Pace dei sensi buddhismo: una exploración de la atención plena y la interdependencia en el budismo

En momentos de gran inestabilidad, turbulencia y violencia las poblaciones buscan antídotos contra la ansiedad, el miedo al futuro y también darle sentido a fenómenos globales y a la vida cotidiana. Con la creciente apatía religiosa y el individualismo se tienden a explorar sistemas de creencias alternativos en la búsqueda de autocuidado, la autoconciencia y el bienestar personal. En ese contexto, este ciclo se adentra en el budismo como doctrina espiritual y la medicina Ayurveda, que complementan esa búsqueda. El budismo es una filosofía que surgió en la India en el siglo VI a.C es el camino del medio entre religión no teísta y filosofía práctica basada en una metafísica centrada en la experiencia de la vida contemplativa y conocimientos para buscar la verdad, el significado de la vida y dar sentido al sufrimiento. Toda la existencia está condicionada y sin excepción a ser transitoria, volátil e inconstante. Todas las cosas temporales, materiales o mentales, son objetos compuestos en un continuo cambio de condición, sujetos a la decadencia y la destrucción. Todos los acontecimientos físicos y mentales no son metafísicamente reales. No son constantes ni permanentes. Es la carga o peso existencial propio de la condición humana. Es el dolor, sufrimiento, pena, frustraciones, rabias. agonía, vacío, tensión, descontento, desilusión. La raíz de todo sufrimiento es la ilusión de la individualidad. En la medida en que me percibo como un “yo”, me aferro a eso y sufro por su no existencia real. La idea central del no-yo en la ética budista desempeña el papel de cortar las raíces de todo sufrimiento es el apego a la idea del yo lo que causa el sufrimiento. El sufrimiento es un aspecto universal de la experiencia humana, por lo cual los individuos o los grupos deben cargar y sobrellevar ciertos problemas, dificultades, heridas y cicatrices en el cuerpo y en el espíritu.

Las principales enseñanzas son que la atención consciente y la compasión no deben causar daño a uno mismo ni a los demás. generosidad, honestidad, paciencia, sabiduría, esfuerzo, amabilidad, renuncia, determinación, sinceridad y ecuanimidad. La Iluminación solo es posible en la medida en que abandonemos la creencia en un yo permanente y nos distanciemos de los pensamientos, sentimientos y emociones que podrían conducirnos al apego que nos deja atrapados en el ciclo continuo de nacimiento y renacimiento (samsara). Este compuesto multimodal conduce a la mente compasiva y al bienestar en nuestra regulación emocional. El Buda abre este discurso declarando que los cuatro fundamentos de la atención plena son el “camino de un solo sentido” para superar el sufrimiento y alcanzar el nirvana. Con respecto a cada contemplación, el texto nos dice que el practicante mora “ardiente, comprendiendo claramente y atento, habiendo desechado la añoranza y el abatimiento del mundo”.

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De las cuatro aplicaciones de la atención plena, la contemplación del cuerpo tiene que ver con el lado material de la existencia, las dos intermedias con el lado mental y la última con la exploración de la experiencia en formas que reflejen la meta de la enseñanza. El primero es la consciencia al respirar. Para emprender esta práctica, uno pone el proceso natural de la respiración bajo el lente de la observación atenta. Respirando naturalmente a través de las fosas nasales, uno se enfoca en la respiración en el punto alrededor de las fosas nasales o el labio superior donde se puede sentir el aire entrando y saliendo. La clave de esta práctica es expresada sucintamente en la declaración del Buda: “Simplemente con atención se inhala, con atención se exhala”. Según el sutta, la atención plena de la respiración se desarrolla en cuatro etapas. En las dos primeras etapas, uno simplemente observa las inhalaciones y exhalaciones a modo de duración, notando si son largas o cortas. En la tercera etapa, junto con la inhalación y exhalación, uno experimenta el cuerpo en su totalidad.

