Desde que han existido seres humanos en esta tierra, también ha habido maestros espirituales, santos o místicos para enseñarnos el verdadero propósito de la vida. El primer y fundamental principio de las enseñanzas de los santos es que para poder llegar a la realización de Dios necesitamos la guía de un maestro vivo. Para algo tan sencillo como aprender a conducir, necesitamos un profesor. Si queremos aprender a pilotar un avión, no podemos lograrlo con solo leer manuales y libros. Si mientras estamos aprendiendo a pilotar no nos acompaña un profesor, tendremos un accidente.
La espiritualidad es un asunto muy grande y complejo. Para viajar por las regiones internas es necesaria la compañía de un guía que conozca esas regiones y que él mismo haya viajado por ellas. Ninguna persona de este mundo, por muy inteligente, amable o religiosa que sea, puede ayudarnos en esas regiones internas, a menos que haya viajado por ellas. Igual que necesitamos un guía que nos dirija cuando viajamos por un territorio desconocido y peligroso del mundo exterior, también necesitamos un guía para viajar por los planos interiores. A menos que alguien haya llegado a esos planos sutiles y los haya cruzado, ¿cómo podemos esperar que salga a nuestro encuentro después de la muerte? En realidad, necesitamos maestros desde el momento en que nacemos. Ya sea en casa, en la escuela o en la vida, aprendemos mejor de otros. En el mundo apenas hay alguna profesión o habilidad que pueda ser dominada sin la ayuda de un maestro. Entonces, ¿cómo podemos pensar en aprender esa dificilísima materia de la ciencia espiritual sin un maestro?
Sus requerimientos son mucho más exigentes y la necesidad de un maestro más urgente que en cualquier otra materia que podamos imaginar. Una vez que hemos aceptado que siempre aprenderemos mejor de otro ser humano y que la espiritualidad no es materia de fe ciega sino que es una ciencia como cualquier otra, comenzamos a valorar y aceptar la necesidad de un maestro espiritual. Los grandes místicos o santos vienen a la tierra precisamente para ese trabajo. Vienen, no para hacer de este mundo físico un lugar mejor, sino para revelarnos el método de la realización espiritual y liberarnos así de la interminable esclavitud del nacimiento y la muerte.
Imaginemos por un momento que en una prisión hay muchas personas encarceladas. Una persona caritativa pasa por allí, y viendo que los presos no disponen de agua fresca durante el verano, hace que se les envíe hielo diariamente. Llega otra persona caritativa, y viendo que a los presos se les sirve una alimentación repugnante, da órdenes para que se les distribuyan regularmente platos deliciosos. Una tercera persona caritativa, compadecida también de los encarcelados, los provee de cálidas mantas durante la estación fría. Estas tres buenas personas han conseguido, indudablemente, aliviar hasta cierto punto las penalidades de la vida en la cárcel, pero los presos siguen encarcelados. Entonces aparece en escena otra persona. Tiene las llaves de las puertas de la cárcel, abre esas puertas y libera a los presos, y estos una vez libres pueden regresar a sus casas. De igual modo, los místicos describen frecuentemente este mundo como una gran cárcel. Esta cárcel solo tiene una salida, y su secreto solo lo conocen los santos. El santo es el único que tiene la llave y puede abrir la puerta.
