Fez: cuna espiritual y patrimonial de Marruecos

Fez, la ciudad imperial más antigua de Marruecos, es el corazón histórico y espiritual del país. Fundada en 789 por Idris I y consolidada por Idris II, durante siglos fue uno de los grandes centros de conocimiento, religión y comercio del mundo islámico occidental.

Orígenes y formación de la ciudad

Fez nació como dos ciudades separadas: Fās y al-ʿĀliyá, unidas más tarde por Yusuf ibn Tashfin al mando de los almorávides. En sus orígenes respondía a flujos migratorios de Ifriqiya y al-Andalus que aportaron su carácter árabe y su pluralidad religiosa. Arab inmigrants, Andalusíes y la impronta de distintas facciones zenatas configuraron una urbe de convergencia cultural y religiosa.

La ciudad se desarrolló a lo largo del Jawhar (Fez) y, en el siglo IX, se fortaleció la estructura de una medina que sería testigo de una de las mayores densidades de artesanía y saber. Durante el periodo idrisí, Fez se fragmentó en dos centros, cada uno con su propia dinámica política y social, antes de ser reunificada por los almorávides a finales del siglo XI.

La Medina de Fez y su patrimonio educativo

La Medina de Fez, Fez el-Bali, es hoy uno de los conjuntos urbanos medievales mejor conservados y más extensos del mundo. En su interior se alzan la Universidad Al Qarawiyyin, fundada en 859, y las madrasas Bou Inania y Attarine, auténticas joyas del arte marroquí que testimonian la centralidad del saber en la ciudad.

La Madrasa Bou Inania, única en Fez con minarete propio, junto a la Madraza Al-Attarine, completan un tríptico de arquitectura islámica en el que el zellige, las yeserías y la madera tallada dialogan con la vida estudiantil que antaño reunió a eruditos y aprendices de toda la región.

Entre las estructuras emblemáticas, las curtidurías de Chouara destacan por su continuidad artesanal. En las cubetas de piedra se tiñen pieles de cabra, oveja y camello con pigmentos naturales, un proceso que, aunque humea de olor, ofrece una visión de un oficio transmitido de generación en generación.

La ciudad como laboratorio de continuidad y cambio

A lo largo de su historia, Fez ha vivido la alternancia de dinastías: Idríes, Almorávides, Almohades, Meriníes y, posteriormente, los dinastías saadíes y alauíes. Cada periodo dejó infraestructuras, jardines y palacios que configuraron la topografía urbana: Fes Jdid (Fez Nuevo) con el Dar al-Makhzen, el palacio real y la mellah, el barrio judío creado durante la época mariní.

La llegada del protectorado francés introdujo la Ville Nouvelle, un lleno de avenidas amplias y edificios modernos, mientras la medina siguió siendo el alma de Fez. En este cruce entre tradición y modernidad, Fez mantuvo su tejido social, sus oficios y su vida contemplativa, donde el aroma de la madera de cedro, el martilleo del cobre y el llamado a la oración llenan el aire.

Fez como corazón espiritual y cultural

Fez ha sido descrita como “el alma histórica y espiritual de Marruecos”, y su medina, Patrimonio de la Humanidad desde 1981, se presenta como un organismo vivo con más de 9.000 callejuelas y un conjunto de bazares, mosques, escuelas coránicas y talleres artesanales que se entrelazan con la vida cotidiana.

La ciudad no es solo un museo; es un lugar habitado donde zellige, artesanía de cobre, madera tallada y bordados conviven con una intensa vida religiosa y educativa. La Universidad Qarawiyyin, reconocida por la UNESCO y el Libro Guinness de los Récords como la universidad en funcionamiento más antigua del mundo, representa el vértice de este eje entre saber y devoción.

La Mellah, el barrio judío de Fez, habla de una convivencia histórica que dejó huellas en la arquitectura y en la memoria urbana. Bab Bou Jeloud, la Puerta Azul, marca la entrada simbólica a la medina y es uno de los iconos más fotografiados de la ciudad, con su mosaico zellige que resalta en azules intensos y su interior decorado en tono verde.

Fez hoy: cultura, gastronomía y experiencia

Hoy Fez es una ciudad que sigue siendo auténtica y menos masificada que otras grandes urbes imperiales. Su tradición culinaria brilla en platos como la pastela fassi, con capas finas de masa warqa y rellenos de pollo, almendras, huevo y especias, coronada con azúcar glas y canela.

La ciudad es también un centro de artesanía; los zocos de Fez -como el Zoco de los Alfareros, la Alhería y las Curtidurías- son lugares donde la producción no se reduce a la venta, sino que continúa siendo un proceso vivo y artesanal. La visita a la medina se complementa con recorridos por museos que dejan entrever la evolución de la madera, la cerámica, la metalurgia y las armas, como el Museo Nejjarine y el Museo de las Armas de Fez.

Para quien desee explorar más allá, Fez sirve como base para excursiones a Volúbilis, Meknes o Ifrane, y para experiencias que conectan con la gastronomía, la cultura y la naturaleza del norte de Marruecos. La ciudad se presta a visitas guiadas que adaptan el recorrido al ritmo e intereses del visitante, y a reales experiencias como un hammam tradicional o una cena en restaurantes que combinan autenticidad y servicio moderno.

Datos útiles y perspectivas de viaje

La Ville Nouvelle ofrece una alternativa moderna con hoteles internacionales y una gama de servicios para quienes buscan confort. El aeropuerto Fez-Saïss queda a unos 14 km del centro, con transporte público y taxis que conectan fácilmente con la medina o la Ville Nouvelle. Los trenes ONCF conectan Fez con Casablanca, Rabat, Meknes, Tánger y otras ciudades, facilitando el viaje por Marruecos.

Fez, cuna de dinastías y guardiana de tradiciones, invita a entender Marruecos a través de su historia, su arquitectura, su saber y su saber hacer. Visitar Fez es entrar en una historia viva, donde cada calle y cada taller cuentan una página de la memoria colectiva y espiritual del país.

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