Sentiero espiritual y significado de Eish Shaok: camino hacia la experiencia personal

Los místicos suelen establecer ciertos paralelismos para explicar lo imprescindible que resulta la experiencia personal, no solamente en un sendero espiritual sino en cualquier aspecto de la vida. Por ejemplo, planear un viaje fabuloso, tener el deseo y las ganas de llevarlo a cabo, disponer de la información, los planos y detalles y hacer la debida preparación no significa tener un conocimiento real del lugar que visitaremos, porque todavía nos falta llegar y tener la experiencia personal de ese destino. En este sentido, hay una conocida expresión del Gran Maestro, del libro Joyas espirituales, donde él dice: “... recibir el Nam significa más que si hubieras heredado un millón de dólares. Eres uno de los afortunados hijos de Sat Purush...”.

La expresión de ‘afortunados’ utilizada por los maestros, es una expresión que proviene de algo que ellos saben y conocen con certeza, porque han alcanzado la madurez espiritual que les ha permitido recibir esa fortuna. Efectivamente, si estamos en este camino y tras los años seguimos perdidos en las opiniones, emociones, en las palabras y el análisis pero nuestras experiencias, nuestra firmeza al caminar el sendero no se ha forjado, entonces podemos preguntarnos: ¿qué estamos obteniendo de estas enseñanzas de Sant Mat?

Los místicos hacen hincapié en que no son las experiencias de los demás las que nos darán convencimiento y las que necesitamos, sino las propias. No es la experiencia del maestro, sus emociones, su felicidad, equilibro y paz lo que debe contentarnos, sino la que personalmente somos capaces de conseguir nosotros. El maestro puede ser muy sabio, pero eso no nos hace sabios a nosotros. Él puede ser la persona más equilibrada del planeta, pero es su equilibro personal, no el nuestro. Los maestros están aquí para enseñarnos, ellos son ejemplos de humanidad; pero lo son por sus propios logros y realización espiritual. Cuando tenemos la suerte de conocerlos y nos relacionamos con ellos, nosotros también queremos ser igual que ellos.

De ahí que como suele explicar Baba Ji, todo en la vida funciona en base a una necesidad. En este sentido, en el Bhagavad Gita leemos como Arjuna le dice a su amado maestro Krishna: “Dices cosas muy grandes, lo explicas todo muy bien, pero todavía persisten dudas en mi mente, porque no he experimentado lo que explicas. Krishna respondió que así lo haría, e ipso facto su persona se hizo enorme, y miríadas de mundos comenzaron a girar a su alrededor. La escena fue aterradora y Arjuna pensó que se estaba volviendo loco.” Esta historia nos muestra que nuestras facultades limitan lo que somos capaces de entender. Nos dan una idea, un concepto acerca de la naturaleza de las cosas, pero no pueden transmitirnos la realidad. Nos dan únicamente un concepto. La realidad espiritual solo podremos conocerla una vez que nuestra conciencia tenga la capacidad para percibirla.

Esa necesidad de pasar a la acción, ese estimulo e interés por llevar nuestras creencias a la práctica -aquello que el maestro nos ha explicado, lo que hemos leído en los libros y que forma parte de nuestros conceptos-, tenemos que sentirlo con mucha fuerza para poder así realizar la práctica, sin desfallecimiento y con interés cada día de nuestras vidas. Únicamente a través de la acción podremos experimentar cómo el sistema de los maestros Shabad nos puede ayudar a convertirse en verdaderos seres humanos, obtener conocimiento directo del Ser interior inmortal y realizar la divinidad.

Baba Ji también nos recuerda la diferencia entre creer y saber. Ciertamente, el planteamiento entre creer y saber ha sido motivo de reflexión y debate durante siglos entre pensadores y filosóficos. Creer no es saber. Creer implica un nivel teórico y conceptual. Y como explican los maestros, nosotros tenemos muchas creencias, muchos conceptos, pero solo cuando llevamos esos conceptos a la práctica, entonces, sabemos, entonces tenemos la experiencia de la realidad.

Precisamente, lo importante de las enseñanzas de Sant Mat es la posibilidad que nos ofrecen de lograr una experiencia personal de primera mano, una vez que ponemos en práctica aquello que creemos. Sant Mat no es una religión, con ceremonias o rituales, ni tampoco una teoría o una fe ciega. En relación con este punto, los maestros nos explican que la fe verdadera solo vendrá de la experiencia, y que es posible que ciertos aspectos del sendero no los comprendamos totalmente porque su naturaleza es algo que trasciende nuestra comprensión. Sin embargo, esto no contradice el hecho de que debemos procurar satisfacer nuestro intelecto hasta el punto que no suponga un obstáculo para nuestra práctica, y además debe proporcionarnos el suficiente estímulo para mantener el anhelo por alcanzar la verdad.

