Esta meditación guiada se basa en una meditación ofrecida por Sister Bi Nghiem durante un retiro dedicado a la vida de pareja, al final de un discurso que invita a mirar en profundidad las propias energías de hábito y las heridas de la infancia. Desde pequeños, en la relación con nuestros padres, puede haber habido un vaivén natural de cuidado y afecto con momentos de indiferencia y distanciamiento. Podemos comprender y aceptar que esto pudo generar dolor y que, como consecuencia, nos hemos construido muros para protegernos y no sentir más ese dolor.
Muchas de las reacciones que surgen hoy en una relación son estrategias que hemos elaborado para ocultar, incluso para nosotros mismos, la sensación de no ser amados o de no ser amados lo suficiente. Observando nuestra propia sufrimiento con ternura y comprensión, podemos permitir que crezca en nosotros la compasión, que facilita entender también el sufrimiento del otro. Podemos observar en profundidad y ver que incluso la persona con la que estamos en conflicto fue una niña o un niño, y como nosotros, era vulnerable, frágil y fue herida fácilmente.
Percepirás la respiración suave y natural… Elige ahora una situación de conflicto que has vivido o que te encuentras viviendo con una persona importante en tu vida, ya sea una pareja, un hijo, un colega… Evoca esa situación con el mayor detalle posible. Suelta ahora los detalles de lo ocurrido y lleva toda tu atención a las emociones y a las reacciones que experimentaste en ese momento de dificultad. Lleva la consciencia a todas las emociones que sentiste en esa situación, como la rabia, los celos y así sucesivamente. Puedes ahora acoger y abrazar con amor esas emociones difíciles. Tal vez puedas reconocer en ti que esa rabia oculta un sentimiento subyacente de dolor, que debajo de esa rabia y ese dolor se esconde quizá una sensación de tristeza. Observa si tu gritar y levantar una barrera no es un intento de cubrir ese dolor. Deja que ese dolor exista. Puedes ahora vincular ese dolor con lo que experimentaste en la infancia. Permanece en contacto con el dolor de la niña o del niño interior, simplemente observándolo, sin interferir, observándolo ser. Deja que surja en ti una comprensión profunda de la sufrimiento de ese niño. ¿Puedes observar cuánto las dificultades de la infancia influyen en las reacciones del adulto que eres ahora? Ese dolor puede derivar de la sensación de no ser lo bastante amado, o de no ser amado en absoluto. Abraza con ternura y amor ese sentimiento: “No soy amado, no me siento amado”. Tal vez reconozcas que ese sentimiento está en la raíz de los conflictos que vives hoy.
Tómate ahora un momento para volver al cuerpo y a la respiración. Percibe las distintas partes del cuerpo: los pies, las piernas, las caderas, el pecho, los hombros, los brazos y las manos, la cabeza y la cara. Percibe la respiración y sigue su ritmo natural, sin intentar influir en ella. Vuelve a mirar en profundidad la misma situación de conflicto, esta vez observando no solo tus reacciones, sino también las de la otra persona. Dirige toda la atención a la otra persona. Mantén la atención en la persona con la que viviste ese conflicto, en sus emociones, en su reacción, en su rabia. Puedes reconocer cómo esa rabia esconde su sufrimiento, cómo sus gritos buscan cubrir su dolor, en un intento de construir un muro para protegerse de su propia herida. Mantente en contacto con su dolor. Puedes observar cómo también su dolor de adulto deriva de la sufrimiento que experimentó en su infancia, cómo su rabia intenta cortar ese dolor. Reconoce el sufrimiento que ha vivido en la infancia y las defensas de niño. Abrazas en ti al niño interior de la otra persona. ¿Puedes reconocer que todo el dolor del otro deriva del dolor de no sentirse amado o de no sentirse amado en absoluto?
La mindfulness y su utilidad para las madres de hoy
¿Te sientes cansada y estresada? Hemos pedido a Isabella Lovato, del Instituto Italiano Mindfulness, que explique esta técnica de meditación: qué es, de dónde nace, cómo se practica y algunos ejercicios prácticos. ¿Qué es la mindfulness? ¿Cómo nace la mindfulness? ¿Cómo se practica la mindfulness? Si esta práctica es particularmente útil para las madres de hoy, que suelen estar agotadas por las múltiples responsabilidades. Basta con unos minutos diarios; los especialistas recomiendan reservar al menos un cuarto de hora cada día, preferiblemente por la mañana para introducir la mindfulness en la agenda diaria.
La mindfulness puede practicarse de varias maneras: de forma individual o en grupo. Es conveniente confiar a un psicoterapeuta experimentado que enseña técnicas principales de visualización, relajación y respiración. Tras adquirir confianza con la práctica meditativa, se puede pasar a la llamada “práctica informal”, que se realiza solo, en cualquier momento libre del día, concentrándose en una única acción que se está realizando. La práctica formal -que se realiza en un entorno guiado- ayuda a alcanzar más fácilmente la meditación y entrenar al cerebro para lograr un estado de plena consciencia.
¿Por qué esta práctica es particularmente útil para las madres de hoy? Responde la psicóloga Emanuela Sabena: “Corre y aprieta parece ser la única opción para las madres de hoy ante las numerosas demandas externas. La consecuencia es un creciente nivel de estrés y ansiedad que no permiten disfrutar plenamente de la maternidad y de los momentos únicos con el hijo y la familia. La mindfulness puede ser un camino alternativo para recuperar el momento presente, para vivir la vida de mujer y madre con mayor claridad, flexibilidad y presencia. El estado de claridad y calma interior que se cultiva con la mindfulness ofrece la posibilidad de descubrir los deseos más auténticos que se nutren en la relación de pareja y con los hijos, proporcionándonos una brújula interior para orientar ante momentos difíciles y tomar decisiones más adecuadas para nosotras y para los demás, liberándonos de hábitos automáticos y convirtiéndonos en el tipo de madre y de compañera que deseamos ser.”
