Anima, onde cerebrali e pesci. Di notte pian piano i sensi si ovattano. Sprofondiamo nel nostro letto abbandonandoci al mondo onirico e il cervello, come l’acqua, s’increspa di onde. In questo oceano primordiale lo scontrarsi dei flutti dà origine lentamente a ombre, luci, suoni, sensazioni, fino al coagularsi di immagini guizzanti che appaiono, scompaiono e a volte persistono tenaci fino all’alba.
Per vedere quanto l’Anima ami vestirsi di metafore liquide basta osservare quante storie e leggende vengono narrate su ciò che c’è dall’altra parte lo specchio d’acqua. Mostri preistorici, capodogli albini e calamari giganti ne sono solo la superficie letteraria. E non è impresa facile venirne a capo perché l’Anima resiste all’esplorazione tanto quanto gli oceani. Il linguaggio dell’acqua è ricco e particolarmente adatto alla rêverie metaforica.
Para diferenciar los imaginarios del pez y del agua no quisiera dirigirme a grandes mitos o grandes leyendas porque todos experimentamos el ser inmersos en una sustancia tal como un pez. Quizá Jung tenía en mente esta pisciforme metafora originaria cuando afirmaba que somos nosotros los que estamos en la psique. Y Hillman, que hace de la visión en transparencia el método de la Psicología Arquetípica, sugiere constantemente ver y distinguir la sustancia en la que estamos inmersos. El pez, pues, lleva consigo la idea de estar sumergidos en el Alma y de que ésta tenga una cierta consistencia.
Lo scrittore americano Foster Wallace ci racconta una breve storia che ci è d’aiuto per comprendere la difficoltà che abbiamo di riconoscere quanto siamo circondati da liquidi trasparenti: “Ci sono due giovani pesci che nuotano uno vicino all’altro e incontrano un pesce anziano che va nella direzione opposta, fa un cenno di saluto e poi dice “Buongiorno ragazzi. Com’è l’acqua?” I due giovani pesci continuano a nuotare per un po’, e poi uno dei due guarda l’altro e gli chiede “Ma cosa diavolo è l’acqua?”
Anima y agua. Cuando una imagen onírica se humedece, significa que está iniciando el proceso de disolución y comienza a volverse más psíquizada, en el sentido de Bachelard, para transformarse en alma, porque el agua es el elemento precipuo de la rêverie, el elemento de las imágenes reflexivas y de su flujo incesante, inalcanzable. (J., Hillman, Il sogno e il mondo infero, Adelphi, Milano, 2003, p.189)
Sappiamo che l’acqua penetra la terra, la feconda e ne rinasce in forma di sorgente. Esta capacidad de humedecer remanda a la facultad que las metáforas acuáticas tienen de disolver las fijaciones, ablandar lo que está endurecido y revivir de vida aquello que está muerto. Se eran conscientes también los alquimistas que a propósito hablaban de la operación alquímica de la solutio. Far penetrar el agua en lo que es fijo le restituisce la fluidez del movimiento, anima el cuerpo muerto.
Una altra qualità dell’acqua è la sua capacità di riflettere la luce. Da questa prospettiva agua e Luna sono affini poiché entrambe riflettono la luce del Sole e gli oggetti sotto il suo fulgido dominio. L’umidità y la capacidad de absorción corrompen aquello que es neto y deslumbrante y le quitanza su fuerza cegadora. En virtud de tal imperfección el agua dona lentitud, inercia, profundidad, y obnubila lo que brilla en la luz.
El agua (ri)fraziona, hace en partes, rompe la luz directa y posibilita la reflexión del análisis. Freud, que imaginaba la Psique también según metáforas hidráulicas, veía en el trabajo onírico un bricoleur ocupado que constantemente desarma y vuelve a armar las memorias del día. Un trabajo creativo, lunar, nocturno. ¡Cuidado con entender las vicisitudes oníricas como si fueran diurnas! Son reflejos deformados, dice el psicoanalista. “Son solo sombras” dice Hermes a Hércules descendido a los Infiernos. Así el Alma, como un majestuoso pez, licua en su vientre acuoso las fijaciones diurnas, las despieza, y creativa y profunda como el mar da origen a las criaturas más fantásticas: los peces.
