Traducción del término figlio spirituale al árabe: enfoques y matices en la tradición giudeo-arabónica

Las giudeo-lingue ofrecen una perspectiva de estudio interesante y articulada. Como nota Benjamin Hary, mientras las lenguas se analizan tradicionalmente por familias, derivación o estructura sintáctica, las giudeo-lingue deben insertarse en un marco que combine factores históricos, religiosos y sociolingüísticos. La definición de estas lenguas ha ocupado a los estudiosos, ya que resulta difícil encontrar criterios homogéneos que las agrupen en un conjunto único. El resultado de la dispersión y migración de los judíos en Asia y Europa desde el siglo I de la Era Común da testimonio de un proceso complejo y multiforme de inserción, asimilación y afirmación identitaria.

La adopción de la norma de escritura hebrea atestigua su pertenencia confesional y la presencia de elementos hebreos y arameos en el léxico, la sintaxis y la morfología, así como su relación con el corpus textual de la tradición. Su catalogación y clasificación es relativamente reciente y se inició en un periodo que ya comenzaba a testimoniar la decadencia ante los procesos de asimilación y transformación de la modernidad. Extendido a lo largo de un continuum geográfico que va desde la Península Ibérica hasta el Cáucaso e Irán, este grupo lingüístico comprende unas dieciséis lenguas, entre las que el yiddish, el judeoespañol (conocido variadamente como Judezmo o Ladino) y la galaxia judeo-árabe destacan por su relevancia histórica y número de estudios.

El judeo-árabe como variante árabe judía

La definición de judeo-árabe se aplica a la variante del árabe utilizada por los judíos y a sus rasgos distintivos frente a las comunidades religiosas vecinas. En el estudio de la historia anterior a la difusión del Islam, el judaísmo y el cristianismo asumen una fisonomía cada vez más definida, y los judíos en Arabia hablaban árabe antes de la difusión del mensaje de Mahoma, pero no se ha encontrado prueba de que su árabe tuviera un carácter propio. Tras las conquistas islámicas del siglo VII, judíos y cristianos adoptaron gradualmente el árabe como lengua principal, especialmente en los centros urbanos. Sin embargo, las comunidades judías rurales de Mesopotamia conservaron el arameo durante siglos, con algunos grupos que lo preservan hasta hoy.

Durante los primeros tres siglos de la era islámica, los judíos de esa región continuaron escribiendo en hebreo y arameo, aunque el árabe fue imponiéndose. Conviene recordar que el arameo y el hebreo se mantuvieron precisamente en aquellas zonas que eran sedes de las academias de estudio y conservación de la tradición rabínica y que dieron lugar a la redacción del Talmud Babilónico. El judeo-árabe puede periodizarse cronológicamente en cinco fases: judeo-árabe preislámico, judeo-árabe antiguo (del siglo VIII al IX), judeo-árabe clásico (del X al XV), tardío judeo-árabe (del XV al XIX) y judeo-árabe moderno (desde el siglo XX).

En la primera fase existía sin duda una presencia de vocablos de origen hebreo y arameo ligados a ámbitos cultuales y religiosos, pero no se observa desarrollo de literatura. Tras la conquista islámica, comenzó un desarrollo dialectal autónomo y un uso de la lengua escrita. En la fase dos, la producción escrita se centra principalmente en material epistolar. En el periodo clásico, la producción literaria es vasta en filosofía, teología, exegesis, gramática y filología, derecho religioso, ritualística y hasta correspondencia comercial y privada. Constituye la lengua ligada al florecimiento de la producción filosófica y teológica del judaísmo medieval: la lengua empleada en diversos registros por Ibn Paquda, Ibn Ezra, Yehuda ha-Levi y Maimónides.

