Por su amplia historia, todas las artes marciales, tanto las internas (énfasis en la salud integral y el desarrollo personal y que se pueden practicar a cualquier edad) como las externas (énfasis en la habilidad física como lo son el wushu, kung fu, etc.) se han empapado de un sinfín de fuentes que van desde lo mágico/religioso, lo militar, lo filosófico, la medicina tradicional china, etc. Esta extensa variedad de factores en el desarrollo de las artes marciales dio como resultado incontables técnicas y estilos.
Significa “El cultivo de la energía”. Se basa en las teorías de la medicina tradicional china sobre el Qi o energía vital. El Qi Gong no es propiamente un arte marcial ya que se orienta más a la salud, las técnicas de respiración y la meditación en movimiento, pero se sigue considerando “arte interna”.
El Tai Chi nació como un arte marcial interno de combate cuerpo a cuerpo con armas o con las manos vacías, sin embargo, hoy en día es practicado por sus beneficios de salud y como un arte corporal. Tonifica el cuerpo y estimula la mente (concentración, memoria, etc.) y se usa para tener una vejez plena (una de las razones por las que se cree que el Tai Chi es un ejercicio exclusivo para gente de edad avanzada, aunque sus beneficios se pueden experimentar a cualquier edad).
El Tai Chi Chuan, más conocido como Tai Chi, es un arte marcial interno practicado por millones de personas en todo el mundo por sus conocidos beneficios para la salud. Su origen se remonta a siglos atrás, probablemente en el siglo XVII, en la provincia china de Henan. La versión legendaria del origen del Tai Chi se atribuye a Zhang Sanfeng (o Chan San Feng), un maestro taoísta cuya historia o leyenda se remonta al final de la dinastía Song (960 - 1279). Se dice que Zhang Sanfeng desarrolló el Tai Chi al observar la naturaleza y al combinar principios filosóficos taoístas con técnicas de artes marciales existentes, presumiblemente originarias de Shaolín. Un día vio una grulla y una serpiente desafiarse y se le ocurrió realizar un estilo de lucha que combinase las características de varios animales. Cuentos de los inmortales taoístas. Sin embargo, la historicidad de Zhang Sanfeng es objeto de debate y misterio. No hay evidencia histórica concreta que confirme su existencia.
El resultado de esta combinación entre Kung Fu y filosofía fue un estilo interno, suave y coherente, alineado con los principios del taoísmo y la eficacia de las mejores técnicas marciales. El hermetismo de la familia Chen se rompió con Yang Luchán, un joven aspirante que se convirtió en alumno del sucesor de Chen Wangting, Chen Changxing. Con Yang Luchan en la corte, pronto los círculos más cultos de la nobleza comenzaron a sentir interés por aquel arte marcial que combinaba los conceptos del yin y el yang o los Cinco Elementos con la lucha cuerpo a cuerpo. Por ese motivo su estilo cambió con respecto al estilo Chen. Se hizo más suave y menos exigente físicamente para ser accesible y eficaz al mismo tiempo. Esta forma de Tai Chi “simplificado” fue la primera de muchas otras formas creadas por el gobierno chino en un intento por unificar y estandarizar la práctica de los estilos tradicionales.
El Tai Chi se creó como un arte marcial desarrollado sobre los conceptos del taoísmo. Esta estructura conecta el cuerpo y la mente de manera suave y armónica, dando lugar a grandes beneficios para la salud que le han otorgado una merecida fama. Por desgracia hoy en día el entrenamiento tradicional de Tui Shou (empuje de manos), métodos, aplicaciones, esgrima y otras prácticas propias del carácter marcial del Tai Chi han quedado en desuso y son totalmente desconocidas para la mayoría de practicantes.
Para personas con enfermedades crónicas, el tai chi puede mejorar la calidad de vida y aumentar la capacidad funcional según los expertos de Harvard. En medio de la serenidad de un parque, un grupo de personas se mueve en perfecta armonía, sus movimientos son fluidos y precisos. Casi como una danza. La escena puede ocurrir en cualquier parque o espacio del mundo. Esta práctica, conocida como Tai Chi, a menudo se describe también como “meditación en movimiento”. Sin embargo, los expertos de la Facultad de Medicina de Harvard sugieren que bien podría considerarse un “medicamento en movimiento”, debido a sus amplios beneficios para la salud. Incluso, en un artículo, los expertos de esta casa de altos estudios la calificaron como: “Una actividad perfecta para el resto de tu vida”.
El Tai Chi es una práctica que combina movimientos suaves y deliberados con una respiración profunda y una mente en calma. Aunque a simple vista puede parecer un ejercicio de baja intensidad, los estudios realizados en Harvard demuestran que ofrece una lista impresionante de bondades. Originado en China como un arte marcial, el Tai Chi ha cambiado a lo largo de los siglos. Su popularidad ha crecido en todo el mundo como una práctica de salud y bienestar. Los expertos resaltan que esta transformación ha permitido que se convierta en una herramienta terapéutica valiosa.