Los peces y la esencia del agua. Hemos tejido las loas de las propiedades del agua, pero no olvidemos que Heráclito, un admirador del fuego, decía que “es muerte para las almas convertirse en agua”. En esta afirmación honda resuenan ecos de Jung que asociaba el surgimiento de la psicosis al desbordamiento total. Un agua que horriblemente recuperaba la tierra conquistada por la conciencia con el fuego del conocimiento. De manera humilde absorbemos, a modo de esponja, los avisos de Jung y de Heráclito que nos llaman a coagular todo este líquido y formular la siguiente pregunta: “pero del agua que no tiene forma, color y olor, ¿cuál es su esencia?”
Cuando hablamos de la esencia, imaginamos algo que podemos asir: un centro, una idea clave, un perno sólido sobre el que apoyar la proverbial palanca. La idea de esencia remite a la roca clásica que solo ofrece certezas en medio de un mar que no ofrece anclajes. Si intentáramos tomar el agua, nos mojaríamos las manos, pero los peces, sus criaturas, son menos impersonales que un elemento eterno y en su finitud pueden ser agarrados. Desde los albores de los tiempos el hombre rastrilla las aguas con el fin de pescar. Pero debe ser una empresa ardua hallar un pez sólido en un mar de líquido. Las redes de pesca hieren el agua, la arrastran y la mortifican. Lo llamamos pescar, pero recuerda que se parece a la zangolatura de la ricotta o de la mantequilla, cuyo fin es separar y coagular. El pescado es lo esencial que se extrae de la masa de agua, un cuerpo de vitalidad que guía el movimiento. ¿Es por esto que miramos a la pesca como mortificación del mar, porque extrae su esencia y tememos que muera desangrado?
Comprendemos ahora que los monstruos marinos son los espíritus de sus mares respectivos, Nessie de los lagos, Scilla y Cariddi de los estrechos que presiden. Y entendemos también que la fantasía crea monstruos con aletas para atrapar lo esencial que hay en el líquido. Así, las caprichosas formas de los peces son la esencia vital y creativa del agua. El espíritu del agua lo llamamos pez.
Concluciones. Cuando el Alma expresa su creatividad a través de metáforas de agua aparece como una madre generativa que en el oscuridad de su vientre experimenta nuevas formas. El océano psíquico es el lugar de la creación de la vida y de nuevos estilos de conciencia. “Ojos luminosos de pez” decía Jung para indicar otras conciencias. El lenguaje cotidiano a menudo no rinde justicia a las formas refinadas de la fauna ictícola. Peces como tiburón, pez gato, pez globo, pez luna, pez guitarra, pez martillo, pez piloto, pez espada, pez violín son solo algunos de los nombres terrestres que hemos prestado al mundo sumergido. Parece que al añadir el prefijo pez se libera la palabra de su objeto concreto y la convierte en imagen gurrizante. Bajo la superficie del agua, a los objetos cotidianos que son capturados, el mar les pone aletas y con su fantasía perversa los transforma en formas fluidas de conciencia.
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Tabla: ideas clave sobre pez, agua y psique
| Concepto | Sentido psicoespiritual | Referencias temáticas |
|---|---|---|
| Pez | Simboliza inmersión, esencia y creatividad del agua | metáforas acuáticas, alma, imaginería onírica |
| Agua | Medio de disolución, fluidez, renovación | rêverie, solutio alquímica |
| Esencia | Centro sólido en medio de la incertidumbre del mar | Heráclito, Jung, Hillman |
La pesca como metáfora de extraer la vitalidad del agua sugiere que la creatividad onírica toma lo que parece líquido y lo coagulamos en formas de conciencia. Así, las imágenes que emergen durante el sueño no son meras sombras, sino expresiones del dinamismo psíquico que habita bajo la superficie.
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