Cuando una persona nace de nuevo, ésta recibe el Espíritu Santo, el cual sella al creyente para el día de la redención (Efesios 1:13; 4:30). Jesús prometió que el Espíritu Santo nos guiaría “a toda la verdad” (Juan 16:13). Parte de la verdad a la que el Espíritu nos guía, es a tomar las cosas de Dios y aplicarlas en nuestras vidas. Cuando se hace esta aplicación, el creyente entonces toma la decisión de permitir que el Espíritu Santo lo controle. La verdadera espiritualidad cristiana se basa en la medida en que el creyente nacido de nuevo, permita al Espíritu Santo dirigir y controlar su vida.
El apóstol Pablo dice que los creyentes deben ser “llenos” del Espíritu Santo. “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18). La oración en este pasaje es continua, y por lo tanto significa “mantenerse lleno del Espíritu”. El ser llenos del Espíritu, es simplemente permitir que el Espíritu Santo nos controle, en vez de entregarnos a los deseos de nuestra propia naturaleza carnal. En el pasaje anterior, se hace esta comparación. Cuando alguien es controlado por el vino, se embriaga y manifiesta ciertas características, tales como un hablar incoherente, un caminar vacilante, e imposibilidad para tomar decisiones.
Así como puedes decir cuando una persona está ebria por las características que exhibe, así un creyente nacido de nuevo que es controlado por el Espíritu Santo, también mostrará Sus características. Encontramos estas características en Gálatas 5:22-23, donde se les llama “el fruto del Espíritu”. Esta es la verdadera espiritualidad cristiana, producida por la obra del Espíritu en y a través del creyente. Este carácter no se produce por esfuerzo propio. Un creyente nacido de nuevo que es controlado por el Espíritu Santo, manifestará un hablar correcto, un caminar espiritual consistente, y la toma de decisiones basadas en la Palabra de Dios.
Por lo tanto, la espiritualidad cristiana implica una elección que hacemos para “conocer y crecer” en nuestra relación cotidiana con el Señor Jesucristo, sometiéndonos al ministerio del Espíritu Santo en nuestras vidas. Esto significa que, como creyentes, debemos tomar la decisión de mantener clara nuestra comunicación con el Espíritu, a través de la confesión (1 Juan 1:9). Cuando contristamos al Espíritu por el pecado (Efesios 4:30; 1 Juan 1:5-8), levantamos una barrera entre Dios y nosotros. Cuando nos sometemos al ministerio del Espíritu, nuestra relación no se interrumpe (1 Tesalonicenses 5:19).
La espiritualidad cristiana es una consciencia de la comunión con el Espíritu de Cristo que no es interrumpida por la carnalidad y el pecado. La espiritualidad cristiana se desarrolla cuando un creyente nacido de nuevo hace una consistente y continua elección de rendirse al ministerio del Espíritu Santo. Como elemento de estudio y siendo yo una persona nacida en el marco cultural cristiano, me sirve recordar cuán ignorada era la dimensión humana y rabiosa del líder de los cristianos.
Siempre escuché de la propia boca de los creyentes, como mi familia y educadores, que entraba en los templos a echar a latigazos de ahí a los comerciantes, que denunció la curia corrupta de su época, que defendió activamente al discriminado, ya sea por prostitución, pobreza o enfermedad. Bueno, pues eso llega hasta hoy claramente. Ahora resulta que en medio de ambientes como el 15M, en 2011, te miraban mal y hasta te hacían mobbing la mayoría de los propios compañeros de lucha si pronunciabas la palabra espiritualidad. ¿Se puede llegar a ser tan dogmático cuando se cree axiomáticamente en el método científico, por ejemplo? Si, lo es. Lo vemos con nuestros propios ojos por doquier. Y todos sabemos que está en el actual trasfondo interpretativo general ese supuesto antagonismo entre espiritualidad y rabia.
A nadie le resulta extraño que nuestro país, nuestro pueblo, la gente de a pie, el hombre y la mujer de la calle sienten y sentimos rabia. Rabia de los gobernantes, rabia de los que destruyen la propiedad pública en cada marcha convocada, rabia de los delincuentes, rabia de los que mueren, rabia de la Iglesia, rabia de los dirigentes del fútbol, y un largo etcétera. Esto me ha llevado a preguntarme ¿es posible pensar, reflexionar y vivir una rabia evangélica? ¿nos da pistas el Evangelio de cómo encauzar la rabia? ¿Sintió Jesús de Nazaret rabia?
