Los camisas negras en Bolonia, con Benito Mussolini al frente, en la "Marcha sobre Roma". Esta funcionalidad está reservada a suscriptores. El final de la Primera Guerra Mundial no tuvo los resultados esperados para Italia. Benito Mussolini era entonces una figura importante en el Partido Socialista Italiano. De inclinaciones ultranacionalistas, se mostró favorable a la intervención en la guerra, al contrario que sus colegas, lo que le llevó a abandonar el partido. Italia celebró ese año sus primeras elecciones generales tras la guerra y el resultado del fascio de Mussolini fue pobre. Entonces la estrategia fascista se extendió de las urnas a las calles: las milicias paramilitares o squadre se extendieron por el país para luchar contra el auge socialista. Sus miembros, los squadristi, serían llamados “camisas negras” por su uniforme distintivo. Mussolini contaba con las simpatías del Ejército y los conservadores, que lo veían como un instrumento violento para debilitar a la izquierda. Pero eso no le bastaba: el fascismo debía llegar al poder. El ala radical del PNF abogaba por un golpe de Estado, mientras que la moderada aspiraba a encabezar un Gobierno de coalición. En octubre de 1922 se impuso la vía radical, como resumió el propio Mussolini en un discurso en Nápoles: “O nos dan el Gobierno o iremos […] a tomarlo”.
La Marcha sobre Roma y la llegada al poder
Cerca de 25.000 camisas negras entraron en Roma el 27 de octubre de 1922. Pretendían hacer una demostración de fuerza para chantajear al rey Víctor Manuel III y forzar la designación de Mussolini como nuevo primer ministro, en una suerte de golpe de Estado sin violencia. En su desplazamiento hacia la capital en trenes, camiones o a pie, los fascistas ocuparon ayuntamientos y arsenales de armas en el norte de Italia. En Roma, el Gobierno del liberal Luigi Facta intentó decretar el estado de sitio. El entonces primer ministro estaba dispuesto a defender el Estado vigente incluso por la fuerza, pero el rey se opuso y Facta se vio obligado a dimitir. El vacío de poder fue ocupado por el conservador Antonio Salandra, a quien se le confío la tarea de formar un gabinete junto a Mussolini. Pero este no se contentaba con eso: si no obtenía el Gobierno, el líder fascista crearía uno paralelo en Milán. Al final, el 29 de octubre el rey accedió a darle el poder. Al día siguiente, Mussolini se presentó en Roma para organizar su nuevo Ejecutivo, que contaba tan solo con tres fascistas.
Poco después de tomar el poder, Mussolini cambió la ley electoral, garantizándose la mayoría en las siguientes elecciones, en 1924. El golpe definitivo a la oposición llegó en junio de ese año, cuando varios fascistas asesinaron al político socialista Giacomo Matteotti. La Italia fascista defendió un imperialismo agresivo que se nutría del nacionalismo exacerbado y el irredentismo. La política exterior era un instrumento para la política interior. Por ello Mussolini promovió la reconciliación con el papado en los Pactos de Letrán de 1929, obteniendo así gran aceptación entre la población. Italia buscaba extender su influencia por el Mediterráneo como heredera del Imperio romano y destacar en el escenario internacional.
Expansión, crisis y viraje hacia la Alemania nazi
El punto de inflexión fue la invasión de Abisinia en 1935, por la que el Reino Unido y Francia condenaron a Italia. Como consecuencia, Mussolini viró hacia el entendimiento con la Alemania nazi. La relación germano-italiana se reafirmó con la intervención en la guerra civil española en favor de los sublevados, e Italia acabaría entrando en la Segunda Guerra Mundial en 1940 en apoyo de Hitler.
<Leone Jacovacci y la narrativa de la discriminaciónLeone Jacovacci, la historia del exitoso boxeador negro que Mussolini ocultó. Jacovacci era negro, un negro en la Italia fascista de Benito Mussolini, quien retorció la propaganda y aceleró el motor de la censura para conseguir que los méritos del luchador quedaran en la sombra. El documental 'Il pugile del Duce' rescata ahora sus combates y aporta nueva información sobre una vida silenciada. Hijo de un italiano y una congoleña, su padre Umberto se lo llevó del Congo Belga directo a Roma en 1905. Su tía quedó encargada de cuidarlo, aunque lo envió finalmente a un internado durante la adolescencia. El romano huyó hasta Tarento, desde donde zarpó el barco del ejército británico que recogió a un indocumentado niño indio de 18 años, o eso pensaron ellos. Su nuevo nombre, John Douglas Walker. Ya en Inglaterra, donde se produce la charla que abre este texto, ganó sus primeros combates. Al principio peleando por cinco libras si conseguía aguantar algunos asaltos, después tumbando a varios ídolos locales. Consciente de que su carrera explotaba, Francia fue su siguiente destino. Allí, sobre el ring, se descubrió el engaño. "Dame agua, rápido", dijo en una velada parisina en el dialecto típico de Roma, destapando sus verdaderos orígenes. Héroe para el público romano y villano para el fascismo, los libros de texto en los colegios contaban durante la época que los europeos viajaban a África a "impartir justicia frente a una civilización de raza negra, farsante y viciosa, orgullosa, cruel y feroz". Leer los periódicos tampoco tranquilizaba. "No puede ser que un negro represente a Italia en el extranjero", teclearon indignados. Era demasiado para el Duce, quien exaltó hasta la mentira al boxeador Primo Carrera, mientras que el italocongoleño iba a caer en el olvido por avergonzar al régimen y a la prensa.
