La leyenda del Buda de Oro de Bangkok: historia, misterio y oro macizo

La historia del Buda de Oro, o Wat Traimit, es digna de leyenda y, para muchos, de guion cinematográfico. Todo se remonta a los años 30, cuando junto a las orillas del Chao Phraya se quiso derruir un templo en desuso. Se ve que allí se encontró un buda de yeso más bien poco agraciado en su diseño. No se plantearon destruirla, por lo que representan estas estatuas. Así que la trasladaron al Wat Traimit, un templo de poca monta, junto al barrio chino de Bangkok, a las afueras de la ciudad. La estatua estuvo casi 20 años a la intemperie bajo una simple chapa de metal para protegerla de la lluvia. Años después, cuando se realizaban las obras para construir el nuevo templo, se quiso trasladar la estatua. La grúa que la sostenía se rompió y la estatua cayó al suelo, quedando allí durante la tormenta de la noche y fue interpretado como un mal augurio. Al día siguiente, se dieron cuenta de que el estuco se habría roto por algunas zonas, y que debajo aparecía una pintura dorada.

Estar delante de él y pensar que estuvo durante más de 200 años oculta bajo una gruesa capa de yeso sin que nadie se acordara de lo que escondía, cuesta de creer. Parece ser, por sus formas y características, que tiene su origen en la antigua capital de Ayutthaya y que fue escondida en Bangkok para protegerla de los saqueos producidos durante la invasión birmana. La estatua mide 3 metros y pesa 5,5 toneladas. Sorprende ver toda esa mole de oro macizo en un espacio relativamente poco vigilado. El templo que lo contiene (Wat Traimit) se llama en realidad Wat Traimit Witthayaram Wora Wiharn y es realmente curioso, porque lo único que contiene en su parte superior es la estatua. Su decoración lujosa y brillante en color oro y rojo realzan la belleza del buda. La escalinata te lleva a la terraza superior, desde donde puedes disfrutar de una interesantes vistas de la ciudad.

El Templo del Buda de oro contiene una estatua de buda en oro macizo, la más importante del mundo. Está en Bangkok, Tailandia. Su descubrimiento e historia te dejará sin palabras. Es, a grandes rasgos, la siguiente: a principios del siglo XX se trasladó una estatua de estuco dorado desde un templo en desuso a una pagoda de escasa relevancia en Chinatown. La estatua no entraba en el templo por lo que se quedó en la calle, apenas recubierta por un tejado metálico. Así permaneció durante más de dos décadas. La gente pasaba, a diario, delante de ella, sin prestarle mayor atención que la que se presta a un restaurante o a un anciano sentado en un banco. Nadie se fijaba en esa representación de buda de la pagoda de Wat Traimit. Pero nadie intuía -ni siquiera imaginaba- lo que se escondía detrás de esa vulgar estatua. La sorpresa vino cuando se iniciaron unas obras de remodelación del templo y, una grúa con un cable mal tensado, resquebrajó el yeso del buda. ¿Y qué sucedió entonces? Pues lo que sucedió es que bajo el yeso había oro. Que el estuco escondía oro macizo. Y, de este modo, por un capricho del destino, lo que era una posesión sin valor se transformó en un objeto de culto y pleitesía para millones de budistas en todo el mundo.

Repito: desconozco qué hay de cierto en esta historia. Igual es una patraña inventada por algún historiador impreciso o algún listillo sin escrúpulos. En cualquier caso, algún día se la contaré a mis hijas por la noche. Porque, aunque sea mentira, es un bonito cuento oriental, del que se pueden extraer evidentes moralejas o reflexiones. El Buda de Oro mide unos 3 metros y pesa más de 5 toneladas. Se cree que fue enyesada para esconder tan preciado botín de las manos de los invasores birmanos. Se conjetura también que fue construida en Ayutthaya, una de las capitales históricas de Tailandia.

Hoy día, los fieles cierran sus ojos delante del Buda y le entonan alguna oración o petición. Realizan sus ofrendas y le veneran con un respeto y fe que, probablemente, hayamos perdido hace decenios en Occidente. Los niños se arrodillan con sus pies descalzos y sucios. Los adolescentes y escolares idolatran a un hombre muerto hace más de dos mil años. Alrededor de la figura de oro macizo se despliegan vendedores ambulantes y monjes mendicantes. Uno de ellos perdía su mirada en el infinito y calzaba largas patillas como una estrella de rock americana. No faltaba de nada. Por haber había hasta una “Pepsi Woman”.

Mapa de Bangkok y Wat Traimit

Una visita imprescindible en Bangkok. En el otoño de 1988, mi novia y yo visitamos Hong Kong. Habíamos sido invitados a exponer en una charla sobre la autoestima y el máximo rendimiento. Al llegar a Bangkok, optamos por tomar un tour para ver los templos budistas más famosos de la ciudad. Sin embargo, hubo un templo que dejó una indeleble señal en nuestros corazones y en nuestras mentes. Lo llaman El templo del Buda de oro. Es una construcción muy pequeña, tal vez no mayor de nueve metros por lado. Pero al entrar, nos sorprendió la presencia de una escultura: un Buda de oro macizo de, por lo menos, tres metros de alto. Pesa más de dos toneladas y media y… ¡está valuado en unos ciento noventa y seis millones de dólares!