Si decimos que no, estamos negando el dogma cristológico que dice que fue verdaderamente hombre, es más, que plenifica nuestra humanidad. Por ende, si le quitamos el factor psicológico “rabia” lo estamos convirtiendo en un medio - hombre o solo en un Dios. Ahora, también confesamos a Jesús como Dios. Entonces nos preguntamos ¿siente Dios rabia? Pregunta difícil y respuesta otro tanto. Les propongo por tanto ir pensando esta posibilidad de vivir y experimentar una rabia evangélica. Anteriormente nos preguntábamos si Jesús sintió rabia y decíamos que sí. Es algo que no deberíamos negar, ya que el año 381 en el llamado Primer Concilio de Constantinopla la Iglesia definió dogmáticamente, o sea a modo de verdad de fe, que Jesucristo era verdadero hombre. Antes, el 325 había definido que era verdadero Dios en el Concilio Ecuménico de Nicea.
Pero ¿qué significa que Jesucristo, el Hijo de Dios, es verdaderamente humano? Significa que él conoció, sufrió, ignoró muchas cosas, que padeció y que murió como cualquiera de nosotros y nosotras. Considerar a Jesucristo como verdadero hombre puede parecer una obviedad, pero resulta que no es así. Es más, muchos creyentes tienen temor a hablar de la humanidad de Dios en Jesús ya que la ven como signo de debilidad. Pero si no consideramos su humanidad estamos a su vez negando una de las principales afirmaciones de nuestra salvación: “lo que no es asumido no es redimido”, es decir, para que podamos ser salvados fue necesario que Dios en Jesús asumiera toda nuestra humanidad, con excepción del pecado claro está, ya que el pecado deshumaniza, nos deshumaniza.
Es más, el Concilio Vaticano II hace 51 años dijo que el misterio del hombre (de la persona humana) se esclarece y se comprende a la luz del misterio del Verbo encarnado, del Hijo de Dios que asumió la humanidad de cada uno de nosotros en la cual consecuentemente se encuentra la rabia. Por ello no es falso sostener que Dios en Jesús asume la rabia, ya que ella es parte de nuestra psicología humana, psicología que también Él poseyó como persona histórica y humana concreta. Luego de este preludio cristológico, veremos cómo Jesús asume la rabia y la utiliza como medio de anuncio del Reino.
¿Jesús enrabiado? El teólogo peruano Eduardo Arens escribió a finales de la década de los 80 un libro titulado “La violencia y el Evangelio: ¿Cuál fue la actitud de Jesús ante la violencia?”. En su planteamiento, Arens se pregunta si la violencia fue parte del programa mesiánico de Jesús, a lo cual comenta que uno de sus rasgos característicos es que no discriminó a nadie sino que acogió a todos, sobre todo a los marginados, también que era manso y humilde, o sencillo y pacífico. También reconocemos en Él a una persona afable y amigable, alguien que perdona incluso cuando lo están asesinando.
Pensemos por ejemplo en la escena de la expulsión de los mercaderes del Templo narrada por los cuatro evangelios (Mt 21,12-13; Mc 11,15-17; Lc 19,45-46; Jn 2,14-16). ¿Por qué o contra qué o quién siente rabia Jesús que es capaz de expulsar con látigo a los vendedores del Templo? ¿Cómo se compagina esta actitud con su pacifismo?
El ataque de Jesús y su rabia no fue contra los vendedores sino contra la actividad comercial que se desarrollaba dentro de la Casa de Oración. Si el Templo era el lugar más sagrado de Israel en el cual el creyente se encontraba con Dios, a Jesús le da rabia que el lugar se hubiera convertido en un centro de comercio y una cueva de ladrones. La rabia de Jesús, su pasión por Dios y por el ser humano, son fuerzas que fundamentan incluso la esperanza. Con ello, la rabia y la esperanza resultan unidas. Si sentimos rabia por situaciones injustas es porque creemos que las cosas pueden ser distintas, porque aún mantenemos la firme convicción de que otro mundo puede ser posible.
