La fiesta de Santa Rosalía en Monte Pellegrino: historia, milagros y tradición palermitana

La fiesta de Santa Rosalía (u fistinu en siciliano) se celebra en julio en Palermo. En el año 1624 el virrey de Sicilia, Emanuele Filiberto di Savoia, residente en Palermo, trajo al puerto de la ciudad un navío procedente de Túnez guiado por Mohammed Calavà, un moro tunecino, sospechoso de peste, que contenía innumerables presentes, ricos y preciosos, y esclavos cristianos liberados. La enfermedad se propagó así entre los ratones, en los mercados, en las zonas periféricas y finalmente en el centro de la ciudad. La población, atormentada por la peste, seguía enfermando y muriendo y confiaba en vano en los santos patronos de la ciudad y de los cuatro distritos de la ciudad: Sant'Agata, Santa Cristina, Sant'Aliva y Santa Ninfa. (Santa Lucía también era la patrona de la ciudad, pero no le había asignado ningún mandato).

Girolama La Gattuta, una mujer de 47 años de Ciminnese, bordadora, estaba enferma de fiebre maligna severa en el Gran Hospital de Palermo. El 15 de octubre de 1623, mientras sufría, "vio" a una monja vestida de blanco que atrajo un rayo detrás de ella. Le tocó la boca e inmediatamente se sintió "llena de agua". Girolama se recuperó milagrosamente después de tres días, pero no fue a Monte Pellegrino y no hizo su voto; por lo que volvió a enfermarse de malaria. El 26 de mayo de 1624, día de Pentecostés, Girolama, enferma, subió al monte Pellegrino con su marido Benedetto Lo Gattuto, su amigo Vito Amodeo, marinero de Trapani de 37 años, y su mujer. La mujer bebió agua clara que goteaba de las paredes rocosas de una cueva cubierta exteriormente de vegetación y que estaba junto a la antigua iglesia de Santa Rosalía, y se recuperó milagrosamente. En ese momento se durmió y soñó con la Virgen vestida de blanco, con el Niño Jesús en brazos y con un collar de coral alrededor del cuello que le indicaba que cavara dentro de la cave donde encontraría "un santo, un tesoro".

Entonces vio una gran piedra, y con mucha insistencia, en los primeros días de junio inició las excavaciones. Ella misma los condujo, junto con su esposo, los campesinos de los alrededores y los monjes franciscanos del convento cercano. Mientras tanto, el Senado, después de la muerte del virrey Emanuele Filiberto di Savoia ocurrida a causa de la peste el 3 de agosto de 1624, prohibió a los ciudadanos salir de sus casas y especialmente de la ciudad sin su propio "boletín", emitido por el maestro notario.

El 15 de julio de 1624, en el punto previamente señalado por Girolama La Gattuta, concluyeron las excavaciones y bajo una gran losa de mármol y calcarenita muy plana se encontraron huesos humanos muy blancos (insertos en concreciones calcáreas). (Al comienzo de las excavaciones en la cueva se habían encontrado otros huesos de color oscuro, probablemente pertenecientes a un fraile seglar y un novicio, así como huesos de cabra). Los huesos blancos, por su color cándido y las delicadas dimensiones del cráneo, se definían absolutamente como los huesos de una mujer, y emanaban un olor muy fuerte y muy agradable a flores; además, según los testimonios, escritos sin embargo, bastaba un solo hombre para levantar la caja con los huesos dentro porque "eran muy ligeros".

Los huesos fueron limpiados y llevados a la capilla del Palacio Arzobispal, donde residía el cardenal y arzobispo de Palermo, Giannettino Doria, quien luego de una vista de los huesos por parte de los padres médicos anatómicos jesuitas, encabezados por el padre Giordano Cascini, quien también escribió la primera biografía de Santa Rosalía, recogiendo testimonios históricos y tradiciones orales transmitidas a lo largo del tiempo, que decía que los huesos eran de una mujer joven, se convenció y decidió hacer llevar los huesos en procesión por las calles de la ciudad de Palermo, a través de el joven Vincenzo Bonello. El 13 de febrero de 1625, Santa Rosalía se apareció en el Monte Pellegrino a un fabricante de jabón llamado Vincenzo Bonello (o Bonelli), que vivía en el barrio de Monte di Pietà, en Via Pannaria.