Los santos del pasado fueron indudablemente verdaderos maestros espirituales, sin embargo, no podemos beneficiarnos de ellos. En la actualidad, necesitamos un maestro vivo. Igual que un enfermo tiene que consultar a un médico vivo y no puede recibir tratamiento de un médico del pasado, del mismo modo, nosotros también necesitamos un maestro espiritual vivo. Un maestro vivo es imprescindible para que se nos pueda revelar la realidad interior. Si para alcanzar la realización de Dios pudiéramos prescindir de un maestro vivo, entonces no hubiese sido necesario que los santos del pasado vinieran a este mundo en forma humana. Si los santos del pasado hubieran podido ayudarnos sin estar presentes entre nosotros, entonces, ¿qué necesidad había de que vinieran a la tierra? Si Dios, sin la mediación de una vida humana que encarne sus cualidades, pudiera hoy llamar a las almas de regreso a su elevado estado espiritual, entonces, ¿qué necesidad habría de que siempre hubiera maestros presentes en el mundo? En definitiva, si existe la necesidad de que haya maestros espirituales en la forma humana en ciertos momentos de la historia, entonces, ciertamente sigue existiendo esa necesidad en la actualidad. El hecho es que un maestro vivo es absolutamente necesario para el camino espiritual. Cristo también en su propio tiempo, dijo: “Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo” (Juan 9,5).
Nuestra idea de los reinos superiores o de la realidad solo es un concepto mental. En tanto no los hayamos explorado por nosotros mismos, solo será una proyección de nuestra mente, un producto de nuestra imaginación. Sin embargo, un verdadero maestro espiritual no se rige por conceptos mentales, proyecciones de la mente o por lo que haya leído en los libros. Un verdadero maestro espiritual habla de su propia experiencia. Los verdaderos místicos nunca sostienen que debamos cambiar de religión. Vienen a unir, no a dividir. El sol tiene muchos rayos, y cuando los miramos pueden parecer diferentes unos de otros, pero si miramos su origen observamos que todos ellos en esencia son una sola y la misma cosa. Podemos referirnos a Dios como Jesucristo, Alá, Krishna, energía cósmica o con cualquier otro nombre, pero lo que todos queremos en realidad es ponernos en contacto con esa misma verdad.
La verdadera espiritualidad no tiene nada que ver con los ritos y ceremonias externas de nuestras religiones; tiene que ver con el amor que debe existir en todos nosotros, independientemente de cómo lo expresemos. Dentro de nosotros no hay fronteras. Necesitamos redescubrir nuestra propia herencia divina y la manera de realizar esto es precisamente lo que vienen a enseñar los verdaderos maestros espirituales. Ellos mismos se han vuelto a fundir en el origen de todas las cosas, el origen de todo cuanto existe. Los maestros espirituales verdaderos no vienen a cambiar el mundo. En sus enseñanzas dejan bien claro que este mundo no está destinado a convertirse en un paraíso. Los santos nos enseñan a recoger nuestra conciencia y fundirla en la dulce melodía del espíritu de Dios. Una vez en contacto con la música interior, la mente viaja con ella hasta su misma fuente, hasta que llega a su morada original.
Las enseñanzas de los santos son gratuitas, como todos los otros bienes de la naturaleza, como el aire, el agua o la luz del sol. Por consiguiente, el verdadero maestro espiritual nunca cobra nada ni acepta donativos por sus enseñanzas. Las imparte siempre gratuitamente. El maestro nunca es un mendigo ni una carga para nadie, y siempre se mantiene a sí mismo y mantiene a su familia ganándose el pan de cada día. En nuestro tiempo es muy difícil encontrar un verdadero maestro espiritual que únicamente esté interesado en ayudar a las personas y no en su dinero. El verdadero maestro espiritual no se opone a los que no comparten sus convicciones, ni se queja del comportamiento de los demás. No critica, ni difama, ni tampoco hace milagros, como los magos, para complacer a la gente que le escucha. Es humilde y discreto, y mantiene ocultos sus poderes. Solamente un santo lo sabe todo sobre la muerte. A la hora de la muerte, cuando la familia, las posesiones y el cuerpo nos abandonan, es el verdadero maestro espiritual el único que permanece con nosotros. Él, el maestro perfecto está con nosotros cuando atravesamos la puerta de la muerte.