¿Por qué nos enrabiamos? La rabia, comenta Giovanni Cucci (2012) nace de la frustración que la persona siente ante determinados deseos y necesidades esenciales, por ejemplo, las injusticias, la falta de reconocimiento, la falta de liderazgo, la poca seguridad en las calles, la sensación de temor o la sensación de que la dignidad personal es atropellada. Jesús sintió rabia por estas cosas. Jesús probablemente lo hizo sentir, diciéndolo y haciendo acciones que eran en definitiva signo del Reino presente en la vida de los seres humanos y en la historia.
Reconocer nuestra rabia y reconocer la rabia de Jesús es, a mi entender, una clave incluso para vivir una espiritualidad evangélica de la rabia. La rabia siempre es un llamado de alerta que nos hace reconocer que la cosa no anda bien. Los que sienten y sentimos rabia es porque algo nos parece injusto. Pero una cosa es la rabia bien vivida y bien canalizada y otra es la rabia destructiva y enajenante. ¿Es posible vivir y experimentar una rabia evangélica? Sí, es posible y es legítimo. Los cristianos hemos de enrabiarnos, vivir la “alegre rebeldía” como dice una amiga, porque creemos que Dios en Jesús está actuando de manera radicalmente nueva. Si los cristianos creemos que la esperanza es aquella virtud teologal que nos mueve, hemos de comprender que ella no es adormecimiento sino que es la invitación a estar despiertos de manera de discernir los signos de los tiempos.
La esperanza nos hace enrabiarnos porque evidenciamos que todas esas actitudes que nos queman por dentro son contrarias al proyecto original de Jesús. Si los creyentes experimentamos la rabia es porque ella también fue asumida por Jesús en la Encarnación, y más encima que fue dignificada, siempre y cuando ella respete al otro y lo dignifique. La humanidad de Jesús es un misterio que no acabaremos nunca de comprender. Es algo que nos sobrepasa. Él fue el mejor de los seres humanos que nunca ha existido y que nunca existirá. Su rabia como verdadero hombre que fue, nos mueve a sentir rabia evangélica, rabia inspirada en el Reino, en las bienaventuranzas.
Jesús de Nazaret y su mensaje nos brindan múltiples pistas para pensar nuestra acción en el mundo y en la historia. Aquí hemos querido reseñar algunas consideraciones a modo de pre-texto. Primero, démonos cuenta de que la ira en sí misma no es mala y no siempre es un pecado. En Gálatas 5:20 aparece en la lista de las “obras de la carne” que debemos vencer. En contraste, Gálatas 5:23 menciona el fruto espiritual de la “templanza”. Estos versículos nos dicen que enojarnos hasta el punto de pecar es algo que puede emerger naturalmente de nosotros, de modo que Satanás fomenta esta equivocada tendencia a pecar incluso más allá de lo impreso en nuestra naturaleza humana.
Sin embargo, también nos dice que podemos controlar la ira con la ayuda del Espíritu Santo. Dios no nos dice que debamos tratar de suprimir completamente el enojo. De hecho, la Biblia nos muestra que este intenso estado emocional podría motivarnos a llevar a cabo acciones apropiadas. Dios promete perdonar a aquellos que se arrepientan y confiesen sus pecados para retomar una vida de obediencia. La mayoría de la gente se detiene de obrar pecaminosamente hasta que sienten pesar y se sienten atrapados en el pecado; pero eso no es detenerse. Tenemos que ejercitar el detenernos mientras estamos haciendo algo equivocado y esforzarnos por hacer lo correcto en su lugar.
Vivir el camino del cristianismo requiere esfuerzo. Tristemente, muchos maestros y guías religiosos aconsejan que lo que uno debe hacer es pedir perdón una vez consumado el pecado. Sin embargo, debemos entender que hemos cometido una falta, y que Dios nos llama a la rectitud. Mientras muchos asumen que saben estas cosas, lo cierto es que ¡la mayoría no las sabe! ¿Qué ocurre cuando nos arrepentimos de una explosión de ira y pedimos perdón? Debido a que todavía vivimos en este presente mundo malo y tenemos una naturaleza humana, pecamos de nuevo. El apóstol Pablo habla con candidez de su lucha constante contra la naturaleza humana en Romanos 7:14-25.
