Hablamos de un tema controversial explicado por una carta pastoral firmada por varias autoridades eclesiásticas españolas y basada en directrices doctrinales.
Lo ha hecho en una carta pastoral [PDF] firmada conjuntamente por José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián; Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela; Mario Izeta, obispo de Bilbao; Juan Carlos Elizalde, prelado de Vitoria y Juan Antonio Aznárez, obispo auxiliar de Pamplona y Tudela.
Según la Agencia Católica de Informaciones, Aciprensa, los obispos españoles se basan en la Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, escrita por el papa emérito Joseph Ratzinger en 1989.
En ella se advertía a pie de página que por la expresión "métodos orientales" se entienden métodos inspirados en el hinduismo y el budismo, como el "zen", la "meditación trascendental" o el "yoga".
Pero si bien los obispos advierten sólo contra algunos tipos de yoga, las críticas al reiki con mucho más definitivas.
En primer lugar, agrupa esta práctica que sus defensores tildan de curativa con el tarot, el chamanismo y la videncia.
El 29 de marzo, la Conferencia publicaba las “Directrices para la Evaluación del Reiki como Terapia Alternativa”, desarrolladas por su comité doctrinal, presidido por el obispo de Bridgeport, Connecticut, Mons. El documento añade:
“Según las enseñanzas del Reiki, la enfermedad es causada por alguna clase de disfunción o desequilibrio en la ‘energía vital’ de uno.
El Reiki “no ha sido aceptado por las comunidades científica y médica como una terapia eficaz”, observaban las directrices.
Explicaban que “la diferencia radical se puede ver de forma inmediata en el hecho de que el poder de curación del médico Reiki está a disposición del ser humano”.
Las directrices establecen: “Para un católico creer en la terapia Reiki presenta problemas insolubles.
A nivel espiritual, el documento indica que “existen peligros importantes”.
“La superstición corrompe el culto a Dios volviendo hacia una dirección falsa los sentimientos y la práctica religiosa.
1. Con frecuencia se formulan preguntas sobre las diversas terapias alternativas disponibles en los Estados Unidos.
I. 2. La Iglesia reconoce dos clases de curación: la curación por gracia divina y la curación que utiliza los poderes de la naturaleza.
En cuanto a la primera, podemos señalar al ministerio de Cristo, que realizó muchas curaciones físicas y encargó a sus discípulos continuar esa tarea.
Siendo fieles a este encargo, desde el tiempo de los apóstoles la Iglesia ha intercedido a favor del enfermo mediante la invocación del nombre del Señor Jesús, pidiendo la curación por el poder del Espíritu Santo, ya sea en la forma de la imposición sacramental de las manos y la unción con el óleo, ya sea en la forma de simples oraciones por la curación, que a menudo incluyen una invocación a los santos para conseguir su ayuda.
En cuanto a la segunda, la Iglesia nunca ha defendido la curación divina -que viene dada como un don de Dios- como excusa para excluir el recurso a los medios naturales de curación a través de la práctica de la medicina (1).
Junto con su sacramento de curación y con las diversas oraciones para la sanación, la Iglesia cuenta en su haber con una larga historia de cuidado de los enfermos mediante la utilización de medios naturales.
3. Las dos clases de curación no son excluyentes.
El hecho de que sea posible ser curado por el poder divino, no significa que no debamos recurrir a los medios naturales que están a nuestra disposición.
No nos corresponde a nosotros decidir si Dios curará o no a alguien con medios sobrenaturales.
Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica, el Espíritu Santo da en ocasiones a algunas personas «un carisma especial de curación para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado» (2).
Sin embargo, este poder de curación no está a disposición del hombre, porque «ni siquiera las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las enfermedades» (3).
Por lo tanto, el recurso a los medios naturales de curación sigue siendo totalmente apropiado, ya que están a disposición del hombre.
II. 4. El reiki es una técnica de curación inventada en Japón a principios del siglo XIX por Mikao Usui, que estudiaba textos budistas (4).
De acuerdo con la enseñanza del reiki, la enfermedad es consecuencia de algún tipo de trastorno o desequilibrio en la «energía vital» de la persona.
