Encuentro con el Dalái Lama: tradición, reencarnaciones y el camino hacia un futuro democrático

Queridos compatriotas tibetanos, dentro y fuera del Tíbet; todos ustedes que practican la tradición budista tibetana y todos ustedes que sienten un vínculo con el Tíbet y los Tibetanos: gracias a la visión de futuro de nuestros antiguos reyes, ministros y practicantes eruditos, las enseñanzas completas del Buda, que comprenden las enseñanzas escritas y las enseñanzas realizadas de los Tres Vehículos, los Cuatro Niveles de Tantra y los temas y disciplinas relacionados, prosperaron de manera extensa en el País de las Nieves.

Desde que el omnisciente Gedun Gyatso fue reconocido y confirmado como la reencarnación de Gedun Drub en el siglo quince, y desde la fundación de la institución del Dalái Lama, llamada «Gaden Phodrang Labrang», se han reconocido una sucesión de reencarnaciones. La tercera, Sonam Gyatso, es la que recibió el título de Dalái Lama. El Quinto Dalái Lama, Ngawang Lobsang Gyatso, se convirtió en jefe espiritual y político del Tíbet al establecer el Gobierno de Gaden Phodrang en 1642. Durante más de 600 años, a partir de Gedun Drub, se han reconocido una sucesión de reencarnaciones inequívocas del linaje del Dalái Lama. Desde 1642, los Dalái Lamas actuaron como jefes políticos y espirituales del Tíbet durante 369 años.

Hoy, he puesto fin voluntariamente a esta tradición, orgulloso y satisfecho de que podamos avanzar con el tipo de gobierno democrático que prospera en otras partes del mundo. En efecto, ya en 1969, expliqué claramente que eran los interesados quienes debían decidir si convenía o no que las reencarnaciones del Dalái Lama continuaran en el futuro. Ahora bien, al no existir pautas irrebatibles, si el público expresara un fuerte deseo por la continuación de los Dalái Lamas, se correría obviamente el peligro de que los intereses creados abusaran del sistema de reencarnación para alcanzar sus propias ambiciones políticas. Por consiguiente, mientras yo siga física y mentalmente sano, me parece importante establecer pautas claras para el reconocimiento del próximo Dalái Lama, para no dar cabida a dudas o engaños.

Si queremos comprender de forma cabal estas pautas, es indispensable conocer el sistema utilizado para reconocer a los Tulkus, así como los conceptos fundamentales que le sirven de base. Para aceptar la reencarnación o la autenticidad de los Tulkus, tenemos que reconocer la existencia de vidas pasadas y futuras. Los seres sensibles llegan a esta vida desde una vida anterior y después de morir, vuelven a nacer. Este continuo renacer lo encontramos en todas las antiguas tradiciones espirituales y escuelas de filosofía de la India, salvo la de los Charvakas, una corriente materialista. Algunos filósofos modernos niegan la existencia de vidas pasadas y futuras en base al hecho de que no son perceptibles. Si bien muchas tradiciones religiosas aceptan el renacimiento, sus opiniones difieren en cuanto a lo que renace, cómo renace, y cómo pasa por el período de transición entre las dos vidas.

Generalmente, los budistas creemos que no hay un primer nacimiento. Si eliminamos nuestro karma y nuestras emociones destructivas, logramos liberarnos del ciclo de la existencia, y esas condiciones no podrán arrojarnos a un nuevo renacimiento. Por lo tanto, los budistas creen que se puede poner fin a tener que renacer sometidos al karma y a las emociones negativas, pero la mayoría de las escuelas filosóficas no aceptan que el continuo mental tenga un final. Rechazar el renacimiento pasado y futuro sería contradictorio con el concepto budista de la base, el camino y el resultado, que refleja el estado más o menos disciplinado de la mente. Si no aceptáramos ese concepto, lógicamente, tendríamos que aceptar que el mundo y sus habitantes aparecen sin causas ni condiciones.