Mucha gente no se da cuenta de que el perdón de Dios no remueve nuestra naturaleza humana y que esa influencia negativa (nuestra naturaleza humana) está también en todas las personas que cometen pecado y pierden el control de su temperamento. Con la fuerza que nos da el Espíritu de Dios para luchar contra los impulsos negativos, podemos desarrollar un carácter santo. Como una analogía, oponer una resistencia es la única forma de fortalecer los músculos. Si no les oponemos una resistencia, estos se atrofian y se debilitan. El espíritu humano es similar, la lucha por hacer lo correcto fortalece nuestro carácter. Y una persona que no lucha será débil. Además, en este caso siendo una batalla espiritual, el llegar a manejar la ira nos motivará a buscar aún más la ayuda de Dios. Esto es valioso para adquirir independencia.
Jesucristo nos dice claramente que el campo de batalla en el que ganamos o perdemos ante las tentaciones es en nuestros pensamientos. Francamente, debido a la profunda desinformación del cristianismo moderno, muchos de los que se identifican como cristianos nunca han recibido el beneficio del perdón ni ayuda espiritual. Piensan que son convertidos, cuando no lo son. Han sido engañados por falsos maestros, creyendo que todo lo que necesitan es rendir sus vidas a Cristo, esperando que él simplemente se haga cargo. Pongamos a consideración si tenemos el Espíritu de Dios en la forma que él lo promete a los cristianos.
La rabia y la humanidad de Jesús en la encarnación
1. SUMARIO: I. espiritualidad: 1. Demanda de espiritualidad; 2. Necesidad de una respuesta; 3. Identidad y espiritualidad. II. cristiana: 1. La identidad cristiana y su espiritualidad; 2. en la identidad cristiana y su espiritualidad; 3. identidad cristiana y su espiritualidad; 4. El compromiso por el hermano; 5. I. profunda realidad. respuesta religioso-espiritual. no la valora? si duda de ella? oferta de espiritualidad a los demás cuando se la valore. espiritualidad. ¿Existe esta necesidad? ¿De qué necesidad se trata? 1. DEMANDA DE ESPIRITUALIDAD. una regresión, sino que va en aumento, tiene algo que decirnos. espiritualidad1. 2. NECESIDAD DE UNA RESPUESTA. orientación que se da actualmente a la demanda de espiritualidad. rapidez y con fuerza, buscando iluminar y reconducir a la misma espiritualidad. los distintos objetivos particulares a los que se sirve2. hace un mal servicio. búsqueda de lo esencial de la misma. propia identidad. ética de la existencia»3. 3. IDENTIDAD Y ESPIRITUALIDAD. nuevo e importante paso. precisarse. un valor religioso que le sobreviene a la persona, a la propia identidad. la elección del sujeto. que se integra la persona es el de la identidad de la persona humana. identidad. socio-cultural concreto y dentro de su momento bio-psíquico personal. la identidad completa, con la que la espiritualidad debe contar. al hombre. quien ha asumido todo su ser de persona. espiritualidad no ha asumido plenamente su ser de persona. y la antropología no van por separado, son una misma realidad. plantearse la primera al margen de la segunda. II. paso cualificado. su espiritualidad. 1. LA IDENTIDAD CRISTIANA Y SU ESPIRITUALIDAD. teologal, como nos lo presenta A. M. estructura de toda la persona. comportamientos, relaciones queda fuera de la espiritualidad. b) Esta estructuración se hace desde la vida teologal. con su realidad teologal de ser hijo y hermano en Cristo. que es ser cristiano. revés. 2. LA «VIDA EN CRISTO» EN LA IDENTIDAD CRISTIANA Y SU ESPIRITUALIDAD. identidad cristiana. expresión muy utilizada por san Pablo (1Cor 1,30; Rom 8,1; 2Cor 5,17; Gál 3,28). 5,17). Hijo (filiación). filiación. filiación. mismo de Cristo como Hijo encarnado del Padre. personal con el Padre de Cristo y con el Espíritu de Cristo»8. mundo (Mt 12,8; 15,1-20). creyente, y la máxima plenitud a la que el hombre puede aspirar»9. marginarla: seguirá ocupando el lugar central en la vida cristiana. sacerdotal. largo de todo el proceso de la vida cristiana, también en su comienzo. nuestras actitudes y nuestros comportamientos, sino el ser en Cristo. 