La Coordillera del Himalaya sigue siendo el refugio de una de las formas de espiritualidad más extendidas por el mundo, el budismo tibetano. El Tíbet, su corazón, desde hace siglos, ha sido la zona de paso entre las naciones más pobladas del mundo: la India y China.
La relación del Tíbet con sus vecinos, sin embargo, ha sido desigual.
Con el vecino del sur, la India, el contacto es cálido, entro otros motivos porque la tradición budista tiene su origen en este país, aunque a partir del siglo sétimo se asentase definitivamente el en Tíbet.
En cambio, sus relaciones con el vecino del este, con China, ha tenido el signo contrario.
El siglo XX ha estado marcado por gestos de enemistad, que concluyeron con la invasión china en 1949.
Diez años después se consumó la ocupación y la marcha del Dalai Lama a Darharamsala, al norte de la India.
Este contexto ha condicionado también la expansión del mensaje budista, que hoy es más universal.
Las enseñanzas emanadas del budismo tibetano están emparentadas con movimientos pacifistas y con aproximaciones a la realidad desde la reflexión y la meditación.
La meditación tiene por objeto corregir la percepción incorrecta de la realidad y evoluciona sobre dos grandes métodos: el desarrollo de la tranquilidad y desarrollo de la visión profunda.

La llegada del budismo al Tíbet fue un proceso que involucró contactos con la India y con otras tradiciones del subcontinente, así como con docentes que viajaban a través de rutas comerciales y peregrinaciones.
En la India, la tradición budista ya estaba consolidada y la transmisión hacia el Tíbet se dio en diferentes momentos históricos, enriqueciendo las prácticas y las escuelas tibetanas.
Con el paso de los siglos, el budismo tibetano se desarrolló en un marco único ligado a la figura del Dalai Lama y a monasterios que funcionaban como centros educativos y culturales.
La ética, la filosofía y la metodología de la meditación se integraron en una ruta espiritual que buscaba la liberación personal y la compasión universal.
Durante siglos, el intercambio entre la India y el Tíbet fue una vía clave para la difusión de ideas, símbolos y prácticas que terminaron configurando una tradición budista distinta, caracterizada por su atención a la experiencia directa y a la visualización.
La presencia del budismo tibetano en China tuvo momentos de apertura y de tensión, acompañados por variaciones en la aceptación y la difusión de sus enseñanzas a lo largo del tiempo.
En el siglo XX, las tensiones políticas y la diáspora tibetana impulsaron una expansión más internacional, con comunidades y centros de enseñanza en diferentes países, que consolidaron una difusión global de su mensaje.
Las enseñanzas emanadas del budismo tibetano están emparentadas con movimientos pacifistas y con aproximaciones a la realidad desde la reflexión y la meditación.
La meditación tiene por objeto corregir la percepción incorrecta de la realidad y evoluciona sobre dos grandes métodos: el desarrollo de la tranquilidad y desarrollo de la visión profunda.

ESCUELAS DEL BUDISMO TIBETANO I
Actualmente, el budismo tibetano se presenta como una tradición que mantiene vivas sus prácticas monásticas, su liturgia y su debate filosófico, al tiempo que se adapta a contextos culturales diversos mediante la enseñanza en múltiples lenguas y la difusión a través de medios modernos.