Maria è la sposa dello Spirito Santo. Il suo segreto sta nel fidarsi sempre e solo di Dio, lasciando operare in Lei il suo Spirito di Vita. Un segreto che dovremmo imparare anche noi. Il sorriso di oggi è quello di madre Anna Maria Canopi, abbadessa del monastero Mater Ecclesiae sull’Isola di san Giulio.
Stiamo vivendo un tempo di prova e di preoccupazione riguardo il presente e il futuro. Este virus ha entrado en nuestra vida cotidiana y nos ha obligado a revisar los tiempos del trabajo, de las amistades, de las Celebraciones. En resumen, ha revolucionado toda nuestra vida y no sabemos hasta dónde nos llevará ni por cuánto tiempo. Nos fiamos de las indicaciones que provienen del Gobierno y de los órganos sanitarios, pero al mismo tiempo manifestamos con fe que “el Señor nos guiará siempre” (cfr Is 58,11).
Se apagó ayer madre Anna Maria Cànopi, fundadora del monasterio benedictino Mater Ecclesiae que dirigió durante 46 años. Una vida de oración y estudio transitó en el don total a Cristo y en la “infatigable obra de anuncio” como dijo el Obispo de Novara Franco Giulio Brambilla. Autora prolífica de libros sobre la espiritualidad monástica y cristiana, tras el Concilio participó en la revisión de la nueva traducción de la Biblia CEI y en la preparación de los nuevos libros litúrgicos. Es la primera mujer en escribir los textos de las meditaciones y oraciones para una Via Crucis, la de 1993, guiada por Giovanni Paolo II.
Entre los escritos de madre Anna Maria Cànopi, recordamos “Silenzio. Esperienza mistica della presenza di Dio”. Un libro de reflexiones meditativas sobre el silencio, dimensión desconocida y al mismo tiempo temida por una sociedad tan ruidosa. Gracias por leer este artículo. Anna Maria Cànopi es fundadora y abadesa del monasterio Benedictino “Mater Ecclesiae” de la Isla de San Giulio, en el lago de Orta (Novara).
Desde el silencio del claustro, desde hace años tras el Concilio, desarrolla un fecundo ministerio espiritual, tanto con el servicio de lectio divina y de coloquios, como con numerosas publicaciones, de las que se percibe una espiritualidad de alcance universal y existencial alimentada por las fuentes de la Escritura, la Liturgia, los Padres de la Iglesia y el monacato. Entre sus títulos, destacan: La Santa Messa (Paoline, 2008); Fammi sapere perché... Il tema del dolore. Lectio divina sobre el libro de Job (edb, 2008); Incontri con Gesù (Elledici, 2009); Mansuetudine, volto del monaco (La Scala, 2010), traducido también al francés; Tu mi hai preso per mano. Educare alla vita in Cristo (edb, 2011); Nel fuoco dello Spirito (San Lorenzo, 2013); Una vita per amare (Interlinea, 2013); Lettera ad Edith Stein (San Paolo, 2014); Mia nativa Sorgente (Morcelliana 2015); … ancora cantando (Morcelliana 2016).
«Signore mio Dio, tu abres cada día mis labios al amanecer concediéndome unirme a todas las criaturas para cantar tu alabanza. Orar es para mí respirar en ti, es tomar la savia vital de tu fuente pura, Dios de mi vida. Por tu don, cada mañana intento imitar al “abeja industriosa”: recorriendo los prados floridos de las Escrituras recojo el néctar de tu divina Palabra para transformarlo en mieles de dulzura y consuelo para todos los hombres. Soy una multitud de pobres, de pequeños, de indefensos que llevan en su carne y en su espíritu las heridas mortales de una existencia continuamente amenazada y acechada por el mal».
«El lago de Orta, donde se alza la isla de San Giulio, es un lago que hace lo que quiere. Un original que, en lugar de enviar las aguas al sur, las envía al norte, como si quisiera regalarlas al Monte Rosa», escribió Gianni Rodari. Es un lago con un espíritu rebelde, diferente a todos los demás. Se descubre casi por sorpresa, cerrado y protegido entre montañas boscosas. Este “rincón de paraíso” ha inspirado a poetas y escritores, la creatividad de artistas y las imágenes de grandes fotógrafos contemporáneos. Lake time lo narra con las palabras de un grupo de autores nacidos junto al lago, que allí viven o lo descubrieron por casualidad, o lo evocan con nostalgia desde lejos.
Lectio divina y vida monástica según la experiencia de Anna Maria Cànopi
La lectio divina no es solo la lectura sagrada, sino un encuentro entre el texto y la persona que lo lee, que transforma la vida del lector en comunión con Dios. Durante la mañana, en las horas de las Llamadas (Lodi) se abre la lectio divina: la palabra de la abadesa dirigida al coro de monjas y a los huéspedes. Su voz se escucha como la presencia de una relación personal y simultánea. Participar en la oración comunitaria se vuelve un convite directo a la vida espiritual de cada uno. En la tradición benedictina, la lectio se acompaña de la oración y la meditación, y se convoca en un contexto de ascesis y recogimiento, propio de la vida monástica.
La lectio no es una lección; es un modo de estar ante la Palabra de Dios, que transforma al que escucha y al que lee. La Regla benedictina contempla la lectio como un lugar privilegiado para el aprendizaje, la oración y la vida comunitaria. En el siglo XX, la investigación sobre las fuentes subraya la inseparabilidad entre lectio, oración y meditación. Practicar la lectio conlleva escuchar la oración que nace de ella y cuidar sus beneficios a lo largo del tiempo. Debe insertarse en un contexto de vida monástica, donde la liturgia y la búsqueda de Dios convergen en un fin común.
Lo que madre Cànopi transmite durante las Lodi no deriva solo de su formación académica, sino de su experiencia personal y comunitaria, de la herencia milenaria a la que se abandona operativamente. Sus oyentes, en su mayoría, ignoran de dónde proviene el beneficio de lo que escuchan, pero lo reciben. En los días laborables, los temas giran en torno a las lecturas matutinas: primera lectura del Antiguo o Nuevo Testamento, lectura pat的是stica y tercera lectura para memorias, fiestas o festividades. Las lectio de los tiempos fuertes introducen en temas relacionados. A menudo, estas lectio toman la forma de pequeños volúmenes y circulan en ediciones del monasterio y se exponen en las portinerías de la abadía Mater Ecclesiae y de sus casas-destino en Saint-Oyen, Fossano.
Durante años, las publicaciones han destacado el “caso San Giulio” y la profundidad espiritual de la abadesa. Muchas personas llegaron a la isla buscando ayuda en momentos de desesperación. Ella era la última persona a la quien se llamaba antes de entrar en una sala de operaciones o cuando el suicidio parecía la única salida. La presencia de madre Cànopi ofrecía un abrazo de participación que permitía sostener a quienes padecían. En mis recuerdos, la profundidad de su compasión mostraba que el dolor de otros no la consumía, aunque su fuerza provenía precisamente de la entrega total a Dios y de la capacidad de abrigar a quienes sufrían.
La clausura de la Isla de San Giulio durante décadas brindó a innumerables personas la certeza de que nadie quedaría solo, que alguien participaría sin límites en su aflicción humana. El “no se puede” fue la clave de su fortaleza: confiarse sin reserva a la miseria humana y estar dispuesto a amar la cruz. La experiencia de la abadesa mostró que la vida monástica no es una retirada del mundo, sino un modo de presencia y acompañamiento que transforma la vida de la comunidad y de quienes buscan consuelo.
