Este texto explora las conexiones entre el parinirvana budista y la reflexión de Nietzsche sobre la condición humana, la voluntad de poder y la posibilidad de una iluminación o superación personal, a la luz del simbolismo de la Sangha y de la transmisión de la sabiduría en el marco histórico budista.
Parinirvana y transmisión de la sabiduría
Este evento es conocido como el parinirvana, un término que se refiere a la muerte de alguien que ha alcanzado el nirvana, o iluminación, durante su vida y no renacerá nuevamente. Según el Canon Pali, que contiene algunos de los primeros registros escritos de la vida y enseñanzas del Buda, aproximadamente tres meses después del parinirvana del Buda, alrededor del año 400 a.C., unos 500 de sus monjes más veteranos se reunieron para discutir cómo se preservarían la sabiduría de su maestro y las reglas que desarrolló para guiar a la comunidad monástica (el Vinaya). Unos 70 años después de su muerte, se celebró un segundo concilio para llegar a un acuerdo sobre un conjunto de diez reglas disputadas para monjes y monjas. Se dice que un tercer concilio tuvo lugar durante el reinado del rey indio Ashoka, quien se convirtió al budismo alrededor del año 250 a.C. El concilio tenía la intención de librar a la sangha de monjes corruptos y heréticos. Se dice que en esta reunión también se formalizaron componentes cruciales de las escrituras budistas. Estos emisarios llevaron el budismo a Sri Lanka, Birmania y otros lugares.
Parinirvana es un concepto del budismo que hace referencia al estado final de liberación alcanzado por un Buda tras su muerte física. En el budismo, se considera que un ser iluminado alcanza nirvana en vida cuando se libera de los deseos, el apego y la ignorancia. Sin embargo, mientras viva, su cuerpo sigue existiendo en el mundo condicionado. El Día de Parinirvana (o Día del Nirvana) se celebra en muchas tradiciones budistas el 15 de febrero, conmemorando la muerte del Buda histórico, Siddhartha Gautama.
Nietzsche en el siglo XIX: infancia religiosa y formación filosófica
En 1842, el teólogo luterano Carl Ludwig Nietzsche, ministro ordenado de la Iglesia luterana prusiana, fue nombrado predicador y preceptor en la corte del duque de Sajonia-Altenburgo. Allí ejerció funciones religiosas y educativas en el entorno cortesano hasta 1843, año en que fue designado pastor en Röcken, una pequeña localidad en la provincia prusiana de Sajonia. No solo el padre de Nietzsche fue pastor: lo fueron sus abuelos y muchos más ancestros. De modo que el pequeño Fritz, como lo llamaban sus padres, nació y pasó sus primeros años inmerso en un ambiente profundamente religioso, en la casa parroquial contigua a la iglesia de Röcken, en el seno de una familia culta y estable. Dos años después nació su hermana Elisabeth y poco después el pequeño Ludwig Joseph Nietzsche. Por cinco años Fritz vivió con el ejemplo eclesiástico y monárquico de su padre, a quien amó y admiró con devoción. Tendría alrededor de cinco años cuando el padre enloqueció y, poco después, murió. Al poco tiempo, Nietzsche soñó que desde el órgano de la Iglesia se escuchaba música fúnebre y la tumba de su padre se abría. Envuelto en un sudario, su padre entraba a la iglesia y salía con el hermano menor en brazos y se lo llevaba consigo a la tumba -episodio que el propio Nietzsche relata en sus Obras completas.
Al día siguiente, el pequeño Joseph convulsionó y murió; Nietzsche siempre recordó ese sueño como una premonición de la muerte de su hermano. Poco después, tuvieron que dejar la casa para el nuevo pastor. Fritz, su madre y su hermana se mudaron entonces a Naumburg para vivir con la abuela paterna. En un primer momento el pequeño ingresó a una escuela pública, donde recibió burlas incómodas y le apodaron «el pequeño pastor» por sus modales monárquicos, su seriedad y su religiosidad. Había un abismo entre él y sus compañeros y por ello lo cambiaron al Instituto Weber, en donde trabó una intensa amistad con Wilhelm Pinder y Gustav Krug. Ese fue un momento clave de su vida, porque los padres de ambos amigos fueron, en la medida de lo posible, un sustituto de su propio padre.
