La fe sin esperanza de Gurdjieff: un camino de autoconciencia y sentido humano

El mitólogo e historiador Roger Lipsey firma la obra más ambiciosa hasta la fecha sobre el maestro esotérico fundamental de Occidente. Gurdjieff revelado conmemora el 70 aniversario de la muerte del maestro espiritual más importante del Occidente contemporáneo, y lo describe no sólo como una gran fuerza espiritual que rescató para nuestra cultura el antiguo y olvidado «conocimiento del ser», sino ante todo como un humanista radical y profundamente compasivo, capaz de reírse tanto de las acusaciones moralistas de sus detractores como de sí mismo.

¿Quién fue George Ivanovich Gurdjieff? Gurdjieff puede ser entendido como un maestro muy original y como un traductor de ideas espirituales a nuestro lenguaje. Se asemeja a figuras como Marpa el Traductor, maestro de Milarepa, que llevó el budismo desde la India al Tíbet: Gurdjieff estaba hecho de la misma pasta y traducía las enseñanzas orientales en un todo integrado y comprensible para los buscadores occidentales. Sin embargo, sus ideas, su estilo de enseñanza y su personalidad eran completamente originales.

Trajo las danzas sagradas a Occidente como una disciplina para el cultivo de la atención y para el desarrollo del ser humano de una forma integral, y compuso música con Thomas de Hartmann tanto para las danzas como para la pura escucha: una música de gran fuerza, belleza y contenido espiritual. Gurdjieff empleaba el método socrático: se reunía con sus estudiantes y dialogaba con ellos para transmitirles no solo ideas, sino una experiencia directa de despertar. Los libros que escribió, particularmente los Relatos de Belzebú a su nieto, son una fuente inagotable de información sobre la condición humana y sus más altas posibilidades de desarrollo, pero también una crítica implacable a la sociedad moderna y sus valores.

Se ha dicho que Gurdjieff era un maestro, pero también que era un malvado y un depravado. El capítulo de Gurdjieff revelado que he titulado «Escarnio» habla -por primera vez en profundidad- de las severas críticas a las que fueron sometidos Gurdjieff y su enseñanza, especialmente tras su muerte en 1949. Pido a los lectores que lean este capítulo con atención. Gurdjieff no era un «malvado» y, desde luego, yo no habría dedicado más de medio siglo de mi vida al estudio y la práctica de las enseñanzas de un «monstruo».

Gurdjieff podía ser duro con sus alumnos, como siempre lo fueron los maestros Zen, pero no de manera azarosa y jamás con crueldad. ¿Por qué Gurdjieff sufrió tantas críticas y burlas de algunos académicos e intelectuales, especialmente de los católicos? Tengo amigos y compañeros en la enseñanza de Gurdjieff que son devotos católicos que van a la iglesia, y también religiosos judíos que van a la sinagoga. No hay una dificultad intrínseca en cultivar la enseñanza de Gurdjieff y profesar la fe en la que uno nace. Gurdjieff dijo que su enseñanza versa sobre «la capacidad de ser».

Cristo, maestro único de todos, como diría San Buenaventura, es el ejemplo de servicio y entrega propia. Es ejemplo de lucidez para lo que cada situación demanda. Es tantos ejemplos… pero sobre todo es maestro de fe. En un mundo de tantos ídolos y mareas que van y vienen, Cristo es el pilar firme que no se mueve y en el cual debemos apoyarnos. Chesterton, G. K. Autobiography. La fuente de estas ideas demuestra que la fe puede coexistir con una búsqueda rigurosa de autoconciencia sin necesidad de abandonar la razón.

[GURDJIEFF] «Todas las enseñanzas religiosas constan de dos partes, la visible y la oculta. En nuestra época, obviamente no asociamos ‘religión’ con ‘enseñanza’... Estas capas externas o exotéricas siempre existieron, pero debajo de ellas se encuentra una capa interna más profunda y esotérica de aprendizaje. Este principio del esoterismo se expresa en la arquitectura religiosa. Los templos se dividen en secciones de diversos grados de santidad. Entras en la parte menos sagrada y, a medida que viajas hacia el interior, los espacios se vuelven más sagrados.