Para aquellos que recuerdan sus vidas pasadas, el renacimiento es algo evidente. Sin embargo, la mayoría de los seres comunes olvidan sus vidas pasadas a medida que van pasando por el proceso que abarca la muerte, el estado intermedio y el renacimiento. Como no perciben bien sus renacimientos pasados y futuros, debemos utilizar pruebas lógicas basadas en los hechos para demostrarles esos renacimientos. Existen muchos argumentos diferentes expuestos en las palabras del Buda y en comentarios ulteriores para demostrar la existencia de vidas pasadas y futuras. En última instancia, todos estos argumentos se basan en la noción de que la naturaleza de la mente, que es la claridad y cognición, deben tener a la claridad y a la cognición como su causa sustancial.

La mente no puede tener como causa sustancial cualquier otro ente, como por ejemplo un objeto inanimado. Es evidente. Por la misma lógica, deducimos que un nuevo continuo de claridad y cognición no puede producirse sin causas o a partir de causas de distinta naturaleza. Hay gente que puede recordar su vida anterior inmediata o incluso muchas vidas anteriores. También pueden reconocer lugares y parientes de esas vidas. Esto no es algo que solo ocurría en el pasado; incluso hoy día, hay muchas personas, tanto en Oriente como en Occidente, que pueden recordar incidentes y experiencias de sus vidas pasadas. El negarlo no es una manera honesta e imparcial de llevar a cabo una investigación, porque se esta yendo en contra de los testimonios.

Hay dos maneras de renacer después de haber muerto: se puede renacer bajo el dominio del karma y de las emociones negativas o se puede renacer por el poder de la compasión y la oración. En el primer caso, debido a la ignorancia se crea karma negativo o positivo, y sus improntas permanecen en la conciencia. El apego y el aferramiento reactivan esas improntas o potenciales kármicos, que nos proyectan a la vida siguiente. Renacemos entonces de modo involuntario en reinos superiores o inferiores. Es así como la gente común va rotando sin parar en el ciclo de las existencias como una rueda que gira. Inclusive en circunstancias como éstas, los seres comunes pueden dedicarse a prácticas virtuosas en su vida diaria, con diligencia y una aspiración positiva.

Por otra parte, los Bodisatvas supramundanos, que han alcanzado el camino de la visión, no renacen bajo el dominio de su karma y sus emociones negativas, sino por el poder de la compasión que sienten por los seres vivos y las oraciones dedicadas a los demás. Pueden seleccionar el sitio y el momento de su renacimiento así como sus futuros padres. Según parece, la costumbre tibetana de ponerle el apelativo «Tulku» (Cuerpo de Emanación de Buda) a reencarnaciones reconocidas empezó cuando los devotos lo utilizaron como título honorario, y luego se volvió una expresión común. En general, el término Tulku indica un aspecto particular del Buda, uno de los tres o cuatro cuerpos descritos en el Vehículo del Sutra.

Según esta explicación de los aspectos del Buda, una persona que está totalmente dominada por las emociones negativas y el karma todavía tiene el potencial para alcanzar el Cuerpo de la Verdad (Dharmakaya), que incluye el Cuerpo de la Verdad de la Sabiduría y el Cuerpo de la Verdad de la Naturaleza. El primero se refiere a la mente iluminada de un Buda, que ve todo tal como es, de manera simultánea, directa y con precisión. Esa mente ha sido purificada de todas las emociones negativas y sus improntas, gracias a la acumulación de méritos y sabiduría durante un largo período. El segundo, el Cuerpo de la Verdad de la Naturaleza, se refiere a la naturaleza vacía de esa mente omnisciente iluminada. Puesto que no son directamente accesibles a todos, sino solamente a los otros Budas, es imprescindible que los Budas se manifiesten en formas físicas accesibles a los seres sensibles para poder ayudarlos. Por consiguiente, el aspecto físico definitivo de un Buda es el Cuerpo del Gozo Completo (Sambhogakaya), accesible a los Bodisatvas supramundanos, que tiene cinco aspectos invariables como el morar en el Cielo Akanishta. A partir del Cuerpo del Gozo Completo se manifiestan los innumerables Cuerpos de Emanación o Tulkus (Nirmanakaya) de los Budas, que aparecen con forma celeste o humana y son asequibles incluso para los seres comunes.

