Padre espiritual checo de Caltanissetta: huellas, vida y legado

Quienes más ayudaron a Sor Faustina en la vida espiritual, el discernimiento y en el cumplimiento de su misión profética, fueron los sacerdotes: el confesor y director espiritual que tuvo en Vilna fue el padre Miguel P. Sopoćko, y en Cracovia, el.

El Padre Miguel Sopoćko fue confesor y director espiritual de Sor Faustina hasta el 21 de marzo de 1936, es decir, hasta su salida de Vilna. A partir de entonces, mantuvo con ella un contacto asiduo mediante una animada correspondencia, a través de la cual, le daba indicaciones y orientación acerca de la vida espiritual y de cómo llevar a cabo la misión que le había sido encomendada; luego, cuando ya residía en Cracovia, él tuvo ocasión de visitarla en el convento o en el hospital de Prądnik. Fue bajo su encargo que Sor Faustina comenzó a escribir su «Diario» espiritual.

También se preocupó de todo lo necesario para que se pintara la primera imagen de Jesús Misericordioso en Vilna, en 1934, donde se le rindió culto público, hecho que tuvo lugar en Ostra Brama durante la celebración del Jubileo de la Redención, los días 26 y 28 de abril de 1935. Antes de la Segunda Guerra Mundial, trató de persuadir a las autoridades eclesiásticas para que se instituyera la fiesta de la Divina Misericordia. Escribió diversas obras dedicadas a la verdad sobre la Divina Misericordia.

Nació el 1 de noviembre de 1888 en Juszewszczyzna, en el distrito de Oszamiańsk. En 1910 entró en el seminario de Vilna. Fue ordenado sacerdote en 1914 y pasó cuatro años trabajando como vicario en la localidad de Taboryszki. Entre los años 1919-1924 ejerció su ministerio como capellán militar en Varsovia y también realizó estudios especializados en la Facultad Teológica de la Universidad de Varsovia y en el Instituto Pedagógico. En 1924, fue trasladado a Vilna, donde todavía desempeñó su servicio como capellán militar hasta 1932. Desde 1928 fue contratado para sustituir al profesor de teología pastoral en la Facultad Teológica de la Universidad Stefan Batory. En el período que va de 1927 a 1932 fue padre espiritual en el seminario de Vilna. Unos años más tarde, en 1947, llegó a Białystok, donde dio clases en el seminario, cargo que desempeñó hasta 1962. Murió en Bialystok el 15 de febrero de 1975. En 1987 comenzó el proceso diocesano para la causa de beatificación del Padre Miguel Sopoćko. Las actas del proceso fueron transferidas en 1993 a la Congregación para las Causas de los Santos en Roma. Finalmente, en 2004, el Papa Juan Pablo II promulgó el decreto de las virtudes heroicas del Siervo de Dios, y a continuación firmó el decreto sobre el milagro atribuido a su intercesión. La beatificación se celebró en Bialystok el 28 de septiembre de 2008.

Es el quinto de 12 hermanos, de los cuales sobreviven 10. Si bien nació en las pampas salitreras, cuando tenía 4 años su familia se trasladó a Arica y fue allí que decidió entrar a la Compañía de Jesús, a los 23 años. Dice que su mamá se complicó un poco al principio, pero después fue su principal aliada. Orlando “Nano” Contreras sagradamente visita a su familia una vez al año, y fue párroco en dos parroquias ariqueñas (Parroquia del Carmen y Parroquia Santa Cruz), entre el 2004 y 2012. De vuelta en la capital, a cargo de la parroquia Jesús Obrero, fue colaborador del nacimiento del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), del cual fue director durante tres años. “A la parroquia, que está ubicada en la estratégica comuna de Estación Central, llegaron jóvenes voluntarios de la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) para ayudar a los migrantes, principalmente peruanos, en temas sociales y legales. Primero, se llamó Pastoral de Inmigrantes Pedro Arrupe (PIPA) y después pasó a ser SJM.

-Tal como decía mi papá, sufrimos el mal de la vaca que se le olvidó que fue ternera. Chile es hijo de la migración, es cosa de mirar la historia del país y todas las figuras desde Bernardo O´Higgins, y de personajes de los últimos años: Bachelet, Kreutzberger, Piñera. En todos los ámbitos de la vida del país, hay muchos descendientes de migrantes. Por algo existen las colonias: española, argentina, italiana. En primer lugar hay una pérdida de la memoria, de no reconocer que nuestros bisabuelos fueron migrantes y se nos olvidó que los años posteriores al golpe de estado, muchos chilenos tuvieron que salir escapando y después con la crisis económica de los 80, otras más emigraron también.