El judeo-árabe mostrado en esta fase demuestra una ductilidad de uso que implica la relación entre lenguas (árabe y hebreo) y entre registros lingüísticos diferenciados. Dos ejemplos ilustran esto: Abū Ibrāhīm ʿIṣḥāq ibn Barūn, autor de Kitābu al-muwāzana entre las lenguas hebrea y árabe, utiliza arabo, hebreo y judeo-árabe para explicar la gramática hebrea partiendo de categorías de la gramática árabe clásica. El periodo XV evidencia la penetración de elementos dialéctales en la escritura y la emergencia del šarḥ, esencialmente una paráfrasis de textos sagrados o litúrgicos. En el judeo-árabe moderno, se amplía el šarḥ y se genera una literatura popular destinada a instrucción y entretenimiento, con un fuerte peso de formas de la lengua hablada en contextos informales.

Hary acuña el término multiglossia para describir el espectro de variación lingüística a lo largo de las fases del judeo-árabe, que se concreta en una adherencia hipercorrectiva al modelo clásico en la fase medieval y converge hacia una base dialectal cada vez más evidente en fases posteriores. El uso del alfabeto hebreo, pese a la heterogeneidad del fenómeno, distingue al judeo-árabe escrito como una tradición única dentro de las comunidades judías de lengua árabe y constituye el punto de partida para el análisis de las peculiaridades de este idioma. Este uso, a menudo justificado a nivel manual, se ha interpretado como un fenómeno de enclavamiento religioso y conservación de un sistema gráfico sagrado para preservar la identidad de la tradición rabínica. La Genizá del Cairo aporta documentos que evidencian este depósito de manuscritos en el siglo XI al XIX y muestran la convivencia de textos en hebreo, arábigo y en algunos casos incluso del Corán en caracteres hebraicos.

La grafía del judeo-árabe antiguo se caracteriza por un spelling fonético derivado de la pronunciación árabe y distante de la grafía árabe clásica; las vocales largas se representan con signos vocálicos y las cortas sin ellos. Se observan transformaciones en la representación de consonantes árabes sin equivalente en hebreo. A partir del siglo X, el judeo-árabe adopta una grafía que se ajusta a las convenciones del árabe clásico, introduciéndose vocales largas y cortas conforme a esa tradición. La región donde se escribía un texto influía significativamente en la lengua, y en textos medievales como los de la Genizah del Cairo se observan variaciones regionales menos marcadas que en los judeo-árabes egipcios posteriores, con demostrativos dialéctales pospuestos al sustantivo característicos del dialecto egipcio.

Un rasgo distintivo del judeo-árabe es la presencia de numerosas palabras hebreas y arameas, especialmente en ámbitos religiosos y legales, adaptadas a la morfología árabe. A diferencia de su versión escrita, el judeo-árabe hablado constituye una variedad compleja y heterogénea de dialectos que varían considerablemente por la dispersión geográfica, los patrones de migración y las influencias sociales de las comunidades judías; dichos dialectos revelan rasgos fonológicos, morfológicos y léxicos únicos. Se desarrollaron tras las conquistas árabes cuando las comunidades judías adoptaron el árabe, manteniendo a su vez rasgos lingüísticos distintivos, aunque hoy en día constituyen una porción residual, ya que muchos hablantes emigraron a Israel tras 1948. Los dialectos beduinos y sedentarios difieren en pronunciación, gramática y vocabulario por motivos históricos y geográficos; por ejemplo, los beduinos conservan el sonido /q/ en qalb, mientras que los dialectos sedentarios lo pronuncian como /ʔ/ o /g/. Gramaticalmente, los beduinos conservan formas clásicas como el prefijo b- para el imperfecto, mientras que los dialectos sedentarios suelen simplificar o modificar estas formas.

Relación con la tradición y la transmisión textual

La adopción de la escritura hebrea, incluso en medio de un marco lingüístico no homogéneo, ha hecho del judeo-árabe una tradición única en las comunidades judías de lengua árabe y ha servido como base para analizar peculiaridades de este idioma. La transmisión textual ha mostrado complejidad: textos en escritura árabe pueden copiarse en caracteres hebros y viceversa, lo que dificulta la identificación de la escritura original. La tradición judeo-árabe se vio influida por diversos modelos, como la adopción de la ortografía judeo-árabe clásica por Saʿadyah Gaon en su traducción del Pentateuco. Aunque la lengua de los textos fue árabe, su contenido era hebreo, haciéndolos judeo-árabes en función comunicativa. El judeo-árabe ha mostrado una fuerte influencia del dialecto árabe vernacular de las zonas de asentamiento, pero la lengua de los escritos ha permanecido, en general, más compleja y literaria, oscilando entre vernaculares y árabe literario, fenómeno denominado medioárabe. El concepto de multiglosia de Hary intenta describir esta situación de recepción y uso de la lengua, destacando que la cantidad de elementos vernaculares varía según el género y la intención comunicativa. En testimonios de Maimónides, por ejemplo, sus cartas privadas contienen más elementos dialécticos que sus escritos formales destinados a una audiencia erudita.