Un practicante de reiki lleva a cabo la curación al poner sus manos en determinadas posiciones sobre el cuerpo del paciente para así facilitar el flujo del reiki, la «energía vital universal», del practicante al paciente.
Hay numerosas posiciones de las manos para tratar diferentes problemas.
Los partidarios del reiki aseguran que el practicante no es la fuente de la energía sanadora, sino simplemente un canal para que fluya (5).
Para llegar a ser un practicante de reiki, la persona debe recibir una «iniciación» o «armonización» por parte de un Maestro reiki.
Esta ceremonia hace que la persona esté «armonizada» con la «energía vital universal», lo cual le permite servir como un conducto para ella.
Se dice que hay tres niveles diferentes de armonización (algunos enseñan que son cuatro).
5. Aunque los partidarios del reiki parecen estar de acuerdo en que no representa una religión en sí misma, sino una técnica que puede ser utilizada por gente de muchas tradiciones religiosas, el reiki tiene diversos aspectos de una religión.
Con frecuencia se describe el reiki como un tipo de curación «espiritual», en oposición a los procedimientos médicos comunes de curación que emplean medios físicos.
Gran parte de la literatura sobre el reiki está llena de referencias a Dios, a la Diosa, al «poder de curación divino» y a la «mente divina».
Afirman que la energía vital procede directamente de Dios, la «Inteligencia Superior» o la «conciencia divina».
Asimismo, las diversas «armonizaciones» que el practicante de reiki recibe de un Maestro reiki se logran a través de «ceremonias sagradas» (que tradicionalmente han sido mantenidas en secreto por los Maestros reiki).
6. Sin embargo, hay algunos practicantes de reiki, sobre todo enfermeras, que intentan acercarse al reiki como un mero medio natural de curación.
Pero si se considera como un medio natural de curación, el reiki pasa a ser evaluado bajo los parámetros de las ciencias naturales.
Es cierto que puede haber medios de curación natural que no hayan sido entendidos o reconocidos por la ciencia.
7. Juzgado de acuerdo con estos parámetros, el reiki carece de credibilidad científica.
No ha sido aceptado por las comunidades científicas y médicas como una terapia efectiva.
Faltan estudios científicos acreditados que atestigüen la eficacia del reiki, así como la explicación científica plausible de cómo podría posiblemente ser eficaz.
La explicación de la eficacia del reiki depende enteramente de una cosmovisión particular que ve el mundo como permeado por esta «energía vital universal» (reiki) que está sujeta a la manipulación por el pensamiento y la voluntad humanos.
Los practicantes de reiki afirman que su capacitación les permite canalizar la «energía vital universal» que está presente en todas las cosas.
Sin embargo, esta «energía vital universal» es desconocida para la ciencia natural.
8. Algunas personas han intentado identificar el reiki con la curación divina conocida por los cristianos (6).
Se equivocan.
La diferencia radical puede apreciarse de inmediato en el hecho de que para el practicante de reiki el poder sanador está a disposición del hombre.
Algunos maestros quieren eludir esta implicación y arguyen que no es el practicante de reiki quien realiza personalmente la curación, sino la energía reiki dirigida por la conciencia divina.
No obstante, la realidad es que para los cristianos el acceso a la curación divina es mediante la oración a Cristo como Señor y Salvador, mientras que la esencia del reiki no es una oración sino una técnica que transmite el «Maestro reiki» al alumno, una técnica que una vez que se llega a dominar, producirá formalmente los resultados previstos (7).
Algunos practicantes intentan cristianizar el reiki añadiendo una oración a Cristo, pero esto no afecta a la naturaleza esencial del reiki.
9. La diferencia entre lo que los cristianos reconocemos como curación por la gracia divina y la terapia reiki también queda de manifiesto en los términos básicos que utilizan los partidarios del reiki para describir lo que sucede en la terapia reiki, particularmente en lo relativo a la «energía vital universal».
Ni la Escritura ni la tradición cristiana en su conjunto consideran el mundo natural como algo basado en la «energía vital universal» que quede sujeto a la manipulación por parte del poder natural humano del pensamiento y de la voluntad.