Sant Mat está basado en el verdadero conocimiento que estimula una sincera investigación. Trata de verdades eternas que están más allá del alcance de la mente y del buddhi (intelecto), y por ello solo pueden ser debidamente comprendidas cuando un estudiante se interioriza y alcanza cierta perspectiva con experiencias espirituales personales. Para empezar te pide que aceptes algunos conceptos fundamentales, solamente a modo de hipótesis de trabajo. Hasta entonces tenemos que tener fe, pues si no el trabajo sería imposible. Nos gusta que la convicción surja interiormente como resultado de la propia experiencia personal. Deja que el estudiante dedique el tiempo suficiente, y que trabaje como se ha prescrito.

Los maestros de Sant Mat no nos piden que creamos a ciegas, por lo contrario, siempre nos animan a pasar a la acción para obtener la experiencia personal que nos sostendrá en la vida, no los conceptos. Baba Ji nos recuerda que el maestro nos da su apoyo, sus consejos, pero no puede vivir por nosotros la espiritualidad. Es como el caso del niño al que sus padres matriculan en una buena escuela. El Gran Maestro solía dar el ejemplo referido a un estudiante que se dedicaba con esmero a sus estudios, de manera que cuando sus amigos le decían que saliera de fiesta con ellos, él se negaba porque entendía que ese era el tiempo para estudiar y obtener su graduación. Definitivamente, lo que el maestro resalta en este ejemplo es que el estudiante tiene muy clara cuál es su prioridad y, por eso, es capaz de asumir ese esfuerzo y disciplina en esta etapa de su vida.

Igualmente tenemos que hacerlo nosotros, y eso implica renunciar a lo que no es necesario, a lo que compromete el sendero, porque como explica Baba Ji, esta forma humana, tras muchos nacimientos se nos ha dado para el propósito de realizar a Dios, para ser conscientes de la divinidad. No todas las veces se puede nacer como ser humano, ni siempre resulta posible el contacto con un santo o un maestro perfecto. El nacimiento humano y el encuentro con el maestro son el premio de nuestras buenas acciones de vidas pasadas. Si en lugar de ser estudiantes aplicados, priorizamos la vida social, económica y familiar, entonces no estamos aprovechando esta oportunidad. Y parece ser que eso es lo que estamos haciendo, porque continuamente olvidamos nuestra meta espiritual al involucrarnos excesivamente en el mundo.

Tenemos tiempo para todo, pero para meditar… ¡Uf! ¿Qué nos aportan las cosas del mundo para que continuamente sean el motivo por el que ponemos el trabajo espiritual en segundo plano? Nuestro verdadero ser no tiene límites. Pero hemos trasladado nuestra atención desde esa naturaleza absoluta y sin límites a la condición ordinaria, relativa y limitada de nuestras personalidades. Desperdiciamos nuestras vidas distraídos por el mundo y sus objetos. Hay una historia atribuida al místico sufí Rumi, en la que se explica que nuestra situación es parecida a la de un sirviente que un rey envía a un país para desempeñar una labor determinada. El sirviente va a ese país y hace muchas cosas asombrosas y maravillosas, y después vuelve con el rey. Ya de regreso en la corte, el rey le pregunta: “¿Realizaste la labor que te encomendé?”. El súbdito responde: “Su majestad, antes de nada permítame darle las gracias, conocí a una joven bellísima, me casé, tuve hijos, abrí una tienda…”. El rey lo interrumpe y le pregunta: “¿Pero qué pasó con la labor que te encomendé? ¿La hiciste o no la hiciste?”. A lo que el sirviente contesta: “Lo siento, mi señor, me olvidé…”.

A medida que pasa la vida y que los años transcurren, confundimos nuestras prioridades y nos distraemos con los asuntos del mundo, alejándonos más y más de nuestro objetivo espiritual. Pronto ya no podemos distinguir entre lo que es esencial y lo que no lo es. La meditación es esencial. Si nos olvidáramos de todo lo demás y recordáramos esta única cosa esencial, entonces todo iría bien en nuestra vida. De vez en cuando estaría más que bien que nos diéramos una sacudida y volviéramos a ordenar nuestras prioridades; lo cual hacemos perfectamente cuando ponemos ante nuestra vista el objetivo espiritual. Los maestros insisten en que debemos vivir esta vida lo mejor que podamos, sin necesidad de recluirnos ni volvernos ascetas; eso sí, pero sin olvidarnos nunca de nuestro objetivo, teniéndolo en mente, de manera que sea la brújula que oriente todos nuestros pensamientos y acciones. Entonces todo estará bien.

Nuestras vidas reflejan nuestras prioridades. Nuestras acciones hablan más fuerte que nuestras palabras, pues todo lo que hacemos, lo hacemos de acuerdo a nuestras prioridades. La hora en que nos levantamos, lo que comemos, lo que pensamos, lo que hacemos y lo que nos abstenemos de hacer, todo proviene de nuestras prioridades. Nos llamamos iniciados en el sendero o discípulos del maestro. Pero recordando lo que decía Cristo, en el Evangelio de San Mateo: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?”, dice Jesús. Seguir su voluntad significa ‘seguir sus enseñanzas’. Y deberíamos estar agradecidos de haber recibido unas enseñanzas que nos ofrecen la posibilidad de comprobar por nosotros mismos nuestra fe o creencias.

