Meditación trascendental para salir de una crisis existencial: guía práctica basada en la entrevista con la Dra. Silvana Ceccucci

Las crisis existenciales están en constante aumento y cada vez más personas se sienten desorientadas en la búsqueda y realización de sí mismas y de sus deseos. Por ello, desde GuidaPsicologi.it hemos solicitado la ayuda de la Dra. Silvana Ceccucci, psicóloga y psicoterapeuta, definida por sus pacientes como un apoyo fundamental incluso en las situaciones más extremas, para preparar una guía de supervivencia ante estas crisis, presentes y futuras.

¿Cómo reconocer una crisis existencial?

En general, la crisis existencial se caracteriza por una disposición interior profundamente angustiada y asociada a una pérdida de identidad personal que desemboca, después, en la falta de sentido y significado de la propia vida.

Esto puede ocurrir a raíz de varias causas, entre las fundamentales están: eventos traumáticos y de alto estrés a los que no se logra hacer frente de ninguna manera; o incluso siguiendo un estilo de vida fuertemente exteriorizado, banalizado y desintegrado, que ha perdido el contacto con los valores guía que sostienen la existencia humana.

Como bien señala el psiquiatra y psicoterapeuta vienés V.E. Frankl: el equilibrio psíquico está organizado y depende en gran medida de la percepción significativa de uno mismo y de la propia vivencia personal. Si a la persona le falta esta sensación fundamental de sentido y significado, se crea la tendencia a huir de sí mismo y de sus compromisos vitales a través de formas de compensación y gratificación ficticia y con actitudes altamente destructivas como: consumo de drogas, actitudes de poder, suicidio inmediato y diferido (anorexia y drogas).

El hombre de hoy, tal como lo describe Frankl, ha perdido contacto con el universo de valores auténticos y, por ende, busca satisfacciones compensatorias para superar el ineludible vacío existencial. Es importante recordar que de ese vacío interior (que es la señal mayor de crisis existencial) surge luego también una fuerte crisis de identidad, de modo que los roles habituales (familia, trabajo, estudio, etc.) parecen extraños y pierden su poder de involucramiento, por lo que todas las responsabilidades asociadas quedan desatendidas. Anclarlo es aún más difícil ante situaciones extraordinarias o traumáticas como pueden ser hoy la pérdida de empleo o los duelos u otros eventos.

Podemos, pues, constatar y confirmar el cuadro dramático que Frankl describió hace más de 50 años y que hoy es de gran evidencia. Así, sintetizamos los síntomas de la crisis existencial: pérdida de sentido y significado de la propia vida y de la vida en general; sensación de vacío acompañada de cansancio físico y psíquico; falta de motivación e interés para realizar las tareas de la vida; indiferencia y dificultad extrema para hacer frente a situaciones de vida imprevistas, importantes y dolorosas; apatía interior y exterior que se manifiesta también con un “dejarse”; falta de sentido de pertenencia a la familia y a la sociedad; refugio en drogas, juego y actitudes y teorías místicas y falsas guías que pueden engañar a quien busca respuestas.

¿Qué hacer cuando te sientes perdido y confuso?

La primera acción ante un estado de desorden mental es intentar calmarse, lo cual se logra con una respiración profunda y una “distancia” tomada respecto al problema o a los problemas contingentes y estresantes. Es crucial recordar que ninguna situación puede afrontarse adecuadamente partiendo de un estado de ánimo agitado y desconectado de la fuente de sí (nuestra fuente de sabiduría interior).

Cada situación que cause dolor y estrés debe ser analizada partiendo de ese “examen de realidad” tan querido por Freud, que se realiza de la misma forma que se aborda un problema matemático, es decir, a través del examen de los datos presentes y constituyentes del problema. Tras ello, debemos tomar en cuenta el estado emocional que el problema ha provocado y, al compararlo con los datos de realidad, comprender su proporción o desproporción.

