En los últimos años se ha presentado con insistencia la idea de que la Biblia ha sufrido alteraciones en ciertos pasajes y que otros tantos textos bíblicos han sido mal interpretados; aún más, que en algunos concilios se han tomado decisiones, más de orden político que religioso, para favorecer alguna interpretación cristiana tradicional. Es necesario aclarar el supuesto rechazo de la doctrina de la reencarnación por parte de la iglesia cristiana.
Según los reencamacionistas Whitton (psiquiatra) y Fisher (periodista), “a partir del siglo IV la naciente teología cristiana desarrolló una oposición a la idea de la reencarnación. Un edicto oficial, en el año 553, condenó la doctrina de la reencarnación cuando el emperador Justiniano dictó maldiciones eclesiásticas formales contra la ‘monstruosa repetición del nacimiento’.” Pero este es un grave error, muy común entre los creyentes del Movimiento de la Nueva Era. Así lo declara Chandler, que es un crítico opositor de este movimiento: “el Concilio de Constantinopla… jamás consideró el tema de la reencarnación. Simplemente no era de gran interés para los padres de la iglesia. El concilio sí discutió y rechazó la idea de la preexistencia del alma, criterio que había sostenido Orígenes, uno de los teólogos de la iglesia.”
Orígenes creía que las almas humanas preexisten a sus cuerpos físicos, pero no creía en la reencarnación. Un error adicional, y tan grave como el anterior, es el que comete el Dr Weiss en su investigación sobre la reencarnación. Lamentablemente, el Dr. Weiss no proporciona ninguna referencia para legitimar su postura. Una cosa es clara en todo caso: los textos que se refieren directa y, por así decirlo, exclusivamente a la inspiración de los libros sagrados, se mantienen en una enorme sobriedad.
Así se dice en la primera carta de Clemente: “Vosotros habéis escudriñado las Sagradas Escrituras, que son veraces y fueron dadas por medio del Espíritu Santo.” Lutero y Calvino, quienes expusieron muchos errores de la iglesia popular de sus días, no hicieron referencia alguna al supuesto hecho de que Constantino haya quitado de la Escritura pasajes que apoyaban la reencarnación. Las Sagradas Escrituras del judaísmo, el Antiguo Testamento (AT) para los cristianos, no asimilaron las ideas dominantes del paganismo en medio del cual se desarrollaron. Casi cada página del Antiguo Testamento contiene amonestaciones contra las creencias y prácticas idolátricas de los pueblos que rodeaban a los hebreos. En cuanto a la enseñanza sobre la muerte y la vida futura después de ella, el AT no menciona directamente, ni siquiera sugiere, la doctrina de la reencarnación.
Ello es reconocido por Christie-Murray, quien señala: “Los reencamacionistas citan una serie de textos aislados que, según ellos, apoyan o sugieren tal doctrina, pero que, para cualquier lector objetivo, resultan extraordinariamente débiles y a veces muestran una falta de comprensión del original”. Que la reencarnación no es una doctrina del AT se demuestra por el hecho esencial de que la idea del alma inmortal, que se separa del cuerpo al momento de la muerte, no se encuentra en ninguna parte de las Escrituras. Desde el punto de vista del AT, el hombre, bajo ninguna forma, continúa existiendo conscientemente después de la muerte. Este es un punto crucial puesto que grandes sectores del cristianismo sostienen la creencia en la inmortalidad del alma como una de las doctrinas capitales de la Biblia.
Lo que sí es cierto es que el esoterismo judío incorporó en su pensamiento ideas babilónicas, griegas y de otros pueblos acerca de la inmortalidad del alma y la reencarnación. El NT no menciona la doctrina de la reencarnación. La doctrina de la resurrección es la esperanza de los que han muerto en Cristo. Para todo lector que conoce el NT, es claro que la resurrección es radicalmente diferente a la reencarnación, de tal manera que es imposible intentar una síntesis con ellas sin que se desfiguren sus conceptos esenciales.
Uno de esos textos es aquel donde Jesús dice: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3). Con este solo texto pretenden afirmar que Cristo enseñó la reencarnación, pasando por alto tres puntos fundamentales. En primer lugar, viola una de las reglas elementales de la hermenéutica: ninguna doctrina puede construirse sobre la base de un solo texto bíblico. En segundo lugar, se ignora el resto de las enseñanzas de Cristo, donde la resurrección de los muertos es de importancia capital. En tercer lugar, quienes citan el texto de Juan 3 olvidan el resto del discurso de Cristo que contradice precisamente lo que ellos pretenden probar.
