Este texto explora la relación entre las huellas del Buddha y la figura de Avalokiteshvara en el contexto tibetano del siglo XII, a partir de una pintura thangka en pigmentos sobre tela de corte central tibetano y sus vinculaciones con la devoción, la política y la identidad imperial de Tibet.
Encarnaciones y presencia sagrada en el arte tibetano
En el Budismo, un bodhisattva es un ser que ha hecho un voto para convertirse en buddha o despertar. En las tradiciones Mahayana y Vajrayana, muchos bodhisattvas son comprendidos como deidades con poderes enormes que retardan su iluminación final para ayudar a los seres que sufren. En el relato budista, Buddha Shakyamuni es un epíteto de Siddhartha Gautama, fundador de la religión. Aunque las fechas exactas de la vida de Siddhartha siguen debatiéndose, los estudiosos lo sitúan generalmente entre el siglo VI y el siglo V a. C. Según las narraciones antiguas, Siddhartha nació príncipe de la clan Shakya en lo que hoy es norte de India y sur de Nepal.
Elegir abandonar su palacio y su familia para una vida ascética lo llevó a la iluminación bajo el Árbol Bodhi. Pasó el resto de su vida como maestro errante, reuniendo discípulos para formar la comunidad monástica temprana (sangha). En la mayoría de tradiciones religiosas asiáticas, cuando se realiza una imagen de una deidad, ésta debe ser consagrada para invitar a la deidad a habitarla. Los hindúes y budistas creen que todos los seres mueren y renacen en nuevos cuerpos, o “encarnaciones”.
Si bien la reencarnación es reconocida en todo el mundo budista, en la tradición tibetana algunos maestros (lamas) son considerados capaces de controlar este proceso. Históricamente, el budismo tibetano se refiere a las tradiciones budistas que utilizan el tibetano como lengua ritual. Se practica en Tíbet, Mongolia, Bután, Ladakh, y entre ciertos grupos en Nepal, China y Rusia, con un seguimiento internacional.
El budismo llegó a Tíbet en dos oleadas: primero cuando los reyes del Imperio tibetano adoptaron la fe como religión estatal (siglos VII al IX), y durante la segunda difusión (finales del siglo X al siglo XIII), cuando monjes y traductores trajeron la cultura budista de la India, Nepal y Asia Central. Como resultado, todo el canon budista fue traducido al tibetano y los monasterios se convirtieron en centros de poder intelectual, cultural y político. A partir de finales del siglo XII, los tibetanos exportaron sus propias tradiciones budistas al extranjero.
La devoción a través de las huellas y las imágenes
Las huellas son uno de los símbolos más potentes de la civilización: misteriosas y al mismo tiempo familiares, transmiten la inmediatez del contacto físico y la limitación de la ausencia. En una obra de arte tibetana, las huellas de Budha Shakyamuni y de Avalokiteshvara se sitúan en un contexto de poder y de linaje; las huellas pueden haber sido tomadas de sitios de peregrinación en India y permiten un contacto físico con figuras sagradas ahora ausentes, capaces de transferir bendiciones a través del contacto.
La representación central de estas huellas acompañadas por una forma de once cabezas de Avalokiteshvara y la figura del Buddha Shakyamuni, establece una jerarquía visual donde las huellas ocupan el ápice. Cada huella está coronada por un parasol, signo antiguo de respeto y honor. Este motivo de las huellas sobre tela se difundió en Asia y adquirió popularidad en Tíbet, donde la devoción por las buddhapada se convirtió en una parte fundamental de la cultura religiosa y política.
La hipótesis de que las huellas de esta thangka tibetana podrían representar las de Bodhgaya, traídas a Tíbet por un patrocinador tibetano, se apoya en la superposición de contornos: la silueta de la huella derecha se superpone al aureola de Avalokiteshvara, sugiriendo que las huellas fueron dibujadas primero y que luego se añadió la figura religiosa encima.
En la tradición budista, cuando una persona venerada ha tocado o entrado en contacto con un objeto, ese objeto resuena con su presencia y poder y se vuelve sagrado. Las huellas, como reliquias, representan lugares importantes de adoración porque establecen una presencia terrenal de su creador, que podría haber pasado a un estado trascendido. En los textos literarios, este concepto se aplica tanto a huellas reales como hechas por el hombre de Buddha Shakyamuni, y se cree que quien entra en contacto con la huella es bendecido o posea capacidades milagrosas.
Convergencias entre Avalokiteshvara, Songtsen Gampo y la autoridad tibetana
La presencia de Buddha Shakyamuni en la thangka se amplifica al mostrarse como figura central en el registro superior, más grande que las demás deidades en la fila. Sus huellas, también las más grandes de la composición, indican su posición en la cima de la jerarquía artística tibetana. Cada huella está rematada por un parasol, símbolo de honor ancestral.
