Dalai Lama: la paz en el mundo y la responsabilidad humana

Dalai Lama: El siglo XX estuvo marcado por la violencia y más de 200 millones de personas murieron a causa de la guerra y los conflictos armados. Ahora estamos viviendo las consecuencias de ese baño de sangre del siglo pasado. Si atendemos a la no violencia y la armonía, podríamos impulsar un nuevo comienzo. Las personas quieren vivir una vida pacífica. Los terroristas tienen un punto de vista limitado y esas es una de las causas que provocan tal cantidad de atentados suicidas. Este problema no se soluciona solo con oraciones. Soy budista y creo en la fuerza de las oraciones, pero son los hombres los que crearon este problema y ahora esperamos que dios los solucione por nosotros. Eso sería ilógico. Necesitamos un nuevo punto de partida para mantener valores humanos como la unidad y armonía. Si empezamos ahora, todavía hay esperanza de que este siglo sea diferente al anterior. Eso sería en interés de todos. Su mensaje central trata de la paz, compasión y tolerancia religiosa. Pero el mundo parece moverse en sentido contrario. No coincido con eso. Creo que solo una pequeña parte de los seres humanos suscriben este discurso violento. Todos somos personas y no hay razón ni justificación para matar a otros. Si uno respeta a sus hermanos y hermanas y sus derechos, queda poco espacio para la violencia. Ustedes propagan el “camino intermedio” para la solución del conflicto tibetano. Creo que es el mejor camino. Muchos de mis amigos, incluidos políticos hindús, americanos y europeos, lo consideran realista. También hay activistas políticos, intelectuales chinos y estudiantes que apoyan nuestra política del camino intermedio en el Tibet. Cuando me encuentro con estudiantes chinos, les explico que no estamos buscando la independencia de China. Entonces entienden nuestra forma de proceder y se sienten más cerca de la cuestión. No se trata del Tíbet. No es algo que me preocupe. En 2011 anuncié que mantener la institución del Dalai Lama o no sería una decisión de los tibetanos. Si las personas creen que esta institución ya no es relevante, deberían eliminarla. Yo no me ocupo de temas políticos. La India continúa siendo un escenario para la intolerancia religiosa. Es una imagen errónea de la India. Solo un par de individuos provocan ese problema.

Con palabras simples pero inequívocas, Su Santidad el Dalai Lama demuestra que se trata de objetivos al alcance de todos, que pueden determinar cambios decisivos no solo para la vida de cada uno de nosotros, sino para la vida de toda la humanidad. Partiendo de la consideración de que cada ser humano quiere la felicidad y no la sufrimiento, el Dalai Lama ilustra los errores más comunes que cometemos cuando dejamos que emociones destructivas como la avaricia, la rabia, el odio y la envidia guíen nuestros comportamientos, con el desolador resultado de precipitar en la angustia y la soledad. La ruta hacia la paz interior -y, por tanto, hacia la felicidad- es la que va en dirección opuesta, hacia la compasión, un acto generado por la conciencia de que todos los hombres están unidos por un lazo indisoluble: su condición de seres humanos. En esta comunidad universal, el gesto compasivo y empático de cada individuo hacia el prójimo no puede menos que reverberar, en círculos cada vez más amplios, sobre quienes le rodean. La paz pertenece a todos, ya sea que vivan en oriente u occidente, norte o sur. Sean ricos o pobres, todos deben estar verdaderamente interesados en la paz. Somos todos seres humanos y, por lo tanto, en general, tenemos el mismo interés: ser felices y llevar una vida feliz. Todos merecemos una vida feliz.

La conversación continúa explorando la naturaleza del “yo” y cómo, a pesar de una fuerte sensación de identidad, no comprendemos plenamente qué es ese “yo” o ese “sé”. Aun así, surge el deseo de buscar la felicidad y evitar la sufrimiento. Este deseo emerge de forma automática y profunda, y por ello todos tenemos derecho a ser felices. En nuestra vida enfrentamos muchos obstáculos y hechos desagradables que se pueden dividir en dos categorías: dolor físico debido a causas como la enfermedad y el envejecimiento, y sufrimiento a nivel mental. Incluso personas con abundante bienestar material pueden sentirse estresadas y solas si su mundo interior no está equilibrado. El bienestar material, incluido el poder y la fama, no conduce a la paz interior; a veces acumula más preocupaciones y genera hipocresía y estrés. La felicidad mental, por el contrario, depende menos de factores externos y más de la calidad de la mente. En algunas personas pobres existe, a nivel interior, una gran fortaleza y felicidad; si nos sentimos contentos interiormente, podemos soportar diversas dificultades físicas y transformarlas. El dolor mental suele ser más grave que el dolor físico, pues este puede ser gestionado con el bienestar mental, mientras que la angustia interna no desaparece con riqueza o comodidad.

A medida que avanzamos, el Dalai Lama enfatiza la necesidad de entrenar la mente para contrarrestar emociones destructivas como la ira y el odio, y cultivar emociones constructivas como la compasión y el perdón. La compasión no sólo fortalece la mente, sino que también puede convertir a antiguos enemigos en amigos. Hablar de paz implica entender estas emociones y trabajar hacia una paz interior que, si se logra, puede derivar en paz externa. La interdependencia de la humanidad, la idea de que todos estamos conectados por un destino común, es crucial para el entendimiento de que “nosotros” y “ellos” ya no deben separarse. La clave para desarrollar la paz de la mente es la compasión basada en reconocer la interdependencia de todos los habitantes del planeta y el derecho universal a la felicidad. En esta visión, seis mil millones de personas deben ser consideradas parte de una misma familia humana. La educación es fundamental para sostener este cambio, porque la educación moderna concentra la mente en el desarrollo intelectual, pero es necesario también fomentar la bondad y la ética para sostener la paz y la cooperación global.

El Dalai Lama propone una serie de principios pragmáticos para la convivencia: la paz nace del reequilibrio entre desarrollo material y valores espirituales, la necesidad de un enfoque humano universal para resolver problemas globales, y la urgencia de disminuir la amenaza nuclear. Señala que el mayor peligro para la humanidad es la destrucción nuclear y llama a los líderes de las potencias nucleares, a científicos y a la ciudadanía a trabajar en el desmantelamiento de estas armas. La paz externa debe derivar de una paz interna sostenida por el dialogo y la empatía; la verdadera resolución de conflictos pasa por escuchar, comprender las sufrimientos ajenos y buscar soluciones pacíficas. A nivel práctico, propone iniciativas locales como zonas de paz y enfatiza que el progreso real implica cohesión social, cooperación entre naciones y una visión de la vida basada en la responsabilidad universal. Enfatiza también que la verdadera riqueza humana radica en la compasión y el cuidado de otros, y que la educación debe ampliar la comprensión de la mente y las emociones para cultivar una compasión infinita y no discriminatoria.

Video recomendado: Il Dalai Lama - “Contribuire ad un'umanità migliore” para entender la visión de una humanidad más compasiva y unida. Este enfoque invita a medir la circunferencia de nuestras acciones a través de la responsabilidad universal y la prioridad de la felicidad para todos los seres.

En síntesis, el mensaje del Dalai Lama llama a ejercer una responsabilidad global basada en la compasión, la interdependencia y el compromiso con soluciones no violentas-un camino que va desde el interior de cada persona hacia comunidades, naciones y, finalmente, la tierra entera.

diálogo pacífico entre culturas

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