La espiritualidad como camino hacia una vida con sentido en una existencia finita

En los últimos años se ha hecho ostensible el reconocimiento de la diversidad socio-cultural con relación a la calidad de vida, y su impacto en los estudios sobre las identidades, las nuevas subjetividades y el bienestar. Por su parte, las instituciones que operan sobre el locus de lo social, han visto revitalizados los debates en torno de las creencias y el sufrimiento humano, y sus manifestaciones en la dinámica social.

El camino espiritual universal y eterno, diseñado por el Creador, se muestra a lo largo de la historia como guía para conectar con la esencia interior. La particularidad de este camino radica en que dentro de nosotros, en el centro del ojo o tisra til, podemos conectar con la ‘melodía divina’ o ‘la voz de Dios’. El poder espiritual que se encuentra oculto en el cuerpo humano solo puede activarse con la guía de un maestro experto, cuando con la meditación concentramos la atención en este punto, y la retiramos del mundo externo hacia este centro. Explicándolo de otro modo, el centro del ojo es la puerta a la que debemos llamar repetidamente con nuestra atención a través de la repetición de los cinco nombres que se nos dan en la iniciación espiritual.

Cuando logramos concentrar plenamente la atención en dicho punto, cruzamos la puerta e iniciamos el viaje hacia nuestro hogar divino. La voz de Dios, la Palabra, el Nombre, la música de las esferas está oculta en el cuerpo humano y reverbera en el foco del tercer ojo. Ese viaje interior que empieza con el esfuerzo del discípulo por retirar la atención va transformando gradualmente su percepción del mundo, permitiéndole valorar lo que es realmente importante en la vida. Aunque los discípulos deben seguir cumpliendo con las responsabilidades que tienen que afrontar en su destino individual, desarrollan desapego hacia las preocupaciones y asuntos del mundo, manteniendo constantemente la atención dirigida hacia su meta espiritual.

Esta actitud les permite afrontar el destino con más ecuanimidad. Por ejemplo, las cosas que antes les preocupaban y que, cuando no salían como ellos querían, llegaban a malhumorarlos y desequilibrarlos, ahora las pasan por alto ya que en realidad han dejado de ser importantes. Cuando la práctica de este camino espiritual se vuelve una prioridad para el discípulo y consagra su máxima dedicación a vivir las enseñanzas, empieza a tener un escudo ante el dolor y el sufrimiento. Obtiene la capacidad de recuperarse con más facilidad de los golpes de la vida, porque tiene un horizonte elevado que le ayuda a sobreponerse y minimizar los problemas. De esta manera, su vida no cae en la desorientación y el desánimo, aunque la mente intente atormentarle como lo hace habitualmente.

Asimismo, el crecimiento y desarrollo interior que adquirimos con la práctica constante de la meditación y el vivir las enseñanzas tiene una repercusión en cada acto de la vida, en la vida misma. Al mismo tiempo, el ego, que siempre está presente en nuestras acciones, se va diluyendo poco a poco. Dejamos de considerar que nosotros y todo lo que hacemos y pensamos es importante, y lo que verdaderamente nos mueve es el deseo profundo de que nuestro maestro esté satisfecho con nuestro comportamiento como discípulos. Este cambio de actitud es muy significativo en nuestra transformación interna, ya que difícilmente el ego se sometería por completo si no fuera por la relación especial que se da entre maestro y discípulo.

Sin embargo, la relación con el maestro se fortalece solo con la práctica consciente y constante de la meditación, integrada plenamente en nuestra vida. Esa relación tiene una dimensión de devoción que va más allá de la simple admiración o respeto hacia el maestro. En ella, los sentimientos adquieren una profundidad tal que se convierten en los indicadores más fiables de nuestra convicción para seguir el camino. Aunque al principio, como explica el Gran Maestro en el libro Joyas espirituales, podemos considerar al maestro como “un hermano mayor, o como a un amigo”, con el tiempo, y a medida que avanzamos en la práctica, llega a convertirse en el centro de nuestra vida. Es solo cuando tenemos la vivencia de estar delante de alguien que es verdaderamente ejemplar, bondadoso y lleno de amor hacia nosotros, que nuestro ego comienza a ceder, dando pequeños pasos hacia su rendición.

