Raimon Panikkar, nacido en Barcelona la noche del 2 de noviembre de 1918 y fallecido en Tavertet en 2010, fue uno de los teólogos y filósofos más influyentes del siglo XX. Hijo de madre catalana (católica) y de padre indio (hindú), fue fruto de una síntesis cultural y religiosa entre Oriente y Occidente, entre cristianismo e hinduismo - budismo. Su espiritualidad quedó sintetizada en una máxima célebre: “Sono partito cristiano, mi he descubierto hindu y regreso budista, sin haber dejado de ser cristiano.” Esta afirmación no busca sincretismo, sino aceptación de las religiones citadas en sus diferencias, entendiendo la diversidad como fuente de enriquecimiento.
El teólogo Carlo Molari describe a Panikkar como alguien que “ha vivido en profundidad y ilustrado con su inteligencia tres mundos religiosos en contemporánea. En mundo no sincretista o confuso, sino manteniendo la especificidad y la riqueza de las distintas espiritualidades.” Su objetivo vital fue demostrar que es posible abrazar varias religiones y culturas simultáneamente, armonizándolas sin perder rasgos peculiares de cada una. Muchos lo han llamado un verdadero constructor de puentes, no solo entre Oriente y Occidente, sino también entre ciencia y religión, mística y filosofía, y la dimensión terrena y divina.
La trayectoria de Panikkar refleja que su vida fue un reflejo de su pensamiento: un océano de escritos que abren caminos a reflexiones inéditas y a una visión espiritual que se integra en la filosofía moral contemporánea. Su guía práctica de vida propone una convivencia armónica entre todos los pueblos, más allá de fronteras religiosas y culturales, que demarca identidades pero las utiliza como medio para un fin superior de plenitud espiritual, intelectual y material del individuo y de la colectividad. En su enfoque sobre la relación entre religiones, Panikkar defendía la idea de que las diversas tradiciones pueden converger hacia una cima común, manteniendo cada diferencia como riqueza.
Panikkar centró su atención en dos frentes: primero, el diálogo entre cristianismo e hinduismo y, luego, el encuentro entre cristianismo y budismo. Lo original de este último frente es que, a diferencia del primero, trasciende la esfera religiosa para abrazar un universo cultural históricamente visto como antítesis de la espiritualidad occidental: el ateísmo. Este artículo pretende exponer los puntos clave de ese enfrentamiento, con la esperanza de aportar a la búsqueda de la verdad y reconociendo que los escritos de Panikkar, en consonancia con Vito Mancuso y el vaticanista Raffaele Luise, señalan esa dirección.
El salto del buddhismo: ateísmo religioso y superación de barreras
La reflexión de Panikkar sobre el pensamiento budista representa un salto cualitativo respecto a sus planteamientos sobre el cristianismo y el hinduismo. Mientras el encuentro con India buscaba estructuras analógicas entre dos universos religiosos, la reflexión sobre el budismo va más allá, pues propone involucrar a un mundo considerado históricamente peligroso para la existencia de la religión: el ateísmo. Torrero resume que no se trata de enfrentar otro marco cultural, sino de enfrentar un fenómeno que amenaza las raíces de la experiencia religiosa: el ateísmo moderno. Aquí la palabra ateísmo se entiende como a-teísmo, es decir, sin Dios, no como negación de la divinidad.
El término a-teísmo deriva del griego àtheos y aparece en la Biblia, en la carta de Pablo a los Efesios. El valor semántico no implica negar la divinidad, sino expresar una condición: la privación de Dios. La cuestión central es qué tipo de divinidad se refiere: un ser personal con quien relacionarse, o un ser impersonal que coincide con la totalidad del Ser. En este marco, algunas tradiciones de las filosofías indianas, incluidas el hinduismo y el budismo, han descrito religiones ajenas a la idea teísta tradicional como ateas.
En contraste, la tradición occidental ha tendido a concebir a Dios como Ser personal, lo que ha llevado a interpretar el ateísmo de forma negativa frente al teísmo. Panikkar propone invertir esta visión: incluso si la tradición cristiana ha buscado respuestas para refutar el ateísmo, se puede abrir una vía para aceptar el ateísmo como posible camino hacia la búsqueda de Dios, complementando a las grandes religiones de la humanidad. Este enfoque no se limita a un diálogo entre espiritualidad y ateísmo, sino a una fecundación recíproca que, como con el hinduismo, asimila el otro al propio marco de referencia.