Cuanto más progresamos en nuestro estudio del misticismo, resulta mucho más obvio que no podemos avanzar sin un maestro vivo. Las ventajas que obtenemos cuando recibimos la dirección y consejo de un maestro vivo son infinitas. Un verdadero maestro nos capacita para ser mejores personas, más amables, más eficientes, más amorosas, y para cumplir mejor con nuestras obligaciones diarias. Nos ayuda también a elevar nuestra conciencia sobre las esferas de la mente y la materia. Siguiendo sus instrucciones contactamos interiormente con la energía de Dios.
De su tarea de consolador y maestro de espiritualidad hallamos una excelente ilustración en las Homilías sobre el Evangelio o sobre Ezequiel, pronunciadas en Roma en 590-593, cuando todo parecía derrumbarse. En Moralia llevó a cabo una exégesis del libro bíblico de Job. Los Diálogos, escritos entre los años 593 y 594, fueron probablemente su obra más difundida. Habiéndose retirado por algún tiempo, cansado de las preocupaciones y responsabilidades de su cargo, a un lugar apartado, Gregorio expresa al diácono Pedro su disgusto por no haber podido dedicarse a la vida ascética, con la que tantos hombres pudieron alcanzar la perfección. Accediendo a los ruegos de Pedro, pasa luego a mostrar con ejemplos concretos la verdad de tal aserto, describiendo la vida y enumerando los milagros de santos italianos, tal como los aprendió de testimonios seguros o de su personal experiencia. Si la actividad política del papa Gregorio Magno tuvo una importancia excepcional para el equilibrio político-religioso de la Europa medieval, su obra literaria constituyó hasta el siglo XII una incomparable fuente de meditación y de luz espiritual para todo el Occidente.
Caminando y conociendo, termino por entender que el destino te manda sorpresas todos los días. Cuando sentía que el guion estaba listo, me lo cambian y me toca improvisar. He tenido varios maestros en la vida. Algunos me han enseñado a través del ejemplo, por su gran fuerza, y otros definitivamente por lo desubicados e inconsistentes, creo que como muchos, esta fue la forma como aprendí en medio de la vida profesional qué quería ser cuando grande. En mi vida de los últimos años como coach he aprendido que la realidad es neutra y que todo depende de la interpretación que le demos a lo que nos pasa. Pero cómo cuesta a veces. También he aprendido que la gente más difícil, la que más daño te quiere hacer, al final son los grandes maestros espirituales.
Mis profesores de coaching en mi maestría y mi certificación me enseñaron lo importante que son en un proceso de interacción con personas las conversaciones que tengan poder, aquellas que trascienden para quien se involucra en ellas. No todos los líderes están dispuestos a tener conversaciones poderosas. A mi juicio, por varias razones. Una quizás porque muchos jefes hoy siguen pensando que el foco debe estar siempre en los temas laborales, pero resulta que en paralelo a los temas de desarrollo profesional están aquellos que cada individuo sueña. Creo además que en una conversación más profunda puede perderse el control del tema o hay demasiada retroalimentación que no te interese escuchar. Esto implica que una conversación poderosa puede ponerte al límite, dar el espacio para que te pregunten cosas que no quieres responder o incluso escuchar opiniones que prefieres ni enterarte.
Hoy los grandes líderes no tienen su sabiduría en lo técnico solamente. De hecho, eso es lo menos importante. Se trata de entender a los demás y de encontrar sus motivadores y es que es más fácil hablar de lo técnico, de lo duro de aquellas cosas que solo requieren lectura, academia, experiencia; que hablar de los temas que a alguien le dio por llamar “soft skills” esas habilidades que tal vez no te interese compartir porque pueden mostrar de tu vulnerabilidad. He descubierto que entre mayor humildad, entre más se guarde el ego en el cajón, es más fácil pasar de un nivel de consciencia básico donde los demás son los culpables de todo. Es muy triste, pero veo que en nuestra sociedad nos hace falta tener conversaciones hacia adentro. Parece que le tenemos miedo al silencio porque tal vez nuestra consciencia se despierte. ¿Qué pasa con la conciencia propia? ¿Te has preguntado alguna vez que tanto te conoces y cómo desde tus creencias juzgas al resto de la humanidad?
