El training autogeno (TA) es una técnica de relajación-desensibilización, con la que es posible obtener reacciones psicofísicas medibles, utilizada principalmente para el tratamiento de la ansiedad, la depresión y las reacciones psicosomáticas incontroladas. Fue desarrollado por el psiquiatra alemán Johannes Heinrich Schultz, también gracias a sus predecesores Abbé Faria y Émile Coué, y difundido por primera vez en 1932. Estudiando las respuestas psicosomáticas de sujetos inmersos en un estado hipnótico, J.H. Schultz propuso la repetición (al principio guiada, luego autónoma) de visualizaciones mentales responsables de la inducción de relajación psicofísica.
Se basa en la concentración pasiva de las percepciones corporales (por ejemplo, pesadez y calor de brazos y piernas), facilitada adicionalmente por la auto-sugestión. El TA se utiliza especialmente para mejorar la gestión emocional; en el ámbito clínico es útil para aliviar ciertos trastornos psicosomáticos inducidos por el estrés y, en el terreno deportivo, para mejorar el enfoque del atleta hacia la performance, especialmente en competición. Los profesionales del biofeedback integran elementos de visualización autógena y los combinan con versiones simplificadas de técnicas paralelas.
Por biofeedback se entiende un proceso de aumento de la conciencia de muchas funciones fisiológicas, utilizando herramientas que analizan la actividad de esos sistemas con el objetivo de poder manipularlos a voluntad. Entre los procesos controlables figuran: ondas cerebrales, tono muscular, conductancia de la piel, frecuencia cardíaca y percepción del dolor. El biofeedback puede usarse para mejorar la salud y el rendimiento físico, y para intervenir en reacciones psicosomáticas y emocionales. Al final del proceso, estos cambios pueden mantenerse sin equipo adicional, ya que, a excepción de las mediciones iniciales, no se necesita equipamiento.
El TA tiene múltiples aplicaciones y desde sus inicios ha sido evaluado en ámbitos clínicos en Alemania y, desde los años 80, a nivel mundial. En 2002 se publicó en Applied Psychophysiology and Biofeedback una metaanálisis de 60 estudios, realizado por Stetter y Kupper, que mostró efectos positivos del tratamiento, estimados no solo en parámetros médicos, sino también en la calidad de vida. En el marco de la concentración pasiva inducida por el TA, la persona es instruida a focalizarse exclusivamente en sensaciones internas, más que en estímulos ambientales. El término "pasividad" se refiere a una actitud positiva específica, no negativa.
Durante las fases iniciales del entrenamiento, la sensación de pesadez en el brazo se expresa de forma más intensa y rápida, y la misma sensación puede experimentarse posteriormente en otros distritos corporales, incluso al mismo tiempo. Al añadir una nueva fase de ejercicio, el sujeto debe primero concentrarse en los ejercicios ya aprendidos, repitiéndolos, y solo después incorporar un nuevo recorrido. En la práctica, la reducción de fórmulas y la estabilidad de la técnica permiten su adopción en distintos contextos clínicos y educativos.
El TA se clasifica como una técnica auto-hipnótica y, por tanto, se distingue sustancialmente de la hipnosis hetero-dirigida por un terapeuta. Es una técnica mind-to-muscle que parte del supuesto de alcanzar un estado de relajación corporal a través de la concentración mental. En relación con otras evidencias, su utilización se ha explorado con interés en oncología para reducir dolor y mejorar la calidad de vida percibida, permitiendo al paciente realizarla en casa y en contextos familiares, facilitando su práctica diaria. Los resultados a los 10 meses de entrenamiento mostraron reducción de la ansiedad en el cuestionario HADS, mayor vigor y espíritu de lucha (POMS), y reportes de pacientes sobre menor enojo y tensión, mayor facilidad para dormir y mejora de la focalización y la expresión de pensamientos, favoreciendo un incremento del bienestar percibido.

Estudios como Hidderley (2004) evaluaron el efecto del TA en pacientes oncológicos sobre la respuesta inmunitaria y variables de ansiedad y depresión (HADS), observando reducción de ansiedad y depresión y mayor respuesta inmunitaria a nivel de linfocitos T y B. Minowa y Koitabashi (2013, 2014) reportaron incremento de la inmunoglobulina A salivar y reducción de ansiedad y dolor tras protocolos de TA en mujeres con cáncer de mama tras cirugía. Los autores señalan que la parasimpatía estimulada por TA podría contribuir a interrumpir el circuito de ansiedad, tensión y dolor. En conjunto, los resultados sugieren beneficios del TA para mejorar el bienestar y variables psicológicas y físicas interconectadas en pacientes oncológicos.
