Libro Il Signore è Uno presenta las meditaciones que Divo Barsotti propuso a su Comunidad en el Cenobio de Camaldoli entre el 5 y el 16 de agosto de 1962, durante el curso de ejercicios espirituales que reunía a sus miembros cada año. En estas meditaciones se evidencia la gran capacidad de Barsotti para asimilar y reelaborar la lección de grandes maestros, doctores y de la tradición patristica de Oriente y Occidente.
La vida cristiana, según Barsotti, es acoger al Verbo y abrirse a Él, que se dona para transformar el alma en unidad de amor y unirla al Padre. El misterio del cristianismo es misterio de unidad; quien está en Cristo está en la unidad. Barsotti invita a redescubrir lo esencial de la vida cristiana: ir al Padre, por medio del Hijo, en el Espíritu que ha derramado en nuestros corazones.
En el contexto de su época, se señala una pérdida del sentido de adoración en la liturgia. Aunque los papas apoyaron la reforma litúrgica, reconocen este problema, que está ligado a una educación litúrgica deficiente entre los sacerdotes y, por ende, entre los fieles. Esto se considera un verdadero pecado, pues afecta la apreciación de la belleza litúrgica por parte de los fieles.
Por ello, el libro subraya la importancia de volver a maestros de la espiritualidad litúrgica, con un lugar destacado para Divo Barsotti (1914-2006). Varios de sus escritos tratan la liturgia, y obras como El misterio cristiano en el año litúrgico o El misterio de la Iglesia en la liturgia han influido significativamente en el recorrido del Movimento Litúrgico del siglo XX. Estos textos han tenido una profunda influencia en la formación de muchas almas.
El pensamiento de Barsotti es magmático y, a veces, difícil de extraer, pero lectura asidua ofrece satisfacciones espirituales profundas. En su diario La fuga immobile, afirma: “Non vedo più che Gesù: toda la vida degli uomini è la generazione di Cristo… Lui solo: cada acto humano, cada voz se reúne en Él”. Esta centralidad de Cristo en la liturgia es esencial para entender su visión: la liturgia no debe ser un mero acto personal sino un encuentro con Él.
Barretti advierte que la liturgia no debe reducirse a una conversación trivial; debe ser un encuentro con la Presencia que transforma al que participa. En su visión, la Misa es una teofanía, un encuentro en el que Dios se revela y sitúa a la Iglesia en un estado paradisiaco, anticipando la vida futura y la visión de Dios. Este entendimiento contrasta con un enfoque meramente devocional o sociable de la celebración.
En ese marco, Barsotti profundiza en la naturaleza de la Trinidad y del Espíritu Santo como constructor de la unidad. El Espíritu Santo une al Padre y al Hijo, personalizándolos en una relación de amor total, pero también distingue de forma profunda para permitir que cada persona viva su relación con Cristo. Así, la vida cristiana se realiza en un misterio de unión y distinción al mismo tiempo.
La experiencia de la Encarnación es el eje para superar la distancia entre Creador y criatura, estableciendo una unidad que es comunión. La carta del texto señala que, gracias a la Encarnación, Dios se hace Uno sin destruir la creación, asumiéndola en Sí en la unión hipostática. Este movimiento permite al hombre participar de la vida divina y del amor trinitario.
En el libro, la purificación interior y la transformación a través de la fe y la caridad conducen a la identificación con Cristo: “Tu debes devenir il Cristo” -una idea que Barsotti formula como una meta de la vida cristiana. El amor que informa todas las virtudes une al ser humano a Dios, purificándolo y conduciéndolo hacia la contemplación de la presencia divina.
La práctica de la pobreza, la castidad y la obediencia aparece como medios para abrir espacio a Dios. La pobreza implica vaciarse de bienes externos e internos para ser lleno de Dios; la castidad es un deseo vivo de Dios y un signo de amor que se aprende en la peculiares condiciones del matrimonio y del celibato como carisma del Reino; la obediencia facilita la entrega total a la voluntad de Dios.
El camino de purificación exige la ascesis, la mortificación de las raíces negativas del ego y la renuncia a sí mismo, lo que permite la libertad espiritual. La humildad y el amor son los fundamentos de la santidad: vivir en humildad perfecta para conocer a Dios y avanzar en la participación plena en la vida de Cristo, incluso hasta la crucifixión como camino de resurrección.
Barsotti advierte la necesidad de obediencia eclesial, de docilidad a la autoridad en la Iglesia, y señala que cuando Cristo vive plenamente en el alma, la tensión entre carisma y Magisterio se supera. En la figura de María se manifiesta la vocación humana y la imagen de la Iglesia: íntima a las demás almas y capaz de abrazarlas todas.
En la experiencia cristiana, cada alma se convierte en un canal de la presencia de Cristo. En Cristo, todas las personas son una única carne y, a la vez, cada persona puede ser madre, esposa, amiga, discípula, según la acción del Espíritu Santo que personaliza y mantiene la relación con el Verbo encarnado. El Espíritu Santo crea la relación total entre la criatura y el Verbo, y entre cada persona y Cristo.
Este itinerario de Barsotti muestra cómo la vida cristiana se transforma en una experiencia de unión plena con Dios a través del Espíritu, la Encarnación y la presencia de Cristo en la vida de cada persona. El libro también recoge datos bibliográficos y de edición sobre diversas obras de Barsotti, subrayando su influencia en la espiritualidad cristiana de la segunda mitad del siglo XX.
