Motivado por su amor compasivo y su compromiso invariable, Nichiren Daishonin (1222-1282) dedicó su vida a propagar la Ley Mística -Nam-myoho-renge-kyo- para erradicar el sufrimiento humano y permitir a cada persona revelar su propio estado innato de budeidad.
El Daishonin nació el 16 de febrero de 1222 en el poblado costero de Kataumi, en la aldea de Tojo, distrito de Nagasa, provincia de Awa.
Sus padres, de origen humilde, se ganaban la vida como pescadores. A los doce años inició sus estudios en un templo cercano llamado Seicho-ji. En esta etapa de su vida, juró llegar a ser la persona más sabia del Japón.
A los dieciséis años, con el afán de profundizar su comprensión de las enseñanzas budistas, se ordenó formalmente en el sacerdocio y estudió bajo la tutela de Dozen-bo, un sacerdote instructor del Seicho-ji. Poco después, según él mismo describe, recibió «una joya de sabiduría, refulgente como el lucero matinal». Esto puede interpretarse como una referencia a la Ley Mística, que es la esencia del budismo.
Después, el Daishonin viajó a Kamakura, Kioto, Nara y otros centros de estudios budistas. Allí, analizó detenidamente los sutras y comentarios atesorados en templos de importancia, como el Enryaku-ji, sede de la escuela Tendai, situado en el monte Hiei. Este período de investigación le permitió familiarizarse con las bases doctrinales de cada escuela.
Confirmó así que el Sutra del loto contenía las enseñanzas budistas más profundas y excelsas, y que la ley de Nam-myoho-renge-kyo, con respecto a la cual se había iluminado, representaba la esencia de dicho sutra y el medio para liberar a todas las personas del sufrimiento en el nivel fundamental. También entendió que su misión era transmitir a otros Nam-myoho-renge-kyo, la enseñanza para que todas las personas del Último Día de la Ley lograran la iluminación.
El Último Día de la Ley se refiere a la época en que el budismo del Buda Shakyamuni pierde su capacidad de guiar a la iluminación. A través de sus estudios en centros budistas importantes, el Daishonin confirmó su misión de propagar la Ley Mística -Nam-myoho-renge-kyo- y el medio para hacerlo. Inició su lucha sabiendo que esto provocaría grandes resistencias y ataques.
El 28 de abril de 1253, cerca del mediodía, rebatió las enseñanzas erróneas del Nembutsu y de otras escuelas budistas de su época en el templo Seicho-ji, y anunció que Nam-myoho-renge-kyo era la única enseñanza budista correcta que podía guiar a la iluminación a todas las personas del Último Día de la Ley. A esto se lo conoce como el «establecimiento de su enseñanza». Tenía 32 años. A partir de ese momento, aproximadamente, comenzó a usar el nombre Nichiren (literalmente, «sol-loto»).
Su denuncia de las doctrinas del Nembutsu, en ocasión de proclamar Nam-myoho-renge-kyo, provocó la furia de Tojo Kagenobu, quien además de ser un ardiente practicante del Nembutsu era el administrador de la localidad; es decir, un funcionario del gobierno con poderes de policía y de recaudación tributaria. Kagenobu puso en marcha un ataque armado contra el Daishonin, quien advertido casi sobre la hora, logró apenas escapar con vida.
Se trasladó a Kamakura, sede del gobierno militar, y se estableció en un pequeño albergue en Nagoe (en un lugar que posteriormente sería identificado como Matsubagayatsu). Allí inició una intensa labor por transmitir su enseñanza. Nichiren Daishonin propagó Nam-myoho-renge-kyo al mismo tiempo que ponía en evidencia los errores doctrinales del Nembutsu y de la escuela Zen, que habían ganado influencia y aceptación en Kamakura.
Este período inicial de transmisión coincidió con una serie de calamidades y desastres naturales que azotaron gravemente al país: condiciones climáticas extremas, terremotos intensos, hambrunas, incendios y epidemias. Uno de los episodios más devastadores fue el terremoto de la era Shoka, que sacudió la región de Kamakura en agosto de 1257 y destruyó numerosos hogares y edificios importantes en dicha ciudad.
Esta catástrofe impulsó al Daishonin a escribir un tratado, que tituló Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra. Allí, esclareció la causa fundamental del sufrimiento y el medio para que las personas pudieran erradicar dicha causa.