Esta rendición no es una derrota, sino la conquista del amor: la respuesta que como discípulos, tenemos al amor incondicional que el maestro profesa por cada uno de sus discípulos. Por eso queremos complacer al maestro, porque en ese amor y respeto hacia él encontramos el verdadero sentido de nuestro crecimiento. Entonces, perder nuestra identidad y fundirnos con el ser amado es lo que se vuelve verdaderamente importante.

En este contexto, el seva, o servicio desinteresado, es una práctica muy poderosa para hacernos comprender la influencia del ego en nuestra vida. El seva nos ofrece la oportunidad de ver, de manera directa, cuán profundamente estamos condicionados por los dictados del ego. En el seva, en lugar de actuar desde nuestros propios deseos y egos individuales, se nos invita a entregarnos por completo al servicio de los demás, sin esperar nada a cambio. Y es justo al realizar seva junto a los demás, cuando podemos vernos a nosotros mismos. Aprendemos no solo del maestro, sino también unos de otros. Cuando comenzamos el seva, a menudo tenemos que desaprender todo lo que hemos aprendido en nuestros roles mundanos, porque el seva tiene un propósito diferente. A lo largo de los años, nos encontramos con muchos sevadares cuya actitud hacia el seva nos inspira: los que están dispuestos a asumir una responsabilidad que nadie más quiere; los que son invisibles, los que calladamente hacen su seva en lugar de esforzarse para impresionar; los que son infaliblemente amables con los demás, incluso cuando están estresados; los que toman la más mínima sugerencia del maestro como una orden a obedecer.

Del mismo modo en nuestro trato con los demás, el maestro nos insta a mantener la armonía, lo cual es mucho más importante, por ejemplo, que discutir por imponer nuestra opinión en un asunto determinado. Recuerda que la opinión de una persona no tiene ninguna importancia, sea la que sea, cuando va contra los principios del amor y la armonía. Los maestros no cesan de alentarnos a nuestra mejora como seres humanos para que así podamos alcanzar la consciencia y experiencia de la espiritualidad. Por ello, nos aconsejan cultivar buenas cualidades en nuestro trato con las demás personas, realizar servicio desinteresado. El amor se reflejará sin duda en todas tus acciones. Toda tu vida cotidiana reflejará lo mucho que amas al maestro. Pero el amor no es para proclamarlo o gritarlo a las multitudes. El amor verdadero nunca se exterioriza. Aflora y crece solo en silencio. (M. Charan Singh)

En este curso, el y la estudiante analizará el significado de la espiritualidad y su lugar en la sociedad actual. A partir de diversas perspectivas interdisciplinarias, conocerá la historia de la espiritualidad occidental, la diferencia entre espiritualidad y religión, la concepción de filosofía como forma de vida y algunas rehabilitaciones contemporáneas de la espiritualidad. A través de metodologías como cátedra, análisis de caso, aprendizaje invertido y cooperativo problematizará sobre las implicancias individuales y sociales de una perspectiva espiritual, la relación entre transformación personal y social, y las dificultades en la búsqueda de sentido de vida en el contexto de la sociedad de consumo.

ilustración del camino espiritual interior

La Meditación de Jacobo Grinberg para Activar el Tercer Ojo

  • La espiritualidad como experiencia interna y su vínculo con una vida con sentido en un mundo finito.
  • La relación maestro-discípulo como motor de cambio interior y desinneración del ego.
  • El seva como práctica de servicio desinteresado que revela la influencia del ego.
  • La importancia de la armonía y el amor en las relaciones humanas según las enseñanzas espirituales.
  • La interpretación contemporánea de la espiritualidad dentro de la sociedad de consumo.
  1. Identidad y diversidad: cómo la espiritualidad aporta marcos para comprender el bienestar.
  2. Transcendencia y vida cotidiana: de qué modo la meditación transforma la percepción del mundo.
  3. Ética y convivencia: el papel del amor y la armonía en las interacciones diarias.

Infórmese: el estudio interdisciplinario de la espiritualidad y su lugar en la sociedad actual abre un espacio para cuestionar la relación entre transformación personal y social, y las dificultades en la búsqueda de sentido de vida en la sociedad de consumo.

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