Existen tres tipos de Cuerpo de Emanación: a) el Cuerpo Supremo de Emanación, como el Buda Sakyamuni -Buda histórico que manifestó las doce hazañas de un Buda, como nacer en el sitio escogido por él mismo, etc.-; b) el Cuerpo Artístico de Emanación que sirve a los demás al manifestarse como artesanos, artistas, etc.; y c) el Cuerpo de Emanación Encarnado, que permite al Buda aparecer con formas tan diversas como seres humanos, deidades, ríos, puentes, plantas medicinales y árboles, para ayudar a los seres. De los tres tipos de Cuerpo de Emanación, las reencarnaciones de maestros espirituales reconocidos, llamados ‘Tulkus’ en el Tíbet, pertenecen a la tercera categoría. Entre los Tulkus, muchos pueden ser Cuerpos de Emanación de Buda verdaderamente capacitados, pero no todos lo son necesariamente. Entre los Tulkus del Tíbet puede que algunos sean reencarnaciones de Bodisatvas superiores, pero otros serán únicamente de Bodisatvas en los caminos de acumulación y preparación, y también de maestros que aún no han entrado en esos caminos de Bodisatvas.

«La reencarnación es lo que ocurre cuando alguien renace después de la muerte del predecesor. La práctica de reconocer quién es quién identificando la vida previa de alguien ocurrió incluso cuando el mismo Buda Shakyamuni estaba vivo. Muchos relatos se encuentran en las cuatro Secciones Agama del Vinaya Pitaka, las Historias Jataka, el Sutra de los Sabios y los Necios, el Sutra de los Cien Karmas y otros sutras en los que el Tathagata reveló el funcionamiento del karma, contando innumerables historias sobre cómo los efectos de ciertos karmas creados en una vida pasada son experimentados por una persona en su vida presente. Además, en las biografías de los maestros indios que vivieron después del Buda, muchos revelan sus lugares de nacimiento anteriores.

Antes de llegar el budismo al Tíbet, la creencia en las vidas pasadas y futuras ya existía en la tradición Bon autóctona. A partir del momento de la extensión del budismo por todo el país, prácticamente todos los Tibetanos creyeron en las vidas pasadas y por venir. Prosperó la costumbre de investigar las reencarnaciones de maestros espirituales defensores del Dharma y de dedicarles oraciones fervientes. No obstante, la tradición actual de reconocer formalmente las reencarnaciones de maestros empezó a principios del siglo XIII, con el reconocimiento de Karmapa Pagshi como reencarnación de Karmapa Dusum Khyenpa por sus discípulos, según su profecía. Desde entonces, se han sucedido diecisiete encarnaciones Karmapa en el curso de más de novecientos años. Asimismo, desde que Kunga Sangmo fue reconocida como reencarnación de Khandro Choekyi Dronme en el siglo XV, ha habido más de diez encarnaciones de Samding Dorje Phagmo. Entre los Tulkus reconocidos en el Tíbet hay monjes, monjas y practicantes tántricos laicos de ambos sexos. El sistema de reconocer las reencarnaciones se extendió poco a poco a otras tradiciones budistas tibetanas y al Bon. Hoy en día, en todas las tradiciones budistas tibetanas, los Sakya, Gelug, Kagyu y Nyingma, así como los Jonang y Bodong, se encuentran Tulkus reconocidos al servicio del Dharma.

