Entre los Dagara y otras tribus de Burkina Faso, cuando alguien sufre un problema, éste es atribuido a que algo en el tejido social no está funcionando bien y esa persona es simplemente el portavoz que lo pone de manifiesto. Nadie dice “tengo un problema” como una cuestión individual desligada del contexto en el que se encuentra. Según esta tradición ancestral, cuando algún integrante tiene una dificultad que no sabe cómo solucionar, es porque le falta la distancia necesaria para comprender su origen y encontrar una respuesta sin necesidad de pelearse con esa situación que lo aqueja. Como refiere Sonbofu Somé, una de las chamanas más reconocidas de los Dagara: “Para resolver una crisis, es preferible abrazarla, entonces ya no es un enemigo al que se deba vencer. Solo cuando no te asusta empiezas a encontrar la manera de estar con ella.”
Esta cosmovisión se extiende a diferentes situaciones más o menos cotidianas, como por ejemplo lo que en occidente conocemos como síntomas de una enfermedad mental. Así, lo que en Occidente decodificamos como enfermedad mental, para los Dagara son emergencias espirituales que ayudan al curandero a surgir y descifrar la información que tiene para esa comunidad en particular. La comunidad ayuda, a través de rituales dirigidos por chamanes, a reconciliar esas energías provenientes de ambos mundos, el espiritual con el que se fusiona y quien lo vivencia. Esa persona puede entonces servir como un puente que provee a los vivos la información y la curación que necesitan.
Dentro de esta cultura, el uso de la práctica chamánica es imprescindible ante estas situaciones. Se la requiere primero para separar la energía de esa persona de las extrañas energías ajenas con el objetivo de limpiar y despejar su aura (ritual conocido como “barrido”). Al limpiar su campo energético, la persona ya no recoge una avalancha de información desconocida, abrumante y por lo tanto ya no tiene una razón para sentirse perturbada. Sonbofu Somé agrega: “El ritual nos conecta con el espíritu y también con el gran misterio, con todo aquello que no sabemos.”
Lo que hace el ritual es movilizar la capacidad para abrirte a lo que va a suceder. Así te lleva a entregarte, a que permitas que ocurra algo sin interferir en el proceso. El bloqueo de esa información, expresada en crisis existenciales, es lo que crea problemas y genera el pánico que habitualmente se observa en quienes las vivencian. La energía del sanador es de alto voltaje, cuando está bloqueada, consume a la persona y se trasforma en una experiencia aterradora. Malidoma Patrice Somé fue arrancado de los Dagara a manos de su padre cuando tenía tan solo cuatro años y llevado a un internado jesuita donde recibió educación occidental con el fin de crear otro sacerdote negro.
La vuelta tampoco le fue fácil, pues su larga ausencia generó que los ancianos de la tribu dudaran de su adoctrinamiento cristiano; fue sujeto de una serie de rituales de iniciación que lo devolverían a su cultura. De ahí nacería su nuevo nombre Malidoma, que en la creencia Dagara significa “amigo del enemigo/extraño”. A partir de esa experiencia entendió que su destino era promover el entendimiento entre las culturas occidentales y africanas. En una visita a un hospital psiquiátrico de la ciudad de Denver, en Estados Unidos, se encontró con la manera en que son tratados los enfermos mentales en Occidente. Lo que más le impactó fue el énfasis puesto en la vertiente patológica de los mismos fenómenos que él había visto en su propia cultura.
Según sus propias palabras: “Cuando este tipo de energías emergen en la psique occidental, el individuo en cuestión no está equipado para integrarlas o incluso reconocer qué está pasando y el resultado es aterrador. Sin el contexto y la ayuda pertinentes para lidiar con la apertura hacia otro nivel de la realidad, a efectos prácticos, esa persona está loca.” Aquella experiencia fue tan conmovedora que decidió llevar a Burkina Faso a Alex, un joven inglés de 18 años que había sufrido un brote psicótico cuando tenía tan solo 14 años. Alex fue aceptado por los Dagara quienes realizaron diferentes rituales diseñados específicamente para ese propósito (los rituales cambian de acuerdo a la persona o el grupo involucrado). Alex regresó a los Estados Unidos después de cuatro años y comenzó a compartir los mensajes que el espíritu tenía para este mundo.