3. LA «VIDA EN LA IGLESIA» EN LA IDENTIDAD CRISTIANA Y SU ESPIRITUALIDAD. del «ser en la Iglesia» del cristiano. referencia a la Iglesia. espiritualidad10. su pertenencia a la Iglesia. Padre» (AG 2). evangelizadora, es simultáneamente misterio de comunión y misterio de misión12. Y este es el cristiano, que lo que es, lo es en la Iglesia. que está necesitado. Cristo e instrumento de Cristo para obrar la salvación. que la Iglesia es sacramento universal de salvación (LG 48). La conclusión a la que se llega resulta evidente. es constitutiva del ser cristiano y, consecuentemente, de su espiritualidad. 4. EL COMPROMISO POR EL HERMANO. el camino a lo trascendente. debe ser contemplada necesariamente en toda espiritualidad. propias fronteras; está impulsado hacia los otros y a la actuación en el mundo13. Por tanto, esta dimensión tampoco puede faltar en la espiritualidad cristiana. porque es de la identidad del ser cristiano. favor de todos los hombres. Cristo14. en el Hijo es donde debe entenderse el amor cristiano. amor de hijos y hermanos en Jesús; no tiene otro planteamiento. cristiano por el hermano le es connatural a su ser y vivir en Cristo. fundamental de la misión es el ser y vivir en Cristo, en la Iglesia. el Padre me envió a mí, así también os envío yo a vosotros» (Jn 20,21). la espiritualidad cristiana. en la sacerdotal. 5. LA VIDA CRISTIANA. perspectivas: desde la teología, la sociología y la psicología. el dinamismo de la espiritualidad cristiana16. 1,9; Un 4,9; Rom 6,8; 2Tim 2,11). hermano. después de la muerte. cristiana es integral. queda bajo su influjo. la participación de la pascua. crecimiento de la vida cristiana. dimensiones de la vida cristiana están acompañadas y dirigidas por el Espíritu. 8,11). La vida cristiana se vive en el Espíritu. (LG 39-42).
NOTAS: 1. una amplísima bibliografía sobre el tema. Cf S. BAC, Madrid 1994, 24-28. 2 Cf L. actuales, Delta, Cuadernos de orientación familiar 115 (1987) 7-24; C. GARCÍA-J. Madrid 1987, 143-152. 3 H. U. (1965) 7-8. 4. Cf J. 2 (1989) 325. 5. V. E. FRANKL, Ante el vacío existencial. humanización de la psicoterapia, Herder, Barcelona 19906, 41. 6 X. 327; 7. A. M. contemporánea, Concilium 9 (1965) 27. 8. J. antropología, Cristiandad, Madrid 1973, 101. 9 L. F. Introducción a la antropología teológica, Verbo Divino, Estella 1993, 150. Entre la abundante bibliografía cf A. ANTÓN, El misterio de la Iglesia. R. B. FORTE, La Iglesia, icono de la Trinidad. Salamanca 1992; ChL; N. SILANES, Iglesia de la Trinidad, en X. PIKAZA-N. SILANES (dirs.), Diccionario teológico. Trinitario, Salamanca 1992, 664-676. 11. PdV 59. 12 Cf R. L'Eglise, París 1984, 35. 13 Cf H. U. 11-12. 14 R. Testamento II, Herder, Barcelona 1990, 202-213. 15 RMi. 16 Cf A. QUERALT, Aspetti pneumatologici della spiritualitá II. BIBL.: ARZUBIALDE S. G., Theologia spiritualis. 1989; BERNARD C. espiritual. 1994; CAPDEVILA V. M., Liberación y divinización del hombre, 2 vols. Secretariado Trinitario, Salamanca 1984; DE FIOREs S.-GOFFI T. presencia de Dios. Sal Terrae, Santander 1987; Ruiz DE LA PEÑA J. L., El don de Dios. F., Caminos del Espíritu. En el verano, cuando estaba en la universidad, trabajé en un hospital en las afueras de Pittsburgh y después del trabajo todos los días conducía hasta el centro de Pittsburgh para recoger a mi madre del trabajo y llevarla a casa. El tráfico siempre estaba congestionado al salir de la ciudad, cruzábamos el puente, era el puente la libertad y entrar en estos túneles que van por debajo del monte Washington, conocidos como los Liberty Tubes; túneles de carril estrecho. Pasas por los túneles y después de salir de los túneles, la pista se ensancha en seis carriles y si sales del túnel por el carril izquierdo del túnel, tienes que girar a la izquierda y si sales del túnel por el carril derecho del túnel, ya no puedes girar a la izquierda. Por alguna razón, ese día en particular, me quedé atascado en el carril derecho del túnel, atravesé el túnel, llegué al otro extremo y vi que el semáforo estaba en verde, como a unos cien metros delante de mí, así que me lancé al carril izquierdo, lo que se suponía que no debía hacer y justo cuando llegué al semáforo, se puso en rojo y tuve que parar. Miré por mi espejo retrovisor y vi a un policía que estaba parado al final del túnel. Era de los que andan en motocicleta...

