El padre espiritual que pone a prueba al discípulo y la guía del camino interior

Después de abandonar el segundo padre espiritual, me dije: «La presencia del padre espiritual debe permitir al seme de la vida divina evolucionar sin tropiezos, evitar ciertos riesgos y hacer que la persona poco a poco haga suyo el diseño misericordioso de Dios sobre sí».

El acompañante “ausculta” esta vida divina buscando eliminar todos los obstáculos que la separan, poniendo al descubierto todas las heridas que la vida divina irrita y a veces exacerba, para luego sanarlas. El mensaje central es que nadie se arroga la paternidad por sí mismo, ni se erige a guía de un discípulo; es el discípulo quien discierne a su propio padre, a veces tras una larga búsqueda.

Quien abre así su corazón no pide una absolución ni un aliento o una palabra tranquilizadora, aunque pueda parecerlo. En primer lugar, pide ser aceptado: poder expresar a otro deseos y sentimientos largamente reprimidos constituye para él un acontecimiento extraordinario y, por sí solo, un enorme alivio. Los primeros momentos del diálogo espiritual, cuando los sentimientos más difíciles salen a la superficie, son siempre los más importantes.

La calidad y la autenticidad del amor del acompañante (y podemos decir del padre espiritual) están en juego aquí. Él tiene derecho a ser quien es, tal como se siente y se muestra, con sus deseos. El concepto de apertura de conciencia que mencionaban los padres del desierto se expresa en la noción de έξαγόρευσις (exagóreusis), una acción de llevar fuera aquello que reside en el interior para permitir su observación y tránsito.

Dios nos libre de poner nuestras manos sobre almas que deben crecer y encontrar su estructura endógena. Se debe permanecer un paso atrás y ejercer una castidad paterna, aunque corramos el riesgo de decepcionar; mejor eso que volverse indispensables. Un verdadero padre espiritual se alegra cuando termina su servicio. Después de guiar a la persona hacia el arte del discernimiento y de crear este encuentro entre el hombre y Dios, su tarea disminuye.

Cuando la persona logra verse con el amor de Dios, el padre espiritual puede retirarse. Un padre espiritual debe ser casto (no en el sentido de “no tener intimidad física”, sino en el sentido de no imponer su propio pensamiento como único camino), humilde, sereno y pobre en espíritu. Su tarea es proponer al otro un pensamiento espiritual que este debe considerar, y así se facilita la maduración de su mentalidad.

Pero cuidado: no debe intervenir para imponer su propia secuela o pensamiento. El padre espiritual no intentará jamás llamar al discípulo a seguirlo a él, porque todos somos discípulos de Cristo; Él es el único Maestro. Tampoco acompañará al discípulo de cerca para siempre, porque es solo un hombre y no un ángel.

Llegados a este punto, podría decirse: «Siente, Sale, te bendigo por haber encontrado una persona así». Y, sin embargo, la verdadera prueba es el proceso continuo de discernimiento, libertad y crecimiento que acompaña la relación entre guía y buscador en la ruta hacia Dios.

Guía espiritual y discernimiento interior

Dios Te Da Discernimiento Cuando Dejas Estas 3 Cosas | Charles Spurgeon

Tabla descriptiva basada en las ideas centrales del texto

TemaDescripción
Propósito del acompañanteEliminar obstáculos, sanar heridas y facilitar el discernimiento
Relación padre-discípuloDiscernimiento del propio padre por parte del discípulo
Virtudes del padreCasto, humilde, sereno, pobre en espíritu
Límite de la guíaNo imponer su pensamiento ni llamarse a la propia secuela

El acompañante debe permitir que la persona vea su propia estructura endógena y se oriente hacia la voluntad de Dios, manteniendo la distancia necesaria para que el crecimiento sea auténtico y libre de dependencias fuera de la relación con Dios.

La relación entre guía y buscador, entonces, se centra en la apertura de conciencia, el discierne y la liberación interior, en la que el padre espiritual actúa como puente hacia la madurez espiritual sin convertirse en un obstáculo o ideal inalcanzable.

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