Somé agrega: “Alex estaba tratando de alcanzar algo, fue una llamada de emergencia. Su trabajo y su propósito era ser un sanador. Lo último que supo Somé de Alex fue que había ingresado a la universidad de Oxford para completar sus estudios de posgrado en psicología clínica.” Según la ancestral concepción de los Dagara, estos fenómenos tienen relación con una energía muy potente que ha quedado trabada en la persona, lo que lleva a un padecimiento extremo. El trabajo en esos casos es retroceder el tiempo para descubrir el origen y significado de toda esa información proveniente de otro mundo. En el caso de la energía proveniente de las montañas, es un espíritu que camina al lado de la persona, creando una distorsión de espacio-tiempo que afecta a quien queda atrapado en ella. El espíritu ancestral viene de visita porque ve en la persona una llamada a algo grande, a algo que le dará sentido a esa vida.
El enfoque dado por los Dagara a los fenómenos que conocemos característicos de la enfermedad mental da la posibilidad de ampliar nuestras miradas y no verlos solo como manifestaciones patológicas a eliminar mediante psicofármacos y el uso de la fuerza. Almendro, Manuel, Chamanismo. Krippner, Stanley, “Os primeiros curadores da humanidade: abordagens psicológicas e psiquiátricas sobre os xamãs e o xamanismo”, Archives of Clinical Psychiatry, Nº 34 (Suppl. 1), Sao Paulo, 2007, pp. Imagino que el tema que elegido interesa a muchos en esta época en que coexisten el imperio tecnocrático mercantil trasnacional y una considerable población de buscadores.
Porque Freud fue antireligioso, se tiende a pensar que la psicoterapia, que derivó de su actividad, sea antiespiritual; pero se confunde demasiado lo religioso con lo espiritual y hay muchas formas de espiritualidad que no parecen serlo. Ha contribuido a la confusión, aparte de la actitud de Freud ante lo religioso, el que la psicoterapia convencional equivocadamente confunda su fin con el de una adaptación a la sociedad. Es ésta un aspecto de la terapia, a veces, pero más fundamental es la adaptación de la persona a algo más universal-cual es su propia naturaleza. Y a veces es sano ser un poco inadaptado respecto a lo que ocurre en el entorno.
Como punto de partida de lo que les estaré diciendo, entonces, declaro mi fe o intuición de que la psicoterapia y la espiritualidad son dos caminos hacia una misma meta: que existimos a un nivel emocional y también a un nivel espiritual o contemplativo, pero que éstos son partes de un todo, y no se pueden separar sino artificialmente. La vida emocional influye mucho en que podamos lograr el fruto de la vida del espíritu, pues si estamos muy confundidos emocionalmente no podemos meditar, y si estamos actuando mal en el mundo de las relaciones ello conlleva una relación equivocada con nosotros mismos.
Por eso a menudo he citado una canción española que dice que “para llegar al cielo se necesita una escalera larga y otra cortita”. Cuando Alan Watts escribió, en la década de los cincuenta, un libro que se llamaba “Psicoterapia en Occidente y en Oriente”, planteaba que algunas entre las que llamamos religiones más se parecen a la psicoterapia que a lo que se llamaba ‘religión’ en Occidente. Yo tuve un maestro chino- discípulo del último patriarca taoísta- que llegó a enseñar en la escuela que fundé en Berkeley hace unos treinta años, y comentaba que hablábamos de cosas demasiado elevadas. “Yo, a lo único que voy a ayudarles es a mejorar la salud” decía; “cuando hay salud cuerpo el flujo de las energías (el flujo del Ch’i) en el cuerpo es armonioso, y entonces la vida espiritual funciona bien.”
El Budismo mismo se propone en forma implícitamente médica. Decir que psicoterapia y espiritualidad son dos caminos que llevan a un mismo fin implica pensar que el problema sea uno, por más que a veces se lo describa como un problema moral, un problema espiritual, o un problema terapéutico o de salud. La palabra “mal” se presta muy bien a esta ambigüedad. Así, se puede hablar de los “males” del mundo, por ejemplo, con un sentido de disfunción, de que algo no funciona bien. Es curioso que le haya llevado tanto tiempo al mundo darse cuenta que lo terapéutico y lo espiritual sean la misma cosa.