-Lo fundamental es ver, creer, confiar y experimentar que Dios actúa en la historia de la humanidad, en la historia personal, del país y familiar. En la medida que estamos lúcidos de esa presencia de Dios y que la vamos experimentando como una buena noticia en la vida, se convierte en algo que le da sentido a nuestra existencia y nos invita a sacar lo mejor de nosotros mismos para los demás. Siento que el Señor me ha llamado a ser parte de esta Iglesia, de esta comunidad, de esta Compañía, para colaborar en lo que él va haciendo en la historia, y ahora el Hogar de Cristo. Lo esencial es eso.

-La crisis que estamos viviendo en la Iglesia que ciertamente ha sido muy dolorosa y penosa, sin embargo, también está teniendo frutos muy positivos. En primer lugar porque nos obliga a salir de nosotros mismos y ponernos en el lugar de las víctimas de los abusos de poder, de conciencia y sexuales. Nos obliga a mirar todo desde ahí para entrar en un proceso de reparar el daño que hemos causado, hacernos cargo de preguntas esenciales de ¿por qué pasó esto? Todo esto nos ayuda a que exista una nueva manera de hacer Iglesia en la que los laicos tengan un mayor protagonismo en la conducción y en la toma de decisiones, en la que nos experimentemos más como pares, curas, laicos y obispos, en la que también pueda surgir una Iglesia que no anda apuntando con el dedo sino una Iglesia que es compañía, que camina junto a la periferia, a los que más sufren.

-He sido párroco casi 25 años, y las diferencias con mi actual labor de capellán en Hogar de Cristo son muchas. De partida soy parte de un equipo de profesionales en donde ya no soy el jefe como cuando era párroco sino que tengo jefe. En una comunidad parroquial, todos tienen fe. En Hogar de Cristo esto no necesariamente es así: lo principal es que los beneficiarios están sufriendo, pertenecen a los más vulnerables, no se discrimina a nadie.

-Es inevitable no comparar porque fui párroco de la parroquia Jesús Obrero antes de que Alberto Hurtado fuera beatificado primero, canonizado después. También fui rector del Santuario, entonces antes era mucho más masivo, más juvenil, la caminata que se hacía, es inevitable ver que ahora todo está en un tono muy menor, muy para adentro, es una nueva faceta. Este cambio no necesariamente es malo, simplemente constatar que algo pasó, y tiene que ver con los abusos, con el tema país que ha cambiado, el estallido social, la nueva Constitución y la crisis sanitaria. Hogar de Cristo trata de incidir en la sociedad con propuestas concretas. Estamos aprendiendo a revincularnos.

-Tengo un principio básico que está muy ligado a mi experiencia religiosa: mi futuro siempre será mejor que mi presente. No creo aquello que todo tiempo pasado fue mejor. Es innegable que el país ha avanzado en todos los ámbitos de la vida y hoy estamos en un tiempo en que explotó algo porque no se escuchó. A nivel educativo el primer signo fuerte de la crisis fue en 2006 con los pingüinos, y no los escucharon y el 2011 volvió a explotar con más fuerza. Después salieron a la luz pública los abusos económicos, recuerdo que viví el tema de las tarjetas de crédito que eran una estafa para los más pobres, el 2010, se repartían a toda la gente pobre y era una manera de esclavizarla, engañándola con ilusión de que tenían plata. Se van sumando una serie de cosas, y después el tema de la Iglesia, todo explotó y por falta de escucha. Pienso que la Convención Constitucional es algo bueno para el país, y también viene de antes, pero nunca escucharon. Es la primera vez que se escribirá esto con la participación ciudadana. Pienso que las crisis son oportunidades de crecimiento. Desde la perspectiva de la fe es Dios que está conduciendo la historia. Así lo creo. Mi optimismo tiene su punto de partida en Dios. El proyecto del Reino revelado en Jesucristo. El cristiano es una persona confiada y con esperanza, muy unida a la experiencia del amor revelado en Jesucristo. Para Nano Contreras, la vida es como el Metro. “Usted se sube al Metro y éste siempre avanza, vayamos como vayamos, riendo, callados, apretados, llorando, discutiendo, pero siempre avanza, no retrocede. Yo creo en eso también, que Dios en la historia siempre avanza y la diferencia es cómo nos conectamos con este ciclo de la historia.