El 16 de julio de 1260, envió el tratado a Hojo Tokiyori, regente retirado del gobierno militar de Kamakura que, tras bambalinas, seguía manejando las riendas del poder. Este episodio se considera la primera advertencia del Daishonin al gobierno. En el texto mencionado, declaró que la causa profunda de todas esas calamidades era la adhesión del pueblo a doctrinas erróneas, y la consiguiente denigración de la enseñanza budista correcta. Además, declaró que la más perniciosa de todas esas doctrinas era el Nembutsu, popularizado en el Japón por el sacerdote Honen. El Daishonin exhortó a la población a no depender de enseñanzas distorsionadas y a depositar su fe en la enseñanza correcta del budismo, sin más demora, pues esa era la manera de construir una tierra próspera y pacífica. Advirtió que la fe reiterada en creencias nocivas conduciría a dos males que todavía no se habían producido pero que ocurrían sin falta: la rebelión interna y la invasión extranjera, dos de «las tres calamidades y los siete desastres» que mencionaban los sutras.
Sin embargo, las autoridades ignoraron su sincera advertencia y dieron consentimiento implícito a los seguidores del Nembutsu para que estos iniciaran una persecución contra el Daishonin. Semanas después de que este presentara su tratado, un grupo de creyentes del Nembutsu asaltó su vivienda y atentó contra su vida. Este episodio se conoce como la «persecución de Matsubagayatsu». Por fortuna, el Daishonin escapó ileso de este ataque, aunque se alejó de Kamakura durante un breve período.
Al año siguiente, a poco de regresar a la ciudad, el 12 de mayo de 1261 fue arrestado por las autoridades y sentenciado al exilio en Ito, provincia de Izu. Esto se conoce como el «exilio a Izu». En febrero de 1263 obtuvo el perdón y volvió a Kamakura. En 1264, retornó a su aldea natal, en Awa, para visitar a su madre enferma. El 11 de noviembre de ese mismo año, el Daishonin y un grupo de seguidores se dirigieron a Amatsu para visitar a otro practicante llamado Kudo que vivía en ese lugar. Mientras cruzaban la aldea de Tojo, fueron emboscados por un grupo armado a las órdenes del administrador Tojo Kagenobu. Durante el ataque, el Daishonin sufrió la fractura de la mano izquierda y una herida en la frente. Uno de sus seguidores murió en el acto.
La persecución de Tatsunokuchi. En 1268, el Imperio mongol envió una carta oficial a Kamakura exigiendo la subordinación del Japón y amenazando con una invasión militar en caso de que sus pretensiones no fuesen satisfechas. Esta situación puso al país frente al peligro tangible y real de una invasión extranjera. El Daishonin, entonces, escribió once cartas de advertencia a funcionarios de alto nivel, como el regente Hojo Tokimune, y a los priores de los templos budistas más prominentes de Kamakura. En estas misivas, recalcó que el peligro inminente de una invasión coincidía con lo predicho en su tratado Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra, y expresó su deseo de entablar un debate público y oficial con los sacerdotes de las principales escuelas budistas. Pero ni las autoridades ni la cúpula religiosa tomaron en serio el mensaje del Daishonin. Por el contrario, el gobierno consideró que la comunidad de creyentes del Daishonin era una amenaza contra la estructura del poder establecido y comenzó a reprimirla a través de diversas medidas.
En esa época, los sacerdotes que elevaban rogativas de la Palabra Verdadera gozaban de gran ascendiente ya que el gobierno les había encargado la misión de orar por la derrota del ejército mongol. Otra figura muy influyente era el sacerdote Ryokan (también conocido como Ninsho), prior del templo Gokuraku-ji afiliado a la escuela Preceptos-Palabra Verdadera, que estaba vinculado con figuras poderosas del gobierno en Kamakura. El Daishonin, en este período, denunció sin vacilar los errores de las escuelas budistas de su época, que debilitaban espiritualmente al pueblo y a la sociedad japonesa en general.