El tai chi no solo ofrece beneficios físicos, sino también mentales y emocionales: reduce el estrés y la ansiedad, entre otros beneficios. Según Harvard, los movimientos imitan acciones de animales o artes marciales y están diseñados para realizarse en una secuencia continua y sin pausas, promoviendo la estabilidad y el equilibrio. A medida que se realiza esta práctica, se respira de manera profunda y natural, centrándose en las sensaciones corporales. Este enfoque en la respiración y la conciencia corporal es similar a algunas técnicas de meditación, lo que refuerza la idea de “meditación en movimiento” promovida por Harvard.

Peter Wayne, editor médico de la Facultad de Medicina de Harvard, estudió los beneficios del Tai Chi para la salud y notó que esta práctica funciona de múltiples maneras. El especialista observó que este ejercicio podría asemejarse a una combinación de varios medicamentos, cada uno con diferentes componentes que producen una variedad de efectos. De acuerdo al entrenador Tim Sobo, de la Cleveland Clinic, se lo considera “‘meditación en movimiento’ porque es una serie de ejercicios que pueden ayudar a armonizar la energía del cuerpo y la mente, ya que ha sido un pilar de la medicina tradicional china durante siglos. “Cuando practicas Tai Chi, no intentas ver lo rápido que puedes moverte. Tu objetivo es hacer que los movimientos fluyan juntos. Mueves todo el cuerpo como una unidad. Y como se requiere fuerza y equilibrio, el Tai Chi es excelente para los músculos y los huesos”.
Harvard enfatiza que el tai chi puede aliviar la ansiedad relacionada con las caídas, al impulsar la confianza y la conciencia corporal. Wayne formuló, además, la idea de los “ocho ingredientes activos” del Tai Chi, un marco conceptual que sus colegas y él utilizan para evaluar los beneficios clínicos de esta práctica. Estos ingredientes son: Conciencia, Intención, Integración estructural, Relajación activa, Fortalecimiento y flexibilidad, Respiración natural y más libre, Apoyo social, Espiritualidad encarnada. Los distintos estilos enfatizan diferentes componentes, pero todos son sinérgicos; por ejemplo, el estilo Yang puede poner más énfasis en la relajación activa, mientras que el estilo Chen se centra más en la integración estructural.
Una clase de tai chi incluye calentamiento, formas de tai chi y qigong. Combina movimientos suaves y respiración para relajar músculos y movilizar la energía del cuerpo. Con todo, uno de los beneficios más destacados es la capacidad para prevenir caídas en personas mayores. Harvard señala que esta práctica mejora el equilibrio, la fuerza muscular y la flexibilidad, factores cruciales para reducir el riesgo de caídas. En diálogo con Infobae, médicos y gerontólogos destacaron mejoras en el equilibrio, la fuerza y la movilidad para dolores crónicos y articulaciones, así como la reducción de la tensión y la ansiedad gracias a la respiración y la atención plena.
Los estilos de tai chi, como Yang y Chen, enfatizan diferentes componentes activos, pero todos contribuyen de manera sinérgica a los beneficios de esta práctica. El Tai Chi puede ser practicado por personas de todas las edades y niveles de condición física; no se requiere estar en plena forma para comenzar. Además de los beneficios físicos, ofrece beneficios mentales y emocionales, reduciendo estrés y ansiedad. En términos de salud cardiovascular, Harvard ha encontrado que el tai chi puede ayudar a reducir la presión arterial y mejorar funciones vitales, siendo especialmente beneficioso para personas con hipertensión o enfermedades cardíacas. También puede ser beneficioso para enfermedades crónicas y condiciones como la artritis.
El estilo Chen es el más antiguo y marcial, mientras que Yang se ha convertido en la opción más práctica por su amplio alcance y material disponible. Del estilo Chen derivaron cuatro grandes ramas, cada una con su propio acento. Para empezar, el estilo Yang sigue siendo la opción más práctica: hay más escuelas, más material disponible y un ritmo de aprendizaje progresivo. No hace falta equipamiento; basta con ropa cómoda y calzado plano. Una sesión típica empieza con una posición básica, sigue con movimientos circulares, traslados de peso y una secuencia de técnicas básicas, y concluye con la recogida de energía frente al pecho.
Una clase puede incluir etapas como calentamiento, instrucción y práctica de las formas, y, en su versión más detallada, el Qigong o chi kung, traducido como “trabajo de respiración” o “trabajo de energía”. Se recomienda practicar entre 20 minutos diarios y adaptar la intensidad a las capacidades individuales. Practicar al aire libre puede aumentar el bienestar, aunque no es imprescindible. El Tai Chi se caracteriza por estar cercano a la filosofía del yin y yang, meridianos y chi, con movimientos que estimulan y equilibran el flujo de Qi a través de los meridianos, promoviendo la salud.
El Tai Chi ha trascendido como práctica terapéutica y educativa; se ha convertido en una herramienta para la prevención y rehabilitación, con efectos documentados en neurología y psicología. En hoteles y centros de salud, la enseñanza parte de formas tradicionales del estilo Yang, con incorporaciones progresivas que preservan la integridad de las articulaciones. Las recomendaciones de frecuencia suelen ser de dos o tres sesiones semanales de 45 a 60 minutos, con énfasis en la constancia y en escuchar al propio cuerpo. Practicar Tai Chi permite adaptar la práctica a cualquier nivel, fomentando la socialización y la capacidad de realizar actividades diarias con mayor movilidad y menor dolor.