Ritiro espiritual a partir de Lucas 24,13-35: presencia de Jesús en el camino, la Palabra y la mesa

Durante la temporada de Pascua leemos los relatos de las apariciones de Jesús resucitado que se han conservado en el Nuevo Testamento. El relato de Lucas 24:13-35 afirma que Jesús resucitado se hace presente ante todos los seguidores y las seguidoras de Jesús que experimentan pérdidas y dificultades, y no solamente ante los discípulos que tuvieron las experiencias narradas en el Nuevo Testamento. El pasaje se puede dividir en cuatro secciones: el encuentro de Jesús con los dos discípulos en el camino a Emaús (vv. 13-16), su conversación mientras caminaban juntos (vv. 17-27), la comida que comparten en Emaús (vv. 28-32) y el regreso a Jerusalén para reunirse con los otros discípulos (vv. 33-35).

El versículo clave de la primera sección que comprende los vv. 13-16 es el último. Nos dice que los dos discípulos que iban hacia Emaús no pudieron reconocer a Jesús cuando se les acercó y se puso a caminar con ellos, a pesar de que hablaban de las cosas que acababan de sucederle a Jesús. El motivo de la aparición divina que no se reconoce inicialmente tiene precedentes en la Escrituras judías, como cuando Abraham acoge tres hombres sin darse cuenta de que son ángeles (Gn 18:1-22). La narración de Lucas ha establecido una situación de ironía. El lector o la lectora saben que se trata de Jesús, pero los personajes del relato no. El suspenso para el lector y la lectora está en que no sabemos cuándo y cómo estos discípulos se darán cuenta de que Jesús está en medio de ellos.

Jesús inicia la conversación que ocurre en los vv. 17-27 preguntándoles de qué venían hablando y porqué estaban tristes. La respuesta del discípulo que se llama Cleofas indica que ellos suponen que Jesús es uno de los muchos peregrinos que habían ido a Jerusalén para la fiesta de la Pascua judía. La palabra traducida como “forastero” (paroikeis) se aplicaba justamente a un visitante extranjero temporario. En la respuesta de Cleofas en el v. 18 se advierte la sorpresa que le genera el hecho de que el forastero no esté al corriente de lo que ha sucedido. De manera conmovedora, su actitud de sorpresa revela lo devastado que está Cleofas. ¿Cómo puede Cleofas esperar que cualquiera de los miles de visitantes a Jerusalén en esos días supiera lo que había sucedido con Jesús? Cuando uno está pasando por un momento de profundo dolor y tristeza, se hace difícil aceptar que los demás sigan adelante con sus vidas y no compartan nuestro dolor. La ironía de la pregunta de Cleofas a Jesús es que los eventos a los que alude le pasaron a este mismo “forastero” con quien está hablando.

En el original griego, la pregunta de Jesús a Cleofas en el v. 19 (“¿Qué cosas?”) es formulada con una sola palabra (poia). En contraste, la respuesta de Cleofas y del otro discípulo a esta pregunta ocupa seis versículos (vv. 19-24). Por medio de la forma larga de esta respuesta, la narración de Lucas sigue indicando que estos discípulos están sumamente afligidos y extenuados por lo que ha sucedido. Cleofas y su compañero explican los eventos de los días anteriores. En el v. 21, lamentan que sus esperanzas no se han cumplido, ni siquiera en este “tercer día,” el día en que Jesús mismo había predicho que resucitaría. La última frase de su resumen termina con el detalle de que los que fueron al sepulcro “no lo vieron” (v. 24), reforzando así la idea de que sus esperanzas habían quedado frustradas. La ironía que Lucas ha puesto en marcha es intensa: estos dos discípulos están experimentando una aparición de Jesús resucitado precisamente en el tercer día, y sin embargo se desesperan por el “error” de haber colocado su fe y esperanza en Jesús.

Las palabras de Jesús en el v. 25 no son particularmente simpáticas hacia ellos. Les dice que son “insensatos y tardos de corazón.” Su opinión es que “todas las Escrituras” revelan un Mesías cuya gloria viene a través del sufrimiento (v. 25-27). Entre los judíos en Palestina en el primer siglo había varias expectativas mesiánicas diferentes, pero la idea de un mesías sufriente iba en contra de estas expectativas. Los que llegaron a creer que Jesús era el Mesías tuvieron que interpretar las Escrituras de una manera nueva para poder ver cómo Jesús las cumplió. En los vv. 25-27, Lucas atribuye a Jesús, quien “les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (v. 27), la práctica de la interpretación cristológica del Antiguo Testamento desarrollada por los primeros cristianos.

