La palabra esfacelamiento tiene el significado de "acción y efecto de pudrirse un tejido orgánico vivo" y viene del sufijo -miento (instrumento, medio o resultado) sobre el verbo "esfacelarse", derivado de "esfacelo" y este del griego sphakelos = "gangrena".
La decadencia espiritual es un tema de gran relevancia para todo creyente, ya que la Escritura advierte que el corazón del hombre es engañoso y que es necesario reconocer los síntomas del inicio de ese proceso de declive interior.
La naturaleza del decaimiento espiritual
En un libro titulado, La Declinación Personal y el Avivamiento de la Religión en el Alma, Octavius Winslow enumera algunos de los síntomas de un creyente que ha comenzado a decaer espiritualmente.
Este creyente continúa teniendo percepción de la verdad, puede definir los puntos principales de su fe, y explicar teológicamente la interrelación de cada uno de ellos, así como la importancia de tales doctrinas. No son esas verdades de las Escrituras las que mantienen su alma confiada, tranquila y gozosa en el Señor.
Los hermanos que están a su lado no pueden darse cuenta de que algo no anda bien, porque este individuo está haciendo exactamente lo mismo que están haciendo todos los demás. Él no ha llegado a ese estado tan profundo de deterioro donde el creyente ya ni canta. No; él sigue cantando, pero su corazón no está involucrado en esa actividad de alabanza.
Algunas observaciones señalan que una religión que no se deleita en Dios puede perder su vitalidad, y que puede resultar difícil continuar conectado con la Palabra al final del culto, cuando todo pensamiento está cautivo y la vida interior se apaga.
Síntomas visibles y causas profundas
Una de las afirmaciones recurrentes es que la renovación continua es necesaria entre los líderes para evitar la espiral de cansancio espiritual. Leer la Biblia, buscar distintas versiones y evitar versículos aislados es una recomendación para mantener la frescura espiritual.
Si no se está haciendo nada para especializarse, aprender más, actualizar conocimientos, conocer a otros líderes y desarrollar capacidades, dones y talentos, pueden surgir causas del descenso del entusiasmo y de la vivacidad espiritual.
La oración es vista como un diálogo, no como un monólogo; y la ausencia de ese diálogo puede ser un síntoma de falta de frescura espiritual. La centralidad de la oración y de la Palabra de Dios es crucial para discernir los movimientos interiores y escuchar la voz del Espíritu.
Uno de los signos frecuentes de agotamiento espiritual es invertir el orden de prioridades: valorar más los programas que a las personas. Este desbalance genera desgaste y reduce la vitalidad de la vida cristiana comunitaria.
Discernimiento espiritual: clave para la vida de la Iglesia
El discernimiento espiritual es esencial para toda la tradición espiritual de la Iglesia y se ha cultivado en la historia a través de las enseñanzas de Evagrio Pontico y de Ignacio de Loyola. No hay discernimiento si no somos capaces de escuchar, ver y sentir lo que ocurre en nuestro corazón, nombrarlo y distinguir entre movimientos interiores y emociones.
Estar alegres y contentos no es lo mismo que discernir: reconocer los movimientos de nuestra afectividad es parte del proceso. El Señor, por Su Espíritu, habla a través de estos movimientos afectivos y hay que reconocer Su voz entre tantas otras voces.
Sin discernimiento no hay comprensión de la vida personal ni de la vida comunitaria. Por ello, formarse al discernimiento espiritual es fundamental para la misión de la Iglesia, para entender lo que el Señor dice a la Iglesia y para reconocer los llamados del Espíritu en una parroquia o comunidad.
La oración, la escucha de la Palabra de Dios y una correcta formación de la conciencia son requisitos previos para el discernimiento espiritual. El Papa Francisco ha destacado la urgencia de la formación en el discernimiento espiritual, tanto a nivel personal como comunitario, como parte de la misión de la Iglesia.
Aplicaciones prácticas para evitar la decadencia
Entre las recomendaciones para mantener la vitalidad hay que estudiar, dedicar más tiempo a lecturas enriquecedoras, aprender a decir que no cuando es necesario y reservar momentos para hacer actividades distintas a la rutina habitual. Es útil seleccionar eventos estratégicos para equiparse y abandonar una actitud de pretensión de “ Superman” o “mujer maravilla”.
La formación al discernimiento espiritual no es una receta; es un camino que invita a la escucha atenta del Espíritu en la vida personal y comunitaria, y a la orientación correcta para no caer en trampas que desvíen la vida de fe hacia formas secas o ritualistas.
El recordatorio constante es que la verdad y la santidad no dependen solo del esfuerzo externo, sino de la apertura del corazón a la acción del Espíritu y de la gracia que impulsa la vida en abundancia que Jesús ofrece: “Yo he venido para que tengan la vida y la tengan en abundancia”.

En resumen, el esfacelamiento espiritual se puede entender como un proceso de pudrición de la vida interior que, si no se contrarresta con una renovación constante, la oración profunda, la familiaridad con la Palabra y un discernimiento atento, lleva a una fe que parece viva en la forma pero carece de energía y sentido interior.
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