Expectativas sobre la reencarnación y la legitimidad de la sucesión del Dalái Lama

El dalái lama declaraba el pasado miércoles su intención de reencarnarse. No solo eso, ha subrayado que será su comunidad en el exilio la única que tiene legitimidad para reconocer a su sucesor. Estas declaraciones, realizadas en el marco de los actos previos a la celebración del 90º cumpleaños del líder espiritual tibetano, que tendrá lugar el domingo día 6 de julio, ofrecen por primera vez un atisbo sobre cómo será su sucesión, uno de los grandes interrogantes del budismo tibetano, máxime cuando China ha manifestado en numerosas ocasiones su voluntad de gestionar su sucesión y aprobarlo oficialmente.

Para entender el escollo de esta cuestión obliga a remontarse a principos de siglo, cuando Tenzin Gyatso, un niño tibetano nacido en la provincia de Amdo, fue elegido como máximo exponente del budismo tibetano. Un día de mediados de diciembre de 1933, Thubten Gyatso (1876-1933), el XIII dalái lama, se sentía indispuesto. Su médico personal le comunicó que estaba enfermo, así que le aconsejó que reposara. El oráculo de Nechung, un médium al que se le atribuyen poderes para invocar a los espíritus según la tradición budista tibetana, le administró una medicina que acabó empeorando su estado. No está claro si aquel error fue deliberado o involuntario, pero unas horas más tarde, el máximo líder político y espiritual tibetano exhalaba su último respiro.

El suyo había sido un mandato relativamente tranquilo y en cierta medida próspero. Los últimos días de la dinastía Qing habían dado a los tibetanos la oportunidad de disipar a las entonces fragmentadas tropas chinas, mientras que una cierta prosperidad vivida en las primeras décadas del siglo XX había posibilitado la entrada de ciertos elementos modernos en el Tíbet, como la electricidad y el teléfono. Pero aquellos años de buenaventura parecían quedar atrás, y tanto el propio dalái lama como las creencias tibetanas parecían augurar un tiempo convulso. Los tibetanos creen que la muerte de una persona en domingo o martes puede traer alguna enfermedad a la familia. Como el dalái lama no tenía familia, se consideraba que la desgracia se cerniría sobre todo el pueblo tibetano, con lo que urgía encontrar una reencarnación en el menor tiempo posible.

Thubten Gyatso había sido nombrado dalái lama con solo 3 años de edad, con lo que, según la tradición tibetana, la decimocuarta reencarnación debía de estar al llegar, si no lo había hecho ya. La cuenta atrás había empezado.

La reencarnación: una ardua travesía basada en indicios

Según la tradición tibetana, más que una reencarnación, la del dalái lama es una emanación, ya que, de alguna manera, se basa en indicios que proceden de Su Santidad antes de abandonar el cuerpo. Los tibetanos otorgan el título de Tulku (Cuerpo de Emanación de Buda) a aquellos maestros que han dominado la muerte a través de la reencarnación y el conocimiento del lugar de su nuevo nacimiento. Se trata de una tradición que hunde sus raíces antes de la llegada del budismo al Tíbet y que usa no solo para la designación del dalái lama, sino también para otros lamas que tienen relación con seres iluminados.«La reencarnación es lo que ocurre cuando alguien renace después de la muerte del predecesor. La emanación es cuando hay manifestaciones sin que la fuente haya fallecido».

Tal y como describe el propio dalái lama en su portal oficial, “una vez creado el sistema de reconocimiento de los Tulkus, se desarrollaron diferentes maneras de proceder. Entre las más importantes se encuentran: el hecho de que el predecesor dejara una carta con predicciones, instrucciones e indicaciones sobre lo que podría ocurrir; el que una reencarnación relate y hable de su vida anterior con detalles exactos; la identificación de pertenencias del predecesor y el reconocimiento de personas allegadas a él. Además, hay modos adicionales como el pedir una adivinación a maestros espirituales fidedignos, consultar a oráculos terrenales que hablan a través de médiums en trance y observar las visiones que se manifiestan en los lagos sagrados de los protectores, como el Lhamoi Latso, un lago sagrado al sur de Lhasa”.

Casi todos esos preceptos se dieron en su propia reencarnación.