A pesar del conocimiento de las Escrituras que les muestra Jesús, los discípulos continúan sin reconocerlo, y por lo tanto, el suspenso sigue aumentando. Sólo después de que le ofrecen su hogar para pasar la noche y de que comparten con él el pan, reconocen a Jesús y el suspenso se termina (vv. 28-32). Jesús se manifiesta más plenamente en medio de ellos en este acto de hospitalidad y compañerismo.

Después de esta revelación, ellos vuelven a Jerusalén con la intención de contarles a los demás discípulos lo que les ha pasado (vv. 33-35). Y resulta que allí los once los estaban esperando con la noticia de lo que Cleofas y el otro discípulo ya habían experimentado por sí mismos, que “ha resucitado el Señor verdaderamente” (v. 34). Les dicen a los once cómo habían reconocido a Jesús “al partir el pan” (v. 35).

Las “cinco presencias” que revelan la experiencia del Retiro Emaús

  1. Primera presencia: en el camino. Jesús Resucitado se aparece a los dos discípulos que huyen hacia Emaús, decepcionados. Se hace el tonto, pregunta y acompaña. Debate. Esclarece. Es un lugar fundamental para descubrir la presencia resucitada de Jesús en el camino de la vida y la historia; Dios habita en la vida cotidiana.
  2. Segunda presencia: en la Palabra. A medida que Jesús explica las Escrituras, se enciende el fuego del Espíritu, aunque ellos lo reconozcan después. La Palabra de Dios, especialmente los Evangelios leídos y meditados en comunidad, es fuente de encuentro con el Resucitado.
  3. Tercera presencia: en la acogida fraterna. Los discípulos invitan al forastero a quedarse; hacerse espacio para el otro es una forma de recibir al Resucitado en la vida diaria. En los pobres y oprimidos habita Jesús necesitado; la hospitalidad y la fraternidad son claves para seguirlo.
  4. Cuarta presencia: el pan partido. Al partir el pan, los ojos se abren y reconocen a Jesús. La Eucaristía es memorial de la Pascua y presencia real; partir el pan con otros es encuentro con el Maestro en comunidad.
  5. Quinta presencia: el anuncio. Después de reconocerlo, los de Emaús salen a anunciar lo que han visto y oído; la evangelización es la misión de la Iglesia y la alegría de ser testigos del Resucitado en la vida diaria.

Este relato invita a ver a Jesús vivo y presente incluso en nuestras mayores tristezas, y subraya que la esperanza puede encontrar su acicate en las Escrituras y en la fraternidad de la mesa compartida, incluido el extranjero. El retiro Emaús propone un proceso de transformación interior que acompaña a las personas desde la desolación hacia una experiencia de presencia, comunión y misión.

En el camino hacia Emaús, la pregunta “¿Qué conversación es esa que traéis?” abre el proceso de descubrimiento. Los ojos de los discípulos estaban velados por el dolor y la decepción; la ceguera era emocional, no física. El tremendo aprendizaje es que la presencia resucitada se revela cuando se abre la apertura al otro y a la Palabra, y cuando se comparte la mesa de la vida con quienes nos rodean.

Ruta de Emaús, encuentro en el camino

La experiencia de Emaús resuena hoy en contextos de retiros espirituales. El Pasaje no es solo un relato histórico; es un mapa de búsqueda, pérdida y reencuentro que facilita una estructura de transformación interior en retiros modernos. En España y en otros lugares, este modelo se utiliza para acompañar a personas a caminar desde la desorientación hacia la experiencia de la presencia del Resucitado, especialmente a través de tres ejes: lectura de la Escritura, acompañamiento fraterno y participación en la Eucaristía.

Para quien busca profundizar, las escenas de Emaús ofrecen una guía de aplicación práctica: recordar que Jesús está con nosotros incluso cuando no lo reconocemos; invitar a Jesús a nuestros días; permitir que la Palabra despierte el corazón; y volver a la vida cotidiana con una fe renovada, dispuesta a amar y servir. En palabras de la tradición cristiana, el Retiro Emaús culmina en el envío: regresar a casa, al trabajo y a la familia con un espíritu transformado.

Como recurso espiritual, este pasaje invita a contemplar la presencia de Cristo en la vida cotidiana, en la Palabra, en la mesa y en la acogida a los demás. En un mundo a menudo acelerado, caminar hacia Emaús propone una pausa para mirar, escuchar y discernir la voluntad de Dios con corazón abierto.

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