En el verano de 1271, en respuesta a una larga sequía, el gobierno ordenó a Ryokan que orase para producir lluvias. Al enterarse de esto, el Daishonin elevó una propuesta a este sacerdote: si Ryokan conseguía que lloviera en siete días, él lo adoptaría como maestro; pero si sus rogativas fracasaban, Ryokan debía adoptar la fe en el Sutra del loto. Pasó una semana y, al ver que sus oraciones no producían resultado, este pidió una prórroga de siete días más. Sin embargo, tampoco consiguió su cometido. En lugar de llover, se desataron vendavales terribles. Ryokan había fracasado, pero en lugar de reconocer honorablemente la derrota, juró enemistad al Daishonin.
Utilizando el nombre de un sacerdote del Nembutsu de su confianza, presentó a las autoridades una denuncia contra el Daishonin, alegando diversas acusaciones. Se valió de su influencia en las altas esferas del gobierno y de su influencia sobre las esposas de los funcionarios para instigar una persecución contra su adversario. Aunque Ryokan era venerado por la población como un sacerdote virtuoso y honesto, en realidad llevaba una vida de privilegios, utilizaba el poder en beneficio propio y promovía intereses personales en alianza con figuras del gobierno.
El 10 de setiembre de ese año (1271), el Daishonin fue citado por el gobierno e interrogado por Hei no Saemon-no-jo Yoritsuna, jefe interino de la Oficina de Asuntos Militares y Policiales, cuyo titular era el propio Regente. En esa audiencia, el Daishonin confrontó a su interrogador y, citando las enseñanzas budistas correctas, le advirtió cuál debía ser la actitud correcta de los gobernantes de una nación. Dos días después, el 12 de setiembre, Hei no Saemon-no-jo marchó al frente de una escuadra de soldados armados hacia la vivienda del Daishonin. Allanó su morada y lo llevó detenido, tratándolo como a un sedicioso. En esa oportunidad, confrontando severamente a Hei no Saemon-no-jo, señaló que, al hostigar a Nichiren, las autoridades acababan de «derribar el pilar del Japón», y advirtió que, con ello, harían recaer sobre el país las calamidades de una rebelión interna y una invasión extranjera.
Los episodios que tuvieron lugar el 10 y el 12 de setiembre constituyen la segunda advertencia al gobierno. Esa noche, de improviso, el Daishonin fue llevado por un grupo de soldados armados a una playa situada en Tatsunokuchi, en las afueras de Kamakura. Por órdenes de Hei no Saemon-no-jo y de otros conspiradores, debían decapitarlo en secreto en ese lugar. Pero cuando el verdugo alzó su espada para descargar el golpe, de pronto se vio una brillante estela de luz que cruzó el cielo en dirección noreste, hacia la isla cercana de Enoshima. Los soldados sintieron que era un presagio aterrador y desistieron de darle muerte. Este episodio se conoce como la «persecución de Tatsunokuchi».
Este hostigamiento resultó ser de extrema importancia para el Daishonin. Al triunfar sobre la persecución de Tatsunokuchi, se despojó de su estado transitorio como persona no iluminada y sujeta al sufrimiento y al karma. A esto se le llamó «abandonar lo transitorio y revelar lo verdadero».
Mientras el gobierno deliberaba qué hacer con el Daishonin tras el fallido intento de deshacerse de él en Tatsunokuchi, este permaneció un mes bajo custodia en la residencia de Homma Shigetsura, gobernador militar delegado de la provincia de Sado. Durante este lapso, los seguidores del Daishonin en Kamakura fueron sometidos a toda clase de persecuciones, y acusados, por ejemplo, de homicidios, incendios intencionales y otros delitos. Finalmente, se decidió sentenciar al Daishonin al exilio en la isla de Sado. El 10 de octubre partió de Echi, y el 1.° de noviembre fue dejado en el cementerio de Tsukahara, en Sado. Le asignaron como morada una pequeña choza en ruinas llamada Sammai-do, que en su momento se había utilizado para oficiar ritos fúnebres. Allí, el Daishonin se vio expuesto a condiciones de vida atroces. El clima en Sado era glacial, y debió sobrevivir sin alimentos ni abrigo. En este período, algunos incluso fueron encarcelados, expulsados o privados de sus tierras. La mayoría de los que practicaban su enseñanza comenzaron a dudar y abandonaron la fe por miedo o por afán de preservación.