Quizás ni siquiera te interesa entender si juzgas o no porque tus propios sesgos te hacen acomodar. Si queremos tener verdaderas conversaciones con los demás debemos tener una buena base de autoconocimiento y autoconsciencia para entender cuando no entro en creencias que me limitan la percepción. Freud en su teoría del iceberg afirma que la parte consciente de nosotros los humanos equivale solo a la punta del iceberg y el resto son las cargas inconscientes que cada quien carga en su propia psique. ¿Te has dado cuenta por un momento todo lo que sueltas en un momento de presión? ¿Has leído entre líneas lo que dicen los demás en momentos de máximo estrés?
Lo que si está claro es que en la medida que existan personas que te cuestan, que te retan, que te hacen pensar de más quizás estás al frente de un maestro espiritual. Los maestros espirituales nos enseñan a ser más tolerantes con nosotros mismos, a amarnos más a abrazar nuestra esencia y dejar nuestro ego. Los maestros espirituales son esas personas que sin conversaciones, solo con su actitud te derrumban, te quiebran. Son aquellos que te hacen mal aparentemente, pero al final aparecen en tu vida para enseñarte.
En mi bucket list está entender y aprender de todos los que me rodean. Nuestra situación actual en Occidente es muy diferente de la situación clásica en el Tíbet. Primero que nada, la mayoría de nosotros no somos monásticos; no somos monjes o monjas. En el Tíbet y en las sociedades budistas tradicionales, si realmente querías entrenarte seriamente en el budismo, te ordenabas como monje o monja. Los laicos no tenían mucho acceso a las enseñanzas, ocasionalmente acudían a ellas, pero no recibían el entrenamiento completo que recibía un monástico.
De hecho, enseñar meditación a los laicos es un fenómeno muy reciente que realmente empezó en Birmania, a principios del siglo XX; no creo que se enseñara en el siglo XIX. En la tradición tibetana, generalmente no se enseñaba a los laicos; éstos solo iban a algunas enseñanzas y recitaban mantras. Actualmente, en Occidente, la situación es muy diferente, ya que la mayoría de los estudiantes occidentales no somos monjes, ya tenemos una educación y hacemos otras cosas en la vida. No somos únicamente monásticos, quienes están dedicados solo al estudio, la práctica del Dharma y los rituales. La mayoría de nosotros no tenemos un contacto cercano con los grandes maestros espirituales y ciertamente no vivimos con ellos. En la mayoría de las situaciones, también tenemos que pagar por las enseñanzas, porque vivimos en una sociedad que no apoya la institución del budismo con monasterios, ofrendas y cosas por el estilo, por lo que es necesario pagar renta, pagar el seguro de salud, etc. Así que, naturalmente, todo es muy diferente para nosotros.
La mayoría de nosotros solo tenemos un muy limitado contacto con los grandes maestros. Quizás algunas veces podamos asistir a una enseñanza extensa de su Santidad el Dalái Lama o, de vez en cuando, acudimos como público a las enseñanzas de algunos grandes maestros que visitan nuestra ciudad. La mayoría de las veces solo tenemos disponible en nuestra ciudad a un maestro que está mucho menos calificado; podría ser un gueshe tibetano, un kenpo o un monje. Y a veces ni siquiera tenemos eso, solo tenemos estudiantes más avanzados dirigiendo las discusiones. Esa es nuestra situación real y no tiene sentido quejarnos por ello. El desafío es sacar lo mejor de eso, y por eso es que enfatizo los diferentes niveles de maestro y los diferentes niveles de estudiantes.
