Ákāśagarbha enseña que en la hora de la muerte el bodhisattva debe cultivar la sabiduría de la hora de la muerte, la percepción de la insustancialidad y la gran compasión, porque todos los fenómenos son naturalmente puros y están contenidos en la bodhicitta. Debes cultivar la percepción de la ausencia de puntos de referencia, pues todos los fenómenos son naturalmente luminosos, y la percepción de total desapego, porque todas las cosas son impermanentes. Y por tanto, ¡no busques la budeidad en otro lugar!
How is it possible that Buddha predicted la destrucción de la Tierra por el Sol en miles de millones de años? Quizá la respuesta esté en la enseñanza no lineal del tiempo y en un multiverso sin límites, donde la causalidad y el cosmos se entrelazan con la iluminación. Buddha habló de tiempo no lineal y de un universo ilimitado, con innumerables mundos; la física cuántica moderna sugiere lo mismo. La doctrina de la causa y efecto y de la mecánica temporal y cosmológica precede a la ciencia moderna en su esencia, y así la relación entre budismo y ciencia encuentra coincidencias sorprendentes. En este contexto, la historia del Bodhi y la iluminación se vincula con una visión del tiempo que trasciende la linealidad.
El Buda se sentó bajo el árbol de la iluminación, meditando hasta alcanzar el despertar. Las referencias a películas y novelas modernas que exploran el multiverso contrastan con la tradición: las artes de Hollywood y las novelas de moda representan descubrimientos científicos como momentos de eureka individuales, cuando la realidad es más bien el resultado de una acumulación gradual de conocimiento a lo largo del tiempo. En el sentido básico, el multiverso es un conjunto hipotético de universos finitos e infinitos, y la interpretación de muchos mundos de Everett propone que cada evento cuántico genera divisiones en universos paralelos. Stephen Hawking defendió la existencia de múltiples realidades y apoyó la idea de que la teoría de cuerdas podría unificar las fuerzas.

La cosmología budista tradicional presenta conceptos como mahākalpa y kalpa, unidades temporales que hablan de épocas inconmensurables. En el budismo Mahāyāna, el kalpa es vasto y cíclico; el final de un mahākalpa trae la destrucción y un nuevo inicio, parejo al Big Crunch y Big Bang en la cosmología científica. El Avataṃsaka Sutra o Sutra del Loto describe reinos de buddhas interconectados y un universo que contiene infinitos planos de existencia, en los que cada ser y cada mundo se relacionan en una red de interdependencias y vacuidad. La ausencia de existencia inherente es un tema recurrente: los fenómenos son vacíos y no poseen existencia independiente, un punto que resuena con la mecánica cuántica y la interconexión de las partículas.
En el Mahāvaraṇikāna Sutra, el tiempo aparece como cíclico y todo existe simultáneamente en pasado, presente y futuro. Esta visión puede parecer extraña para una mente lineal, pero la idea de estados de superposición cuántica sugiere que las posibilidades coexisten hasta que se observa. Vairochana, el Buddha de la Luz Clara, simboliza la mente iluminada y su nombre sugiere una claridad solar que permea todos los mundos. El Dhamma, entendido como la red de causas y condiciones, recuerda que todo está interconectado y que la observación influye en lo observado, un tema compartido entre cognitivismo y física cuántica.
La flor nhân del Avataṃsaka Sutra describe Buddhas y reinos interconectados, destacando la vacuidad y la interdependencia de todos los fenómenos. En la tradición Mahāyāna, los reinos buddha y sus seres muestran que la iluminación puede ser accesible desde múltiples planos y que la Budeidad es un principio eterno que no depende de un espacio-tiempo único. Los textos mahāyāna enfatizan la interconexión de todos los seres y la posibilidad de que la iluminación se manifieste a través de innumerables vías, incluyendo las virtudes del Bodhisattva de la acción compasiva hacia todos los seres.

En la narrativa de Siddhārtha Gautama, el Buda histórico, la vida y las decisiones se entrelazan con la pregunta por el sentido de la existencia. Su renuncia a la vida de lujo, su ascetismo, y su encuentro con la vejez, la enfermedad y la muerte, configuran un proceso de búsqueda que culmina bajo el árbol de Bodh Gaya y continúa en Sarnath, donde se comparte la enseñanza con Kauṇḍinya y Yasa, emergiendo una nueva sangha. El Buda mostró que la iluminación no es un destino estático, sino una vía activa de comprensión, compasión y responsabilidad hacia todos los seres. En sus viajes, dejó claro que la sabiduría no es monopolio de una casta ni de un linaje, sino una experiencia para cualquiera dispuesto a escuchar y practicar. Su humor sereno y su abrigo de paciencia guiaron a la sangha; incluso en momentos difíciles, su enseñanza respondió a la realidad de quienes lo rodeaban.
La figura de Śākyamuni, el Sabio del Clan Śākya, representa la encarnación de una tradición viviente: un maestro que viaja, enseña y guía a personas de diversos orígenes hacia la comprensión de la naturaleza de la existencia. La vida del Buda, desde su nacimiento en una corte de clase alta hasta su renuncia, su iluminación y su tarea de compartir la enseñanza durante cuarenta y cinco años, es un modelo de cómo la sabiduría se despliega a través de la experiencia, la compasión y la cooperación entre comunidades. En última instancia, el camino budista muestra la posibilidad de redescubrir la verdad, no como dogma, sino como una práctica que transforma la percepción de la realidad y la relación entre el yo y el mundo.
Este verse de la relación entre el misterio del mutamiento buddha y la ciencia moderna invita a escuchar la enseñanza con la mente abierta: la insustancialidad de los fenómenos, la interdependencia, la vacuidad y la iluminación no son meras ideas, sino prácticas que pueden guiar a cada ser hacia una comprensión más plena de sí mismo y del cosmos. En este sentido, el ritmo del mutamiento buddha se revela como un flujo que une tradición y ciencia, experiencia y teoría, tiempo y apertura hacia la trascendencia.