(ZENIT Noticias / Roma, 19.06.2026). - El martes 16 de junio falleció en Roma el Cardenal Camillo Ruini, un valorado hombre de Iglesia, gran pastor e intelectual. Fue mano derecha de san Juan Pablo II en el gobierno de la diócesis de Roma ... Te doy gracias, Señor, por la larga vida que me has dado, por haberme hecho cristiano, por la vocación al sacerdocio y por mis tantos años como sacerdote y, posteriormente, como obispo. Te doy las gracias por haber sido amado y cuidado con tanta dedicación por mi fiel Pierina, amado y cuidado con gran generosidad por mi secretario Don Mauro, ahora obispo de Tivoli, por Mara, que quiso permanecer a mi lado incluso tras el fin de mi mandato como cardenal vicario, por Don Nicola, Angela, Claudia de la CEI y muchos otros de mis colaboradores. Te doy las gracias por los años de formación en el Colegio Capranica y en la Universidad Gregoriana, por los superiores, los profesores, los compañeros y amigos que he tenido, en particular los difuntos don Osvaldo Ronzon, don Valerio Massucci, don Nicola Battarelli y don Nicolino Barra. Te doy las gracias por mi servicio como sacerdote y profesor en Reggio Emilia, por mis obispos Beniamino Socche y, sobre todo, Gilberto Baroni, de quien tanto he recibido y tanto he aprendido, por los numerosos sacerdotes y laicos, hombres y mujeres de varias generaciones, en particular por aquellos que aún hoy están más cerca de mí: de ellos he recibido no menos de lo que he intentado dar. Luego, Señor, cuando un cierto cansancio amenazaba con agobiar mi sacerdocio, tuviste piedad de mí y, para mi sorpresa y consternación, me llamaste al episcopado: fue una gracia tan grande como inmerecida, una renovación y un reavivamiento de mi vocación. Desde entonces se han multiplicado quienes rezan por mí y por mis intenciones, supliendo la pobreza de mi oración. Juan Pablo II fue para mí una gracia muy especial. Desde el inicio de su ministerio vi hacerse realidad en él aquello que intuía vagamente en mi interior y que Pablo VI ya había señalado, entre muchas resistencias e incomprensiones. Sin embargo, nunca habría imaginado convertirme en su colaborador directo, como lo fui durante más de veinte años, desde el otoño de 1984, cuando se preparaba el Encuentro de Loreto, hasta su muerte. En Juan Pablo II he experimentado tu presencia, Señor; he podido palpar de cerca la unión en la oración, la inseparabilidad de la oración, la vida y el apostolado, el valor de la fe que guía la historia, la capacidad de amar y de perdonar. En concreto, durante los veintidós años de mi ministerio en Roma, en la CEI y en el Vicariato, espero, Señor, haber actuado no por intereses personales, sino por los objetivos que se me habían confiado y que compartía de todo corazón: así superé resistencias y hostilidades nada desdeñables, especialmente al principio, tanto en la CEI como en el Vicariato. Reconozco y confieso, sin embargo, haber actuado a veces con una dureza sustancial, bajo formas en su mayoría -aunque no siempre- amables: pido perdón al Señor y a todas las personas, vivas y difuntas, a las que he causado dolor. Hace ya ocho años que soy emérito y te doy las gracias, Señor, por haberme concedido todo este tiempo para prepararme para el encuentro supremo contigo, pero también te pido perdón por haber aprovechado muy poco ese tiempo para ese fin. A decir verdad, hasta ahora he sido un emérito muy ocupado, debido a los diversos encargos que he recibido y, sobre todo, porque me he dedicado a la pasión por el estudio que surgió en mí en la adolescencia y que luego siempre me ha acompañado. Los temas que he elegido, Dios y la vida más allá de la muerte, por sí mismos predisponen al encuentro contigo, y los dos libros en los que los he condensado pretenden ser una contribución, aunque mínima, a la evangelización. Pero las causas de esta escasa libertad son, sobre todo, mis pecados y la debilidad de mi respuesta al amor del Señor: estas cosas quisiera confesarlas, con la esperanza de no escandalizar a nadie, sino de animar, por el contrario, a rezar por mí y a hacerlo mejor que yo. Confieso, ante todo, la pequeñez de mi fe. Desde pequeño he tenido el don de la fe y he rezado; la fe me ha acompañado y sostenido hasta hoy, sobre todo a la hora de acoger la vocación al sacerdocio. Ya desde que era estudiante de bachillerato me dediqué a defender la fe, sin timidez ni miedos. He tratado de profundizar, mediante el estudio, en sus contenidos y sus razones, y de exponerlos y defenderlos con pasión y convicción. A pesar de todo ello, sin embargo, en lo más recóndito de mi corazón siempre he estado tentado precisamente en lo que respecta a la fe, aunque, por la gracia de Dios, creo que nunca he cedido a la tentación. En concreto, mi fe era y sigue siendo insuficiente para sostener y animar una vida que debería estar enteramente dedicada a Dios y a los hermanos. Virgen María, nuestra dulce Madre, intercede para que el amor de Dios llene mi corazón y me conceda la verdadera libertad. «Hay más felicidad en dar que en recibir» (Hechos 20,35): esta palabra de Jesús siempre ha sido para mí casi una evidencia y una inclinación natural, ligada también al hecho de que nunca me he visto en la necesidad. Así, gracias a la gran generosidad de mis padres y de mi hermana, durante todo el tiempo que fui sacerdote en Reggio pude trabajar prácticamente gratis. Posteriormente recibí mucho dinero, pero no aumenté los bienes de la familia, destinando lo superfluo a ayudar a personas en dificultades. Siempre he sido «papista» y doy gracias al Señor y a mis formadores por ello, en particular a los profesores de la Gregoriana. Tras Juan Pablo II, colaboré durante tres años con Benedicto XVI y le doy las gracias de todo corazón, también por el cariño que aún me demuestra. Cuando fue elegido el papa Francisco, me alegré y, en la medida de mis posibilidades, me convertí inmediatamente en uno de sus partidarios. También hoy me alegro y le doy las gracias por su extraordinario impulso evangelizador. Debo confesar, sin embargo, que me encuentro en una situación de incomodidad, no por motivos personales, sino porque me cuesta comprender algunas orientaciones que me parecen reabrir heridas que, tras el Concilio, apenas se habían curado. Señor, solo tú sabes por qué me has llamado; tu amor es totalmente gratuito, inmerecido, creador. Haz que no lo rechace; perdóname también por haberlo eludido y decepcionado ya demasiado.

