Ramana Maharshi nació el 30 de diciembre de 1879 en Tiruchuzhi, Tamil Nadu, bajo el nombre de Venkataraman Iyer. Su familia era humilde: su padre Sundaram Aiyar era un abogado respetable y su madre Alagammala una devota hindú y excelente ama de casa.
Desde joven mostró intereses variados; el niño estudió en Tiruchuli, Dindigul y Madurai, y aunque en la escuela no destacaba especialmente, era físicamente muy activo y solía rendir mejor en deportes. Sin embargo, él declaró que en realidad era indiferente a ambas clases y deportes en igualdad.
En noviembre de 1895, un nombre tuvo un efecto profundo en él: Arunachala, nombre de Tiruvannamalai. Bhagavan describió que desde una edad temprana el nombre de Arunachala estaba “brillando y resonando” dentro de él, con una sphurana que reunía sonido y luz percibidos en el Corazón psíquico. Poco después encontró el libro Periya Puranam y quedó profundamente conmovido.
En julio de 1896, a los 16 años, ocurrió un acontecimiento crucial: un miedo intenso a la muerte lo llevó a una experiencia de conciencia reveladora, la convicción de que “yo soy Espíritu” trasciende el cuerpo. Esta experiencia, de corta duración, cambió su vida para siempre, apagó su interés por los estudios y lo empujó a realizar largas visitas al templo de Madurai, buscando gracia que lo transformara.
El 29 de agosto de 1896, ante la presión de su hermano para que retornara a la vida convencional, Venkataraman decidió dejar su casa y viajar hacia Arunachala. Con apenas tres rupias, dejó una nota y emprendió un viaje que lo llevó a través de Villupuram, Tiruvannamalai y Arayanainallur, hasta encontrar el templo de Atulanatha Ishvara y entrar en un estado de samadhi, ante lo cual la visión de una luz en el garbha griha se convirtió en una experiencia reveladora.
Llegó a Tiruvannamalai el 1 de septiembre de 1896 y, tras la puja, abrió las puertas de los santuarios mínimos. Se dirigió al padre y dijo haber venido por orden suya. Posteriormente, pasaría años en silencio absoluto, viviendo en la Montaña Arunachala, primero en el Salón de los Mil Pilares y luego en la Cueva Virupaksha.
Durante estos años, la vida de Ramana se volvió silenciosa y absorbida en el Sí Mismo. En la cueva, insectos le causaron heridas mientras permanecía inmóvil; los devotos lo rodeaban y algunos comenzaron a venerarlo como una estatua sagrada. Un día, un devoto descubrió que Ramana sabía leer y escribir, después de que apareció una inscripción en la pared en Tamil que decía que el servicio de comida era suficiente para el cuerpo.
Con el tiempo, Ramana fue llamado Brahmana Swami y recibió a discípulos como Uddandi y Palaniswami, quienes lo acompañaron durante años. La familia de Ramana, preocupada por su desaparición, lo buscó sin éxito hasta fines de 1898, cuando finalmente fue localizada cerca de Arunachala. Ramana no respondió a su familia y permaneció al pie de la Montaña, cambiando de residencia cuando era necesario.
En 1907, Kavyakantha Ganapati Muni, poeta sánscrito, se convirtió en seguidor de Brahmana Swami y difundió su nombre: Sri Ramana Maharshi. Durante aproximadamente un año vivió en el gran templo y sus alrededores, y luego pasó más tiempo cerca de la Cueva Virupaksha en la montaña, antes de asentarse por unos 15 años cerca del lugar.
En los años siguientes, Ramana vivió en un ashram construido por devotos, y su madre lo acompañó en la residencia cercana. En 1916 se mudó a Skandashram, donde su madre cocinaba para todos los residentes. Murió en 1922 y su cuerpo fue enterrado al pie de Arunachala. En diciembre de 1922 volvió a la tumba de su madre y no regresó a Skandashram, viviendo allí hasta su mahāsamādhi en abril de 1950 a los 70 años.
A Ramana se le conoce como una encarnación de la verdad; su poder no residía en milagros sino en la paz que irradiaba. Su enseñanza no fue novedosa; recuperó una práctica antigua llamada indagación interior o Atma Vichara, centrada en la pregunta “¿Quién soy yo?”. A lo largo de su vida, Ramana dejó claro que el camino directo de vichara es el más corto, seguro y fiable para la liberación, manteniendo una actitud de silencio dinámico más que palabras.
El método principal, según Ramana, es preguntarse: “¿Quién soy yo?” y mantener la mente centrada en la respuesta a esa pregunta. A lo largo de su literatura, explicó cómo gestionar pensamientos no deseados y cómo la práctica puede llevar a la desaparición del ego y a la realización del Ser. En sus diálogos, Ramana enfatizó que la gracia divina acompaña a la búsqueda del Ser y que sin gracia no hay vichara real, y que ambas cosas son necesarias.
Para practicar, Ramana describió varias rutas: vichara (indagación del Ser), dhyana (meditación) y upasana (devoción hacia una forma). Aceptó que cada quien debe elegir el camino que más le atraiga, ya sea jnana, bhakti o kriya, y que el silencio del maestro es una enseñanza poderosa que puede transformar al buscador de verdad. Sus palabras invitan a permanecer en el Ser y a descubrir que la pantalla de la vida no es la realidad última.
Ramana Maharshi es considerado uno de los maestros más influyentes del siglo XX. Su vida ejemplar y su enseñanza de la autorrealización a través de la indagación interior han inspirado a miles en todo el mundo. Su legado continúa Guiando a quienes buscan la silenciosa claridad del Ser más allá del pensamiento y del ego.