Mientras nos dedicábamos a las tareas normales del turista, caminé hasta una caja de vidrio que contenía un pedazo grande de arcilla de unos dieciocho centímetros de espesor por treinta de ancho. Junto a la vitrina, había una hoja escrita a máquina que narraba la historia de la magnífica estatua. En 1957, un grupo de monjes de un monasterio tuvo que reubicar un gran Buda de arcilla. Tenían que sacarlo de su templo y llevarlo hacia otro lugar. Cuando la grúa empezó a levantar al ídolo gigante, el peso era tan tremendo que empezó a rajarse. Para colmo, comenzó a llover. Esa misma noche, el monje director fue a ver al Buda y, cuando iluminó con su linterna debajo de la lona para verificar si la escultura estaba seca, notó que por la rajadura salía un ligero destello de luz. Fue hasta el monasterio, trajo un formón y un martillo y empezó a quitar trozos de arcilla para llegar a la fuente de la que manaba luz. A medida que hacía saltar los pedazos de tierra endurecida, el pequeño destello se hacía cada vez más grande.

Los historiadores aseguran que varios cientos de años anteriores al descubrimiento que hizo el monje director, el ejército de Burma estaba por invadir Tailandia (en ese entonces llamada Siam). Ya de regreso en el avión, pensé: Todos somos como ese Buda. Estamos cubiertos con una gruesa y dura capa creada por el miedo. En algún momento, tal vez desde la infancia, empezamos a cubrir nuestra esencia de oro, nuestro yo natural, con la densa capa de nuestras pasiones: miedos, angustias, envidias, prejuicios, apegos… Día a día, desde la niñez, nos cubrimos con arcilla y logramos construir un caparazón impenetrable, para que la gente no descubra nuestro verdadero yo. Muchos años después, como el monje, necesitamos martillo y cincel, ¡y mucha decisión!, para emprender la tarea de descubrir otra vez nuestra verdadera esencia. Tenemos que empezar a retirar, poco a poco, todo lo que nos cubre.

Fotografía del Buda de Oro Wat Traimit

Il Phra Phuttha Maha Suwan Patimakon, questo il nome ufficiale in lingua thai, è la più grande statua in oro massiccio del mondo. In quell’epoca di pace l’arte buddista raggiunse forme di straordinaria eleganza: volti sereni, posture perfette, simbolismo profundo. Secondo le cronache, il Buddha si trovava originariamente in un tempio ad Ayutthaya fino al 1765, quando la città fu invasa e distrutta dai birmani. Per evitare che la statua venisse trafugata o fusa, i monaci la coprirono con uno spesso strato di stucco e vetro colorato, dandole l’aspetto di una comune scultura dorata. Quando Ayutthaya cadde, molti dei suoi tesori furono trasferiti nella nuova capitale, Bangkok. Negli anni Trenta del Novecento, quando il tempio fu demolito, il Buddha fu spostato e regalato al Wat Traimit, allora un piccolo tempio nel quartiere cinese. Tutto cambiò nel 1955. I monaci accorsero temendo il peggio, ma quando si avvicinarono notarono qualcosa di incredibile: da una crepa nello stucco filtrava un bagliore d’oro. Ora, a osservarla bene, si possono ammirare diversi dettagli unici e incredibilmente carichi di significato. Sul retro della statua sono visibili giunzioni saldate, che indicano che il Buddha fu fuso in più sezioni e poi assemblato. I capelli ricci sono un altro simbolo diffuso, spesso interpretato come segno del distacco dal mondo: secondo una leggenda popolare, le ciocche sarebbero in realtà lumache, che durante la meditazione avrebbero protetto la testa del Buddha dal sole cocente. Nel XIII secolo l’arte buddista thailandese subì l’influenza di culture vicine, in particolare dell’India e della Cambogia. Per questo il Buddha del Wat Traimit mostra spalle forti e lineamenti delicati, una fusione tra maschile e femminile che rappresenta l’armonia tra forza e dolcezza, corpo e spirito. La statua raffigura il Buddha nel gesto detto “Mara Vijaya Mudra”, o “vittoria su Mara”, il demone delle tentazioni. Con la mano destra tocca la terra, testimoniando la propria determinazione a vincere le paure e i desideri terreni. Oggi il Wat Traimit Withayaram Worawihan è una delle mete più visitate di Bangkok. L’ingresso principale porta alla sala del Buddha d’Oro, che occupa l’ultimo piano dell’edificio principale. La visita è un’esperienza che unisce arte, spiritualità e storia: al mattino, quando la luce filtra dalle finestre e riflette sull’oro, il Buddha sembra vivo, immersione in un’aura di calore e pace. È un luogo dove silenzio e devozione si incontrano anche per chi non pratica il buddhismo. Secondo i locali, el Buda d’Oro não es solo un capolavoro artístico, ma también una metáfora universal: durante décadas su verdadera naturaleza estuvo oculta bajo un yeso, como nuestra luz interior que puede permanecer quieta hasta que una sorpresa la saque a la superficie.

✔️ La Increíble Historia del BUDA de ORO

Hoy día, el Wat Traimit Withayaram Worawihan es una de las visitas obligadas de Bangkok. El templo y la estatua de oro macizo concentran arte, historia y espiritualidad que fascinan a visitantes de todo el mundo.

La versión occidentalizada de la historia aporta lecciones sobre la escondida luminosidad interior que todos llevamos bajo capas de miedo y costumbres. En cualquier caso, la leyenda del Buda de Oro continúa invitando a la reflexión sobre identidad, historia y valor cultural.

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