En un arco de tiempo de aproximadamente ciento veinte años aparecieron en la tierra cinco hombres destinados a dejar una huella imborrable en la historia de la humanidad. Este periodo, tan importante para la historia, fue definido por Karl Jaspers como “la época- eje”, es decir, el periodo central que influirá en la vida y el pensamiento de innumerables personas, pasadas, presentes y probablemente futuras. Los grandes iluminados, sin conocerse entre sí, buscaron condenar, rechazar y modificar la realidad tal como la habían encontrado. El primero de ellos fue Zaratustra, el segundo Deutero Isaia, luego Buda, Confucio y, por último, Pitágoras.
La biografía de Buda histórico es objeto de numerosas narraciones, mucho posteriores a la época en que vivió y rodeada de la sospecha de que un velo legendario haya recubierto lo concreto de los eventos históricos. Se piensa que la literatura de los textos budistas, recogidos y sistematizados muchos años después de su muerte, nace de relatos surgidos entre los colaboradores más cercanos del Maestro, como el Lalita Vistara, escrito años después de la muerte de Buda por uno de sus discípulos que decía haberlo escuchado directamente de su Maestro; sin embargo, carece de remaches históricos bien identificables.
Una observación frecuente es que existe una uniformidad en todas las tradiciones religiosas respecto a los eventos históricos de la vida de Buda, ya sea en Tíbet, China, Sri Lanka o Birmania, mientras que para los aspectos sobrenaturales hay diferencias notables en su transmisión, probablemente con relatos añadidos por devotos para enfatizar lo místico o buscar un mayor seguimiento de fieles. En el misticismo indio, un punto común es que para alcanzar la suprema perfección se debe atravesar un ciclo continuo de reencarnaciones y purificación, de duración infinita en ciclos cósmicos. Después de largas series de vidas anteriores, Buda había alcanzado la beatitud espiritual que lo llevó a la Devaloka o Cielo de los Treinta y Tres Dioses.
Cuando llegó el momento oportuno, decidió volver a la tierra y renacer como hijo del rey Suddhodana, del clan Sakya, gobernante de la noble estirpe solar de los Gautamidi, en Kapilavastu, un pequeño reino cuya capital se piensa fue Tilaurakot, a orillas del río Rapti, en los confines del Terai Nepalí. No muy lejos de Kapilavastu existía una ciudad llamada Devadaho o Devadarsita, la ciudad de la tigra, también conocida como Vyajrapura o Kholi, residencia de la familia de un miembro del clan Anusakya, un rico terrateniente; su padre Suprabuddha era considerado rey de Devadaho y su casa abundaba en riquezas. Este noble tenía ocho hijas, la primera llamada Manasa o Maya-Devi y la octava llamada Mahaprajapati (Gotami Prajapati).
Gotami Prajapati, la más joven de las ocho hermanas, cuando nació, el brahmán astrólogo pronosticó que sería la madre de un rey universal. Tras la infancia y la adolescencia, se acercó la edad de matrimonio. Suddhodana deseaba tomar a Gotami Prajapati como esposa; el padre Suprabuddha se negó a ceder a la hija menor porque, conforme a las leyes brahmánicas, debía casarse primero las mayores. Suddhodana pensó y eligió a Maya Devi como esposa y a Gotami Prajapati como la octava hermana, mientras sus tres hermanos Suklodana, Tulodana y Amritodana casaban a las otras seis hermanas. Maya Devi poseía una belleza divina; su nombre, Maya, significaba Ilusión o Visión, y su aspecto, según el Lalita-Vistara, parecía fruto de un sueño encantador.
Las virtudes de Maya Devi superaban su espléndida belleza; era dotada de inteligencia y piedad. Su marido, Suddhodana, era digno de ella y era considerado un rey justo y sabio, llamado “Rey de la Ley” por su estricto cumplimiento de las leyes sagradas. Este fue el linaje que dio a luz al gran Maestro. Cuando renunció a la vida de corte y eligió la vía de la renuncia, el primer escalón de su camino quedó ahora llamado Sakya Muni o Sramana Gautama, es decir, “el Sabio Sakya” o “el Gautamí asceta”.
La historia se entrelaza con la leyenda en este punto. De la unión entre Suddhodana y Maya Devi nació Buda; su nacimiento fue precedido por una serie de signos y prodigios. Una noche, Maya soñó un extraño sueño que le provocó miedo y una alegría inmensa al mismo tiempo. Soñó que un elefante blanco con seis colmillos se acercaba a su lecho y entraba por su costado derecho. Al despertar, Maya pidió a la corte que vinieran brahmanes capaces de interpretar el sueño. Ocho brahmanes, entre ellos los hijos de Kashyapa, llegaron y, tras escuchar el relato, dijeron que el niño sería especial y, con el tiempo, alcanzaría la perfecta sabiduría, extendiéndose su nombre por todas partes.