La meditación nos da la fortaleza para pasar por los altibajos de la vida con comprensión, para afrontar el karma de destino que a veces se nos hace tan incomprensible y difícil de soportar. Cuando hayas contactado con esta forma interior, comprobarás que el maestro está presente en todas partes, y tu mente se hará tan fuerte, que apenas serás capaz de reprocharle sus faltas a los demás cuando las veas. Tu felicidad no dependerá de tu entorno.

M. M. mediante la lógica o el intelecto. En tiempos antiguos, cada peregrino era guiado en un viaje interior de descubrimiento y conciencia a través del estudio de seis disciplinas, llamadas los «Seis Torrentes»: el Viaje Astral, el Recuerdo de Vidas Pasadas, la Sanación, la Protección, el Centramiento y la Fusión con los Elementos naturales. En cada encuentro exploramos estos temas a través de meditacionesguiadas y ejercicios tradicionales, acompañando a cada participante en su propio camino de crecimiento y despertar.

Eish Shaok es una escuela espiritual dedicada a todos aquellos que se sienten estrechos dentro de los límites de su mundo y buscan el sentido de este largo caminar por el planeta Tierra. Un lugar en el que las hazañas realizadas hasta ahora o la persona que has creído ser cuentan en realidad muy poco. Aquí entras en un espacio sagrado donde aprendes a poner en el centro tus capacidades, tu deseo de ampliar la perspectiva y el anhelo de expresarte sin límites, de ir más allá de la duda y del sufrimiento.

Haidehoi David Simurgh recorre el camino espiritual de Eish Shaok desde los primeros años de su vida, bajo la guía de maestros iluminados, y con tan solo dieciocho años se convierte en el Maestro más joven en la historia de este camino. Los orígenes de Eish Shaok y la historia ligada a sus enseñanzas se pierden en los meandros del tiempo y en las palabras de una larga tradición oral. Hasta hoy, el período histórico más probable en el que pueden rastrearse sus raíces y fragmentos parece abarcar desde el 1000 a. C. hasta el 300 d.

La Tradición narra la llegada de un Maestro conocido como Simurgh, quien reunió a su alrededor a otros siete Maestros, llamados Haidehoi (quizá del persa antiguo Hadi, « guía »), procedentes de distintos templos, escuelas y tradiciones, y compartió con ellos los pilares de este nuevo camino. En cuanto al nombre del camino, la etimología histórica de la palabra « Eish » está vinculada al hebreo ish (איש), que significa literalmente « hombre ». Si deseas participar en clases, encuentros o eventos de Eish Shaok, escríbenos: estaremos encantados de darte toda la información.

Relación entre experiencia, fe y acción en Sant Mat

Los místicos suelen enfatizar que la verdadera convicción nace de la experiencia personal en lugar de depender de las experiencias ajenas. Sant Mat propone que la fe auténtica procede de la experiencia y que la verdad se realiza a través de la práctica diaria, no solo de la creencia teórica. La fe verdadera solo vendrá de la experiencia, y ciertos aspectos del sendero pueden trascender nuestra comprensión, pero deben servir para sostener la práctica y mantener el anhelo de verdad.

La meditación se presenta como una fortaleza para atravesar altibajos y para afrontar el karma de destino que a veces resulta incomprensible. Cuando contactas con esta forma interior, comprobarás que el maestro está presente en todas partes, y tu mente se hará tan fuerte que apenas serás capaz de reprocharle sus faltas a los demás cuando las veas. Tu felicidad no dependerá de tu entorno.

  1. Discernimiento: distinguir entre lo que eleva y fortalece y lo que degrada y debilita.
  2. Autenticidad: ser fiel a uno mismo sin perder de vista el impacto en los demás.
  3. Gratitud: reconocer los dones recibidos y valorar la presencia de otros.
  4. Conexión con la naturaleza: buscar paz interior mediante el contacto con el entorno natural.

El Camino Directo hacia la realización, según Ramana Maharshi, ofrece una vía que no depende de posturas complicadas ni de prácticas mentales artificiales. Este sendero muestra que la única ruta fiable es ir directamente a la fuente dentro de uno mismo y que la discriminación es la virtud cardinal para elegir lo que realmente conduce a la realización.

A través de la experiencia directa, se revela que el Ser interior es inmortal y que la divinidad puede realizarse en esta vida. En este marco, Eish Shaok propone un viaje práctico, exigente y transformador que acompaña a cada persona en su camino único hacia la claridad interior y la autenticidad de vivir sin límites.

infografía del sendero espiritual y sus etapas

El Sendero Espiritual según la Filosofia Advaita - Primera Parte.

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