Nace la psicoterapia en la medicina, y las pacientes de Freud, que al comienzo eran principalmente mujeres, tuvieron que adoptar el rol de enfermas para poder ser candidatas a la ayuda que se les ofrecía. Así se comprende que desarrollaran los síntomas pertinentes: toda clase de parálisis, ceguera, desmayos. Han desaparecido ahora que existe la psicoterapia propiamente tal. Ya no se necesitan, porque los médicos hablan un lenguaje más relevante. Hoy en día existe lo que se llama psicoterapia o psicología transpersonal, que se considera una provincia especifica de la psicoterapia, pero más importante es que toda la psicoterapia se vaya reconociendo como más o menos transpersonal.
He incluido en el titulo de esta conferencia la expresión “Nuevo Chamanismo” que acuñé y lancé al público hace unos veinticinco años, y ha resultado una de esas ideas que se han hacen famosas. Lo propuse en un congreso de la AHP (asociación americana de psicología humanista), que era en aquellos tiempos una reunión a la que acudían cada año miles de personas, y ésta fue la única vez que tuvo lugar en Berkeley. Pronto empezaron a aparecer publicaciones y cursos de chamanismo, pero generalmente se siguió entendiendo el término en un sentido convencional, en tanto que yo había querido llamar la atención a que muchos entre quienes no se ponen la etiqueta de chamanes también lo son- en un sentido amplio de la palabra.
Porque ¿qué es un chamán? Uno que reúne varios roles. Los antropólogos hablan a veces del chamán como el medico primitivo o curandero, pero ésto no basta: más importante es que el chamán sea un místico. Sabemos que había chamanismo ya en tiempo de las pinturas rupestres, porque existen las representaciones que sugieren que ya entonces el chamán era el eje de la vida religiosa y el guía sabio de la comunidad. Pero no ha sido el chamán sólo una persona impulsada por el llamado a su viaje religioso personal o el educador de otros chamanes; era también un político, un hombre de gran influencia sobre el cacique y por lo tanto en la marcha de los asuntos colectivos. También se puede decir que el chaman ha sido el primer artista, pero debe observarse que estas diferentes cosas no eran entonces tan diferentes como las consideramos hoy.
La música era intrínseca a la cura; tanto así que la palabra “chaman” viene de cantar. Los chamanes mejicanos son notoriamente verbales: son poetas, y notables improvisadores en sus cantos. Pero ha habido otras especialidades chamánicas, como la escultura entre los indios del Noroeste de Estados Unidos. Así, los típicos tótems de esta región no son objetos para ser mirados solamente. Como tampoco la escultura religiosa del Oriente, por más que hoy en día se la exhiba en museos. Si entendemos el chamanismo en un sentido profundo, más allá de los ritos o de las creencias de una u otra cultura, nos encontramos con que entraña una actitud ante el mundo y una forma de mentalidad en la que no se contraponen el arte y la ciencia.

Y no sólo se puede decir que exhibe un equilibrio entre los hemisferios cerebrales que asociamos al análisis y a la síntesis, sino que sobresale en el contacto con su cerebro primitivo. Se diría que los chamanes no son solo exteriormente “maestros del fuego”, como dicen los antropólogos, sino que ello constituye un reflejo ritual de que son maestros de ese “fuego interior” que los hindúes llaman Kundalini. Son además personas muy perceptivas en relación a lo que ocurre en las mentes de las personas y en la comunidad-lo que les confiere una acción educativa y política además de tornarlos en sabios consejeros personales. Y todo ello nos autoriza a decir que los chamanes son los primeros tricerebrados: personas que se han completado, que han alcanzado una realización plena de si mismos.
Pero cuando acuñé las expresiones “nuevo chamanismo” y “neo-chamanismo” hace ya más de un cuarto de siglo, quería decir un chamanismo sin plumas ni tambores (aunque el tambor sea universal en el chamanismo clásico). Sin embargo, después de que se empezó a hablar de nuevo chamanismo, empezaron a aparecer muchas personas con tambores y con plumas que decían haber aprendido algo de una u otra tribu tradicional. Un amigo mío, Michael Harner, escribió un libro llamado “El camino del chamán” que me sorprendió por su pretensión de que el “viaje del alma” se pueda realizar en un par de horas al son del tambor. Se popularizaron talleres en que se invita a las personas a encontrar su alma en un trance hipnótico. Me parece buen propósito encontrar la propia alma, pero esos viajes breves son de naturaleza implícitamente simbólica.