Estaba a punto de suicidarse porque su esposa, de quince años, había muerto de peste. La santa lo detuvo y le dijo que solo si sus restos eran llevados en procesión y se cantaba el "Te Deum Laudamus" cesaría la peste, tal como la Virgen le había dicho y prometido. Vincenzo llamó a su confesor (el párroco de la iglesia de Sant'Ippolito Martire al Capo), como le había indicado Santa Rosalía, y le contó todo lo que había visto. Tres días después, Vincenzo enfermó de peste y murió, habiendo recibido ya el milagro. El obispo, tras hacer examinar cuidadosamente los huesos por anatomistas, fue informado de que pertenecían a una mujer y, por lo tanto, a Rosalía, la única mujer que había vivido en el Monte Pellegrino.

El 9 de junio de 1625, el arzobispo de Palermo, Giannettino Doria, acompañado por todo el clero, el Senado de Palermo y varios ciudadanos prominentes, realizó una solemne procesión por las calles de la ciudad con las reliquias de la santa. Al paso de los restos sagrados, al son del "Te Deum Laudamus", la peste cesó (desde ese momento, no se registraron nuevos casos) y la gente se curó de la enfermedad. Con el paso de los años, el recorrido se fue alargando y volviéndose más complejo, llegando a abarcar gran parte de la ciudad.

La cofradía, que toma su nombre de la indumentaria utilizada durante la procesión, tiene el encargo de portar la efigie del santo que se conserva en la iglesia de Casa Professa durante el año. Todas las cofradías debían llevar manto con la efigie del santo y grandes cirios en procesión. Con motivo del festival, desde el siglo XVII, el Cassaro fue decorado con una suntuosa arquitectura temporal. En 1674 la cofradía de la Annunziata bajo el título de Santa Rosalia dei Muratori, obtuvo del Senado palermitano, el privilegio del puerto y traspaso de las sagradas reliquias de Santa Rosalia.

Nota: La base de datos de patrimonio cultural se completa en fases incrementales: catalogación, georreferenciación e introducción de información e imágenes. El bien cultural en cuestión ya ha sido catalogado, georreferenciado y se ha introducido la información inicial. Para enriquecer el contenido informativo, se agradecen las contribuciones adicionales. El principal lugar de culto dedicado a la Patrona de Palermo se encuentra cerca de la cumbre del Monte Pellegrino, bajo un risco orientado hacia poniente. Colindante el Santuario se encuentra un convento Franciscano. Nada más pasar por el portal se accede a un vestíbulo. El vestíbulo, con sus columnas entorchadas, visto desde el patio interior del santuario. En las bóvedas hay unos frescos que representan momentos de la vida de Santa Rosalía. Bajo la estatua hay una fuente donde se recoge el agua que mana de la gruta (el agua no se puede beber). A la derecha, en la pared caliza, están los restos de un santuario fenicio dedicado a la diosa Tanit. El portal interior del santuario. A su derecha se ve la estatua de Santa Rosalía, en madera tallada, donde se guardan los exvoto. El estrecho pasadizo que daba al interior de la gruta ha sido ensanchado en el siglo XVII, creando así el espacio donde, como en la nave de una iglesia, se han puestos unas bancas. El simulacro de Santa Rosalía. Al interior del altar, protegido por una urna de cristal, está el simulacro de Santa Rosalía. El altar mayor del Santuario está dedicado a la Inmaculada. Al salir de la gruta se nota, gracias a la contraluz del exterior, el trabajo de cincel que ha creado la nave de la ermita. A la derecha del pórtico interior, según se sale, se ve una puerta que conduce a la Sacristía. Luego, cruzando el portal de la Opera Pia Don Orione, se encuentra un pequeño museo y tienda de souvenires. Frente al santuario hay un patio con mirador para disfrutar de las bonitas vistas paisajísticas. La fachada del santuario muestra un aspecto sencillo. Las únicas decoraciones presentes son las que rematan el segundo cuerpo del edificio. El medallón sobre el portal muestra el emblema municipal de Palermo.

