La Hna. Andrea Rosas ecj fue parte del equipo que acompañó el Camino Ignaciano 2022, una propuesta de Ejercicios Espirituales para jóvenes que lleva adelante el Centro de espiritualidad Manresa en Córdoba. Así presenta Andrea el testimonio de tres jóvenes que participaron de la experiencia durante el verano: Priscila Torres, Ana Lucía Vece y Julián Mamaní son de la comunidad joven del Centro de Espiritualidad Corazones Nuevos de Tucumán. Ellos han ido conociendo la espiritualidad de los ejercicios y en este enero 2022 se animaron a una nueva experiencia de encuentro con el Señor: junto a otros jóvenes de diferentes provincias participaron en el Camino Ignaciano de Córdoba (Alta Gracia).
Descubrimientos y gestos de lo divino en lo cotidiano
«Lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado» poder reconocer mi propia historia, recibirla y abrazarla sin querer cambiarle nada fue un gol de media cancha. Y Jesús quería encontrarse conmigo así: como soy, con lo que tengo. Y en el silencio, con paciencia y con ternura me fue enseñando a levantar la cabeza para conectar con su mirada y dejar de perderme en mis miedos e inseguridades para mirarlo y contemplarlo a Él. Eso fue una gracia; cuando aparecían mis resistencias bastaba su presencia y su mirada, no tenía que hacer ni decir nada. Alcanzaba con ser yo mismo y permanecer en su presencia, por amor. Él hacía el resto, con amor. Ésta es la verdad que guardo en mi corazón: Dios me ama profundamente, así todo entero Y me invita a donarme y compartirme así, con lo que soy y lo que tengo».
«El camino ignaciano fue una experiencia única de encuentro con Dios y conmigo misma. Parar, silenciarme, callar mi mente es un poco difícil en el día a día, pero es algo totalmente necesario para lograr esa paz interior que sólo viene del encuentro con el amor. Entender que Su amor va más allá de nuestras ideas, inquietudes, dudas y formas y que nos ama así, tal cual somos y lo único que Él quiere para nuestra vida es sacar nuestra mejor versión entregándonos a Él. Desde el TAU (taller de autoconocimiento) ya fui vislumbrando que mi memoria, mi imaginación, mi cuerpo entraban en la conversación, fueron tomando un rol en los primeros días, me hablaron de cómo fui, porque a veces soy como soy, y como quisiera estar. Él sabe, por eso esa luz y esa brisa que entró en mi interior me ayuda hoy a poder recibir todo lo que la vida me regala, a abandonarme en sus manos confiadamente, “¿Quién de ustedes por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?”
«Mi día a día será buscar aquello que me haga fecunda, a buscar lo que más me acerca a Dios, a buscar esa intimidad que tuve en mis ejercicios, hoy en mi día a día».
Teresa Gordon es miembro del Regnum Christi, participa en la sección de jóvenes-adultos en Madrid. Teresa Gordon.- Había pasado un año ya desde mi último retiro. Llegaba a este retiro con ganas y las expectativas altas, por mi experiencia en retiros anteriores, pero también iba llena de pensamientos y preocupaciones de mi día a día. Como guinda del pastel, destacaría la confesión, una de las cosas que más me ha gustado y ayudado del retiro de este fin de semana. Una confesión a la que llegué con un profundo análisis de mi vida y de la relación con mi Padre.
años asisto a los Ejercicios Espirituales que imparte el padre D. un guión de preguntas (meditaciones). misa y pudimos disfrutar de diversos testimonios de conversión y de fe. y me costó sacar conclusiones. Disponemos de termómetros, básculas, metros… muchos aparatos de medición que nos ayudan en múltiples cosas, pero no existen aparatos que calibren la fe y vamos por la vida sin saber cuán importante es Dios en ella. No pasa nada, se puede vivir así. Pero corremos un peligro que es bastante frecuente en nuestro tiempo: que cuando aparecen los contratiempos, fracasos, enfermedades y sufrimiento, nos desesperamos, no tenemos a qué agarrarnos, no le encontramos sentido, incluso a los que nos consideramos creyentes. Y es que hay acontecimientos cuyo sentido no se puede entender desde la razón, por muy desarrollada que se tenga ésta, sino desde la fe.