Durante la espera, Maya, en viaje hacia Kholi para visitar a su familia, se detuvo en un jardín en el que finalmente ocurrió el nacimiento. El jardín de Lumbini, famoso por su belleza, con una gran poza rodeada de árboles de sal, florecía en mayo, mes en que la leyenda sitúa el nacimiento de Buda en 563 a. C. Maya, a punto de dar a luz, se detuvo para descansar y decidió sumergirse en la poza del parque; en ese momento nacía un joven príncipe llamado Siddharta. Se cuenta que Brahma mismo recibió al recién nacido en una rejilla de oro, o que cuatro brahmanes lo tomaron y dijeron: “He aquí, tómalo, regocíjate, este es el precioso fruto de tu vientre.” Se dice que el niño se levantó y caminó hacia los cuatro puntos cardinales, proclamando: “Yo soy el Eterno, el único Señor del cielo y la tierra; desde este momento se ha completado mi ciclo de nacimientos.”
La localidad donde ocurrió la prodigiosa entrada al mundo fue más tarde señalada por Aśoka el Grande con un pilar coronado por una cabeza de caballo; el pilar fue descubierto en 1895 por el arqueólogo Fuhrer. Aśoka erigió una columna y un parapeto en honor del Buddha en el lugar de su nacimiento, y en honor al Buddha que nació allí, el pueblo quedaba exento de aranceles. Estas ruinas formaban parte de las descripciones de Xuang Zang, quien relató su peregrinación a estos lugares de devoción, donde encontró la estela, la poza, los restos del palacio real y, especialmente, el pabellón donde Maya se quedaba y donde el joven Siddharta pasaba las horas en estudio y contemplación. Actualmente quedan sólo algunas cimientos de aquel palacio que atestiguan la magnificencia de antaño..
Las excavaciones iniciadas a finales de los años noventa y suspendidas por motivos sociopolíticos en Nepal revelaron trece niveles de asentamientos que datan del siglo VIII a. C. Mientras tanto, el niño crecía tan hermoso como su madre. Según la antigua costumbre de presentar al niño a las divinidades del templo, cinco días después de su nacimiento se celebró la ceremonia del nombre. Cien ocho Brahmanes sabios, entre ellos el astrólogo Asiti, examinando el cuerpo del príncipe, encontraron treinta y dos signos principales y ochenta secundarios, indicios, según una creencia muy difundida en la India, de la venida de una gran persona. Asiti pronosticó, llorando de alegría por el prodigio y con un toque de dolor por el tiempo que se acercaba, que si el niño permanecía en el mundo de los hombres se convertiría en un gran monarca, un Kakravartin; si escapaba del mundo, entonces sería un Buda perfecto, el iluminado, el sabio de sabios (Lalita Vistara).
Tras el nacimiento, la madre del príncipe murió dos días después, y el niño fue confiado al cuidado afectuoso de Prajapati Gotami, hermana de Maya Devi y segunda esposa de su padre. Gotami se convirtió en la madre adoptiva del Buddha y más tarde, cuando alcanzó la iluminación, en su discípula más fiel y la primera mujer admitida en la orden monástica. Al llegar a la escuela, Siddhartha mostró talento y amor por el conocimiento, disfrutando de largas conversaciones con sus maestros, entre ellos el sabio Visvamitra, quien declaró que ya no tenía nada que enseñar a su alumno. Cuando Suddhodana supo por los brahmanes que su hijo estaba destinado a una vida ascética, preguntó por qué; le respondieron que cuando él se percatara de los males que rodean al mundo -la vejez, las enfermedades y la muerte- y de la condena inevitable de todos los seres, entonces abandonaría su vida para buscar la salvación de sí mismo y de los demás.
Rara vez participaba en diversiones con otros jóvenes y parecía siempre absorto en pensamientos profundos, meditando. Un día, durante una fiesta agrícola, el joven príncipe desapareció; el rey, preocupado, lo encontró meditando bajo un árbol, donde los rayos del sol filtrados por las hojas le envolvían en una claridad radiante. El rey, temeroso ante un posible prodigio, trató de proveer a su hijo de todos los placeres para apartarlo de la renuncia y de la búsqueda espiritual. Cuando Siddhartha, llamado Kumariraja, cumplió dieciséis años, se construyeron tres palacios para él, cada uno de una... Según la tradición, Buda puede ser visto como un hombre común que obtuvo la liberación por su esfuerzo extraordinario, o como un ser ya iluminado que manifestó sus actividades hace 2500 años para mostrar el camino hacia la iluminación. Según la cronología tradicional, Buddha Shakyamuni, también conocido como Buddha Gautama, vivió entre 566 y 485 a. C. en el centro de la India septentrional. Diferentes fuentes budistas contienen relatos variados sobre su vida, con detalles que van apareciendo gradualmente con el tiempo. Es difícil confirmar la exactitud de muchos de estos detalles, ya que la primera literatura budista fue escrita tres siglos después de su muerte. Sin embargo, la presencia de estos detalles no implica necesariamente que sean ajenos a la verdad, pues muchos elementos pudieron transmitirse oralmente durante mucho tiempo.