La mayoría de nosotros no tenemos la oportunidad de dedicar todo nuestro tiempo a la práctica budista: tenemos familias y tenemos que ganarnos la vida; necesitamos ser realistas al respecto. Tener una actitud realista nos ayuda a no desilusionarnos si las enseñanzas de nuestro maestro local no tienen la calidad de las de su Santidad el Dalái Lama, por ejemplo. Y probablemente, aunque pudiéramos estar con su Santidad todo el tiempo y recibir enseñanzas privadas de él, nos sobrepasarían tanto en términos de lo avanzado de su nivel, que no podríamos relacionarnos con él ni aprovechar al máximo su guía.
Recuerdo la primera vez que fui a la India en 1969; ya había realizado mis estudios para el doctorado y había estudiado varios idiomas asiáticos como el tibetano y el sánscrito. El budismo se enseñaba básicamente como una ciencia, un tema muerto en ese momento, así que solo habíamos aprendido a leer el tibetano, porque el profesor no tenía una idea muy clara de cómo se pronunciaba. Así que empecé a estudiar y a tener maestros en la India para idioma y Dharma básico. Cuando conocí por primera vez a los grandes maestros, Su Santidad y sus maestros, la manera como los percibí fue como un caballo que galopaba muy, muy rápido y no había manera de que pudiera subirme a ese caballo en ese momento -iba demasiado rápido, ellos hablaban muy rápido, en un idioma que no podía entender, de un tema demasiado avanzado que tampoco podía entender. Mi fuerte aspiración era ser capaz de montar ese caballo y entrenarme para llegar al nivel de realmente entenderlos y poder aprovechar la increíble oportunidad de montar ese caballo pura sangre. Si estás en un carrusel, no necesitas un caballo pura sangre, con uno de madera puedes dar la vuelta.
Así que, es importante trabajar con nuestros maestros locales -obviamente la relación con el maestro tiene que ser respetuosa-, pero no es la misma que la relación con los grandes maestros a los que quizás solo veremos un par de veces en la vida. Quizás no sean tan inspiradores, pero podemos aprender de ellos, pueden ayudarnos a entrenar. Lo que es sumamente importante es tener alguien que nos inspire, aunque no lo veamos muy seguido. No tienen que estar con nosotros todo el tiempo porque, como dije antes, ellos pueden estar corriendo demasiado rápido y no podremos seguirlos.
El otro punto realmente importante es que la relación con el maestro espiritual no es como la relación con alguien en el ejército. No es “sí, señor” y obedecer sin importar lo que diga. En el mejor de los casos, hemos examinado muy bien al maestro antes de realmente comprometernos y confiarnos a ser guiados por esa persona, aunque sea a la distancia. De antemano podemos, por supuesto, ir a sus enseñanzas, como a una conferencia, pero eso es diferente de la actitud de hacer ese compromiso desde nuestro lado. No conozco a nadie en la tradición tibetana que le diga a un maestro “¿Puedo ser su discípulo?” y que el maestro responda: “Sí, te doy la bienvenida”, lo abrace y lo convierta en su discípulo. Esa es una visión romántica de la situación, e incluso si hay algún reconocimiento mutuo de una vida anterior, no se hace la gran cosa al respecto.
Recuerdo a Serkong Rinpoche…

Cualidades de un verdadero Maestro Espiritual 1 - Que esté vivo
Establecer una relación con un maestro es similar a lo que Tsongkapa describe como las circunstancias para desarrollar la bodichita; él dice que hay algunas personas que tienen instintos muy fuertes hacia la aspiración de la bodichita y se sienten naturalmente atraídas por este tipo de meditación; hay otros que tienen que hacer mucho esfuerzo en esta vida para desarrollar esta aspiración y pensamiento. Y dice que, para los que tienen el instinto, el desarrollo de la bodichita será más fácil y estable. Esto no significa que si no tenemos ese impulso instintivo no podamos desarrollarla, solo que será más difícil.