El primer versículo que me vino a la mente fue: «La respuesta suave aparta el furor». Se me ocurrió la respuesta más suave y gentil que jamás pude dar y le dije, “lo siento mucho oficial. No debía haber hecho lo que hice”. Él no esperaba eso. Empezó a balbucear y finalmente me miró con disgusto y dijo: «Oh, está bien. No lo vuelvas a hacer», se dio la vuelta y se alejó. Todos experimentamos las consecuencias y los efectos de la ira humana. Todos nos hemos enojado en ocasiones en nuestras propias vidas y ha habido personas que estaban enojadas con nosotros. Y el enojo como fuerza o como poder es una de las fuerzas más destructivas que se puede desatar entre los seres humanos y es una emoción, una postura, una actitud que es tan poderosa y tan real y tan penetrante en nuestra cultura que pensarías que tendríamos un mejor manejo de nuestra comprensión de ella.
Sin embargo, pareciera como si no comprendiéramos mucho sobre la ira. Me gustaría dirigir tu atención por un momento al Nuevo Testamento, al cuarto capítulo de la carta de Pablo a los Efesios. Comenzando con el versículo 25. Efesios 4:25. El apóstol escribe estas palabras: «Por tanto, dejando a un lado la falsedad, hablad verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis oportunidad al diablo”.
La declaración de apertura que da con respecto a la ira es esta: «Airaos». Si hubiera leído este pasaje y hubiera dicho, ¿sabías que la Biblia te dice que te enojes? Creo que no me habrías creído, pero aquí el apóstol en realidad dice de manera imperativa positiva: «Airaos». ¿Qué está diciendo aquí? Realmente no es una orden judicial que dice que debemos caracterizarnos como personas enojadas. Ese no es el punto de esto, pero de lo que se está dando cuenta y reconociendo es que inherente e intrínsecamente, la ira no es un pecado. La ira en sí misma no es un pecado. Uno, que Dios es malo y dos, que Cristo fue un pecador porque sabemos que es parte del carácter de Dios que Él exprese su ira. Vemos ocasiones en el Nuevo Testamento, particularmente en el episodio de Cristo limpiando el templo, donde Él hizo un látigo con cuerdas, entró, volcó las mesas, expulsó a los cambistas del templo y Cristo estaba enojado. Estaba visiblemente enojado con lo que estaba pasando allí. Cada vez que Dios está enojado, es un tipo de ira justa y cada vez que Cristo manifestó ira, era una manifestación de indignación justa o ira justa, pero nuestros episodios de ira no siempre son tan justos.
Jesus Saca a los Comerciantes del Templo (Español)
A veces nos enojamos sin una causa justa, contra lo cual Jesús advirtió nuevamente en el sermón del monte. Una vez más, Pablo está diciendo aquí, “airaos”. Cuando perdemos el control, perdemos los estribos. ¿Qué significa perder los estribos? Ser mesurado es ser moderado, ser sobrio, mantenernos a nosotros mismos en un estado de autocontrol, y la ira puede causar la pérdida del autocontrol y provocar que nos comportemos de formas destructivas y dañinas para nosotros y para otras personas. Pablo dice, “airaos”, pero no lo deja así. Dice que te enojes, pero no peques. En la sabiduría del apóstol, él entendió que la ira se convierte en una ocasión para todo tipo de maldades. Ahora, esa es una metáfora, por supuesto. ¿Qué está diciendo el apóstol cuando dice que no dejes que el sol se ponga sobre tu enojo?
