En zazen dejamos de imponernos al mundo ya sea mediante nuestro pensamiento habitual o mediante cualquier esfuerzo por controlar o juzgar nuestra experiencia meditativa. Sólo entonces podremos encontrarnos con el mundo que se está desarrollando a nuestro alrededor, dentro y a través de nosotros, pero este encuentro requiere energía y participación.
Este episodio aborda los dos aspectos esenciales de la práctica de zazen: lo que no estamos haciendo y lo que estamos haciendo. Ambos son igualmente importantes y fácilmente se malinterpretan.
“Hacer” y “No Hacer” en Zazen
Lo que no estamos haciendo durante zazen es dejar de imponer nuestra voluntad al mundo; sin embargo, nuestra mente puede seguir generando pensamientos y cavilaciones. Llamo a nuestro pensamiento habitual imponernos al mundo porque, aunque sea sólo a través de nuestros pensamientos, implica afirmarnos activamente en el proceso de nuestras vidas.
La cuestión es que hay diferentes niveles en nuestra experiencia. Cuando Dogen nos dice que dejemos de pensar “bueno” o “malo”, que dejemos de juzgar “verdadero” o “falso” y que “renunciemos a las operaciones de la mente, el intelecto y la conciencia”, creo que está hablando de una especie de metaconciencia. Cuando tenemos metaconciencia, o se podría decir cuando nuestra atención está completamente abierta, somos conscientes de lo que estamos haciendo y pensando, así como de lo que sucede a nuestro alrededor y dentro de nosotros.
En Fukanzazengi, o “Instrucciones Universalmente Recomendadas para Zazen”, Dogen dice: “No pienses ‘bueno’ o ‘malo’... Abandona las operaciones de la mente... Piensa en no pensar. No pensar: ¿qué clase de pensamiento es ese? Sin pensar. Este es el arte esencial del zazen.”
La meta no es detener el surgimiento de pensamientos, sino no reaccionar con discriminaciones cuando regresa nuestra metaconciencia. Si cien pensamientos surgen y cien veces regresa la atención, la práctica es zazen perfecto; si reaccionamos a cada pensamiento como algo que “debe” ser rechazado, caemos en una dualidad que distrae.
Metaconciencia en Contraste con la Facultad de Pensar de la Mente
La metaconciencia nos permite abstenernos de “pensar” en términos de juicio mientras estamos sentados. Practicamos el no pensar -dejando de lado cualquier discriminación- sobre nuestra experiencia, sin diferenciar entre interior y exterior. No se trata de controlar la mente, sino de permitir que lo que surge sea parte del flujo de la vida.
La idea clave es que, cuando nuestra metaconciencia regresa, elegimos no clasificar lo experimentado. No identificamos “estar atrapados en pensamientos” como algo que debemos evitar a toda costa; se trata de enfrentar la experiencia tal como surge y regresar al objeto primario de atención: la respiración o el momento presente.
Encuentro con el Mundo Durante Zazen
Si practicamos zazen de todo corazón y dejamos de imponernos al mundo, nos encontramos con el mundo tal como es. El encuentro exige valentía y apertura; reconocer que nuestra atención puede desplazarse libremente nos permite habitar plenamente cada momento. Esta presencia no es una obsesión por la conciencia continua, sino una respuesta sincera a la vida tal como se desarrolla a nuestro alrededor y dentro de nosotros.
La práctica de zazen no se reduce a la quietud física; implica una actitud profunda de apertura ante lo que surge. En el zen, la respiración y la postura coordinan una atención que permite que la mente se reciba a sí misma y al mundo con claridad. Todo lo que aparece, como pensamientos o sensaciones, puede ser observado con curiosidad y dejados ir cuando ya no sirven.