En general, las biografías tradicionales de grandes maestros budistas, incluida la del propio Buda, fueron compiladas con fines didácticos y no para la historiografía rigurosa. Las biografías buscaban enseñar el sendero espiritual para alcanzar la liberación y la iluminación, e inspirar a los seguidores a recorrer ese camino hasta su fin. Entre las fuentes más antiguas que hablan de la vida de Buda se encuentran, en el ámbito Theravada, algunos suttas de la colección Majjhima Nikaya, y, en las escuelas Hinayana, textos vinaya sobre las reglas de la disciplina monástica. No obstante, cada texto aporta sólo fragmentos de la vida de Buda. Los relatos más extensos aparecen a fines del siglo II a. C. en obras poéticas del budismo, como el Mahavastu de la escuela Mahasanghika, que añade detalles como que Buda nació en una familia real. Otra obra poética de la literatura Hinayana es el Sutra del juego extenso Lalitavistara Sutra, cuyo texto Mahayana posterior desarrolló para explicar que Shakyamuni alcanzó la iluminación mucho antes y que se manifestó como príncipe Siddhartha para enseñar el camino a la iluminación. Con el tiempo, estas biografías se incluyeron en las Tres cestas; una de las más famosas es Buddhacarita, del poeta Ashvaghosha, escrita en el siglo I d. C. Otras versiones aparecieron más tarde en textos tantra, como Chakrasamvara; allí se narra que Buda se emanó como Shakyamuni para enseñar los Sutras de la sabiduría y simultáneamente como Vajradhara para enseñar los tantras. Cada relato transmite enseñanzas y puede inspirar al lector.
Según las narraciones más antiguas, Shakyamuni nació en una familia aristocrática de guerreros en el estado de Shakya, con Kapilavastu como capital, en la frontera entre la India y el Nepal actual. Aunque no se mencionaba que Buda fuera príncipe de la familia real en esa narración inicial, su descendencia y su nombre de príncipe aparecen en relatos posteriores. Su padre era Shuddhodana y su madre Mayadevi; a la madre la vida trascendental se revela en la concepción milagrosa durante un sueño, cuando una elefanta blanca entró en su costado. De joven, Buda se casó con Yashodhara y tuvieron un hijo llamado Rahula. A los 29 años, Buda renunció a la vida familiar y se convirtió en un mendicante espiritual en busca de la verdad, esperando que la nobleza de su linaje no fuera un obstáculo para su camino.
Tras abandonar su hogar, Buda exploró diversas enseñanzas y prácticas, buscando una vía entre el ascetismo extremo y la vida placentera. La historia indica que tras años de prácticas se dio cuenta de que el ascetismo extremo no resolvía los problemas del samsara. Finalmente, tras meditar bajo un árbol de bodhi, Buda alcanzó la iluminación a los 35 años y dio su primer sermón en Sarnath, donde expuso las Cuatro Nobles Verdades. A partir de entonces dedicó su vida a enseñar a innumerables personas cómo liberarse del sufrimiento, fundando una comunidad monástica que con el tiempo incluyó a mujeres, algo revolucionario para la época. Después de su muerte, la comunidad no tuvo un sucesor único y los discípulos se reunieron en varios concilios para preservar sus enseñanzas y organizar el canon budista. El Concilio de Rajgir en el siglo V a. C. y el Concilio de Pataliputra convocado por Asoka en el siglo III a. C. fueron hitos decisivos en la historia del budismo, que derivaron en corrientes como Theravada y Mahayana, además de las tradiciones Vajrayana en el Tíbet y áreas vecinas. Estas tradiciones, junto con las distintas iconografías y rituales, reflejan la diversidad de enfoques al legado del Buddha y al camino hacia la iluminación.
En la iconografía budista, la figura del Buddha se representa con rasgos simbólicos como la uṣṇīṣa y la urna, y a menudo se le ve sentado en postura de yoga con mudras que expresan su estado interior. Lumbini, lugar del nacimiento, es considerado uno de los cuatro lugares sagrados del budismo y un destino de peregrinación para los practicantes. El templo Maya Devi y la vasca sagrada Puskarni son hitos clave del sitio, que ha sido objeto de hallazgos arqueológicos y restauraciones a lo largo de los siglos. A lo largo de la historia, la cronología de la vida de Buda ha sido objeto de debate, con fechas tradicionales que sitúan su nacimiento en 563 a. C. y su muerte en 483 a. C., entre otros esquemas, lo que subraya la complejidad de fijar una biografía única frente a la abundancia de fuentes y tradiciones regionales.