El omnisciente Gedun Drub, discípulo directo de Je Tsongkhapa, fundó el monasterio de Tashi Lhunpo en Tsang y se ocupó de sus estudiantes. Murió en 1474, a los 84 años. Al principio, no se hizo un esfuerzo para encontrar su reencarnación, pero la gente tuvo que reconocer a Sangye Chophel, un niño nacido en Tanak, Tsang (1476), por los recuerdos intachables y asombrosos que relataba de su vida anterior. Una vez creado el sistema de reconocimiento de los Tulkus, se desarrollaron diferentes maneras de proceder. Entre las más importantes se encuentran: el hecho de que el predecesor dejara una carta con predicciones, instrucciones e indicaciones sobre lo que podría ocurrir; el que una reencarnación relate y hable de su vida anterior con detalles exactos; la identificación de pertenencias del predecesor y el reconocimiento de personas allegadas a él.

En general, una reencarnación significa que alguien renace como ser humano después de haber muerto. Los seres sensibles comunes, normalmente, no pueden manifestar una emanación antes de morir (ma-dhé tulku), pero los Bodisatvas supramundanos, que pueden manifestarse en centenares o miles de cuerpos a la vez, sí pueden manifestar una emanación antes de morir. El propósito principal de una reencarnación es de manifestarse para proseguir las tareas inconclusas de su predecesor en pos del Dharma y de los seres. En el caso de un Lama que es un ser común, en vez de una reencarnación que pertenezca al mismo continuo de conciencia, otra persona cuya relación con ese Lama se basa en karma puro y oraciones podría ser reconocida como su emanación. Otra posibilidad es que el Lama nombre como sucesor a un discípulo suyo, o a una persona joven que llegará a ser conocida como su emanación. Como existen estas posibilidades en el caso de un ser común, es factible que antes de que muera, deje una emanación que no sea del mismo continuo mental.

En algunos casos, un gran Lama puede tener varias reencarnaciones simultáneamente, como por ejemplo encarnaciones del cuerpo, de la palabra y de la mente, etc. Durante el conflicto entre el Tíbet y los Gurkhas (1791-93) el Gobierno tibetano tuvo que pedir ayuda militar a los Manchú. Gracias a ello, las tropas Gurkhas fueron expulsadas del Tíbet, pero después, los oficiales Manchú presentaron una propuesta en 29 puntos, con el pretexto de mejorar el desempeño de la administración del Gobierno Tibetano. La propuesta contenía la sugerencia de echar suertes en una urna dorada para determinar las reencarnaciones de los Dalái Lamas, Panchen Lamas y Hutuktus, título Mongol otorgado a grandes Lamas. Por lo tanto, se aplicó este procedimiento para reconocer algunas reencarnaciones del Dalái Lama, del Panchen Lama y de otros grandes Lamas. El Octavo Dalái Lama Jampel Gyatso redactó el ritual para el uso de la Urna. El sistema de la Urna dorada sólo se utilizó verdaderamente en los casos del Decimoprimer y Decimosegundo Dalái Lamas. Pero también el Decimosegundo Dalái Lama había sido ya reconocido antes de emplearse este procedimiento. En realidad, solo una vez se ha reconocido un Dalái Lama utilizando la Urna. Asimismo, entre las reencarnaciones del Panchen Lama, excepto la Octava y la Novena, no hay más casos de utilización de ese método. El sistema fue impuesto por los Manchús, pero los Tibetanos no confiaban en él, porque no tenía atributos espirituales. En 1880, durante el reconocimiento del Decimotercer Dalái Lama como la reencarnación del Duodécimo, todavía existían rastros de la relación Sacerdote-Patrón entre el Tibet y los Manchús. Al ser reconocido como reencarnación indudable por el Octavo Panchen Lama, por las predicciones de los oráculos de Nechung y de Samye, y por las visiones que aparecían en el lag...

mapa de las principales dinastías tibetanas y tulkus

Los tres cuerpos del Buda

tags: #incontrare #dalai #lama