«Un día al filo mismo del final de las clases, comenzó a llover torrencialmente: nos pusimos a mirar todo lo largo de la Priestergasse por si veíamos a nuestro Fritz. Los jóvenes corrían todos, en bandada desbordante hacia sus casas; al final pudimos divisar a Fritzschen, que caminaba tranquilamente con la gorra debajo de la pizarra y el pañuelo encima. Mamá le hizo una señal y le gritó desde lejos: “¡corre, corre!”, pero la lluvia que caía nos impidió oír su respuesta. Marcado por la muerte temprana de su padre y hermano, Nietzsche creció entre disciplina religiosa, melancolía y extrañeza social. Ese fue el nivel de compromiso que Nietzsche siempre tuvo para con las normas y la moral que aceptaba como propia, compromiso que más tarde tendría con su propia propuesta filosófica: en él nunca hubo tibieza alguna, su entrega era radical.
Cuando concluyó sus estudios en el Instituto Weber, el rector de Pforta, la escuela preuniversitaria más connotada del lugar, llamó a la madre y le ofreció una beca para su hijo: Nietzsche se fue a vivir a esa institución, que funcionaba como internado. Nietzsche sabía algo acerca del budismo pero en su tiempo había muy pocos textos budistas traducidos y no conocía lo suficiente como para llegar a un juicio equilibrado al respecto. (Lo veía solo como una noble aceptación al nihilismo).
Algunas semejanzas y aproximaciones generales: El sobre hombre y la Budieidad. El concepto del sobre hombre apunta en la misma dirección general que la Budeidad o del estado de Iluminación, a pesar de que hay muy poco de contenido positivo en el concepto de Nietzsche. Ahora esto no es sorprendente si tomamos en cuenta que el sobre hombre de Nietzsche es el producto de su pensamiento. La cuerda de Nietzsche, que se extiende sobre ese abismo entre la bestia y el sobre hombre, corresponde por lo tanto, de un modo muy general, al sendero budista, puesto que, para el budismo, ese sendero somos nosotros mismos. Los humanos no somos entidades estáticas sino seres que evolucionan y se desarrollan. Siendo un tanto osados podríamos incluso decir que la Voluntad de Poder corresponde, de una forma muy generica, a la Voluntad hacia la Iluminación (el Bodhicitta). Las dos son voliciones poderosas. Las dos formas son activas. Ambas tienen que ver no sólo con pensar en el ideal realizable más supremo sino también con lograrlo en efecto. Uno es el ideal del sobre hombre mientras que el otro, por supuesto, es el ideal del la budeidad, la suprema iluminación por el beneficio de todos los seres. La Voluntad hacia la Iluminación, el bodhichita, es altruista, más dirigido hacia los demás, más cósmico. Es la manifestación en el individuo de un principio universal, cósmico. Por supuesto, la figura de Zaratustra, cuya finalidad es exemplificar al hombre que se supero, quiere compartir su sabiduría con la humanidad, quizá como algo esencial de su logro.
La segunda diferencia entre la enseñanza del Buda y el pensamiento de Nietzsche tiene que ver con el método. Nietzsche solo trae a colación la necesidad de estar a disgusto con lo que somos y de conquistarnos para crear al hombre. Aunque esto con una claridad cegadora que rebasa a la de cualquier otro filósofo o pensador occidental, falla lamentablemente, aunque con nobleza, al no indicarnos cómo hacerlo. Dice “supérate” pero no nos da una idea de cómo hacerlo. No hay instrucciones prácticas. Nos quedamos con la exhortación vacía. Es una gran diferencia. No es difícil ver que alguien está enfermo, pero sólo un médico muy hábil puede prescribir el método de tratamiento que necesita para recuperar la salud. Es cierto que Nietzsche pinta un severo y vívido panorama de la enfermedad que aqueja a la humanidad moderna. Esa enfermedad que, en cierto sentido, es la humanidad misma tambien nos da un diagnóstico agudo, después nos ofrece una ilustración brillante e inspiradora del paciente que ha recuperado una perfecta salud. Nietzsche no es el único que lo expone así. Casi toda la filosofía occidental moderna adolece del mismo eslabón perdido. Es rica en pensamiento abstracto y mucho de esta filosofía, como la de Nietzsche, late con gran energía intelectual, pero por lo general carece de contenido práctico. (quizás el existencialismo y el Marxismo, en términos de prescripción, son las excepciones) El budismo tiene el ideal y también los medios prácticos para la realización de este. Se nos prescribe un modo de vivir. Sin embargo los budistas pueden aprender mucho de la visión incondicional que tiene Nietzsche del potencial humano. Sangaràkshita. ¿Que es la Sangha?