Es fundamental verificar si la respuesta emocional al problema es proporcionada al mismo. Es notable que, casi siempre, la parte emocional amplifica el problema, incluso hasta impedir que la parte racional y creativa de la mente, la única capaz de resolver el problema, funcione adecuadamente. Los estados emocionales desequilibrados pueden además generar una inhibición motora que impide idear y ejecutar un plan de acción. Por ello, es esencial lograr un redimensionamiento de los aspectos emocionales.

Otra pieza clave es la llamada “centratura”: cada uno posee un “centro del ser” donde se guardan los valores auténticos y desde donde surgen las señales que indican si estos valores están subyacentes o respetados. Todo se regula por sensaciones íntimas. Cada persona debe regularse (aprendiendo a escuchar las sensaciones) a partir de este centro interior para encontrar claridad y dirección, es decir, la “propia verdad interior” de una situación, manteniéndose en consonancia con sus valores. De este punto surge la conciencia, el sentido y el valor de uno mismo.

Desafortunadamente, al estar emocionalmente desequilibrados por los hechos de la vida, perdemos el contacto con la sabiduría de este centro y se dificulta la certeza de poseer recursos adecuados para afrontar cada tipo de situación. También se dificulta la sensación de tener una dirección y claridad interior de la que dependemos. Por ello, una gran parte de mi enfoque terapéutico consiste en devolver al sujeto al contacto interior con su centro de conocimiento y sabiduría.

Cuando las causas que provocan la pérdida de este contacto interior son variadas, como suele ocurrir en la “multiproblematicidad” (mi término), hay múltiples problemáticas interconectadas. Es posible imaginarlo como cuando se lanza una piedra al agua y se originan ondas concéntricas cada vez más amplias. Si el Centro de uno mismo está en equilibrio, las ondas que se traducen en realidades prácticas y contingentes serán positivas y constructivas; la realidad práctica reflejará orden y equilibrio. Si el Centro de uno está desequilibrado y carece de significado y valor (por ejemplo, por una fuerte autodesvaloración o por una emocionalidad exagerada), este desequilibrio genera ondas anómalas que se vuelven cada vez más caóticas y desestabilizadoras, y los signos internos sanos dejan de ser legibles, produciéndose desastres sincrónicos también en la realidad externa, en las relaciones y en la vida cotidiana.

El sujeto tenderá a crearse numerosos contextos insanos: vínculos con personas equivocadas, problemas laborales y familiares, incapacidad para relacionarse y realizarse, compensaciones en el uso de drogas, vida errante y sin sentido. Si me he extendido tanto describiendo la multiproblematicidad es porque solo desde la comprensión puede venir la solución.

¿Cómo actuar entonces y cómo remediarlo?

Es necesario afrontar los problemas desde dos flancos: de fuera hacia dentro y de dentro hacia fuera. La psicoterapia es la herramienta principal para actuar desde dentro hacia fuera; trabajar sobre uno mismo es fundamental y evita muchísimos sufrimientos (sí, más que “dinero tirado al psicólogo”), y permite adquirir herramientas adecuadas para gestionar diversas situaciones. Paralelamente, hay que corregir las situaciones externas con acciones prácticas; y, ¿cuál es la mejor herramienta para provocar cambios prácticos? Tomar decisiones. Esta es una habilidad importante que debería enseñarse en la escuela: tomar decisiones basadas en el “principio de realidad” y atenerse a él de forma coherente.

Si se buscara un método más práctico y autoprotegido, propongo empezar de forma decidida afrontando los problemas de la vida real, uno a uno, incansablemente, desde el más fácil y resoluble hasta el más difícil. Este enfoque, a diferencia del centrado en el propio yo, puede convertirse en un estilo de vida activo y positivo y es asequible. Si abordamos y resolvemos los problemas prácticos de la vida, nos habituaremos gradualmente a ser constructivos y obtendremos un retorno también interior. Nuestra percepción de autoeficacia mejorará; ganaremos autoestima y seguridad, y un sentido de sí mismos más sólido. En este punto, el movimiento de auto-reconstrucción interna se reactivará y se logrará una mayor sinergia entre lo interno y lo externo. Las informaciones publicadas por GuidaPsicologi.it no sustituyen, en ningún caso, la relación entre paciente y profesional.

Esquema visual de crisis existencial y recuperación

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