La atención se centra en nuestra relación adecuada con esos dioses, las formas de adoración que los invocan y el comportamiento que les agrada o desagrada. El significado externo habla del mundo exterior, el macrocosmos. El significado interno habla del ser humano, el microcosmos. Entonces, cuando los textos religiosos se refieren a un dios como el poder más alto del universo, su significado interno se refiere al poder más alto dentro del ser humano. Cuando los textos religiosos hablan de un diablo como una fuerza maligna, su significado interno habla de debilidades o hábitos humanos.

Las posibilidades del hombre son muy grandes. Gurdjieff comienza presentando su enseñanza a personas atraídas por el misticismo, la espiritualidad o la psicología. Esto se hace primero a través de discusiones informales en cafés y luego en conferencias más formales. A lo largo de estas conferencias, siempre enfatiza que el cambio real requerirá un trabajo más organizado. Las conferencias son, en el mejor de los casos, preparatorias. Desde el principio, cuando conoce a sus primeros estudiantes rusos en 1912, Gurdjieff habla de formalizar su trabajo, de recaudar fondos para comprar equipos y, finalmente, de contratar un local permanente.

Rusia está a punto de experimentar atrocidades a una escala sin precedentes: la Primera Guerra Mundial, seguida de una revolución y una guerra civil. La guerra es, indiscutiblemente, la demostración más extrema de la irracionalidad humana, de lo que Gurdjieff llamó «sueño» e «hipnosis masiva».

El mundo que emergía era un lienzo perfecto para su enseñanza. ¿Por qué no se pueden detener las guerras? ¿Por qué la gente no puede ver lo obvio? Gurdjieff llama a estas entidades «cerebros» o «centros» porque gobiernan todas nuestras acciones. Uno es la mente, otro es el corazón, y ambos deben ser integrados para lograr una presencia plena en la vida.

[PETER OUSPENSKY] «Gurdjieff fue dando las ideas poco a poco, como defendiéndolas o protegiéndolas de nosotros... El círculo interno posee conocimientos ocultos al círculo externo. De hecho, tanto los círculos internos como los externos utilizan el mismo conocimiento.»

La práctica central es el recuerdo de sí: observarse y, a la vez, ser consciente de la propia observación. El objetivo es crear un espacio entre el “yo” y nuestras emociones, pensamientos e impulsos físicos. Este esfuerzo difiere de la introspección: la observación sin análisis revela la mecánica de la conducta y la posibilidad de despertar.

La filosofía del Cuarto Camino sostiene que los seres humanos están incompletos pero pueden cambiar mediante un esfuerzo inteligente y metódico. - Tenemos tres cerebros: intelectual, emocional y físico. - No existe un único y unificado “yo”. - Es posible volverse conscientes mediante un trabajo metódico. - El universo está gobernado por leyes como la Ley de Tres y la Ley de Siete. - Escapar de esta prisión requiere compañía y comunidad; no es posible hacerlo en solitario.

De acuerdo con Gurdjieff, la enseñanza toma de diversas tradiciones -cristianismo, sufismo, budismo, hinduismo- pero las interpreta de forma simbólica, no literal, destacando un esoterismo práctico. La memoria de sí y el autoconocimiento no son fines en sí mismos, sino herramientas para vivir con mayor presencia y responsabilidad en cada momento.

Existe una clara invitación a la realización personal: trabajar sobre uno mismo para desarrollar una vida más consciente y más plenamente humana, sin perder de vista el contexto cultural y social que nos rodea. En este sentido, la fe consciente y la esperanza cruda pueden coexistir como guías para una acción compasiva y lúcida ante los desafíos del siglo XXI.

infografía: tres cerebros y autoconciencia

¿Qué es el Cuarto Camino?

La obra de Lipsey y la discusión sobre Gurdjieff destacan dos niveles de acceso: un primer nivel para lectores interesados en la atmósfera y las ideas centrales, y un segundo nivel que implica la participación en una escuela de Gurdjieff, con trabajos en grupo, Movimientos de Gurdjieff y comunidades de buscadores en diversas regiones. Este doble nivel permite comprender la influencia de su legado en la cultura contemporánea y en la vida de miles de practicantes.

La lectura de estas ideas ofrece una aturda esperanza: la posibilidad de una vida más atenta, presente y humanamente plena, donde la conciencia de sí no sea una mera teoría, sino un modo de vivir que transforma las relaciones, la cultura y la sociedad.

La fe consciente es libertad.

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