Para mí acompañar ha sido uno de los regalos más importantes y bonitos que la Vida me ha ofrecido. Sentirme llamada, sorprendida y guiada por Dios para realizar este servicio de acompañamiento en la Iglesia, es algo que agradezco profundamente cada día. Digo, sentirme llamada, sorprendida y guiada por Dios, porque no ha sido algo buscado, sino que se ha cruzado en mi camino a través de mediadores que han confiado en mí y me han ofrecido la posibilidad de realizar este servicio de acompañamiento. En mi caso, ser acompañante de Ejercicios Espirituales de 8 días, significa ser parte de un pequeño equipo formado por una persona que hace las introducciones a la materia a rezar durante el día y tres o cuatro personas más que acompañamos. En este sentido recuerdo haber acompañado a una mujer laica, madre de familia que en cada encuentro manifestaba cómo Dios le acompañaba en su día a día y cómo conversaba con Dios. Le hablaba «como un amigo habla a otro» amigo.
Normalmente inicio el encuentro con el ejercitante haciendo unos momentos de silencio, que ayudan a tomar conciencia de la presencia del Señor durante la conversación que vamos a realizar. Él, el Señor, está siempre presente. En el encuentro no somos dos sino tres. Este momento de silencio termina con una pequeña lectura o oración relacionada con los puntos que se tratan ese día. Después del momento de silencio, es entonces cuando el ejercitante comienza a explicar los frutos de su oración. Este silencio inicial suele sorprender al ejercitante que llega con la libreta y las notas para iniciar la conversación rápidamente. Antes de terminar la entrevista, cuando el ejercitante ya casi cierra la libreta de las sus notas, suelo preguntar si quiere comentar algo más.
Recuerdo que Josep Rambla, en una formación, hizo una pregunta a los futuros acompañantes: “¿qué hace el acompañante cuando no acompaña?”, es decir, cuando no está haciendo la conversación con el ejercitante. “Cómo ocupa su tiempo?” Después de una primera respuesta rápida, me quedó la pregunta dentro. El acompañante ciertamente no está haciendo Ejercicios cuando acompaña, pero lo que sí es cierto es que el acompañante está inmerso también en un proceso de experiencia y de transformación espiritual en el contexto de los Ejercicios que se están realizando. Quien acompaña también se deja impactar y se impacta cuando observa cómo Dios va trabajando en el ejercitante y, sobre todo, cuando se siente testimonio privilegiado de la acción del Señor en el ejercitante.
Quiero agradecer a Josep Rambla tantos y tantos años de estudio, reflexión y oración por acercarnos a Jesús, a través de la experiencia espiritual de san Ignacio, y sobre todo, gracias por tu testimonio y por tu maestría que nos enseña a cada uno de nosotros una forma de estar en el mundo. [Adaptación de la intervención en el acto en homenaje a Josep M. Hizo Ejercicios Espirituales y ahora dedica todo el tiempo que puede a difundirlos, haciendo posible que muchos otros lleguen a esta gran experiencia renovadora. Le pedimos que diera un testimonio por Zoom a una comunidad católica que lo había solicitado y escribió esto como “borrador”; creemos que vale la pena publicarlo. Aunque suene a repetición, creo que ya otras personas les han indicado que hay un “antes” y sobre todo un “después” de los Ejercicios Espirituales Ignacianos, y el adjetivo “Ignacianos” no es un adorno. Cuando hablamos de Ejercicios Espirituales según el método de san Ignacio (en adelante los referiré simplemente como Ejercicios) no hablamos de pasar unos días en retiro, con la compañía de un sacerdote o religioso, que en silencio nos da charlas formativas sobre temática religiosa. Ni mucho menos hablamos de algo “complicado” o “reservado” para los religiosos. Es verdad que ellos deben hacerlos cada año, e incluso cada 10 años deben hacer lo que se llaman “Ejercicios típicos de mes”, que son 30 días en retiro. Pero si los cristianos conociéramos estos santos Ejercicios un poco mejor, nos auto-obligaríamos igualmente. Igual que uno se alimenta bien, en lugar de tomar “comida basura”, si conociéramos mejor los Ejercicios, los buscaríamos para recibir ese alimento espiritual. Además, hay que recordar que san Ignacio escribió el grueso de los Ejercicios siendo laico, cuando se había convertido pero aún no se había ordenado sacerdote.