Meditación Guiada 10 MINUTOS Atención Plena

La siguiente práctica en la contemplación del cuerpo es la atención plena de las posturas, que extiende la atención plena a todas las posturas: caminar, pararse, sentarse y acostarse, y al cambio de una postura a otra. Al caminar uno sabe que está caminando, al estar de pie que está de pie, al sentarse que está sentado, al acostarse que está acostado. El siguiente ejercicio, llamado atención plena y comprensión clara, aplica la atención plena a las diversas actividades de la vida diaria. Al realizar cualquier acción, uno sabe exactamente lo que está haciendo y por qué lo está haciendo. De este modo, acciones ordinarias como salir y volver, mirar hacia adelante y hacia un lado, doblar y estirar las extremidades, vestirse, comer, beber, orinar, defecar, dormirse, despertarse, hablar y permanecer en silencio se vuelven parte de el proceso de cultivo meditativo.

Los siguientes dos ejercicios de atención plena del cuerpo son contemplaciones analíticas de la naturaleza real del cuerpo. El primero es la meditación sobre la falta de atractivo del cuerpo, propuesta como antídoto directo a la lujuria sensual. El Buda enseña que la lujuria surge y se prolifera a través de la percepción del cuerpo como sensual y seductor. Para contrarrestar la lujuria, observamos profundamente la constitución anatómica del cuerpo, diseccionando mentalmente el cuerpo, nuestro propio cuerpo, en sus componentes para sacar a la luz su naturaleza poco atractiva. Los textos mencionan treinta y dos partes del cuerpo, que incluyen varios órganos, tejidos y fluidos corporales. La otra contemplación analítica es la meditación sobre los cuatro elementos físicos. Esto tiene como objetivo contrarrestar nuestra tendencia innata a identificarnos con el cuerpo al exponer su naturaleza impersonal. En esta práctica, mentalmente diseccionamos el cuerpo en sus cuatro elementos primarios, denominados tierra, agua, fuego y aire, que representan las cuatro propiedades de solidez, fluidez, calor y presión. Habiendo analizado el cuerpo en los cuatro elementos, uno considera que todos los elementos son esencialmente idénticos a sus contrapartes externas. El último ejercicio de atención plena al cuerpo es una serie de nueve contemplaciones en el cementerio, meditaciones sobre la desintegración del cuerpo después de la muerte. Esto se puede practicar imaginativamente o con la ayuda de imágenes. Uno obtiene una imagen mental clara de un cuerpo en descomposición en nueve etapas y luego aplica el proceso de descomposición al propio cuerpo, reflexionando: “Este cuerpo también está sujeto al mismo destino. También debe descomponerse eventualmente”.

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El siguiente fundamento de la atención plena es la contemplación de los sentimientos (vedananupassana). El sentimiento es de especial importancia como objeto de contemplación porque sirve como abono para las corrupciones latentes. El vínculo entre los sentimientos y las impurezas, sin embargo, no es inevitable, pero puede romperse trayendo los sentimientos que surgen al ámbito de la atención plena. En las primeras etapas de la contemplación de los sentimientos, uno simplemente observa las distintas cualidades de los sentimientos como placenteros, dolorosos o neutrales. Uno ve el sentimiento como un evento mental despojado de todas las referencias subjetivas, todos los indicadores de un “yo” que experimenta el sentimiento. A medida que avanza la práctica, se distingue si el sentimiento es mundano, con tendencia al apego, o espiritual, con tendencia al desapego. Con el tiempo, el foco de atención cambia el tono de los sentimientos al proceso de sentir en sí mismo, que se revela como un flujo incesante de sentimientos que surgen y se disuelven, uno tras otro sin pausa.