De hecho, esta cosmovisión tiene sus orígenes en las religiones orientales y tiene un cierto carácter monista y panteísta, en el que las distinciones entre uno mismo, el mundo y Dios tienden a diluirse (8).
III. 10. La terapia reiki no encuentra apoyo ni en los hallazgos de la ciencia natural ni en la doctrina cristiana.
Para un católico, creer en la terapia reiki plantea problemas irresolubles.
11. En términos del cuidado de la salud espiritual personal, existen importantes peligros.
Para usar el Reiki, uno tendría que aceptar, al menos de forma implícita, conceptos claves de la cosmovisión que subyacen a la teoría reiki, elementos que no pertenecen ni a la fe cristiana ni a la ciencia natural.
Sin justificación ni en la fe cristiana ni en la ciencia natural, no obstante, un católico que pone su confianza en el reiki estaría actuando en la esfera de la superstición, tierra de nadie que no es la fe ni la ciencia (9).
La superstición corrompe la adoración personal de Dios, ya que conduce el sentimiento religioso personal y la práctica hacia una dirección equivocada (10).
12. Mons. William E. Mons. John C. Arzobispo de St. Mons. Leonard P. Mons. Arthur J. Mons. José H. Mons. Allen H. Mons. Robert J. Mons. Donald W.
1. Cf. 2. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 3. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 4. 5.
Sin embargo, como veremos más abajo, las distinciones entre uno mismo, el mundo y Dios tienden a desmoronarse en el pensamiento reiki.
Algunos maestros de reiki explican que al final uno alcanza la comprensión de que uno mismo y la «energía vital universal» son uno, «que somos fuerza vital universal y que todo es energía, incluidos nosotros mismos» (Libby Barnett - Maggie Chambers - Susan Davidson, Reiki Energy Medicine: Bringing Healing Touch into Home, Hospital, and Hospice [Rochester, Vt.: Healing Arts Press, 1996], p. 48; cf. también p. 6. Por ejemplo, cf. 7. Los Maestros de reiki ofrecen cursos de capacitación con varios niveles de avance, servicios por los que los maestros exigen una remuneración pecuniaria significativa.
8. Aunque esto parece implícito en la doctrina reiki, algunos de sus partidarios plantean explícitamente que al final no existe una distinción entre uno mismo y el reiki.
«La alineación con uno mismo y ser reiki es un proceso abierto. Diane Stein resume el sentido de algunos de los «símbolos sagrados» usados en la armonización del reiki como «La Diosa en mí saluda a la Diosa en ti», «Hombre y Dios llegando a ser uno» (Essential Reiki Teaching Manual: A Companion Guide for Reiki Healers [Berkeley, Cal.: Crossing Press, 2007], pp. 129-131).
Anne Charlish y Angela Robertshaw explican que la armonización superior del reiki «señala un cambio del ego y de uno mismo a un sentimiento de unidad con la energía vital universal» (Secrets of Reiki [New York, N.Y.: DK Publishing, 2001], p. 9.
Algunas formas de reiki enseñan la necesidad de invocar la asistencia de seres angélicos o «guías espirituales reiki».
10. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2111; Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae II-II, q. 92, a.
Querido padre: Hace unos días estuve con una fisioterapeuta por un problema de mi pierna, pero quedé confundida cuando empezó imponerme sus manos en diversas partes de mi cuerpo y a hablarme de curación a través del reiki.
Hija, gracias por tu pregunta que considero importante, ya que hay muchos católicos confundidos con la extensa oferta de productos, terapias, libros y cursos de la Nueva Era.
Para aclarar a nuestros lectores, el reiki es una técnica de curación inventada en Japón que tiene su fundamento en escritos budistas.
El practicante de reiki debe aprender a colocar sus manos en ciertas posiciones y permitir el flujo de esa supuesta energía.
En grados avanzados, los maestros de reiki envían esa energía a enfermos a distancia, sin contacto físico.
Para empezar el reiki no tiene ninguna credibilidad científica.
En segundo lugar, el reiki pretende ser una técnica espiritual, algo que el hombre aprende a manejar, encauzando la energía divina para obtener un resultado concreto, que es la curación de una persona.