Historia y trayectoria del Padre Oreste Benzi

HistoriaEl Padre Oreste Benzi nace el 7 de septiembre de 1925, el séptimo de nueve hijos, de una pobre familia de obreros, en San Clemente, un pueblito en la Romagna, a 30 km de Rimini. A los doce años entra en el seminario de Rimini; es ordenado sacerdote el 29 de junio de 1949 y el 5 de julio es nombrado capellán de la parroquia de San Nicolás en Rimini. En octubre de 1950 es llamado al seminario de Rimini como profesor y nombrado Asistente Adjunto de la Juventud Católica de Rimini (fue nombrado Asistente en 1952). Manteniendo el compromiso con los adolescentes, en 1953 es nombrado director espiritual en el seminario de Rimini para jóvenes de entre 12 y 17 años. En 1968, con un grupo de jóvenes y algunos sacerdotes, funda el primer núcleo de la Asociación Papa Juan XXIII, oficialmente fundada en 1971 como una asociación “para la formación religiosa de los adolescentes”. A partir de ese momento la vida del Padre Oreste Benzi es íntimamente unida a la de la Comunidad Papa Juan XXIII, a través de múltiples iniciativas, junto con los más pobres, desde las luchas contra la institucionalización de las personas con discapacidad, los niños y las personas mayores a la rehabilitación de los adictos y las personas sin hogar; desde el apoyo a los países más pobres del mundo a la lucha por la liberación de las mujeres extranjeras obligadas a ejercer la prostitución; desde la defensa de la vida por nacer a la lucha contra las sectas.

MuerteDon Benzi murió a los 82 años en Rimini (noreste) de un ataque al corazón, según informaron los medios de comunicación locales. Causa de beatificaciónEl 27 de septiembre de 2014 se inicia el proceso de beatificación a través de la sesión pública celebrada en la iglesia de la Resurrección en Rimini. Preside el proceso el juez Don Giuseppe Tognacci, Elisabetta Casadei es la postuladora y Victorino Casas Llana es el promotor de la justicia. Cien son los testigos llamados en una causa que se espera que dure dos o tres años. El primer testigo es Don Romano Migani, cofundador de la parroquia “La Resurrección” junto con el Padre Oreste Benzi, Don Elio Piccari y Don Sisto Ceccarini. Los testimonios se recogerán en las próximas sesiones que serán cerradas. El 16 de abril de 2014 el obispo de Rimini, Francesco Lambiasi, publicó el decreto de apertura de la causa con fecha 8 de abril de 2014.

Este texto presenta dos biografías que se entrelazan en la historia de la espiritualidad y el compromiso social: la influencia de un confesor en la vida mística de Sor Faustina y la labor de un sacerdote que se dedicó a la defensa de los más vulnerables en Italia. Sus legados, escritos y gestos, continúan inspirando a generaciones en la búsqueda de la misericordia divina y en la acción solidaria con quienes más padecen.

Imagen de la Divina Misericordia y Vilna

La Extraordinaria VIDA de SANTA FAUSTINA

Tabla resumen de hitos relevantes

AcontecimientoAñoLugar
Encuentro inicial entre Faustina y Sopoćko1933Vilna
Primera imagen de Jesús Misericordioso1934Vilna
Beatificación de Sopoćko2008Białystok
Nacimiento de Oreste Benzi1925San Clemente
Apertura de la causa de beatificación de Benzi2014Rimini

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