Qué interfiere en nuestro Zazen y cómo superarlo
La presencia plena se refuerza cuando dejamos de imponernos al mundo, ya sea por medio del pensamiento habitual o por esfuerzos por controlar la meditación. Tras dejar de lado estas agendas, el pequeño yo pierde interés, y podemos practicar con mayor libertad. Si llega un pensamiento -por ejemplo, fantasías- lo observamos sin reaccionar y volvemos al objeto de atención. Así, la oportunidad de habitar cada momento se hace más tangible.
En la práctica, se recomienda diseñar un espacio y una rutina que redunde en presencia: una postura estable, una respiración consciente y tareas cotidianas llevadas con atención plena. La interdependencia de todas las cosas (karma) sugiere tratar cada pensamiento y emoción con respeto, comprendiendo que forman parte de un entramado mayor que no está bajo nuestro control individual.
Aplicación práctica de zazen en la vida diaria
Esta guía propone dos enfoques para meditar: 1) sentado 5-10 minutos al día, y 2) aplicando la atención plena a tareas monótonas para convertir cada acción en una oportunidad de presencia. La clave es dirigir la atención al proceso, no al resultado, y crear reglas para evitar decisiones innecesarias que fatiguen la mente.
- Sentarse a meditar 5-10 minutos al día: postura, respiración y concentración en cada exhalación, contando hasta diez y volviendo a empezar ante distracciones.
- Aplicar la meditación a tareas cotidianas: comer en silencio, caligrafía, limpieza y orden; centrarse en el proceso y en los sentidos.
Otra idea es la creación de reglas para eliminar elecciones constantes. De esta manera, la mente se ahorra energía y se facilita la presencia. Por ejemplo, limitar las decisiones de vestimenta o planificar comidas para la semana puede reducir la fatiga decisional y favorecer una mayor atención al momento presente.
La práctica diaria no busca un estado de paz idealizado, sino una apertura continua a lo que surge. En palabras del propio enfoque zen, la intención es estar presentes en cada tarea sin buscar un fin específico, permitiendo que la práctica se integre naturalmente en la vida cotidiana.
Conexiones culturales y prácticas contemporáneas
La experiencia de retiros y templos zen ayuda a entender que la práctica no se reduce a imágenes exóticas; su riqueza está en la atención al detalle de cada tarea. En el contexto occidental, es común ver el zen como algo exótico o folclórico, pero la verdadera enseñanza invita a vivir zazen en lo cotidiano: caminar despacio, respirar de forma consciente y dedicar tiempo para desconectar de pantallas.
La historia de Tanzan y Ekido ilustra la importancia de interactuar con las experiencias sin aferrarse ni rechazarlas, permitiendo que cada momento fluya y se disuelva naturalmente. Este principio guía no solo la meditación, sino todas las acciones diarias, desde lavar los platos hasta caminar, siempre presentes y atentos a cada acción y sensación.

QUÉ ES EL BUDISMO ZEN? BENEFICIOS DE LA FILOSOFÍA ZAZEN EN TU VIDA | PRÁCTICA DE LA MEDITACIÓN ZAZEN
Para empezar a practicar zazen basta con asistir a las sesiones de meditación en un dojo o centro zen. La tradición desciende del linaje de Taisen Deshimaru; practicar en grupo favorece la concentración y la continuidad. La postura del loto o medio loto, la alineación de la espalda y las manos en mudra, junto con una respiración lenta y profunda, son elementos comunes para estabilizar el cuerpo y la mente.
La práctica no se trata de alcanzar una meta, sino de estar presentes en el aquí y ahora, permitiendo que la sabiduría aparezca a través de la atención plena. Zazen es la postura del despertar: sentarse, observar y permitir que el flujo de pensamientos y sensaciones se deslice sin identificación ni resistencia.
En resumen, vivir zazen en la vida cotidiana implica: dejar de imponerse al mundo, aceptar la experiencia tal como surge, cultivar la metaconciencia para no juzgar ni clasificar, y aplicar la atención a las tareas diarias con la intención de estar presentes en cada momento.