Me presento, me llamo Myriam, tengo 54 años, estoy casada y tengo dos hijos de veintitantos. Por gracia de Dios nací en una familia católica, y teóricamente no me alejé de la Iglesia nunca. Obviamente los recuerdos de la niñez son de una fe tierna, infantil… y durante mi adolescencia tuve el privilegio de contar con un Director Espiritual. Posteriormente, como nos puede pasar a muchos casi sin darnos cuenta, los estudios, el trabajo y la vida de la familia me ocupaban al 100%, y tan solo seguí yendo a misa los domingos y fiestas de guardar, y tengo que reconocerlo, limitando mi contacto con Dios a la oración vocal. A veces una oración bien simple, un Padrenuestro y un Avemaría antes de dormir. Hasta hace poco más de un año, en mi vida había como dos compartimentos estancos, “la vida de todos los días” y luego “la religión”.
Desde pequeña tuve mucho contacto con una comunidad religiosa, y después he seguido cada año yendo a un “Curso de Retiro” normalmente de jueves tarde a domingo, que me servía para frenar y recapacitar, con más o menos fruto en función tanto de la habilidad del sacerdote que “predicaba” las meditaciones como de mi disposición a “escuchar” y aplicarme alguna enseñanza de aquello que oía. Me acostumbré a decir que “hacía Ejercicios Espirituales” por atender a esos retiros, y cuando me llegó la invitación para hacer los Ejercicios Espirituales online, pensé “pues me apunto, ya que no se cuando nos van a permitir hacer un retiro presencial con esto del covid”. Supongo que la diferencia entre esos cursos de retiro y los Ejercicios podríamos decir que es similar a la que existe entre ver un deporte en la televisión frente a jugar tú mismo el partido. Por muy impactante que sea el juego, lo que ves en la pantalla no te afecta como lo que tú mismo haces y experimentas.
Soy española, como lo fue San Ignacio, que antes de convertirse fue un gentilhombre de reconocido prestigio, un gran estratega. Yo pensaba que la santidad era un estado beatífico al que llegaban unos pocos, muy calmos y buenos… y no, se trata más bien de una lucha día a día, hora a hora, minuto a minuto, marcha atrás y vuelta marcha adelante, en la que guerreamos todos, y los Ejercicios son precisamente el entrenamiento para esa lucha, para tener éxito en la misma. Muchas veces se dice que saber cuál es el problema es ya la mitad de la solución. Para ilustrar un poco esta cuestión comentaré que, en mi familia todos tocamos instrumentos musicales, por lo que de forma habitual cuando nuestros hijos eran pequeños, varias madres de compañeros del colegio me pedían el contacto de un profesor de violín o piano… pero cuando les comentaba, antes de empezar, que para hacerlo correctamente hay que dedicarle todos los días un rato a estudiar el instrumento, en muchas de esas ocasiones me decían “no vayas a creer que quiero que mi hijo sea músico”… y yo les respondía “¡perdona! no se trata de ser o no ser músico .. Los conocimientos y sobre todo las habilidades no se adquieren por ósmosis… Uno no se acuesta oyendo un audio en ruso y se levanta hablando ruso. Si alguien te “vende” ese método de “aprende ruso sin esfuerzo”, te está engañando. Todo lleva un entrenamiento y un esfuerzo. Pero no es así, las cosas que valen la pena cuestan un esfuerzo. No hay un estudiante que se saque un título sin estudiar. No hay deportista que gane una competición sin hacer esfuerzo diario y entrenar. Un deportista no se levanta y va a jugar su partido sin más: sigue un entrenamiento diario, por etapas, y una vez que tiene sus músculos en forma ahí es cuando sale a jugar y aprovecha cada jugada, precisamente porque está en forma. Los Ejercicios son ese entrenamiento, y los cursos de retiro que yo solía hacer comparten con los Ejercicios una parte, pero es como recibir clases teóricas de un deporte frente a entrenar. En los Ejercicios hay sobre todo PRÁCTICA. Volviendo al símil deportivo: mis hijos sobre todo han jugado al baloncesto, han participado en cursos y campamentos de verano de baloncesto. Lo que distinguía un campamento de otro era precisamente cuantas horas de entrenamiento había. Los Ejercicios son eso: entrenar, entrenar, pelotear y darse cuenta que si lanzo de esta manera la pelota ni siquiera toca el aro, y preguntarse ¿por qué? Muchas veces, en los entrenamientos que hacemos para adquirir habilidades, parece que buscamos tener una “habilidad ocasional”… eso podría ser suficiente para aprender un idioma, baloncesto, tocar un instrumento… ¿pero para la santidad? ¿teniendo solo una vida para ello?
