Este texto compila ideas clave del Daishonin sobre la vida en pareja, la felicidad personal y el crecimiento mutuo dentro de la práctica budista. El objetivo es ofrecer un marco para construir un matrimonio sólido, donde el amor y el respeto se profundicen con el tiempo, sin imponer juicios ajenos sobre la decisión de permanecer o separarse.
La decisión de convivir o separarse es personal
Este es un tema personal. Nadie tiene derecho a decirle a otra persona que se divorcie o que no lo haga. Tampoco nadie puede decir que alguien tiene fe o no porque se haya separado. Ya sea que dos individuos hayan roto su relación o no, lo importante es que, finalmente, ambos lleguen a ser felices y hagan su revolución humana. El propósito de la fe es que uno sea feliz, solo o en pareja; que sea feliz, con hijos o sin hijos, porque la felicidad es algo que existe en el interior del ser humano.
Nacemos solos y morimos solos. El propósito de esta existencia es que transformemos nuestro propio ser. Por eso tenemos que dar lo mejor, hacer que las personas que nos rodean sean una función o influencia benéfica y considerar todo lo que hacemos como parte de nuestra práctica budista.
La clave: tres guías para una familia armoniosa
La primera guía es «fe para construir una familia armoniosa». ¡Qué hermoso es hacer que en nuestro hogar reverbere el sonido de la Ley Mística! La fe firme es como un imán poderoso, que atrae la buena fortuna desde diez mil millas de distancia. Actúa como un campo de fuerza que repele los infortunios. En muchos casos, en la familia hay personas que no practican el budismo del Daishonin. No hay por qué impacientarse o sufrir a causa de esto, pues si nosotros nos ponemos de pie seria y sinceramente, con convicción en la fe que practicamos, podemos guiar a todos nuestros parientes y familiares en dirección a la felicidad y a la esperanza. Somos como un faro solitario en una noche oscura, que protege a muchos barcos y les permite navegar a salvo en el mar.
La segunda guía dice: «Fe para que cada persona sea feliz». Nichiren Daishonin escribe que si hay cien o mil personas que practican este sutra, todas ellas, sin excepción, llegarán a ser budas. Sin falta, podemos ser felices. Es la promesa del Daishonin. La fe equivale a la vida cotidiana. Mientras nos esforzamos valerosamente en nuestras circunstancias sociales, trabajamos para promover el kosen-rufu, en bien de la Ley y la felicidad de nuestros semejantes. Así adquirimos grandes beneficios y, al mismo tiempo, ayudamos a liberarse del sufrimiento a aquellos con quienes estamos relacionados.
En un célebre pasaje, el Daishonin escribe que el invierno siempre se convierte en primavera. Estamos decididos a comunicar esta gran enseñanza de esperanza a cuantas personas sea posible, para que ellas entablen relación con el budismo y construyan una vida de auténtica dicha y plenitud. La felicidad no es algo que otros nos concedan, ni que provenga del exterior, sino una conquista que nosotros mismos logramos en el propio corazón. La práctica budista fortalece y profundiza nuestro ser interior; la felicidad de cada persona está ligada íntimamente al kosen-rufu.
La tercera guía se refiere a la «fe para superar obstáculos». El Daishonin señala que si se Propaga esta doctrina, surgirán las funciones demoníacas; los mentores y discípulos practicantes serán atacados por tres enemigos poderosos y enfrentarán odio y envidia. Enfrentar obstáculos demuestra que se practica correctamente. El presidente Toda alentaba a luchar con determinación ante grandes dificultades, afirmando que el budismo del Daishonin permite lograr la felicidad a quienes padecen adversidades y que nadie es tan fuerte como quien ha superado problemas dolorosos. Mantener viva la espíritu de la Soka Gakkai evita el estancamiento en el avance hacia el kosen-rufu.
La vida como tesoro y la salud como base de la felicidad
La vida es el más precioso de todos los tesoros. Un día de vida es más valioso que todos los tesoros de un sistema planetario. Si vive incluso un día más, se pueden acumular muchos beneficios. No hay tesoro que valga más que la vida. Por ello, se propone mantener buena salud y longevidad, viviendo cada día al máximo y creando valor infinito e ilimitado. El siglo XXI se considera la centuria de la vida, de la salud y de la longevidad. La Ley Mística fortalece y ofrece felicidad de cuerpo y mente con el paso de los años. Practicar la fe en la vida cotidiana ayuda a extraer cada vez más sabiduría.
La base esencial para mantener la salud es la firme fe, que despierta una poderosa fuerza vital y permite vencer las fuerzas negativas y transformar el karma. Nam-myoho-renge-kyo es descrito como el rugido de un león; la práctica budista fortalece la vitalidad, desarrolla la personalidad y nos hace más magnánimos. Trabajar por el kosen-rufu junto a la Soka Gakkai es fundamental para sostener esa energía vital. Si se tiene fe firme tal como sostiene el sutra, se obtiene una fuerza vital renovada y un nuevo desarrollo de la vida, no solo en los negocios, sino también en la salud.
El amor verdadero como camino de crecimiento mutuo
El amor verdadero es querer compartir la vida con la otra persona para siempre. Un lazo genuino como pareja es, por ejemplo, compartir veinticinco años al lado de alguien y sentir un cariño mucho más profundo que al inicio de la relación. El amor verdadero se profundiza con el tiempo; si no ocurre, el sentimiento puede quedar en simple atracción o apetito. Es crucial elogiar y agradecer mutuamente, valorar cada gesto y mantener un hogar agradable, con una actitud de luz y felicidad. Si uno brilla como el sol, la oscuridad alrededor se disipa y toda la familia se ilumina.
Las parejas deben hacer daimoku juntos y aspirar a la verdadera felicidad. Todas las parejas son una unión entre dos personas distintas, con historias y experiencias diferentes; por ello, sin paciencia y sin esfuerzo consciente por entender al otro, la convivencia no llega a buen término. Aprender a congeniar requiere perseverancia mientras se cuida el hogar, se trabajan los propios quehaceres, se cuida a los hijos y se ayudan a los demás. La felicidad se construye con entereza y perseverancia; muchos la buscan sin ese esfuerzo, lo que puede convertirse en quimera y conducir a la desdicha.
Compromiso, gratitud y convivencia armoniosa
Las bases para un amor verdadero incluyen el esfuerzo constante por sostener la convivencia, la paciencia y la perseverancia de avanzar juntos. El amor verdadero implica desear compartir la vida para siempre. Es fundamental que los cónyuges se elogien y agradezcan mutuamente; la gratitud es un motor de convivencia. Las parejas deben esforzarse por un hogar agradable y luminoso: “Mientras yo esté aquí, todo será feliz y luminoso”. Cuando una persona brilla, toda la familia se ilumina.
La sección cierra recordando la reunión de responsables de sede central y los tres puntos grabados como guías de la Soka Gakkai: fe para una familia armoniosa, fe para que cada persona sea feliz y fe para superar obstáculos. Se enfatiza la importancia de mantener la esperanza, la salud y la longevidad, y de trabajar por el kosen-rufu con fe y determinación. La idea central es que la felicidad es una conquista interna y que la vida bien vivida es la base para construir una familia sólida y resiliente, capaz de enfrentar cualquier prueba con unidad y amor.

La Filosofía de Nichiren daishonin
En suma, la felicidad familiar surge del esfuerzo consciente por sostener la convivencia, la paciencia y la perseverancia para avanzar juntos, acompañados de amor, bondad y consideración mutua, con la práctica diaria de daimoku y la aspiración compartida hacia la verdadera felicidad.
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