Los cristianos no creemos que Dios es energía, ni aprendemos métodos para controlar la voluntad divina, sino que hacemos oración pidiendo al Padre Celestial la gracia de la curación de alguien enfermo o de uno mismo.
Los cristianos sabemos que Dios puede sanar una enfermedad si su voluntad lo quiere; pero sabemos también que no siempre Dios responde a nuestros deseos, sino que puede conceder la curación cuando Él quiera y donde Él quiera.
A veces Cristo Jesús nos invita a unir nuestros dolores a su Pasión redentora para darles un valor salvífico.
Tercero, el reiki resulta una práctica peligrosa: quiebra el primer mandamiento de la Ley de Dios, que es amarlo a Él sobre todas las cosas.
El reiki es un pecado de irreligión, es decir, de oposición a la fe, porque pone a prueba a Dios, su bondad y su poder.
Es lo que hizo Satanás cuando quiso tentar a Jesús en el desierto, diciéndole que se arrojara de la parte más alta del templo y que Dios enviaría a sus ángeles para no dejarlo caer.
Jesús respondió: “No tentarás al Señor, tu Dios”.
Por último el reiki, al no ser científico y ser una falsa técnica espiritual para domar la voluntad de Dios, no puede ser sino un engaño del demonio, quien quiere llevar al hombre a vivir en la desconfianza de su Creador.

Una recomendación final: cuando vayas con un fisioterapeuta, un médico o un psicólogo, y alguno de ellos te proponga estos métodos, cambia a esa persona por un profesional de la salud que tenga seriedad y competencia, y que no revuelva la ciencia con la brujería.
Lo que sigue es un resumen del documento de los obispos para ayudar a los servidores de la RCC a responder a preguntas que siguen surgiendo con respecto al Reiki.
Jesucristo realizó muchas sanaciones físicas y por medio del Espíritu Santo dio el carisma de sanación a su Iglesia a lo largo de los siglos.
La Iglesia Católica tiene también una larga historia de cuidar a los enfermos, fundar hospitales e instituciones que utilizan medios naturales de sanación junto con la oración y la confianza en Dios de quien proviene toda sanación (ver Si 38,1-8).
El Reiki es una técnica que fue desarrollada en Japón a finales del XIX, por Mikao Usui que estaba estudiando textos budistas.
La enseñanza del Reiki afirma que la enfermedad está causada por un trastorno o desequilibrio en la «energía vital» de uno.
Para efectuar la sanación el practicante del Reiki coloca sus manos en diversas posiciones sobre el cuerpo humano para facilitar el flujo de esta energía vital universal.
Están aquellos que reclaman que el Reiki no es una religión sino simplemente una técnica que puede ser utilizada por personas de diversas tradiciones religiosas.
La bibliografía sobre el Reiki, sin embargo, lo describe a menudo como una sanación espiritual y hace referencias al dios, a la diosa, al «poder sanador divino» y a la mente divina.
Hay algunos defensores del Reiki, principalmente enfermeras, que nos harían aceptar el Reiki como un medio natural de sanación.
Pero esto obligaría entonces al Reiki a cumplir con los patrones de la ciencia natural.
El Reiki no llega a cumplir estos patrones y carece de cualquier credibilidad científica.
Algunas personas han intentado identificar al Reiki con la sanación divina conocida por los cristianos, pero están equivocados.
Sólo existe una fuente de sanación divina, Jesucristo, y solo a Él dirigimos nuestras oraciones de sanación.
Añadir simplemente el nombre de Jesús al utilizar el Reiki no altera la esencia natural del Reiki, que no es una oración sino una técnica que es transmitida por el «Maestro de Reiki» al discípulo, y se supone que obtendrá con seguridad los resultados anticipados.
Ni la Escritura ni la tradición cristiana hablan del mundo natural basado en «energía vital universal», que está sujeto a la manipulación de seres humanos.
Esta visión del mundo, de hecho, es de naturaleza panteísta.
El Reiki tampoco tiene apoyo en la ciencia natural ni en la doctrina cristiana.
Para un católico, creer en la terapia Reiki presenta problemas insolubles.
En medio de muchas propuestas espirituales, el Evangelio ofrece una guía clara sobre dónde encontrar el verdadero poder sanador.