Purity of the Buddha: Pureza y no-yo en la tradición budista

Purity (Pali: Vissudhi) es un concepto importante dentro de gran parte del Theravada y del Mahayana, aunque las implicaciones de la purificación moral resultante pueden ser vistas de forma diferente en las diversas tradiciones. El budismo Theravada considera el camino de la auto-purificación como absolutamente vital para alcanzar el Nibbana. La tarea central del monje budista Theravada es erradicar fallos morales y de carácter a través de la meditación y el cultivo de la moral, en alianza con el cultivo de la visión o sabiduría (Paññā), para que se logre la pureza del Nibbana.

En el Śrīmālādevī Siṃhanāda Sūtra hay dos estados principales del Tathāgatagarbha. Uno es cuando está cubierto de defilements y se conoce como el “embrión del Tathāgata” (Tathāgatagarbha). El otro es cuando se vuelve libre de defilements y ya no es más el “embrión”, sino el Tathāgata o Dharmakāya. En el Mahābherīharaka Sūtra se elabora que en el momento en que uno se convierte en un Tathāgata, uno habita el Nirvana y puede ser referido como “permanente”, “firme”, “calma”, “eterna” y “yo” (ātman).

Transición suave para enlazar ideas entre temas doctrinales.

En contraste con la teoría del Tathāgatagarbha, las Sutras de Perfección de la Sabiduría afirman que no hay base para conceptualizar la impureza y la purificación, ya que ambas son ilusorias en última instancia. Ninguna tiene una esencia duradera, lo que no quiere decir que sean falsas, sino simplemente el resultado de nombres y conceptos convencionales.

El Camino de purificación y el abandono de los kilesas se discuten en obras clásicas como Visuddhimagga. Este texto del siglo V, escrito por el monje Theravadín Buddhaghosa, describe el camino de la virtud o moralidad, la concentración y la sabiduría, sugiriendo que estos pasos son secuenciales: primero se perfecciona la moralidad, luego la concentración y finalmente la sabiduría. A partir de esta enseñanza, podemos suponer que hay cosas en nosotros que requieren purificación; somos, en primerizos, impuros por nuestras visiones erróneas, nuestra falta de atención plena y nuestras acciones inmorales.

Existen, por lo tanto, dos enseñanzas aparentemente distintas: una que afirma que ya somos puros y solo necesitamos despertar a esa pureza, y otra que indica que somos impuros y debemos seguir el camino propuesto por el Buda para alcanzar la pureza o nuestra propia iluminación. La ausencia de self no es meramente ausencia, sino una conectividad, una plenitud más allá de la descripción.

  1. La no-yo (anatta) como base de interconexión: no hay un yo sustancial propio; la pureza reside en la atención despierta en el presente.
  2. La práctica de la atención plena como vía para reconocer la pureza en el momento presente.

Sin entrar en honduras metafísicas, se observa que ambas perspectivas pueden coexistir: toda la tradición budista afirma la pureza fundamental a través de la enseñanza de la no-yo, y también reconoce la necesidad de purificación práctica mediante moralidad, concentración y sabiduría.

La pureza como experiencia directa

La pureza no se alcanza mediante la afirmación de una identidad impura que hay que superar. Contemplar la pureza aquí y ahora es como un koan: ¿qué es la pureza en este momento para cualquiera de nosotros? La pureza no está en un pensamiento, en el cuerpo o en una emoción; está en la conciencia. La conciencia es la puerta al deathless; la conciencia es la realidad trascendente. Comenzamos a sentir que nuestra verdadera naturaleza es pura y, no importa lo que hagamos o pensemos, no podemos perder esa pureza.

Aun así, las emociones pueden dificultar la experiencia de la pureza: el deseo, el apego y la avidez. A nivel emocional, hay resistencias a la práctica simple de la atención consciente. Con el tiempo se comprende el sufrimiento del apego, incluso a las cosas buenas del mundo. ¿Somos seres fundamentalmente pecadores o fundamentalmente puros? En las enseñanzas budistas hay variedad de miradas: algunas enfatizan la pureza intrínseca; otras destacan la necesidad de trayectoria moral y la liberación del sufrimiento a través del camino.

Gráfico conceptual sobre pureza, Tathāgatagarbha y no-self

El Avatamsaka Sutra ofrece una imagen útil para entender la ausencia de yo: un neto celestial de joyas en el que al observar cada joya se refleja todo el resto; de este modo, al mirar dentro, se ve la interconexión infinita, sin yo separado. Sin embargo, alrededor de este núcleo que conecta a todos los seres existen hábitos, ideas erróneas y la noción de yo, Asmi-mana, que es la “concepción yo-soy”.

La práctica de objetos y la purificación

En el budismo Mahayana, la pureza fundamental está presente en el Tathāgatagarbha: “ya estamos iluminados; solo hay que realizarlo”. Pero también hay enseñanzas que indican que la vida espiritual es un camino que nos aleja de la avidez, el odio y la ignorancia, y nos conduce a la calma, la ecuanimidad y la compasión. Entre ellas destaca Visuddhimagga como guía para purificar la ética, desarrollar la concentración y avanzar hacia la sabiduría. El dilema entre “ya puro” y “en camino” se resuelve al reconocer que la purificación y la iluminación necesitan de la acción ética y de la comprensión profunda del mundo y de la propia mente.

La idea de que la pureza es una realidad que se recuerda, en lugar de una meta que se alcanza mediante el esfuerzo competitivo, es central en ciertas tradiciones. Reconocer que la pureza está siempre presente facilita una relación más suave con las defilements y las emociones. Aun cuando surjan tentaciones y deseos, la práctica de la atención plena permite observarlos como fenómenos mentales, sin identificarse con ellos.

Los objetos de práctica, como el mala (mala), cumplen un papel simbólico y práctico: representan la práctica, la Deidad Iluminada, el Guru y la Sangha, y están vinculados a la purificación y bendición de ofrendas. El uso de mantras, como el Vajrasattva o el Om Ah Hum, sirve para purificar las ofrendas y reforzar la conexión con la pureza de la mente. Incluso sin un objeto físico, estas prácticas pueden bendecirse a sí mismas para sostener la claridad y la devoción.

Conclusiones sin dogmas

La pureza budista se entiende mejor como un estado de conciencia presente y despierta, que no depende de una identidad fija ni de la mera observancia externa de reglas. Es posible reconocer una pureza innata sin negarse a la necesidad de ética, sabiduría y comprensión profunda. La dirección de la práctica apunta a vivir la sabiduría de la no-sede, integrando el entendimiento de la interconexión y la ausencia de un yo sólido en la experiencia cotidiana.

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