Nicodemo interpretó ese pasaje en sentido físico: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?” (Juan 3:4). Esa era la oportunidad de oro para Jesús, si hubiera querido hacerlo, para instilar en la mente de Nicodemo la doctrina de la reencarnación, pero Jesús no lo hizo, sino que lo corrigió, aclarando que el nuevo nacimiento era de naturaleza espiritual. Y para reafirmarlo, puntualizó: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6).
Otra cita utilizada por defensores de la reencarnación es: “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elias que había de venir” (Mat. 11:14). Este texto se usa para sostener que Jesús estaba diciendo que Juan el Bautista era el profeta Elias reencarnado. Falso de toda falsedad. Cuando se le preguntó a Juan si era Elias, él negó: “No soy” (Juan 1:21). El Bautista sabía que su ministerio ya había sido anunciado por Isaías (Juan 1:22-28). Además, Elias nunca murió, fue llevado al cielo (2 Reyes 2:11) y apareció con Moisés en la transfiguración (Mateo 17:3).
La enseñanza apunta a que Juan tendría un ministerio poderoso como el del profeta Elias (Mal. 4:5-6). Esa interpretación aparece también en Lucas 1:17, donde se dice que el precursor vendrá “con el espíritu y poder de Elias”; Jesús la repite después de la transfiguración (Mat. 17). Por ello, Mateo 11:14 no contiene una referencia a la reencarnación de Elias en Juan el Bautista.
La creencia en la reencarnación es un principio fundamental en tradiciones hindúes y otras del oriente, así como en algunas corrientes del esoterismo y del movimiento Nueva Era. Muchos paganos modernos y algunas corrientes del espiritismo también la sostienen. No obstante, para la fe cristiana la enseñanza bíblica de la resurrección es la salida de la vida eterna y no un retorno a una existencia terrenal.
La reencarnación, por tanto, se presenta como una doctrina seductora y atractiva porque busca “resolver” enigmas de la vida, ofrece múltiples oportunidades y explica desigualdades aparentes. Sin embargo, la visión bíblica sostiene que cada ser humano muere una sola vez y luego enfrenta el juicio (Hebreos 9:27). En palabras de la Biblia, la resurrección es la esperanza final para los justos y la condenación para los impíos, sin lugar para un ciclo de nacimientos múltiples.
En la vida cotidiana, algunas personas citan pasajes aislados para sostener la reencarnación, pero el conjunto de las Escrituras, la hermenéutica y la tradición cristiana demuestran lo contrario. Por ejemplo, Lucas 23:43, donde Jesús promete al ladrón: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, no sugiere reencarnación, sino acceso inmediato a la vida eterna. Mateo 25:46 distingue entre vida eterna para los justos y castigo eterno para los impíos. Estas enseñanzas descalifican la idea de múltiples existencias.
En síntesis, la Biblia no sustenta la reencarnación. El NT enseña la resurrección y la vida eterna en Cristo. La inmortalidad del alma, aceptada por parte del cristianismo popular, no se sostiene con la evidencia bíblica y contradice la idea de que el ser humano continúa consciente entre muertes para reingresar en otro cuerpo. La esperanza bíblica es la resurrección, no la repetición de nacimientos.

La idea de analizar críticamente textos y conceptos debe hacerse desde el marco claro de la Escritura y la tradición, evitando asumir que las decisiones de concilios fueron meramente políticas. En las distintas tradiciones cristianas, la resurrección permanece como fundamento teológico y escapa a la reinterpretación basada en textos aislados.
¿Que significa la RESURRECCIÓN de JESÚS para los CRISTIANOS?
Varios pasajes de las Escrituras refutan la idea de la reencarnación. Jesús le dijo al criminal en la cruz: “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43), no “Tendrás otra oportunidad de vivir una vida en la tierra”. Los discípulos preguntan sobre la profecía de Elías y Jesús identifica a Juan el Bautista como viniendo en el espíritu de Elías, no como su reencarnación literal. Esta distinción es clave para entender la postura cristiana frente a la vida después de la muerte.
Por último, la reencarnación aparece descrita como un intento de dar respuestas simples a preguntas complejas de la vida, pero la teología bíblica ofrece una narrativa de metamoralidad y justicia que se cumple en la resurrección y no en secuencias de nacimientos múltiples.
- La inmortalidad del alma no es enseñada en el AT; la esperanza judía antigua se centra en la vida después de la muerte como resurrección o vida eterna.
- El NT distingue claramente entre resurrección y reencarnación; Jesús y los apóstoles afirman la vida en Cristo como esperanza definitiva.
- La reencarnación es incompatible con la captura bíblica de la gracia, la necesidad de rendir cuentas y la certeza de la vida eterna.