Primeras pistas: el cuerpo inerte del XIII Dalai Lama mira hacia el este

Así, los maestros designados con el título de Tulku conservan una capacidad innata de dejar indicios para encontrar a su sucesor. En el caso del XIII dalái lama, los tibetanos encontraron algunas de esas pistas el mismo día de su muerte. Según se relata en la biografía autorizada escrita por Mayank Chhaya, “Dalai Lama, hombre, monje, místico”, en el momento de su fallecimiento el líder espiritual “ofrecía un aspecto contemplativo […] mirando al sur. Misteriosamente, su cabeza se inclinó hacia el este. Uno de los monjes lo advirtió y la dirigió suavemente hacia el sur. Al día siguiente, la cabeza volvía a apuntar hacia el este”.

Esta misma fuente hace eco de otros dos indicios que aparecen en informes oficiales de la época. Un pilar de madera seca de un templo desarrolló en la base un hongo con forma de estrella y una flor de dragón brotó como por arte de magia en un patio central del palacio. Además, en el cielo apareció una congregación de nubes en el nordeste que parecían marcar en camino a seguir.

El presagio del lago Lhamoi Latso

Año y medio después del fallecimiento del último dalái lama, Reting Rimpoche decidió buscar más indicios en el lago Lhamo Latso, situado a 1.500 metros de altitud a unos 150 kilómetros de Lhasa. Se dice que, tras un largo período de contemplación, visualizó las tres letras tibetanas ‘A, Ka y Ma’ en la superficie del lago, seguido de unas visiones de una estructura de tres plantas con un tejado dorado y paredes de azulejos verdiazules, así como un sendero angosto que rodeaba una pequeña colina que remataba en una pequeña casa. Aquellos indicios apuntaban claramente que el XIV dalái lama había llegado al mundo, pero ¿dónde había que buscarle? ¿Qué significaban aquellos augurios?

El oráculo de Nechung y el Panchen Lama guían el camino

Las autoridades religiosas tibetanas estuvieron dos años más debatiendo sobre los indicios, con lo que recurrieron al oráculo de Nechung para que invocara a los espíritus de las deidades protectoras. Así, el oráculo dio instrucciones de enviar tres equipos de búsqueda en tres direcciones: Dakpo, en el sudeste; Kham, en el este, y Ambo, en el nordeste. En septiembre de 1938, casi 5 años después de la muerte del XIII dalái lama, partía por fin la expedición en busca de la reencarnación de la máxima figura del budismo tibetano.

La siguiente pista la dio el panchen lama, la segunda entidad después del dalái lama, quien identificó a tres niños como posibles reencarnaciones. Uno de ellos había fallecido, mientras que el otro resultó ser un fiasco. El último de los candidatos era un pequeño llamado Lamo Thondup nacido en un pequeño poblado llamado Taktser. Para no cometer errores, envió a dos emisarios: el lama del monasterio de Sera Keutsang Rinpoche y su ayudante, Tsedrun Lobsang, quienes partieron de Lhasa hacia el este. Cuando llegaron al monasterio de Kumbum, quedaron boquiabiertos al ver un templo de tres plantas con azulejos verdiazules y un sendero que rodeaba una pequeña casa, tal y como indicaban la visión del lago Lhamoi Latso. De todos modos, decidieron idear una elaborada estratagema para poner las cosas difíciles al posible reencarnado.

“Ese rosario es mío”, la revelación del pequeño Dalái Lama

Al llegar a Lhasa, el abad tomó asiento y Lhamo Thondup, con 5 años, mostró un claro reconocimiento del rosario y del abad. El dalái lama observó la escena y la comitiva llevó a cabo nuevas pruebas para confirmar que aquel niño era la reencarnación. El episodio quedó registrado como una prueba de identidad y la conclusión fue favorable para iniciar los preparativos para el viaje a Lhasa. El 21 de febrero de 1940, Lhamo Thondup, que por aquel entonces contaba con 5 años de edad, se preparaba para asumir el papel del Dalai Lama. Y así fue como, después de que Lhamo superara sin problemas las diversas pruebas, el equipo de búsqueda se dio cuenta de que las letras “A, Ka Ma” hacían referencia a Amdo, Kumbum y la ermita de Karma Shar-ston, respectivamente. Todas las piezas parecían encajar. Comunicaron a la familia que su pequeño era la reencarnación de un importante lama, e iniciaron los preparativos para el largo viaje a Lhasa.