El tercer fundamento de la atención plena es la contemplación de la mente (cittanupassana), que en realidad significa la observación de los estados mentales. A efectos prácticos, es suficiente al principio centrarse en los primeros seis estados, observando si la mente está asociada con alguna de las tres raíces malsanas o si está libre de ellas. Cuando un estado mental particular está presente, se nota simplemente como un estado mental, no identificado como “yo” o “mío”. Ya sea un estado puro o un estado corrupto, un estado elevado o un estado bajo, no debe haber júbilo ni abatimiento, solo una clara identificación del estado, sin apegarse a los deseados ni resentirse con los no deseados.

El fundamento final de la atención plena es la contemplación de los dhammas (dhammanupassana). Aquí la palabra “dhammas” se refiere a grupos de fenómenos organizados de manera que reflejan el objetivo de las enseñanzas del Buda. Los cinco obstáculos constituyen los obstáculos para la realización, mientras que los siete factores de la iluminación son las cualidades que conducen a la realización. Los cinco obstáculos son el deseo sensual, la mala voluntad, el embotamiento y la somnolencia, la inquietud y la preocupación y la duda. Cada vez que surja uno de los obstáculos, se debe notar su presencia, y cuando se desvanece, se debe tomar nota de su desaparición. Para asegurar que los obstáculos se mantengan bajo control, el sutta introduce un elemento de comprensión. Cuando los obstáculos desaparecen, procedemos a investigar el campo de la experiencia. Esto puede llevarse a cabo a través de cualquiera de los dos objetos complementarios de contemplación. Uno son los cinco agregados, el dominio objetivo del apego: forma material, sentimiento, percepción, actividades volitivas y conciencia. La otra son las seis bases sensoriales, dispuestas en pares de facultad sensorial y objeto: el ojo y las formas visibles, el oído y los sonidos, la nariz y los olores, la lengua y los gustos, el cuerpo y los objetos táctiles, y la mente y los objetos mentales. Estos deben ser notados directamente, junto con cualquier apego o aversión que surja a través del encuentro de la facultad sensorial con el objeto. Los dos esquemas organizan la experiencia desde diferentes ángulos. Las seis bases de los sentidos dan prioridad al dominio de la cognición, la esfera sensorial en la que se desarrolla la experiencia. A medida que avanza el proceso de contemplación, pone en juego los siete factores de la iluminación: la atención plena, la investigación de los fenómenos, la energía, el éxtasis, la tranquilidad, la concentración y la ecuanimidad. Los siete factores se desarrollan en secuencia. La atención plena inicia el proceso contemplativo. La atención plena estable da lugar a la investigación, la cualidad de sondeo de la inteligencia. La investigación provoca energía, la energía genera éxtasis, el éxtasis conduce a la tranquilidad, la tranquilidad a la concentración y la concentración a la ecuanimidad. Finalmente, cuando los siete factores de la iluminación alcanzan la madurez, florecen en la realización directa de las cuatro nobles verdades: las verdades del sufrimiento, su origen, su cesación y el camino. Es esta realización, la penetración de las cuatro verdades, lo que arranca permanentemente las impurezas y trae la extinción del sufrimiento.