Mi primer contacto con las monjas y sacerdotes del Instituto del Verbo Encarnado, una familia religiosa con un carisma super mariano y super ignaciano, fue el 30 de junio de 2019 en el Cerro de los Ángeles, Madrid. Al finalizar la ceremonia de renovación de la Consagración de España al Sagrado Corazón, después de varias horas con un sol de justicia, subimos a los pies del monumento y nos encontramos una multitud de monjas, monjes y sacerdotes con sotana cantando a los pies del monumento al Sagrado Corazón. Tenían una alegría contagiosa. Unos meses después nos comunicaron que un Convento, clausurado hace 5 años en Torrelaguna (una localidad a unos 60 km de Madrid), volvería a abrirse con 5 monjas contemplativas que tenían previsto entrar a la clausura a principios del 2020. El inicio fue impactante. La Hna. María del Espíritu Santo exponía con muy pocas palabras y una lógica aplastante las verdades que ya conocía, pero expuestas y argumentadas de la manera que las presenta San Ignacio: me dejó sin palabras. Era tan obvio, tan lógico… Yo creía que me había apuntado a algo similar a aquellos cursos de retiro que solía hacer cada año, pero en plan “virtual”, más cómodos… y me di cuenta que aquello era una experiencia que no había tenido NUNCA antes. Después de cada conexión por zoom teníamos que “ejercitarnos”, meditando sobre la cuestión tratada, con unas indicaciones precisas al respecto de como hacerlo, y hasta como se debía concluir. El resumen para mi fue: “esta experiencia me ha encantado, pero me he quedado a medias”, aunque no tuve descanso hasta poder contactar con un sacerdote y hacer mi primera confesión general. Pero el Señor me tenía preparado un regalo más grande aún. La Madre nos ofreció a mi marido y a mí junto con otros 5 participantes el poder hacer los Ejercicios estando en la hospedería del convento. Las meditaciones deberían ser online ya que se iban a unir desde muchos lugares de España, pero estaríamos en retiro y no tendríamos que distraernos con preparar comidas ni ninguna otra actividad. Mi sorpresa fue que, a pesar de que ya no había esa “novedad” de la primera vez, al entrar en la dinámica de los Ejercicios, la sacudida espiritual fue incluso mayor. Contemplaba las mismas verdades que conocía, y todo era como si lo entendiera por primera vez. Esos 4 días apenas crucé 4 palabras con los demás ejercitantes (¡incluido mi marido!), y ese clima de silencio hace maravillas. Durante las comidas las hermanas nos ponían unos audios con las consideraciones de San Alfonso María de Ligorio. Tengo que decir que mi mejor Cuaresma hasta entonces había sido la de 2020, encerrada con covid en mi habitación… solos el Señor y yo. Y pensé “¿dedicar tan solo una hora al día al Señor? ¡claro! y así me preparo correctamente para Semana Santa”. No sospechaba el regalo excepcional que tenía el Señor preparado para mi…
Hago un inciso aquí para comentar que cuando hacía aquellos cursos de retiro y me presentaban testimonios de conversiones como la de Tatiana Goricheva, me sentía “frustrada” pues pensaba “¡como me gustaría algo así de maravilloso para mi!, pero no es posible puesto que yo YA soy católica”. ¡que equivocado estaba!. De nuevo, en algunas de las charlas me sentí confusa… yo sabía que me habían hablado de aquel tema en los Ejercicios,.. revisaba mis notas y ahí había apuntado aquello, pero de pronto entendía su significado y lo entendía en mi vida. Me apunté a los ejercicios espirituales a última hora y sin saber qué esperarme, ya que era la primera vez que iba a unos. Los ejercicios fueron un parón en medio del caos, los agobios, el estrés y el cansancio y mi único foco de atención pasó a ser Jesús. Los ejercicios me ayudaron a conocerle más y a comprender un poco mejor el misterio de su vida. Jesús no dejó ningún cabo suelto y durante los ejercicios pude meditar en detalles de su vida que siempre había pasado por alto pero que al meditar en ellos me dieron respuesta a preguntas que tengo yo hoy en mi vida. Descubrí que las cruces que tengo yo ya las cargó primero Jesús y encontré consuelo en Él y un amor desbordante. Cuando meditaba sobre su Resurrección y al poder pasar tiempo junto al Sagrario, me sentí identificada con Tomás, que no se creyó la Resurrección de Jesús porque no lo había visto resucitado con sus propios ojos. Sentí que yo tampoco le entendía. Que su misterio era tan grande que no cabía en un corazón tan pequeño como el mío y que mi mente limitada no lograba comprender plenamente cómo Él estaba vivo en la Eucaristía. Así que en oración y delante del Santísimo, escribí estas líneas que me gustaría compartir con vosotros. en pan y vino. ahora, eternamente. llevarte por el mundo. soy yo, Rey de los Reyes?