La ira, como dije, en sí misma puede ser una emoción legítima y justa, pero muy fácilmente puede convertirse en esas emociones que son completamente destructivas. Por ejemplo, amargura, resentimiento, albergar rencores. Todas estas cosas surgen de una ira que nunca se ha tratado, donde el sol se pone sobre ella. El sol se pone sobre esa ira y la llevamos al día siguiente y a la semana siguiente, o quizás a toda nuestra vida. Muchos de nosotros vamos por este mundo colmados de una ira que en realidad nunca ha sido tratada. Has oído hablar de muchachos que son jóvenes enojados o personas que parecen tener un temperamento explosivo. Caminar por sus vidas es como caminar por un campo minado.
Son tan temperamentales. En primer lugar, nunca lidiaron con la ira. El sol se puso sobre esa ira y esa ira, luego comenzó a carcomer sus entrañas para convertirse en amargura y resentimiento y producir una actitud de rencor y hostilidad. Eso sucede, todos lo hemos experimentado y todos hemos conocido a personas que parecían estar perpetuamente enojadas por esto o lo otro. Incapaces, casi de sonreír. A veces vemos esto en el mundo criminal; una hostilidad increíble. Se conoce el caso en Estados Unidos donde un hombre fue condenado en Texas por torturar a muerte a un hombre negro, a quien ató a la parte trasera de su camioneta y condujo durante 5 km mientras este hombre estaba vivo hasta que murió. No hubo remordimiento. En cambio, solo veneno amargo salió de la boca del asesino convicto mientras lo llevaban esposado a la puerta de la prisión. El poder de la ira puede derribar naciones. Crear guerras. Arruinar familias. Destruye matrimonios. Es muy importante que el cristiano comprenda la naturaleza de la ira y cómo lidiar con ella.

Una de las cosas principales es no permitir que el sol se ponga sobre tu enojo. Mi esposa y yo hemos estado casados, ahora casi por 40 años y me gustaría poder decirle al mundo que nunca hemos tenido una palabra de desacuerdo entre nosotros en ese tiempo, pero eso sería una mentira. De hecho, no hay nadie en este mundo que pueda enojarme más que mi esposa. ¿Por qué? No hay nadie que signifique más para mí en este mundo que ella y nadie que me conozca mejor que ella y que sepa cómo encender mis interruptores cuando quiere. Ella no tiene miedo de mi enojo porque si estoy enojado, puede reírse de mí porque sabe que no puedo soportarlo. No sé cuántas veces he ido a dormir por la noche diciendo, me voy a quedar enojado y no voy a dejar pasar esto y la haré pagar, y cosas similares. Entonces, escucho: “no dejes que el sol se ponga sobre tu enojo” y digo, bueno, no puedo hacer eso.
Todas debemos preguntarnos de vez en cuando, ¿qué es lo que te enoja? Ciertas cosas que podrían enojarme, no te molestan en absoluto y las cosas que te molestan, no me enojan a mí. Esa es la forma como es. Solo tenemos distintas estructuras y tenemos diferentes razones para responder de la manera en que lo hacemos a ciertas cosas. La primera es la que voy a llamar decepción. La decepción ¿Cómo manejas la decepción? Esta es una de las cosas más difíciles de aprender para los niños, el lidiar con la decepción. «Mamá, ¿puedo quedarme en casa de Pedro esta noche?» «No, hijo. Tenemos cosas que hacer por la mañana. No se va a poder» «¿Por qué no puedo?» Y de repente, hay toda esta ira y toda esta rabia saliendo del niño porque quería hacer algo, tenía planes para hacer algo, y esas esperanzas ahora se habían convertido en una expectativa y la expectativa no se cumplió y el resultado fue la ira.
Y de aquí surge la frustración, otra fuente común de enojo: la frustración es una decepción repetida cuando las esperanzas no se realizan de forma continua. Una cosa es esperar algo y que no se cumpla, pero cuando ocurre repetidamente, la emoción se transforma. El texto continúa explorando cómo estas dinámicas llevan a la rabia y a la necesidad de canalizarla hacia acción constructiva.
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