El 16 y 17 de enero del año siguiente, 1272, varios cientos de sacerdotes budistas de Sado y de las provincias cercanas se reunieron para decidir la forma de eliminar al Daishonin. Pero Homma Shigetsura, el administrador local, propuso que en vez de matarlo lo vencieran en una confrontación religiosa. Esto dio lugar a un debate que permitió al Daishonin refutar por completo las enseñanzas erróneas de las diversas escuelas budistas allí representadas. Este episodio se conoce como el debate de Tsukahara. En febrero, una facción del clan gobernante Hojo se alzó en rebelión; hubo luchas armadas en Kamakura y en Kioto. A estos hechos se los conoció históricamente como los «disturbios del segundo mes» o la «rebelión de Hojo Tokisuke». Así pues, la rebelión interna se produjo 150 días después de haberla predicho en su advertencia a Hei no Saemon-no-jo, durante la persecución de Tatsunokuchi. A comienzos del verano de ese año, el Daishonin fue transferido de Tsukahara a Ichinosawa, también en Sado, pero siguió viviendo bajo amenaza constante de los agresivos seguidores del Nembutsu. Nikko Shonin, su futuro sucesor, permaneció al lado del Daishonin durante todo su exilio en Sado, dispuesto a seguirlo y servirlo con fidelidad, y a compartir sus suf...)
El Sutra del loto es un intento de enseñar esta verdad a todos de un modo fácil y comprensible. Nichiren Daishonin, el devoto del Sutra del loto en el Ultimo Día de la Ley (1), hace posible que todos corporifiquen esta verdad en su vida cotidiana. El Sutra del loto enseña el "gran tesoro oculto del corazón", vasto como el universo, que despeja cualquier sentimiento de impotencia en la vida del hombre. Expone una enérgica forma de vivir, en que cada uno puede respirar la inmensa vida del universo. Enseña la aventura realmente grandiosa: emprender la transformación de la propia existencia. El Sutra del loto posee una amplitud y una naturaleza tan abarcadora que es capaz de abrazar a todos los pueblos en su búsqueda de la paz. Posee esa fragancia exquisita que hay en el arte y en la cultura. El Sutra del loto contiene la gesta de una lucha por la justicia, contra el mal. Posee una calidez que reconforta a los exhaustos. En él palpita un coraje vibrante que aleja el temor. Resuena en su enseñanza un coro de alegría por lograr la absoluta libertad a través de las tres existencias, una libertad que se remonta como un vuelo hacia las alturas. En él, la luz resplandeciente se conjuga con flores, verdor, música, imágenes pictóricas y vívidos relatos. Ofrece lecciones insuperables sobre la psicología y las funciones del corazón humano, sobre la vida, la felicidad y la paz. Traza, como un mapa, las reglas básicas para la buena salud. Nos hace tomar conciencia de la verdad universal de que un cambio en nuestro corazón y actitud puede transformarlo todo. No es ni un desierto calcinante de individualismo ni una prisión totalitaria. Buda es una persona que ha tomado conciencia de la realidad de su propio ser y, como se desprende de ello, también de la realidad de la vida de todos los seres humanos. En esto consiste la sabiduría del Buda y la sabiduría del Sutra del loto. Por lo tanto, es claro que el Sutra del loto se expuso para todos los seres humanos, con el propósito de permitirles que logren una auténtica independencia. Naturalmente, no discrimina, en ningún sentido, entre sacerdotes y laicos, entre hombres y mujeres, ricos y pobres, personas de clase alta y baja, entre jóvenes y viejos. El Sutra del loto enseña que todos poseemos por igual el potencial para lograr la Budeidad y que todos poseemos la capacidad de disfrutar el estado de felicidad absoluta. La revolución humana conduce en forma simultánea a una revolución en la sociedad y en el ambiente circundante. En "La verdadera entidad de la vida", el Daishonin cita una observación de Miao-lo: "Tanto la vida (shoho) como su ambiente (eho) siempre manifiestan Myoho-renge-kyo". La vida y su ambiente no son dos cosas separadas: constituyen una entidad inseparable. Este es el origen del concepto según el cual la revolución humana implica una transformación simultánea de la tierra y de la sociedad. Si se ven con la visión del Buda, todos los fenómenos del universo son una entidad viviente. La felicidad es imposible para un ser humano en forma separada de su ambiente. Del mismo modo, es imposible plantear la paz en el ambiente, en forma separada de los seres vivos. No podemos ser felices de verdad si los demás siguen sumidos en el sufrimiento. El dolor de otro semejante tampoco es solo el dolor de él. Cuanto más felicidad infundimos en los demás, más felices nos sentimos nosotros mismos. Mientras quede una sola persona hundida en la agonía, nuestra dicha no puede ser completa. Esta es la perspectiva de la vida que se desprende de la verdadera entidad de todos los fenómenos.