Las prácticas de TA incluyen guías para realizar ejercicios de forma autónoma: buscar un lugar tranquilo, realizar los ejercicios sentado o acostado, cerrar los ojos, respirar profundamente desde el abdomen, pronunciar las fórmulas en silencio o en voz alta y repetarlas de 3 a 6 veces. Las indicaciones iniciales orientan sobre la normalidad de no percibir de inmediato las sensaciones deseadas y sobre posibles respuestas temporales contradictorias, como un incremento transitorio de la frecuencia cardíaca. Se recomienda practicar regularmente, al menos tres veces por semana. El TA, propuesto por Schultz en la década de 1930, se ha difundido como una técnica de relajación y autoinducción, entre otras cosas, para atletas, parto y procedimientos quirúrgicos, y se ubica en un punto entre técnicas de relajación y estados de autohipnosis.
Históricamente, el TA surgió de observaciones de comienzos del siglo XX sobre pacientes entrenados en hipnosis que podían inducir estados de autohipnosis útiles para combatir fatiga y dolor. Schultz desarrolló la técnica para que el sujeto aprendiera a autoinducir un estado psicofísico específico, con un procedimiento que exige un entorno tranquilo, temperatura moderada y ropa cómoda, favoreciendo una postura que evite tensiones. Aunque es posible aprender a partir de textos divulgativos, la guía de un experto es preferible. El entrenamiento comprende ejercicios inferiores (pesadez, calor, corazón, respiración, plexo solar y frente) basados en la concentración pasiva sobre la experiencia sensorial. Los ejercicios superiores, que requieren dominio de los inferiores, deben ser conducidos por psicoterapeutas expertos y permiten una interacción con contenidos inconscientes mediante visualización de colores, objetos o experiencias simbólicas.
La mayoría de los estudios muestran que, cuando se realiza correctamente, el TA activa el sistema trofotrófico (sistema de reposo) con reducción de la activación ortosimpática y aumento de la activación parasimpática. Se observa frecuente reducción de tensión muscular, frecuencia cardíaca, presión arterial y conductancia de la piel, así como mayor sincronización de la actividad EEG y menor consumo de oxígeno. En comparación con otras técnicas de relajación, los resultados son similares en muchos estudios, aunque los mecanismos de inducción difieren. En sujetos normales, el TA se emplea principalmente para relajación y manejo del estrés, así como para preparación psicofísica de deportistas, parto o intervenciones quirúrgicas. Su uso en psiquiatría abarca especialmente los trastornos de ansiedad, somatización, insomnio y tics; no está indicado para depresiones clínicas y puede estar contraindicado en trastornos de la personalidad, la esquizofrenia o en sujetos con riesgo de descompensación psicótica. En medicina ha sido utilizado para cefaleas, colitis, úlcera péptica, gastritis, hipertensión, asma seleccionado, dermatologías, y dolor funcional, entre otros.
Los estudios controlados señalan que, en general, el TA produce cambios semejantes a otras técnicas de relajación, pero su protocolo se apoya en mecanismos específicos de inducción por concentración pasiva. Su aplicación es amplia en medicina y psicología clínica, con mayor evidencia en dosis bajas y ejercicios del ciclo inferior; hay menor documentación rigurosa sobre los ejercicios superiores. Antes de iniciar tratamiento, se recomienda una evaluación diagnóstica completa por un médico o terapeuta experto en TA, y la relación costo-beneficio debe evaluarse caso por caso. En general, el TA puede requerir más tiempo y costo que otras técnicas de relajación, y la respuesta individual varía: algunas personas aprenden a relajarse más fácilmente que otras, algunos prefieren otras técnicas.
| Aspecto | Descripción |
|---|---|
| Fundamento | Relajación por concentración pasiva y autoinducción. |
| Ejercicios inferiores | Pesantez, calor, corazón, respiración, plexo solar, frente. |
| Ejercicios superiores | Colore, visualización, contenidos inconscientes; sólo con terapeuta. |
| Ámbitos de uso | Medicina, psicología, psiquiatría, deporte, oncología. |
| Contraindicaciones | Trastornos de personalidad, esquizofrenia, descompensación psíquica. |

En resumen, el training autógeno ofrece una vía para la relajación y la autoregulación emocional que puede practicarse en casa, lo que facilita su uso diario y su integración en planes de manejo del estrés y mejora de la calidad de vida, especialmente en contextos de dolor crónico, ansiedad y condiciones oncológicas. Su carácter autoinducido y su potencial para mejorar múltiples dimensiones de la salud lo convierten en una herramienta valiosa cuando se acompaña de una evaluación clínica adecuada y supervisión profesional.