Cuando hablé de “nuevo chamanismo”, comencé pensando en gente que se dedica a trabajos en el ámbito psico-corporal, que difícilmente se pueden explicar racionalmente y exigen una intuición y una manera de sentir no fáciles de traducir al mundo teórico. En la década de los sesenta ya notaba que “estamos en una edad de la búsqueda” y que la ciencia dejaba de ser su único rector del saber. Hay un renacimiento espiritual en el mundo, asociado al movimiento terapéutico, y es como si estas tres cosas-espiritualidad, salud y desarrollo humano-volvieran a converger en una sola. Esto me lleva a abordar la relevancia espiritual de la psicoterapia y lo espiritual de ella.
Entre las teorías en psicoterapia, por ejemplo la freudiana, que enfatiza la toma de conciencia de la represión, y el sistema rogeriano, que se centra en la confianza en la auto- guía, lo fundamental es que hay un intercambio: una persona con interés genuino en la otra, auténtica, entiende lo que el otro está diciendo. Fui influido por Freud; la hipnosis, introducida por Mesmer, formó parte de ese origen y dio lugar al movimiento de “reparentalización”. En un caso clínico, la hipnosis mostró cómo una mujer pudo procesar pérdidas profundas y transformar su dolor, dejando atrás el deseo de un certificado de salud para jubilarse. Este relato ilustra lo que llamaré lo dionisíaco-el respeto a la espontaneidad en la psicoterapia.
La palabra chamán proviene del tungus y designa a ritualistas que actúan como mediadores entre mundo natural y mundo espiritual. El chamanismo se define como una interacción con otros mundos en estados de trance, con el objetivo de sanar, proteger y profetizar. Los chamanes son maestros del éxtasis, sanadores, videntes y visionarios; son también artistas: pintores, poetas, cantantes, bailarines y escultores. Su conocimiento se apoya en la relación íntima con la naturaleza, las plantas, los animales y los ciclos del planeta. El chamanismo aparece en diversas culturas con múltiples nombres y roles especializados, pero comparten la habilidad de atravesar el axis mundi para traer saberes y curaciones a la comunidad.

El fenómeno de la enfermedad chamánica, o crisis iniciática, marca el inicio de la vocación del chamán: la persona canta o baila en formas que pueden parecer extrañas para otros, y experimenta perturbación por espíritus. En muchas culturas, estas crisis no se entienden como enfermedad mental, sino como señales introductorias para asumir un papel sagrado. Los chamanes acceden a otros mundos para obtener orientación, curar y prever, y pueden emplear productos naturales, cantos y rituales para restablecer el equilibrio en la comunidad. La curación chamánica es una práctica integrada con la vida social y ecológica, a veces vinculada con la gestión de recursos, la protección de la comunidad y la transmisión de saberes a través de historias, cantos y danzas.
En las tradiciones contemporáneas, surge un debate sobre universalidad del chamanismo y la validez de modelos que buscan explicarlo únicamente mediante estados alterados de conciencia o por marcadores fisiológicos. Este artículo propone entender la desposesión y el malestar desde una perspectiva que reconoce la interconexión entre cuerpo, mente y mundo espiritual, y que valora la diversidad cultural sin reducirla a una sola plantilla teórica. El enfoque de las comunidades Dagara ofrece una ruta para replantear la psicoterapia como un camino que integra lo espiritual, lo emocional y lo social.
| Aspecto | Enfoque tradicional | Aportación contemporánea |
|---|---|---|
| Enfermedad/malestar | Emergencia espiritual del individuo para la comunidad | Vínculo entre salud emocional y contexto social |
| Rituales | Barrido, limpieza del aura, rituales dirigidos por chamanes | Reconocimiento de prácticas culturales para la curación |
| Rol del chamán | Guía, sanador, mediador entre mundos | Modelo de liderazgo compasivo y ético |
En conclusión, la tradición Dagara sugiere una visión de malestar que señala disfunciones en el tejido social y propone una apertura al misterio para comprender su origen. A través de la cooperación comunitaria, la limpieza de energías y la transmisión de saberes, la persona afectada puede recuperar el equilibrio y, a su vez, aportar información vital para la vida colectiva. Este marco invita a reconsiderar la enfermedad mental occidental como una emergencia espiritual que puede requerir escucha, ritual y acompañamiento intercultural para ser plenamente comprendida y sanada.
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