Entonces, ahora extrapolemos eso al hecho de encontrar al maestro espiritual. Habrá algunos de nosotros que nos sintamos atraídos naturalmente por un maestro, y esa es una indicación muy importante a tener en cuenta. Y no debería estar basado en el hecho de que ese es el maestro que llega y está en nuestro centro de Dharma: no debería basarse en el hecho de que sea el director o el fundador del centro u organización de Dharma a la que asistimos, ni debería basarse en el gran nombre, la fama, el carisma y todo lo que acompaña a algunos de estos maestros. No hay ninguna razón en el mundo por la cual todos los miembros de un centro de Dharma deban estar conectados con la persona que fundó ese centro o con los maestros que están allí. Si es lo único que está disponible en nuestra ciudad, o de las diversas alternativas, es la mejor para nosotros, está bien. Podemos beneficiarnos de asistir al centro y estudiar con esos maestros, no hay problema. Pero mantengan un ojo abierto para saber quién puede ser el maestro raíz, aquel que encontremos más inspirador. ¿Cómo sabes que tienes alguna conexión instintiva con alguien? Bueno, una indicación es que simplemente estás allí cuando esa persona está allí. Te la encuentras todo el tiempo, vas a verla y está allí, no está lejos. Otra indicación es que es casi como un imán: no puedes apartar la vista de esta persona; no es lo mismo que cuando tienes deseo o lujuria hacia una persona hermosa y no puedes apartar la vista de ella porque tienes un fuerte deseo. Es una cualidad muy diferente. No es una experiencia perturbadora o inquietante; ver a esta persona te hace sentir más tranquilo, más cómodo, más relajado, alegre en un nivel muy tranquilo, no excitado, no ese tipo de alegría; simplemente se siente bien. Creo que todos sabemos cómo es eso si alguna vez hemos comprado un par de zapatos. Te pruebas diferentes zapatos y encuentras unos con los que caminas unos pocos pasos y se sienten bien, son cómodos; ese es el par de zapatos que vas a comprar. Ese es el tipo de sentimiento que tenemos con el maestro espiritual: simplemente se siente bien, encaja.
Pero, al igual que con la bodichita, puede que no haya nadie con quien sintamos esta fuerte conexión instintiva, lo que el budismo explicaría con las vidas anteriores (si creemos en vidas anteriores o no, es otro tema, pero el budismo lo explicaría de esa manera). Y entonces realmente tenemos que hacer un gran esfuerzo para establecer una relación con el maestro. ¿Y cómo hacemos eso? Siendo un buscador muy serio y sincero, que realmente quiere aprender a practicar para transformarse. Recuerdo cuando fui a la India y conocí a Su Santidad el Dalái Lama por primera vez. Me conmovió mucho darme cuenta de que todo lo que había estudiado en la universidad, que era como si fuera un tema muerto, era real. Había alguien que realmente sabía lo que todo significaba y lo encarnaba. Conocí a Su Santidad solo diez años después de que saliera del Tíbet, por lo que en ese momento fue mucho más fácil conocerlo e interactuar con él y con sus maestros, era una época completamente diferente. No recuerdo si fue la segunda o la tercera vez que lo vi… cuando haya sido, le dije: “Me ofrezco a usted, por favor, deme la oportunidad de ser entrenado, tengo muchas deficiencias, pero deme la oportunidad de formarme, y luego le serviré -no como un sirviente, sino que le ayudaré promover su trabajo”. Y fui muy, muy sincero al respecto. Su Santidad me dio todas las oportunidades para poder quedarme en la India y obtener el mejor entrenamiento posible. Después de que empecé a estar más y más cerca de Serkong Rinpoche, usé la línea clásica de: “Por favor, entréneme como un burro para convertirme en un ser humano”. Mis antecedentes son que era un estudiante sumamente inteligente en la Universidad de Harvard, muy arrogante y tenía muy poca capacidad para poder interactuar socialmente con los demás; en ese sentido, era bastante horrible, debo decir, y realmente