El venerable Bhikkhu Bodhi es un monje budista estadounidense, presidente de la Asociación Budista de los Estados Unidos y fundador y presidente de Buddhist Global Relief, así como ex editor y presidente de la Sociedad de Publicaciones Budistas en Kandy, Sri Lanka. Una de las especialidades del budismo es la noción de que el mundo que nos rodea es inseparable de nosotros mismos. Así hacemos lo bueno a los otros seres e al ambiente, estamos cuidando de nuestro propio bien. Si causamos mal a los otros e al ambiente, estamos causando mal a nosotros mismos. El concepto de interdependencia budista también sostiene que nosotros - y todo lo que nos rodea - no tiene la solidez que consideramos posuir. Cada mandala surge inseparable de un tipo correspondiente de inteligencia viva y activa. Estas inteligencias son trascendentes, no personales, no corruptibles y libres de tiempo. Continuamente disponibles, pueden ser reconocidas y accesibles sin esfuerzo ni lucha en cualquier momento. Todos los seres desean la felicidad y la protección contra el sufrimiento. Nuestros padres nos enseñan habilidades para acercarnos a la felicidad y protegernos a nosotros mismos. El budismo nos enseña la capacidad de reconocer mundos puros e inteligencias puras, de manera que, instalados en la experiencia de estos ambientes puros, las acciones positivas sean naturalmente realizadas, sin esfuerzo y sin contradicción. Cuando nos insertamos en un mandala de sabiduría, adquirimos las condiciones para realmente hacer lo que es mejor para nosotros, para los otros, para la humanidad y para el medio ambiente. Somos capaces de vivir el amor y la compasión con alegría y ecuanimidad, sin dejarnos abatir por las dificultades que aparezcan. El mundo a nuestro alrededor continúa siendo el mismo, pero cambiamos nuestra mirada, y esto cambia todo. Cuanto más puro y más extenso es el mandala, mayor es nuestra libertad y nuestra capacidad de generar el bien. La noción de mandala viene de la comprensión de que construimos las realidades que nos circundan, y que cuando construimos las realidad nos construimos junto con ellas. Al construir mundos favorables y manifestaciones de sabiduría, nuestra acción positiva se torna natural, desobstruida, compasiva y amorosa. A partir de esto, el camino espiritual focalizado en el control de las acciones de cuerpo, habla y mente es sustituido por la comprensión que debemos observar y dirigir la forma en que nos hemos construido junto con los mundos. Si construimos el mundo a partir de la ignorancia, los impulsos de cuerpo, habla y mente surgirán de esta visión de mundo equivocada que hemos desarrollado. Podemos oír las palabras de los maestros espirituales e intentar seguir sus consejos sobre cómo usar el cuerpo, el habla y la mente, pero todo va a parecer muy artificial. Esto es así porque la sabiduría natural que estaremos utilizando va a brotar de la comprensión que tenemos del mundo. Aun sabiendo que los maestros están en lo correcto, si no desarrollamos la visión de los maestros, nuestra acción será contradictoria y no veremos una solución, nunca tendremos descanso, estaremos siempre en conflicto interno, nunca tendremos un comportamiento no-represivo. El aspecto del esfuerzo es dramático. De tanto esforzarnos, un día nos cansamos, y cuando llegamos a ese punto, la caída es rápida y decimos: “Desisto. Si la espiritualidad fuese natural, yo andaría de forma naturalmente lúcida y válida. Sin embargo, todo esto me parece artificial.” Parece artificial, porque necesitamos un esfuerzo constante, nunca encontramos un punto de equilibrio, necesitamos recordar constantemente lo que hemos oído.

