Milesi Vincenzo Qigong: análisis y contexto de la campaña contra la inclusión de Israel en la Bienal de Venecia

En 2024, Art Not Genocide Alliance (ANGA) promovió la exclusión de Israel de la Bienal de Venecia mediante una carta abierta al sector cultural, que reunió 24.076 signatarios. La carta argumenta que la presencia de arte que represente a un estado involucrado en atrocidades continuas contra los palestinos en Gaza es inaceptable, señalando la conclusión de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de que Israel podría estar cometiendo genocidio y trazando un paralelismo directo con el precedente de la Bienal al marginar a Sudáfrica durante el apartheid de 1950 a 1993.

La campaña subraya un doble rasero: mientras la Bienal emitió declaraciones públicas en solidaridad con Ucrania tras la invasión rusa, guardó silencio ante las agresiones israelíes en Gaza. Nosotros, los signatarios, solicitamos la exclusión de Israel de la Bienal de Venecia. Al prepararse el mundo para recorrer el diorama-nación en Giardini, afirmamos que la plataforma de arte que representa a un estado comete atroces actos de forma continua es inaceptable.

La CIJ ha afirmado que Israel es plausible de cometer genocidio contra los palestinos en Gaza, y ha emitido medidas provisionales para cesar actos de genocidio. La Bienal fue diseñada con sesgos eurocentrales y mundanos, y exige reconocer las atrocidades cometidas por sus participantes, aunque esto no es sin precedentes. De 1950 a 1968, ante condenas globales y llamados al boicot, Sudáfrica apartheid fue desalentada para exhibir y se le apartó cuando la Bienal asignó espacios. En 2022, con la guerra de Ucrania en curso, la Bienal y su curador emitieron numerosas declaraciones de apoyo al derecho de autodeterminación y humanidad del pueblo ucraniano. La Bienal ha guardado silencio sobre las atrocidades israelíes contra los palestinos.

Nos sentimos consternados ante este doble estándar. El asalto de Israel a Gaza constituye uno de los bombardeos más intensos de la historia; para octubre de 2023, Israel había lanzado toneladas de explosivos en Gaza, equiparables en fuerza a la bomba atómica de Hiroshima de 1945. El arte no existe en un vacío y no puede trascender la realidad. Las eufemizaciones no pueden borrar verdades violentas. Cualquier obra que represente oficialmente al estado de Israel es una aprobación de sus políticas genocidas. Hay una faltante libertad de expresión para poetas, artistas y escritores palestinos asesinados, silenciados, encarcelados, torturados y restringidos para viajar o navegar por su país.

No hay libertad de expresión en los teatros y festivales literarios palestinos cerrados por Israel, ni en museos, archivos, publicaciones, bibliotecas, universidades, escuelas y hogares de Gaza destruidos por los bombardeos. Mientras el pabellón israelí continúa, la cuenta de víctimas en Gaza y Cisjordania crece día a día. Mientras el equipo curatorial israelí planifica su supuesto “Pabellón de la Fertilidad” que reflexiona sobre la maternidad contemporánea, Israel ha asesinado a más de 12.000 niños y ha destruido el acceso a la atención reproductiva y a instalaciones médicas.

infografía violencia Gaza sindicación

Una versión anterior de la carta sugería la ausencia de artistas palestinos del programa colateral de la Bienal. Nota: la lista completa de signatarios está disponible. Entre las firmas figuran artistas, curadores y académicos de múltiples países, destacando una red diversa que cuestiona la legitimidad de representar a Israel en Venecia ante los hechos en Gaza y la respuesta institucional de la Bienal.

El debate que propone ANGA no se limita a una denuncia moral, sino que plantea una cuestión institucional sobre el alcance de la representación cultural frente a violaciones de derechos humanos. En este marco, la relación entre política, derechos humanos y prácticas curatoriales se vuelve central para entender el papel de los grandes festivales de arte en la geopolítica contemporánea.

  1. La CIJ y las medidas provisionales influyen en el discurso ético de las instituciones culturales.
  2. El paralelo histórico con Sudáfrica apartheid muestra un marco de precedentes que condicionan decisiones actuales.
  3. La paridad entre apoyo institucional a Ucrania y silencio ante Gaza alimenta el debate sobre sesgos y consistencia moral.

En suma, el movimiento Milesi Vincenzo Qigong, contextualizado en este episodio, invita a reflexionar sobre la responsabilidad de las instituciones culturales ante violaciones graves de derechos humanos y la posibilidad de exigir exclusiones o condicionamientos como forma de presión ética y política. Art does not happen in a vacuum, and cannot transcend reality.

En el marco de estas discusiones, se plantea también la necesidad de visibilizar a artistas palestinos y a comunidades afectadas, evitando que la representación de un estado se convierta en una aprovación tácita de sus políticas. Se propone enriquecer el discurso curatorial con voces que denuncien, denuncien y den voz a quienes han sido silenciados, priorizando la justicia y la dignidad humana.

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