Para mí acompañar ha sido uno de los regalos más importantes y bonitos que la Vida me ha ofrecido. Digo, sentirme llamada, sorprendida y guiada por Dios para realizar este servicio de acompañamiento es algo que agradezco profundamente cada día. En mi caso, ser acompañante de Ejercicios Espirituales de 8 días, significa ser parte de un pequeño equipo formado por una persona que hace las introducciones a la materia a rezar durante el día y tres o cuatro personas más que acompañamos. En este sentido recuerdo haber acompañado a una mujer laica, madre de familia que en cada encuentro manifestaba cómo Dios le acompañaba en su día a día y cómo conversaba con Dios. Le hablaba «como un amigo habla a otro» amigo.
Normalmente inicio el encuentro con el ejercitante haciendo unos momentos de silencio, que ayudan a tomar conciencia de la presencia del Señor durante la conversación que vamos a realizar. Él, el Señor, está siempre presente. En el encuentro no somos dos sino tres. Este momento de silencio termina con una pequeña lectura o oración relacionada con los puntos que se tratan ese día. Después del momento de silencio, es entonces cuando el ejercitante comienza a explicar los frutos de su oración. Este silencio inicial suele sorprender al ejercitante que llega con la libreta y las notas para iniciar la conversación rápidamente. Antes de terminar la entrevista, cuando el ejercitante ya casi cierra la libreta de las sus notas, suelo preguntar si quiere comentar algo más.
Recuerdo que Josep Rambla, en una formación, hizo una pregunta a los futuros acompañantes: “¿qué hace el acompañante cuando no acompaña?”, es decir, cuando no está haciendo la conversación con el ejercitante. “Cómo ocupa su tiempo?” Después de una primera respuesta rápida, me quedó la pregunta dentro. El acompañante ciertamente no está haciendo Ejercicios cuando acompaña, pero lo que sí es cierto es que el acompañante está inmerso también en un proceso de experiencia y de transformación espiritual en el contexto de los Ejercicios que se están realizando. Quien acompaña también se deja impactar y se impacta cuando observa cómo Dios va trabajando en el ejercitante y, sobre todo, cuando se siente testimonio privilegiado de la acción del Señor en el ejercitante.
Quiero agradecer a Josep Rambla tantos y tantos años de estudio, reflexión y oración por acercarnos a Jesús, a través de la experiencia espiritual de san Ignacio, y sobre todo, gracias por tu testimonio y por tu maestría que nos enseña a cada uno de nosotros una forma de estar en el mundo.
[Aquí continúa la detallada experiencia y testimonios de otras participantes, incluyendo reflexiones sobre el acompañamiento y la relevancia de la experiencia ignaciana en las vidas de quienes la viven.]

Ejercicios Espirituales Testimonio del camino recorrido
Estas experiencias muestran que los Ejercicios Espirituales no son solo una serie de meditaciones, sino un entrenamiento profundo que involucra saber escuchar, silencio, atención a la propia historia y apertura a la acción de Dios en la vida cotidiana. El acompañamiento, desde esta visión, se convierte en un proceso inseparable de crecimiento para ejercitantes y acompañantes, en el que cada encuentro es una oportunidad para descubrir la gracia que transforma.
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