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El camino de tratar de alterar el comportamiento puede ser muy doloroso, muy lento y, sobre todo, con resultados inciertos. Si la persona altera el comportamiento, sin alterar la visión, es cierto que más adelante caerá de nuevo. El aspecto cíclico es un proceso natural de la vida, a través de altibajos. Sólo desde los mandalas de sabiduría tendremos efectivamente la visión que permite la acción sin esfuerzo. La visión surge sin esfuerzo, porque dentro de un mandala de sabiduría, no luchamos contra nosotros mismos, sino que vemos y actuamos naturalmente. Al comenzar por el entrenamiento y por un encuadre de reglas, compromisos y acciones surgen la represión interna y disciplina externa. El conflicto se hace inevitable, y el esfuerzo será incesante, desgastador. Tenemos acciones coherentes con nuestra visión. Pude ver niños que aprenden a tocar el violín en instituciones para menores infractores. Aprender música es maravilloso. Pero cuando los niños salen de la institución, el violín se les torna inútil. Muy a menudo ellos retoman la visión que los llevó a la práctica las acciones que los condujo a la institución. Incluso tocando violín, las visiones que tienen del mundo, de la familia y del barrio no cambiaron. Por lo tanto, es esencial generar una visión de mundo para que las acciones surjan de forma natural, sin esfuerzo y sin contradicciones. Somos inseparables de los mandalas en que vivimos. Es posible que ni siquiera sepamos en qué mandala vivimos, pero todos vivimos dentro de un mandala. Aunque todos estamos en el mismo lugar, en cierto modo no lo estamos. Cada uno ve su experiencia de una cierta manera. En el budismo, se clasifica la experiencia de la realidad en seis reinos - reino de los dioses, semidioses, humanos, animales, seres hambrientos y seres de los infiernos. En apariencia, todos cohabitan las mismas regiones. ¿Y dónde viven los budas que andan por el mundo? Viven en tatagatagarba, el mandala de los tatagatas. Tatagatas son los budas que andan en el mundo. El tatagata camina por los mismos lugares que los seres de los seis reinos, pero ve lo que los demás no logran ver: la natural perfección de todo. Los tatagatas tienen una visión pura del mundo. Esta es la experiencia del tatagatagarba. Y esta es la diferencia entre cualquier ser de los seis reinos y un buda. Los budas son aquellos que entran en el mandala de la lucidez. Y, en el Mandala de la Perfección de la Sabiduría, de la lucidez, los budas ven todos los seres con la naturaleza de buda, con la naturaleza libre. Cuando los budas ven de esta manera, es como si todos los seres estuviesen en el mundo de la perfección, manifestando las cualidades de la naturaleza última. ¡Y están! Cuando los budas entran en el tatagatagarba, no entran individualmente; ellos y todos los seres entran en el mismo instante. Para entrar en el tatagatagarba, los budas necesitan reconocer que todos los seres tienen la naturaleza de buda. Esta es una experiencia maravillosa, extraordinaria. Cuando un buda alcanza la iluminación, desarrolla la visión pura que permite que todos los seres sean vistos como budas al mismo tiempo. Si alguien afirmase que alcanzó la iluminación, pero dejó seres del lado de afuera porque no podían o no merecían entrar, algo está mal. Los budas miran todo a partir del Mandala de la Perfección de la Sabiduría, de donde reconocen a todos los seres viviendo más allá de la vida y la muerte. Cuando no tenemos una visión amplia, cuando nuestra visión es parcial, creemos que sólo algunos tienen la naturaleza de buda, que apenas algunos son budas. Esto es una falla de nuestra visión, una limitación. Si la visión se ampliase un poco más, veremos que los otros seres serán incluidos en la lista. Cuanto más amplia fuese nuestra visión, mayor será nuestra lista. La inclusión es, por lo tanto, es la referencia que demarca nuestro progreso. En el momento en que incluimos al otro, él está con nosotros en el mandala. Si alguien estuviese afuera, es porque nosotros todavía tampoco entramos. Así, vemos que la imposibilidad del otro de estar en el mandala es, en la práctica, nuestra propia exclusión. Nuestra exclusión y la exclusión del otro son la misma cosa. Al creer que ciertas personas están dentro del mandala y otras no, estamos dando preferencia a alguien. Dar preferencia es excluir. Exclusión y preferencia son la misma cosa. La imposibilidad de ver la naturaleza de buda en el otro es la imposibilidad de manifestar las cualidades de un buda. Al contemplar nuestras dificultades, es importante tener paciencia. No podemos cobrarnos más de lo que podemos ofrecer - este es un recordatorio de que debemos tener mucho cuidado. Tenemos dificultades. Liberamos las fijaciones cuando superamos el mandala particular por la experiencia de la libertad más amplia de construir otros mandalas. Tomemos como ejemplo una persona que hincha por un cuadro de fútbol. Aún no reconociéndolo, esta persona no está presa por el cuadro. Por más que esté involucrada en el proceso, tiene la libertad de hinchar por otro cuadro, o por todos al mismo tiempo. No nos liberamos porque nos volvemos en contra de lo que hacíamos, sino porque miramos desde una posición más amplia y reconocemos que tenemos libertad de acción.

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