La gran aportación de Panikkar es precisamente abrazar el ateísmo sin renunciar a la religiosidad, convirtiéndose en ateo sin perder la experiencia religiosa. Su declaración: “Quisiera al mismo tiempo ser fiel a la intuición budista, no alejarme de la experiencia cristiana y no separarme del mundo cultural contemporáneo” resume esa ambición. Este artículo se centra en los puntos clave de “Il silenzio del Buddha. Un a-teismo religioso”.
La relación entre Ser y Pensamiento: la triada Ser/Palabra/Pensamiento
Un punto crucial en el pensamiento de Panikkar es la relación entre Ser y Pensamiento. A diferencia de la visión occidental que tiende a identificar ambos, Panikkar sostiene que no todo lo que existe es necesariamente pensable. Todo lo que se piensa “existe”, pero no todo lo que “existe” puede ser pensado. La realidad supera los límites de la razón: es libre, y superar no equivale a evitar. El Ser encuentra al Pensamiento, lo atraviesa, pero no se queda atrapado; lo trasciende. Sin embargo, la Palabra se acerca al Ser y al Pensamiento, ubicándose en un intermedio entre ambos.
Panikkar distingue entre palabras y términos. Los términos son signos convencionales usados por la ciencia para describir fenómenos verificables, con valor objetivo y universalidad. Las palabras, en cambio, no pueden reducirse a simples signos que informan sobre un estado de cosas. Panikkar distingue cuatro tipos de silencio: primero, el silenciar las palabras por prudencia o miedo; segundo, el silencio por asombro ante la ignorancia; tercero, el silencio por inadecuación de las palabras ante experiencias inefables; cuarto, la ausencia de palabras: no por ignorancia, sino porque no hay nada que decir. Este último silencio no anula la palabra, sino que la expresa, comunicando aquello que la palabra no puede decir.
La palabra proviene del silencio. En las tradiciones, “Al principio era la palabra”, pero la palabra divina no es el origen o arché. El logos es ser, pues todo fue hecho por medio de él. Sin embargo, la fuente del logos no es el ser, como la fuente del río no es el río mismo. El silencio es la fuente del ser y la palabra surge de él; la relación entre palabra y silencio no es dialéctica, sino dialogal oAdvaitica: se incluyen mutuamente. Por ello, la “palabra que sale del silencio” es la única verdadera palabra que comunica algo.
La interrelación entre palabra y silencio, así como la idea de que el ser no se identifica con el pensamiento, sugiere que el silencio es la condición propedéutica para el advenimiento de lo divino y la entrada de la experiencia religiosa. Comprender este silencio y abrirse a Dios exige pureza de corazón, escucha de la trascendencia en la inmanencia y la capacidad de “ver” lo divino más allá de la razón. Sin silencio del intelecto y de la voluntad, sin silencio de los sentidos, sin lo que algunos llaman “tercer ojo”, no es posible acercarse a la esfera donde la palabra de Dios tiene sentido.
Este enfoque invita a ordenar la experiencia humana para escuchar el silencio de la vida, no como un isolamiento monástico, sino como la capacidad de ausentarse de nuestras etiquetas de profesor, trabajador, empleado o creyente, para permitir que la realidad se revele en su totalidad. En definitiva, el silencio se entiende como la experiencia previa a la palabra, la apertura para que el logos emerja y se comunique.
Conclusión provisional y recursos
Este análisis propone una lectura del libro Il silenzio del Buddha. Un a-teismo religioso como intento de superar el muro que separa creyentes y ateos. Panikkar no ofrece una apología del budismo ni del cristianismo ni del ateísmo, sino una búsqueda de un hilo conductor que oriente a través de estas tres sabidurías multiseculares. El texto funciona como introducción al budismo, a la vez que como reflexión sobre la condición espiritual del hombre contemporáneo, destacando la ateísmo religioso y el silencio como metodología expresiva.