Las palabras y enseñanzas de Nichiren Daishonin son escrituras atemporales que invitan a vivir con coraje y compromiso. Son la inspiradora declaración de verdad y de justicia para quienes practicamos el Sutra del loto en el Último Día, una época de maldad donde cunden las funciones negativas. Son un rugido de león que nos sacude y nos exhorta a no abandonar nunca la fe y a adornar nuestra vida con triunfos. Por eso todos nosotros, los discípulos del Daishonin, debemos preguntarnos con seriedad cada vez que leemos sus escritos: ¿Cómo viviré mi existencia? Leer los escritos del Daishonin con la propia vida significa sentir que se refieren a nosotros mismos y a nuestro presente, en lugar de como textos que simplemente aluden a otras personas o relatan hechos de un pasado lejano. Y significa, también, aplicarlos a los desafíos que enfrentamos en nuestra realidad cotidiana.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Josei Toda pasó dos oscuros años en prisión, a causa de la persecución del Gobierno militar japonés. Allí, tras las rejas, comprendió que el kosen-rufu era la misión suprema de su vida. Toda Sensei no temía a nada; ni siquiera la posibilidad de morir ejecutado por un pelotón de fusilamiento lo hacía titubear. Sin embargo, esa misma persecución había hecho que los demás discípulos de Makiguchi Sensei renunciaran a la fe. En La apertura de los ojos, el Daishonin escribe: «Cuando llega el momento crucial, los necios tienden a olvidar sus promesas».
El maestro Toda reflexionó; consideró la cuestión detenidamente. Y llegó a la conclusión de que ninguno de ellos tenía bases firmes en el estudio budista, que explica en qué consiste la fe y obra como fuerza impulsora de la práctica. Comprendió que había olvidado inculcarles el hábito de leer los escritos de Nichiren Daishonin. Si, en lo sucesivo, alentaba a los miembros a profundizar con su vida las enseñanzas contenidas en los escritos del Daishonin, no dejarían de practicar. Hasta las personas temerosas se sentirían inspiradas a perseverar en su lucha con valor. El budismo no existe sin el estudio.
[En los primeros días de nuestro movimiento,] cada vez que teníamos un momento libre, estudiábamos los escritos del Daishonin. En cada reunión, leíamos algún fragmento, dialogábamos sobre él y lo estudiábamos. Esto encendía en nuestro corazón una llama renovada y brillante; ante nuestros ojos, surgía la visión de un futuro nuevo y grandioso. El estudio budista al cual me refiero no tiene nada que ver con analizar conceptos abstractos. El estudio que cultivábamos en esa época abría en nosotros la fortaleza interior que nos permitía seguir viviendo, seguir desafiando cada día y seguir esforzándonos por el kosen-rufu. El budismo enseña que la budeidad es un potencial inherente en cada vida. El propósito de la práctica budista es manifestar esa budeidad y establecer una felicidad absoluta.
La práctica diaria del gongyo y el esfuerzo de transmitir las enseñanzas a otros
El gongyo consiste en recitar partes del Sutra del loto y entonar Nam-myoho-renge-kyo ante el Gohonzon. Este es el primero de los dos aspectos que involucra la práctica para transformar la propia vida. El Daishonin compara la práctica del gongyo con el acto de bruñir un espejo de metal: Es como el caso de un espejo percudido, que, una vez lustrado, refulge como una joya. Haga surgir una profunda fe y lustre su espejo día y noche, con ahínco y esmero. ¿De qué manera lustrarlo? Tan solo entonando Nam-myoho-renge-kyo.