El día 7 de mayo de 1624, procedente de Berbería (Norte de África) llega al puerto de Palermo un barco en el cual, durante la travesía, se habían dado unos casos de peste. Los tripulantes, sin decir nada, comercian con los lugareños y contagian la población. La peste no hace diferencias de clase social entre sus víctimas. El día 3 de agosto del mismo año muere por el contagio el virrey Manuel Filiberto de Saboya. Las muertes siguen sin parar hasta alcanzar la cifra de 30.000 sobre una población de 130.000 habitantes. En este contexto, mientras en la ciudad cundía la desesperación, aparece la figura de una humilde mujer de 47 años de edad, nativa del pueblo de Ciminna, que se ganaba la vida en la ciudad. Víctima de una fuerte fiebre, Geronima yacía en una cama de hospital. Durante el sueño tuvo la visión de una monja vestida de blanco que atraía rayos de luz a su alrededor. La mujer se curó en seguida de la fiebre que padecía, pero no cumplió el voto de subir al monte. Al reponerse relató a parientes y conocidos el sueño-visión que había tenido. Ya convencida de la veracidad de su sueño, y acompañada por varias personas, subió al monte para cumplir el voto. Llegados casi en la cima vieron un lugar, frente a una cueva, donde brotaba un manantial. Durante el sueño tuvo otra visión, esta vez de la Virgen. El día 15 de julio de 1624, confiando en el relato de la mujer, varias personas comienzan a excavar en el lugar indicado. Santa Rosalia intercede para salvar Ciminna de la peste. Debido al examen poco concluyente, el cardenal no pudo afirmar con seguridad que se tratase de los restos de Rosalía Sinibaldi. Pasaban los meses y la peste seguía cosechando víctimas. Al ser muy religioso no quiso que sus cuerpos fueran quemados juntos a los demás contagiados, y decidió enterrarlos en secreto. El hombre se escapó de su casa y, con su escopeta y sus perros, salió de la ciudad fingiendo ir a cazar. Llegado casi a la cima pasó delante de la pequeña iglesia, al lado la gruta (donde el año anterior se habían encontrados los restos de Rosalía), y siguió su camino hacia la empinada ladera que da al mar. Santa Rosalia intercedente. La joven se presentó como Rosalía y le dijo que su destino sería morir infectado por la peste dentro de pocos días. Le dijo que antes de morir debía cumplir con el mandato de buscar al cardenal Doria para convencerle de la autenticidad de los restos encontrados en la cueva. Le contó lo ocurrido en el monte, su intento de suicidio y la aparición. El párroco se puso en contacto con el cardenal Doria y este envió dos frailes capuchinos, fray Antonio da Palermo y fray Bartolomeo de Sciacca, para escuchar el relato y ponerlo por escrito. Con fecha de sábado 22 de febrero de 1625, el Cardenal Doria volvió a reunir los expertos para una segunda análisis de los restos hallados en el monte. El día 9 de julio de 1625, por primera vez, se llevaron los restos de Rosalía en procesión por las calles de la ciudad. La historia cuenta que los enfermos comenzaron a curarse y que no se dieron más casos de contagio. Santa Rosalia intercede. El Senado comisionó a un escultor de la ciudad, Giacomo Cirasolo, la creación de cuatro columnas de mármol policromado para situarlas alrededor del lugar donde se hallaron los restos de Rosalía. Durante el mes de agosto de aquel mismo año fue comisionada al escultor florentino Gregorio Tedeschi la estatua de Santa Rosalía que hasta la fecha se encuentra en el Santuario.

Molto scarne sono le notizie sulla vita di Santa Rosalia. Queste furono raccolte dal gesuita Giordano Cascini che nel 1631, su mandato del Senato, scrisse "De vita et inventione S. panormitanae commentarium breve", la vita ufficiale di S. Molto probabilmente S. La prima esperienza di eremitaggio S. Rosalia la condusse nel bosco di Palazzo Adriano dove un passo è ancora chiamato con il suo nome. Quindi si trasferì sulle montagne della Quisquina (tra Bivona a odierna S. Sul Monte Pellegrino S. Molto probabilmente, dice il Collura, S. S. Fu subito dichiarata Santa dall'Arcivescovo di Palermo Gualtiero Offamilio, visto che il nome di S. Rosalia, Santa, lo si trova in documenti del 1196 - 1198 dei Papi Celestino III e di Innocenzo III, della Regina Costanza e di Federico II in cui si fa menzionedi terreni dedicati al suo nome presso l'isola di Capo Rizzuto in Calabria di proprietà del Monastero cistercense di S.

mapa de Palermo y Monte Pellegrino

SANTA ROSALÍA DE PALERMO, por Rubén Cedeño SICILIA ITALIA

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