Esta meditación guiada nos ayuda a profundizar en un aspecto fundamental de nuestra existencia: el lazo íntimo y profundo que nos une a nuestros padres. Un lazo que no se limita al vínculo que tenemos o tuvimos con ellos, sino a nuestra propia forma de ser. Nos ayuda a entender quiénes somos. Además, puede ser el primer paso para emprender un camino de reconciliación con uno o ambos padres cuando existan aspectos problemáticos no resueltos.
Origen y enfoque del método
El texto de la meditación procede del maestro zen Thich Nhat Hanh, presentado en Piazza Navona durante su visita a Roma en 2008, y un tema similar está presente también en la meditación de 2010 en la misma Piazza. El método propuesto es sencillo y eficaz: tomar conciencia de cómo cada uno de los dos padres está íntimamente presente en nosotros en cada célula de nuestro cuerpo, gracias al ADN heredado. Pero, por ello, está presente de forma viva, no solo como recuerdo o legado. Al meditar, es posible mantener un diálogo interno con el padre: “inspirando, siento a mi padre en cada célula de mi cuerpo”. Posteriormente, podemos transmitir a nuestros padres lo que de bueno hemos conquistado, incluso si ya no están presentes físicamente.
Esta toma de conciencia es práctica y no teórica: debe ser experimentada. Después de la experiencia, se pueden extraer tres grandes enseñanzas: entender que formamos parte de un flujo continuo de vida que llega a través de nuestros padres y se transmite a nuestros propios hijos o a las personas con las que convivimos; entender que podemos, en cualquier momento, reparar errores de nuestros padres, reconciliarnos con ellos y actuar para transformar en nosotros las relaciones intergeneracionales; entender la importancia del legado recibido y cómo estamos condicionados por ser hijos de esas dos personas.
Otro paso es la Meditación del niño interior, propuesta por Thich Nhat Hanh, que está disponible para suscriptores de Zen in the City. Esta práctica ayuda a liberarnos del sufrimiento causado por una relación difícil con los padres a través de la mirada interior, fomentando la compasión hacia ellos y encontrando paz y libertad en nosotros. Se ofrece una versión caminando de la meditación, adecuada para un parque, con el enfoque en la caminata y el respiro, sustituyendo mentalmente “respirando” por “caminando” cuando se recita la frase central. Esta meditación despierta la guía interior de cada mujer en su capacidad innata de ser madre.
La experiencia personal de la autora resalta que cuando nace un hijo, la intuición de la maternidad puede guiar en las decisiones. Se anima a las mujeres a confiar en su intuición y, si hay inseguridades, practicar esta meditación para recuperar la sabiduría interior de la maternidad, incluso si no se tienen hijos. Si quieres probar esta práctica y no has hecho Kundalini Yoga, se sugiere leer un post que explica cómo abrir y cerrar el espacio meditativo. La práctica incluye una posición cómoda, duración de hasta 31 minutos, y una secuencia de respiración y movimientos para acompañar la música, con un énfasis en la conexión entre el cuerpo y la mente durante la respiración y el movimiento.
La meditación puede ser una herramienta valiosa para afrontar el dolor, una experiencia humana difícil. El dolor es la respuesta de nuestro sistema ante la pérdida y puede ser personal o colectivo, como ante conflictos globales o crisis sociales. Cuando el sistema nervioso percibe la pérdida, el cerebro activa la respuesta de estrés, provocando síntomas fisiológicos. En resumen, el dolor es una intensa respuesta emocional y física ante la pérdida. También se ha asociado a un aumento de riesgos para la salud, como enfermedades cardíacas y problemas de memoria. La experiencia del dolor es única para cada persona y no existe una única cronología para sufrir.
- La meditación no elimina la pérdida, pero puede ayudar a cambiar la relación con el dolor. Comienza con intervalos breves para no abrumarte y aumentar gradualmente el tiempo de procesamiento emocional.
- Comunica a personas de confianza que estás atravesando un proceso de duelo y pide su apoyo, sin esperar que curen tu dolor. La mente humana no quiere ser simplemente aconsejada o salvada; busca acompañamiento auténtico.
- Aumenta progresivamente el tiempo de elaboración emocional para permitir que el sistema tolere más sentimiento, manteniendo la práctica suave y compasiva. Si se vuelve abrumador, realiza una pausa y recurre a distracciones saludables.
Se proponen dos meditaciones para liberar y procesar el dolor. La primera se realiza en un lugar cómodo donde puedas mantener una postura erguida; empieza con 10 minutos, identifica sensaciones físicas y nombrálas, conecta con la emoción y ofrece compasión. La segunda invita a sentarse en silencio, buscando un campo de apoyo de personas queridas y maestros espirituales, y a sostener la experiencia con respiración y amabilidad, para honrar el dolor y acompañarlo sin intentar cambiar la experiencia de inmediato.
La idea central es comportarse con gentileza hacia uno mismo y entender que el dolor forma parte de la condición humana. El Dharma enseña la inevitabilidad del dolor y la impermanencia de las cosas; al aceptar, se reduce la tensión y se facilita la sanación.
