas sociales, karma y concepciones locales de lo que es “propio” en cada país o comunidad. Por ejemplo, algunas escuelas zen son más aceptantes hacia las relaciones homosexuales, mientras que en algunos países Theravada persiste visiones más conservadoras por norma cultural y de karma. En Vajrayana, a menudo se reconocen relaciones homosexuales de manera comparable a las heterosexuales, dentro de ciertos límites de conducta y ética.
En Australia, por ejemplo, las leyes de LGBT+ se han ampliado y la comunidad budista ha mostrado apoyo a derechos como el matrimonio igualitario. Organizaciones budistas australianas emitieron apoyos explícitos a la igualdad de derechos, y figuras monásticas han defendido la idea de que legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo puede aliviar el sufrimiento humano, en consonancia con el Noble Camino y las Cuatro Nobles Verdades.
Contexto histórico y contemporáneo
La difusión del budismo en Australia y Nueva Zelanda ha estado acompañada de un crecimiento influido por múltiples tradiciones, con orígenes que remontan a la migración china en el siglo XIX y el desarrollo de centros y redes contemporáneas. Las leyes y la aceptación de la diversidad sexual han facilitado que budistas y comunidades religiosas trabajen por la inclusión, siempre dentro de la estructura de los Cinco Preceptos y el camino ético budista.
Los diversos textos y corrientes dentro del budismo presentan que la sexualidad es una faceta de la experiencia humana que puede ser entendida desde distintas perspectivas culturales e históricas. En general, el budismo enseña que el deseo sensual y el placer son obstáculos para la iluminación y que el objetivo es la liberación a través de prácticas que llevan al desapego y la realización, más allá de identidades específicas.
Figuras y conceptos relevantes
Avalokiteśvara, conocido como Chenrezig, Guanyin o Kannon según la región, es un bodhisattva venerado en Asia por su compasión universal. Su iconografía ha permitido a muchas personas comprender la fluidez de identidad de género y la posibilidad de múltiples representaciones, lo que ha resonado con experiencias de personas queer dentro del budismo. Esta presencia se ha convertido en un símbolo de esperanza y aceptación para quienes buscan integrar su identidad con su práctica espiritual.
En el debate entre tradición y cambio, la conversación contemporánea sobre sexualidad y budismo enfatiza la necesidad de diálogo entre sanghas, maestros y comunidades para adaptar las interpretaciones a contextos modernos sin perder la raíz ética del camino budista. La idea central es que la ética sexual debe promover la compasión, el consentimiento y la no violencia, y que la definición de lo que constituye “conducta sexual inapropiada” puede requerir reinterpretación colectiva con el tiempo.

En resumen, hay una diversidad de opiniones dentro del budismo respecto a la homosexualidad, y la figura del Dalai Lama ilustra cómo una autoridad espiritual puede evolucionar su postura frente a los cambios culturales y sociales. La narrativa budista contemporánea tiende a enfatizar la dignidad humana, el respeto a la ley y la necesidad de reducir el sufrimiento a través de la comprensión, la tolerancia y la justicia social.
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