El tambor era un instrumento femenino cuya forma evocaba el círculo de la tierra y el útero, el ciclo de la estaciones, la luna y la mujer; la voz del tambor era la de la tierra, el latido de la vida en el vientre materno y el oculto poder de la vida dentro del mundo palpable. Tocar el tambor implicaba invocar a la madre oscura, la bruja, la oculta fuente de vida que toda mujer lleva dentro, y el compás marcaba el constante ritmo de la vida, la luna y el ciclo menstrual femenino. Como sucede con la danza, el hecho de tocar el tambor puede hacer desaparecer las restricciones del intelecto y despertar la conciencia del mundo interior, pues este instrumento se transforma en una forma de expresión de las energías creativas y en un nexo con el mundo interior. Muchas culturas cuentan con sus propios estilos de tambor y lo ejecutan de distinto modo, así que, como tienes varias posibilidades, elige la que te haga sentir mejor.
En su forma más sencilla es un aro de madera cubierto por una piel, como el bodhran irlandés o los instrumentos tradicionales de las culturas indígenas norteamericanas, y el modo más sencillo de tocarlo es marcando un compás con cada golpe. Siente su ritmo como si se tratase del pulso de la vida, tu sexualidad y tu creatividad, y su voz como la forma y la expresión que les das a esas energías. Poco a poco aumenta la intensidad del golpe, pero mantén el mismo ritmo, y percibe como las energías creativas fluyen a través de ti para nacer en el sonido. Cuando estés lista, concluye con un último golpe y, mientras escuchas como el sonido se desvanece, siente que tus energías también lo hacen.
La tradición chamanística se expresa a través de imágenes donde el tambor es un mediador entre mundos. Imagen presentando figuras de varias culturas que encajan en papeles de mediador, a menudo calificados como chamán o chamanismo en la literatura. El chamanismo es una clase de creencias y prácticas tradicionales similares al animismo. Dentro de estas creencias los chamanes obtienen su poder de las fuerzas de la naturaleza, incluyendo las de los animales, para mediar entre el mundo ordinario y el mundo de los espíritus, por lo general en estados alterados de consciencia. Aseguran tener la capacidad de controlar el tiempo, profetizar, interpretar los sueños, usar la proyección astral y viajar a los mundos superior e inferior. Algunos especialistas en antropología definen al chamán como un intermediario entre el mundo natural y espiritual, que viaja entre los mundos en un estado de trance.
Una vez en el mundo de los espíritus, se comunica con ellos para conseguir ayuda en la curación, la caza o el control del tiempo. Un segundo grupo de antropólogos discute el término chamanismo, señalando que es una palabra para una institución cultural específica que, al incluir a cualquier sanador de cualquier sociedad tradicional, produce una uniformidad falsa entre estas culturas y crea la idea equívoca de la existencia de una religión anterior a todas los demás. El chamanismo se basa en la premisa de que el mundo visible está impregnado por fuerzas y espíritus invisibles de dimensiones paralelas que coexisten simultáneamente con la nuestra, que afectan a todas las manifestaciones de la vida. En contraste con el animismo, en el que todos practican, el chamanismo requiere conocimientos o capacidades especializados.
El chamán es visto como un comunicador entre la comunidad y los espíritus, y puede viajar entre mundos en trance. La palabra chamán proviene de tradiciones túrquicas y mongolas; la raíz y las diversas etimologías reflejan saber, ascetismo y la capacidad de curar. Ciertos antropólogos, como Alicia Kehoe, cuestionan el uso moderno del término por apropiación cultural, y señalan que el chamanismo moderno occidental diluye prácticas indígenas y refuerza estereotipos. Otros investigadores proponen términos como chamanidad para enfatizar la diversidad cultural sin generalizar.
La función del tambor dentro del chamanismo es central: facilita el trance, sirve de mapa para viajar por el axis mundi y permite la comunicación con espíritus, guías y ancestros. El tambor puede estar decorado con símbolos que se refieren a animales o rangos del chamán, y a menudo su sonido sincroniza las ondas cerebrales para facilitar estados de conciencia alterados. Juha Pentikäinen y otros destacan que el tambor encarna visiones del mundo de sus pueblos, como en el caso de los tambores sami. El tambor sami es descrito como un instrumento clave para entrar en trance y para viajar entre mundos, y su iconografía y construcción reflejan una relación íntima con el paisaje y las entidades espirituales.
En las sociedades indígenas, el tambor se integra en rituales de curación, caza, guerra y vida cotidiana. La relación entre tambor, viaje del alma y hilos de simbolismo se observa en múltiples culturas: los tambores pueden representar animales, espíritus ayudantes o clanes totem. Las descripciones históricas muestran que el tambor ha sido utilizado para convocar a poderes de la naturaleza, para facilitar profecías, intercambiar información y sostener prácticas de sanación transcendentes. En algunas tradiciones, el tambor no solo acompaña la curación física, sino que también facilita la curación del cuerpo, la mente y el espíritu mediante la vibración y el trance.
La historia del tambor chamánico se entrelaza con las tradiciones de comunidades como los pueblos sami, los pueblos de Siberia, las culturas amazónicas y las comunidades de África y Asia. La construcción del tambor, la piel y la madera del aro, así como la forma (aro, marco o cuenco) y la decoración, son aspectos que se asocian con identidades culturales y con rutas de conocimiento espiritual. El tambor sirve como un puente entre el mundo visible y el mundo espiritual, y su práctica ha resistido a lo largo de siglos, adaptándose a contextos culturales y a la llegada de nuevas creencias religiosas. Varias crónicas señalan la persecución y destrucción de tambores durante procesos de cristianización, especialmente en comunidades islandesas, sami y otras, donde la represión buscó erradicar prácticas chamánicas, y donde aún persiste la memoria de estas tradiciones como símbolo de resistencia cultural.
El tambor chamánico especial, utilizado por chamanes y chamanas en viajes sagrados, es el tambor sami. En la historia global, el tambor forma parte de muchas culturas desde la India hasta África, desempeñando un papel crucial en la historia de diversas tradiciones y actuando como herramienta de conexión espiritual entre lo material y lo espiritual. La construcción del tambor, la elección de la madera del aro y de la piel del animal, así como la intención y el respeto con que se realiza, son aspectos fundamentales para que el tambor canalice energías y facilite viajes de conciencia. A través del sonido del tambor, se accede a estados de trance, se establecen vínculos con guías espirituales y se explora la realidad de lo sagrado. El tambor chamánico no es solo un objeto físico, sino un instrumento cargado de significado y poder espiritual que acompaña al ser humano en la exploración de realidades paralelas.
En la tradición lapona, el tambor lapón ocupa un lugar destacado como tambor ceremonial chamánico, con variantes de cuenco y marco de reno. Su uso sostiene la experiencia de entrar en trance y obtener información sobre el futuro y otros lugares. Más allá de estas culturas, el tambor chamánico se ha utilizado en innumerables comunidades, siempre como una herramienta de conexión entre el mundo material y el mundo espiritual. A través de este ritmo, se facilita la entrada en estados alterados de conciencia y se establece una comunicación con lo divino. Su presencia a lo largo de la historia ha sido central para las prácticas chamánicas y rituales sagrados, y su memoria continúa influyendo en representaciones culturales y artísticas contemporáneas.

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