El Buda decía que hay "ciertas cosas que son impensables" y que si la gente trata de pensar mucho en ellas, "nunca las va a poder resolver". Una de ellas es tratar de entender la ley del kamma o karma, otra es especular acerca del origen del universo, si fue creado o no. Kamma es el término en pali, la lengua emparentada con el sánscrito en la que se expresaba el Buda, y karma en sánscrito. Al popularizarse el budismo, muchos estudiosos empezaron a usar el sánscrito, aunque el Buda no lo utilizara, aclara Bhikkhu Nandisena, monje budista y representante del Instituto de Estudios Buddhistas Hispano (IEBH) de México. El concepto forma parte del descubrimiento de la "realidad última" que hizo el Buda, una realidad "inefable", diferenciada de la realidad convencional. El kamma y la reencarnación son, pues, conceptos complejos de abordar, y en el budismo y el hinduismo existen varias escuelas y tradiciones.
En el budismo: acción, puertas y unidad de kamma
El Buda señala que hay tres puertas de acción: el cuerpo, el lenguaje y la mente. "A través del lenguaje y del cuerpo interactuamos con los demás y podemos hacer acciones buenas o causar daño y sufrimiento a otros seres sensientes". La puerta de la mente es una vía privada que lidera a las otras, por lo que la ética budista se apoya en las puertas del cuerpo y del lenguaje, consideradas públicas. "Cada vez que realizamos una acción a través de la puerta del cuerpo o la puerta del lenguaje o la puerta de la mente, generamos lo que se denomina el kamma".
La potencialidad del kamma nace en cada momento de conciencia; cada unidad de kamma corresponde a un volición que acompaña a nuestras acciones y que genera una potencialidad. "Cuando ejecutamos una acción, por ejemplo de generosidad, compasión o que daña a otros seres, se produce una potencialidad en nuestra continuidad. Esa potencialidad permanece como tal hasta que se dan las circunstancias o condiciones para que produzca un resultado". Por eso se habla del kamma como "asincrónico": el efecto puede darse en diferido, y puede ser mental o material.
La reconexión budista plantea que existen seis tipos de conciencia: la del ojo, la del oído, la de la nariz, la de la lengua, la del tacto y la de la mente, todas dependientes de propiedades materiales. Cuando desaparecen estas propiedades, ocurre la muerte; pero la conciencia mental, con sus condiciones previas, continúa tras la muerte y se vincula al surgimiento de la vida. En el momento en que el espermatozoide y el óvulo se unen, surge la reconexión que da origen al soporte de la conciencia y, a partir de ahí, se desarrollan las distintas facultades sensoriales. No hablamos de reencarnación en el sentido de una identidad que transmita una esencia, sino de una continuidad sin una misma “yo” que persista de forma inmutable. En algunas tradiciones budistas se usa el término reconexión en lugar de reencarnación, como traducción directa del pali.
Las acciones son progenitoras: el Buda dice que "los seres son propietarios de sus acciones y que las acciones son sus progenitores". Se requieren tres condiciones para una reconexión humana: la unión del padre y la madre, el periodo de fertilidad de la madre y la fuerza kammmica del ser que va a reconectar. En textos budistas hay reconexiones sin la primera o la segunda condición, lo cual indica que la kamma tiene una influencia directa en la continuidad de la vida y su experiencia. La ley del kamma describe la relación entre causa y efecto, y se entiende como una responsabilidad activa: nuestras acciones generan resultados que pueden afectar a otros seres y a nosotros mismos en futuras existencias.
En el hinduismo: karma, cuerpo y liberación
En el hinduismo, la muerte de todo lo que nace es tan inevitable como el nacimiento de todo lo que muere, y la reencarnación y el karma son componentes centrales de la cosmología. El karma es descrito como una ley de causa y efecto en el mundo material, donde cada acción tiene una consecuencia y esa cadena de causas y efectos constituye la existencia del universo y del ser humano. Hay una dimensión moral: las acciones positivas dan lugar a resultados positivos y las negativas a resultados negativos. Además, se propone una triple composición del ser: un cuerpo material, un cuerpo sutil y otros componentes como la mente, el intelecto y el citta, depósito de impresiones latentes que puede determinar la reencarnación.
El cuerpo sutil, según la escuela Vedanta, consta de 17 partes: los 5 sentidos de percepción, las 5 capacidades de acción, los 5 aires vitales, la mente y el intelecto. El citta funciona como un depósito de acciones y de impresiones latentes; cuando se reencarna, no es la identidad del yo la que se transfiere, sino la energía acumulada de las acciones y las impresiones grabadas en la mente. Las impresiones latentes son la materia prima del recuerdo y condicionan la reencarnación: si el karma es bueno, tienden a cargarse positivamente; si es malo, negativamente. Sin embargo, el objetivo es liberarse de ambas polaridades mediante prácticas como el karma yoga, que implica servir desinteresadamente a los demás. En este marco, la liberación de la ignorancia es esencial, pues la dualidad del mundo del karma mantiene a los seres atados a un ciclo sin fin.
En la tradición hinduista, hay varias corrientes y escuelas, y el reconocimiento de la reencarnación y del karma es compartido por muchas de ellas como una visión unificada de la existencia. La idea de la reconexión y de la liberación se ha desarrollado en distintas tradiciones, con enfoques que van desde la integridad de la identidad personal hasta la continuidad de las energías kármicas que acompañan la vida. El debate entre las tradiciones budistas y hinduistas continúa, pero ambas comparten la idea de que las acciones y las fuerzas kármicas configuran la trayectoria de las existencias y la posibilidad de liberación a través de prácticas éticas y contemplativas.
La historia de la lengua y la transmisión de las enseñanzas
Sanskrit se convirtió con el tiempo en la lengua principal de la literatura y la filosofía budistas en el norte de la India y más allá, incluso cuando el Buda no hablaba sánscrito. A diferencia del pali, que fue la lengua de las enseñanzas tempranas, el sánscrito se consolidó como lengua de la erudición, la gramática y las tradiciones posteriores, incluida la transmisión de textos Mahayana y Vajrayana. A lo largo de la historia, el sánscrito influyó en la tradición budista de Asia, en particular en Tibet, Nepal y Asia Oriental, y dio lugar a una vasta literatura que abarca filosofía, lógica-epistemología, jatakas, poesía y teoría de la gramática. En la modernidad, proyectos como el Digital Sanskrit Buddhist Canon buscan digitalizar y difundir textos budistas en sánscrito, fortaleciendo el estudio académico y la preservación de estas tradiciones.
Además, la difusión del budismo y su encuentro con culturas vecinas llevó a la utilización de múltiples escrituras y scripts: Brahmi, Kharosthi, Gupta, Siddhaṃ y otros, reforzando una identidad lingüística compleja que acompaña la diversidad de textos canónicos y comentarios a lo largo de las tradiciones Theravada, Mahayana y Vajrayana. Esta diversidad lingüística muestra la capacidad del budismo para adaptarse a múltiples contextos culturales sin perder su núcleo doctrinal, que se ha mantenido a través de una continuidad interpretativa desde la predicación del Buda en Sarnath hasta las tradiciones contemporáneas.