El documental analiza la manipulación informativa
Después de cinco años de lucha y trámites burocráticos para que le reconocieran la nacionalidad italiana, peleó ante 45.000 espectadores en Roma por el título europeo de boxeo. Fue en el Estadio Nacional del Partido Nacional Fascista, durante años la sede habitual de los equipos de fútbol capitalinos, Roma y Lazio. Enfrente, Mario Bosisio. Su fornido contrincante, blanco y de pelo rubio, era el favorito del dictador. La victoria del mulato fue el final de su popularidad. El libro en el que Jacovacci recogía recortes de periódico y relatos propios no refleja su hazaña el 28 de junio de 1928. "El documental analiza la manipulación de la información realizada por el poder", dice el director de la cinta Tony Saccucci. "No existe ni una foto de Jacovacci en la que salga con el cinturón de campeón europeo ni con un trofeo".
En marzo de 1919, Il Popolo d’Italia anunció una concentración en Milán para crear el antipartido, que se convertiría en Fasci di Combattimento. Querían transformar la vida italiana, con métodos revolucionarios si es inevitable. El fascismo no era una cosa tan clara como el agua: era una idea que se formaba por oportunismo y táctica política, no una ideología fija. Mussolini desfiló en Milán con las columnas de camisas negras, símbolo de poder y violencia. La furia desatada contra la izquierda le ganó el apoyo de las clases altas, y el squadrismo era visto por él como la garantía de orden. Al tiempo, Mussolini ya estaba casado con Rachele Guidi y tenía cinco hijos; escribió sobre su vida y se rodeó de mujeres, incluida Clara Petacci, su amante.
Entre 1922 y 1945, el régimen consolidó su control mediante la eliminación de la oposición, el control de la prensa y la militarización de la sociedad. En 1938 promulgó las leyes raciales que perseguían a los judíos italianos, y entre 1943 y 1945 colaboró en la deportación de judíos italianos a campos de exterminio. La alianza con Alemania llevó a la participación italiana en la Segunda Guerra Mundial y al colapso final del régimen. En abril de 1945 Mussolini fue ejecutado junto a Clara Petacci; sus cuerpos fueron expuestos en Milán y el legado del fascismo dejó una marca indeleble en la historia de Italia y del mundo.
La imagen del "negro" asociado al fascismo y la censura del mérito de figuras negras dentro de la Italia de Mussolini formaron parte de una maquinaria propagandística que buscaba controlar narrativas y desviar miradas. El caso de Jacovacci ilustra cómo la propaganda convirtió al boxeador en un símbolo de vergüenza para el régimen, mientras que la historia de su reconocimiento tardío resalta las dinámicas de poder que persisten en la memoria colectiva.
Puede leerse el testimonio de Ernest Hemingway sobre Mussolini, así como la crítica de la prensa internacional que presenció la ascensión del Duce. En su tiempo, Mussolini fue descrito como gráfico ante multitudes, un personaje de teatro político que supo aprovechar la oratoria para consolidar un movimiento capaz de transformar una nación. Y así, desde la marcha de 1922 hasta la caída de 1945, el fascismo dejó una huella de violencia, guerra y represión que exige estudiar sus orígenes, tácticas y consecuencias para entender las lecciones de la historia.

Benito Mussolini: Padre del Fascismo Italiano - Documental
Notas y contexto adicional
El fenómeno del antipatrió de la población italiana y la subordinación de la política a la violencia paramilitar muestra cómo el poder puede consolidarse cuando la democracia es vulnerable a la presión de la calle. La narrativa de Mussolini como figura carismática y a la vez brutal revela la complejidad de los procesos históricos y las consecuencias sociales de la adopción de métodos autoritarios.
| Acontecimiento | Año | Impacto |
|---|---|---|
| Marcha sobre Roma | 1922 | Consolidación del poder fascista |
| Leyes raciales italianas | 1938 | Persecución a judíos |
| Entrada en la Segunda Guerra Mundial | 1940 | Alianza con Alemania |