necesitaba aprender a relacionarme con las otras personas. Y esto es lo que le pedí a Serkong Rinpoche que me enseñara; creo que esta es la razón por la que solo me regañaba, me llamaba idiota y en nueve años solo me dio las gracias dos veces. Muy, muy útil, ¿cierto? “¿Crees que eres inteligente? Tú no eres nada”. Y nunca dejó de señalar cuando decía algo o hacía algo estúpido, especialmente frente a mucha gente. Mi punto es que tienes que ser muy valiente, muy fuerte, para soportar ese tipo de entrenamiento. Y poner de tu propio esfuerzo. Aunque haya una conexión kármica instintiva, debes esforzarte. “Entréname, estoy dispuesto a ser entrenado, dame la oportunidad” y realmente lo haces; de esa manera se establece la relación. Y dice: ayuda al maestro. Si quieres establecer una relación, ofrécete a ayudar a tu maestro; entrena para ser el traductor del maestro, para transcribir sus enseñanzas o para organizar sus viajes. Así es como te acercas al maestro. Haz algo. No esperes que solo con estar sentado en el público el maestro te verá, vendrá y dirá: “¡Oh, bienvenido!”. Pero tienes que ser totalmente sincero, lo que significa que te has examinado bien como para saber si eres lo suficientemente fuerte como para, como dicen, soportar la relación con el maestro espiritual. Para usar la analogía que conté: ¿eres lo suficientemente fuerte como para montar ese caballo que galopa muy rápido? En resumen, les digo, no nos ayuda quejarnos de que no tenemos acceso a estos grandes maestros espirituales y decir: “Mira lo que tenemos en nuestra ciudad”. Eso no lleva a ningún lado; si realmente quieren avanzar, deben esforzarse en ello. Miren cuánto esfuerzo hicieron estos grandes maestros para poder caminar desde el Tíbet hasta la India y estudiar con los maestros indios y aprender los idiomas. Somos muy afortunados de no tener que hacer eso. Si comparo la situación actual del estudio del budismo tibetano con la de hace cincuenta años cuando comencé, es increíblemente más fácil ahora. Solo como ejemplo, no había casi nada disponible para aprender el idioma tibetano; había un libro, que trataba de explicar la gramática tibetana en términos del latín, lo que no tiene ningún sentido; mi profesor en Harvard no tenía idea de cómo se pronunciaba. Cuando fui a la India, tuve que descubrir la estructura del sonido del idioma, como ir a Borneo y trabajar con alguna tribu. Vean cuántos materiales y cuánto hay disponible ahora; cuando empecé había pocas traducciones. Ahora hay mucho disponible; de hecho, nos quejamos de que hay demasiado y ni siquiera sabemos por dónde empezar. Así que no hay razón para quejarse o sentir pena por nosotros: “Pobre de mí, estoy viviendo en este lugar oscuro”. Moscú no es un lugar tan oscuro ahora. Tienen muchos más maestros que cuando empecé a venir. ¡Ánimo! Así que, si quieren hacerlo, simplemente háganlo, si son realmente serios. Hay muchos niveles de maestros espirituales y diferentes listas de cualidades. Para cada nivel superior, se necesitan cualidades adicionales a las del nivel anterior. Como se dice en muchos textos, encontrar al maestro que tiene todas las cualidades es extremadamente raro, por lo que necesitan tener más cualidades positivas que negativas, al menos, algunas de ellas. Lo más importante es que sea una persona ética, que tenga una motivación sincera para ayudar a los demás, que tenga más conocimiento y experiencia que nosotros y que sea honesto al respecto. Estos son aspectos realmente muy, muy importantes. No son hipócritas. Con respecto a las cualidades espirituales que estamos buscando en ...
- Maestro vivo indispensable para la realización espiritual
- Relación ética y honesta entre maestro y discípulo
- Disciplina, humildad y discreción del maestro
- Importancia de la experiencia personal del maestro
- Reconocer y trabajar con maestros a diferentes niveles
Cualidades de un verdadero Maestro Espiritual 1 - Que esté vivo
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