Los pies y las huellas poseen roles opuestos en la cultura india: los pies se consideran el extremo inferior del cuerpo y, al tocarlos o adorarlos, uno se humilla ante esa persona o deidad. La tradición buddhapada viajó por Asia, adoptando formas variadas en China, Japón, Sri Lanka, Birmania, Tailandia, Laos y Kamboya; las huellas adquirieron particular popularidad en Tíbet. Se piensa que la adoración de las huellas sobre tela fue llevada a Tíbet por maestros como Atisha y traductores como Marpa; muchos tibetanos visitaron la India para presenciar la devoción de buddhapada.
En 1234, aproximadamente cuando se creó esta thangka, Chak Lotsawa visitó Bodhgaya y observó el par principal de huellas. A lo largo de los siglos XII y XIII, el budapada tibetano se expandió para incluir huellas de lamas tibetanos y otras figuras veneradas, como Atisha, cuyas huellas se guardaban en Reting Monastery. Según textos tibetanos de la época, las huellas de un lama son tan cargadas de su presencia que pueden actuar como sustituto del maestro y hasta impartir enseñanzas en ausencia del docente.
El bodhisattva Avalokiteshvara es la deidad más popular en el budismo tibetano, donde forma parte de la mitología fundacional del país; su mantra om mani padme hum es recitado universalmente. Debajo de una imagen de once cabezas de Avalokiteshvara se representa a Songtsen Gampo, el primer monarca del Imperio tibetano, a quien se atribuye la introducción del budismo al país. La leyenda de Songtsen, que se disolvía en una luz ante una estatua de Avalokiteshvara de once cabezas, ha quedado como parte de la identidad nacional.
La quintaesencia de la soberanía tibetana también se refleja en la figura del Dalai Lama, especialmente en el siglo XVII, cuando el linaje se vinculó con la legitimidad imperial y con la deidad patrona. Para reforzar su estatus, el Dalai Lama promovió una serie de pinturas con sus propias huellas y manopatas que enfatizan su identidad con cada encarnación. De este modo, la presencia de Avalokiteshvara y de Songtsen Gampo se convierte en un eje de legitimidad política y religiosa.
Consec-ración, enseñanza y transmisión
La acción de consagrar una imagen o un objeto sagrado se manifiesta de múltiples formas, y la presencia en el reverso de los objetos se puede leer como un indicio de consagración, con sílabas seed om ah hum. Estas prácticas de consagración, presentes en la mayoría de las thangkas tibetanas, permiten que el objeto se convierta en un receptáculo de enseñanza y devoción. En el caso de estas huellas, la unión entre Avalokiteshvara, Buddha Shakyamuni y Songtsen Gampo subraya la misión de Tibet como crisol de tradiciones budistas y vehículo de su difusión más allá de sus fronteras.
La obra examinada destaca también la interacción entre la devoción por las huellas y la autoridad de las dinastías tibetanas, así como la función simbólica de las huellas como presencia física de maestros y como medio de transmisión de enseñanza, incluso cuando el maestro está ausente. En este sentido, las huellas constituyen un locus de culto y una vía de contacto directo con figuras sagradas, capaces de bendecir a los fieles y de conferir poder espiritual a través del tacto.
Formato, soporte y contexto histórico
La pieza central es una imagen de Avalokiteshvara con la figura del Buddha Shakyamuni y las huellas en un marco de oro sobre tela, conectada con el legado imperial tibetano y con la expansión de las tradiciones budistas en la región. Este tipo de thangka combina Mahayana y Vajrayana, integrando prácticas esotéricas y elementos culturales propios de Tíbet, incluido el papel central de Songtsen Gampo y la influencia de Atisha en la circulación de este tema iconográfico.
La intersección entre devoción, política y arte se ve reforzada por un conjunto de elementos iconográficos que posicionan a Avalokiteshvara como deidad protectora de la nación, con Buddha Shakyamuni al centro y la figura histórica de Songtsen Gampo como ancla de la identidad tibetana. Esta relación entre divinidad, linaje y soberanía explica por qué las huellas de Buda y de la deidad elegida adquieren una relevancia tan marcada en la historia tibetana y en su arte devocional.
Infografías, imágenes y videos sugeridos

Estética, historia y simbolismo en el arte budista
Tabla de vínculos temáticos
| Tema | Relación | Evidencia en el texto |
|---|---|---|
| Encarnaciones y bodhisattvas | Reglas de presencia y poder | Definición de bodhisattva y notas sobre Avalokiteshvara |
| Budismo tibetano | Combinación de Mahayana y Vajrayana | Integración de enseñanzas, Dzogchen y prácticas locales |
| Huella del Budha | Símbolo de contacto y bendición | Discusión sobre buddhapada y su función devocional |
| Songtsen Gampo | Conexión con Avalokiteshvara y legitimidad imperial | Relatos de su asociación y de su imagen |
La dualidad entre la figura de Avalokiteshvara y las huellas del Buddha ilustra cómo la devoción tibetana ha entrelazado religiosidad, hérencia dinástica y expresión artística para afirmar la identidad nacional y su historia espiritual.
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