Como indica esta metáfora, el espejo en sí mismo sigue siendo el mismo. Pero cuando se lo lustra, cambia la forma en que funciona. Del mismo modo, a través de nuestra asidua práctica diaria del gongyo, podemos pulir y fortalecer nuestra vida y cambiar positivamente su funcionamiento. En relación con la importancia de difundir la enseñanza budista correcta, el Daishonin afirma en El verdadero aspecto de todos los fenómenos: «Sin embargo, no sólo debe perseverar en su práctica personal, sino también enseñar a los demás. […] Enséñeles a otros con toda su capacidad, aunque sólo sea una oración o frase». Y en Carta a Jakunichi-bo, dice: «[L]os que se conviertan en discípulos y seguidores laicos de Nichiren deberán comprender los profundos lazos karmicos que comparten con él y propagar el Sutra del loto de la misma manera que él lo hace».
La relación entre el gohonzon y nosotros
La práctica principal y la práctica complementaria. Esa práctica del gongyo que realizamos todas las mañanas y todas las tardes es un pilar central de nuestros esfuerzos por dignificar nuestra vida. En esta ceremonia, entonamos Nam-myoho-renge-kyo con fe en el Gohonzon y recitamos partes del Sutra del loto: un fragmento del capítulo «Medios hábiles» (2.°) y las estrofas en verso del capítulo «Duración de la vida» (16.°). Lo fundamental es entonar Nam-myoho-renge-kyo con fe en el Gohonzon; por eso se lo llama «práctica principal». La recitación de los capítulos «Medios hábiles» y «Duración de la vida» potencia el beneficio de la práctica primaria; por eso se la llama «práctica complementaria».
La razón por la cual se leen en voz alta y rítmica dichos capítulos, y no otros, es porque ellos contienen los principios medulares del Sutra del loto, la enseñanza que abre el camino de la iluminación a todas las personas. El capítulo 2.°, «Medios hábiles», expone el verdadero aspecto de todos los fenómenos, doctrina central de la enseñanza teórica del sutra, desarrollada en los primeros catorce capítulos. El capítulo 16.°, «Duración de la vida», revela el logro de la iluminación del buda Shakyamuni en el remoto pasado, y constituye la doctrina central de la enseñanza esencial o últimos catorce capítulos de dicho sutra. El Daishonin escribe: «Si recita los capítulos “Medios hábiles” y “Duración de la vida”, los otros restantes naturalmente estarán incluidos, aunque usted no los recite».
Para explicar la relación entre la práctica principal y la práctica complementaria, Nichikan las comparó con el alimento y el aderezo. Cuando uno come arroz o fideos, alimentos de valor nutritivo «principal», siempre se usan ingredientes adicionales, como el vinagre o la sal, para «complementar» o mejorar su sabor. La analogía le permitía explicar que la recitación de los capítulos «Medios hábiles» y «Duración de la vida» ayudaba a expresar el profundo beneficio de la práctica principal, que era entonar Nam-myoho-renge-kyo. Y por eso se la llamaba «práctica complementaria».

Entonces, cuando recitamos los capítulos «Medios hábiles» y «Duración de la vida», estamos elogiando e incrementando el poder beneficioso del Gohonzon. El término «estudio» se refiere al aprendizaje de las enseñanzas budistas; principalmente, significa leer los escritos de Nichiren Daishonin y estudiar las doctrinas y los principios correctos del budismo Nichiren. Esta actividad nos permite cultivar una fe más profunda y firme, y también asegurarnos de estar practicando correctamente. Sin esta base de estudio, nos exponemos a generar interpretaciones distorsionadas del budismo o a ser fácilmente confundidos por quienes exponen enseñanzas erróneas. La fe es el cimiento del estudio, como bien señala el Daishonin cuando escribe: «Tanto la práctica como el estudio derivan de la fe».

El presidente Toda observó: «La fe requiere entendimiento. Y el entendimiento profundiza la fe». El sentido de estudiar y de mejorar nuestra comprensión del budismo -observa- no es otro que profundizar la fe. El Daishonin exhorta a sus discípulos a estudiar sus escritos en forma reiterada. Por ejemplo, escribe: «Haga que él le lea esta carta una y otra vez, y escuche con suma atención».
En síntesis, las palabras del Daishonin invitan a una vida de acción compasiva y estudio constante, orientada a la transformación personal y social. Nikko Shonin, su futuro sucesor, permaneció al lado del Daishonin durante todo su exilio en Sado, dispuesto a seguirlo y servirlo con fidelidad, y a compartir sus suf...