El 21 de febrero de 1940, Lhasa celebraba con júbilo la llegada del XIV dalái lama. Diez años después, a los 15 años de edad, asumiría todo el poder político del Tibet. En 1959, tras un infructuoso levantamiento contra la ocupación china, el dalai lama emprendió su huida hacia el exilio.

Nuevos tiempos, nuevas reencarnaciones

En 2023, 90 años después del fallecimiento del XIII dalái lama, la preocupación por la reencarnación vuelve a sobrevolar sobre el budismo tibetano. El pasado mes de marzo Tenzin Gyatso presentó en Dharamsala, la ciudad del norte de la India donde permanece en el exilio desde 1959, a un niño de ocho años que asegura que es la reencarnación del último jetsundhampa khutughtu, uno de las figuras más importantes de la religión tibetana, cuyo último representante falleció en 2012. Uno de los encargados de guiar esa iluminación fue la misma figura que dio con él mismo hace hoy 85 años: la decimosexta reencarnación del oráculo de Nechung, quien se había reunido en numerosas ocasiones con el pequeño y con sus padres.

El gobernador de la reencarnación se ha mantenido en secreto para evitar la injerencia de China, una de las mayores preocupaciones del líder tibetano, y la controvertida elección del panchen lama ha marcado un antes y un después en la dinámica del exilio.

Con todo, el dalái lama ha dejado abierta la posibilidad de que su sucesor nazca en un país libre, fuera de China y del Tíbet, alimentando especulaciones sobre su lugar de nacimiento y la identidad de su sucesor. También ha sugerido la posibilidad de dejar instrucciones escritas o incluso de nombrar a su sucesor mientras esté vivo, emulando a la fumata blanca del Vaticano.

China tiene otros planes

Sin embargo, como ya sucedió con el último panchen lama, todo parece indicar que su voluntad choque diametralmente con la voluntad de China, cuyo Gobierno afirma tener la última palabra en la reencarnación de las figuras religiosa. En 2008, la Oficina Estatal de Asuntos Religiosos del país publicó un reglamento denominado “Medias de Gestión de la Reencarnación de los Budas Vivientes”, basado en una antigua normativa de la dinastía Qing. Esta normativa establece condiciones para la elección de los líderes de distintas confesiones, entre ellos, el dalái lama.

La noticia fue recibida con júbilo en Dharamshala. “La institución del dalai lama continuará”, afirmó el líder en su declaración, nombrando al Gaden Phodrang Trust como la “autoridad exclusiva” para dirigir la búsqueda. El proceso de reencarnación del dalái lama es un complejo ritual que comienza tradicionalmente tras la muerte del líder. Históricamente, el panchen lama, la segunda figura del budismo tibetano, juega un rol crucial en la validación de este hallazgo.

La China comunista se anexionó el Tíbet en 1951 y considera al Dalai Lama un separatista. Pekín insiste en que solo ella tiene la autoridad para aprobar al próximo líder religioso. El Dalai Lama ha dicho anteriormente que se reencarnará fuera del Tíbet, lo que se interpreta como una respuesta práctica a la situación dentro del territorio controlado por China. La búsqueda del próximo Dalai Lama continúa en un marco de tensiones entre exilio tibetano y Beijing.

Infografía: Línea de tiempo de la reencarnación del Dalai Lama

El Dalai Lama cumplió 90 años en Dharamsala, donde afirmó que continuará vivo para servir a los demás y que la búsqueda de su reencarnación será gestionada por su fundación. “La institución del dalai lama continuará”, reiteró, y añadió que “tendremos un sucesor después de mi muerte” en el marco de un contexto de creciente vigilancia china y de la defensa de la identidad tibetana en el exilio.

¿Qué es un tulku? El misterio budista de los renacimientos conscientes

El fenómeno de la reencarnación en el budismo tibetano se ha definido históricamente como un proceso guiado por señales, oráculos y pruebas, que culmina en la selección de un niño con rasgos y objetos asociados al predecesor. A lo largo de los años, este ritual ha estado marcado por tensiones con China, que busca controlar la sucesión para consolidar su influencia en el Tíbet.

En Dharamsala, la celebración del 90º cumpleaños del Dalai Lama coincidió con un llamamiento a la unidad tibetana y a la defensa de la autonomía mediante medios no violentos. La figura del Dalai Lama, visto por millones como una manifestación de Chenrezig, continúa siendo un símbolo de identidad y esperanza para el pueblo tibetano, tanto en el Tíbet como en el exilio.

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