Dos fenómenos relevantes en el judeo-árabe tardo son la hipercorrección y la hipocorrección. En la hipercorrección, los autores intentan sustituir formas dialectales por formas del árabe clásico, a veces fuera de contexto, generando usos incorrectos tanto en la lengua literaria como en el dialecto hablado. Por ejemplo, la negación del pasado lam y yaktubūna se aplica con sufijo -ūna en lugar de -ūn. En la hipocorrección, se busca corregir una forma dialectal pero se genera una forma híbrida incorrecta en ambas lenguas. Un caso es la palabra balqiún por balqiyīn o balqūn, según el contexto. El pronombre relativo alḏī también muestra esta tendencia cuando se intenta sustituir con un relativo del clásico sin distinguir género y número. La región de procedencia de un texto influía notablemente en la lengua, manifestándose diferencias dialectales en la sintaxis, como en textos egipcios tardíos que usan dā, dī, dōl pospuestos al sustantivo.

El judeo-árabe se caracteriza por la presencia de numerosos préstamos hebreos y arameos, especialmente en lo religioso y legal, adaptados a la morfología árabe. A diferencia de su versión escrita, el judeo-árabe hablado es una variedad compleja y heterogénea de dialectos que difieren significativamente por dispersión geográfica, migración y factores sociales. Estos dialectos revelan rasgos fonológicos y morfológicos y léxicos únicos. Muchos de los hablantes emigraron a Israel tras 1948, y hoy en día los dialectos juegan un rol residual frente a la influencia de las lenguas vecinas y del hebreo moderno. Los dialectos beduinos conservan rasgos más clásicos, como el uso del fonema /q/ en qalb, mientras que en dialectos sedentarios este sonido suele transformarse en /ʔ/ o /g/.

  1. La historia del judeo-árabe se extiende desde su fase preislámica hasta la era moderna, mostrando una evolución entre arabo-hebreo y arabización textual con una fuerte influencia del árabe vernacular.
  2. La multiglosia de Hary describe la variación entre fases, desde una codificación clásica hasta formas cada vez más vernaculares en la producción textual late.
  3. La escritura hebrea mantiene un papel definitorio en la identidad de las comunidades judías árabo-parlantes, a pesar de la hibridación con el árabe en varios registros.

La evolución del judeo-árabe y su estudio muestra que el texto escrito ha servido tanto para preservar identidades como para favorecer la interacción lingüística entre hebreo y árabe a lo largo de los siglos. Las características de la escritura tardo-jerárabe revelan una mezcla de grafía clásica y rasgos locales, con una fuerte influencia de la simbología rabínica y de la liturgia hebrea. En suma, la tradición judeo-árabe constituye un puente entre mundos lingüísticos y culturales, que ofrece claves para entender la complejidad de las identidades judías en el mundo árabe y la formación de literaturas y tradiciones que trascienden fronteras religiosas y geográficas.

Infografía cronológica del judeo-árabe

Etnias y Lenguas del ✡️ Judaísmo

La discusión sobre las fases y las formas de escritura del judeo-árabe ayuda a comprender mejor la dinámica sociolingüística de las comunidades judías en contacto con el mundo árabe, desde las comunidades urbanas de los años medievales hasta las migraciones recientes hacia Israel y Occidente. Este panorama muestra cómo la escritura hebrea y la influencia árabe se entrelazan para dar lugar a una tradición textual y lingüística rica y compleja, que continúa siendo objeto de investigación y reflexión en la lingüística semítica y la historia de las lenguas judías.

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