Un equipo de investigación en Europa descubrió un esqueleto dentro de la estatua de un monje budista en posición de flor de loto. Se trata del cuerpo de un maestro de la escuela de meditación china que vivió hace más de 900 años y que se sometió a un proceso de auto momificación. Luego de que varias estatuas de Buda fueron exhibidas en ‘Momia: la vida más allá de la muerte’, una exposición del museo Drents, Países Bajos, los expertos tuvieron el presentimiento de que las figuras podían contener un cadáver momificado. El Centro Médico Meandro realizó una tomografía computarizada y una endoscopia a una de las estatuas para saber lo que realmente tenían dentro. La tomografía computarizada reveló que la momia no tiene órganos, solo el esqueleto. Por su parte, con la endoscopia, se encontró que en la cavidad abdominal, los órganos fueron remplazados por un material no identificado y trozos de pergaminos con caracteres chinos antiguos. Los investigadores también tomaron muestras de hueso para la prueba de ADN. Sentado en la posición de loto, el cuerpo encaja perfectamente con la estatua. El museo cree que esta momificación obedece a la antigua práctica, principalmente japonesa, de auto momificación. La auto momificación es un proceso agotador para los monjes, quienes debían seguir una dieta estricta por mil días, se alimentarían solo de frutos secos, semillas y raíces, despojando drásticamente todo rastro de grasa en su cuerpo y con ello las probabilidades de descomposición. Posteriormente, un té venenoso hecho de la savia del árbol Barniz del Japón sería el elemento encargado de deshidratar el cuerpo, reduciendo todo los fluidos corporales y convirtiéndolo en una amenaza para los gusanos o escarabajos que tratasen de consumir la carne del monje. De esta forma, el monje debilitado sería enterrado tres metros bajo el suelo en un ataúd de madera, lo suficientemente grande para que éste pudiera colocarse en flor de loto y continuar con su meditación y mantras. Mientras espera la muerte, continuaría respirando a través de un tubo de bambú y sosteniendo una campana. Cuando la campana dejara de sonar, el monje sería dado por muerto y desenterrado mil días después, convirtiéndose en un "Buda viviente". De los cientos de monjes que intentaron este proceso, sólo algunos se convirtieron en ‘Budas vivientes’ y son venerados en varios templos. El monje fue desenterrado en la provincia Songino Khairkhan, Mongolia y se cree que vivió bajo la dinastía Sung. La estatua con la que se hizo este hallazgo se encuentra actualmente en exhibición en el Museo Nacional de Historia Natural en Budapest como parte de la exposición de la “Momia Mundial” y permanecerá allí hasta mayo.
Crédito foto [M. - "La otra orilla". - China - ¿Inversión en riesgo? 163 163Cuando los especialistas del Meander Medical Center de Amersfoort, Holanda, le realizaron una tomografía a la estatua, no podían creer lo que veían: en su interior había una estructura ósea que coincidía con el esqueleto de un ser humano. El equipo comandado por los científicos Raynald Vermeijden y Ben Heggelman efectuó más estudios y así logró confirmar la sospecha: era una persona momificada, que estaba allí desde hacía unos mil años. ¿Quién podía ser ese individuo al que habían dado tan particular sepultura? Otros indicios hallados en la estatua fueron develando el misterio. La presencia de papeles con inscripciones chinas muy antiguas evidenciaron que se trataba de un monje budista. Entonces convocaron a Erik Bruijn, especialista en cultura china y budismo, para hilar aún más fino. 163
El análisis arqueológico de la pieza, junto a las pruebas de ADN realizadas sobre el material óseo, permitieron descifrar la identidad del monje. Era el maestro Liuquan, perteneciente a la Escuela de Meditación china, de quien se sabe que vivió entre los siglos XI y XII. Todo indica que se trató de un caso de automomificación, una práctica relativamente común entre los monjes budistas de la época y que luego fue prohibida por China. El sujeto debía someterse a un estricto ayuno y pasaba la totalidad del día meditando en la posición de loto. A la izquierda, tomografía de la escultura con la momia dentro. A la derecha, el exterior de la figura.
Los hallazgos también señalan que la momia fue guardada en el interior de una estatua dorada de Buda. Zhang Qisan fue un monje budista chino que murió entre 1022 y 1155, y era venerado en Yangchun y en Dong Pu, poblaciones de Fujian. Su momia permaneció oculta durante un milenio hasta que, en 2013, se realizó una tomografía a una figura similar que incluía un cuerpo momificado; el dueño legal era el coleccionista holandés Oscar van Overeem. Eufóricos, los fieles pidieron su devolución. Sendos comités de vecinos chinos interpusieron una demanda ante los tribunales de Ámsterdam. Este miércoles la han perdido porque, como grupo, no tienen personalidad jurídica y el caso es inadmisible.
Cuando lo separaron de su base, se encontraron rollos de tela con caracteres chinos. En el interior, había un varón perfectamente momificado. Las fotos del buda momificado, de 1,2 metros de alto, acostado en la camilla de un escáner del Centro Médico Meander, en la provincia de Utrecht, dieron la vuelta al mundo. Los habitantes de Yangchun las vieron en 2014 y dijeron reconocer de inmediato al monje perdido. “Cuando lo separaron de su base, se encontraron rollos de tela con caracteres chinos. En el interior, había un varón perfectamente momificado y se presume que se preparó para su automomificación. Un ascetismo extremo que incluye una dieta estricta para deshacerse de la grasa corporal y un té venenoso que provoca vómitos y evita que los gusanos corrompan luego el cuerpo. Si salía bien, tras la muerte era llevado a un templo como un buda”, explicó entonces Vincent van Vilsteren, conservador de Arqueología del museo holandés de Drenthe, donde había estado expuesta la imagen.
Según la página de web del Instituto de Arqueología de la Academia China de Ciencias Sociales, el monje en cuestión “se llamaba Zhang Qisan y era un médico reverenciado por sus pacientes y convecinos, a los que ayudó a superar epidemias”. Sobre la imagen misma se esculpieron dos capas de ropa: “primero un lienzo, y encima un traje con flores y dragones, símbolos los segundos de longevidad y poder”. Un cinturón negro cuelga de su hombro izquierdo, y detrás hay una inscripción donde puede leerse la palabra Buda. En posición de loto, sentado con las piernas cruzadas, su rostro esboza una sonrisa.
Van Overeem, que en 1996 pagó 40.000 euros por la figura en Hong Kong, sostiene que no es la misma que reclaman los demandantes chinos, pero pensó en colaborar en su devolución. Con el tiempo empezó a tener dudas. “Me dijeron que la estatua desaparecida tenía un agujero en la mano izquierda, entre los dedos índice y pulgar. Tan grande que cabía otro dedo dentro. El cuello, por otra parte, debía estar roto, y no era así en la que yo compré”, aseguró a los jueces el pasado octubre, durante las audiencias previas. Jan Holtius, letrado de los demandantes chinos, replicó que el dueño se negaba a que una investigación independiente corroborara sus afirmaciones. El choque no benefició a sus clientes, porque para entonces Van Overeem ya no tenía el buda. La publicidad generada por el caso le molestaba, y en 2015 lo cedió sin papeleo a un hombre de negocios chino que solo me dio su nombre en inglés, el que se ponen para facilitar la pronunciación. Él quería devolverla a China, pero no diré su nombre, aseguró al tribunal. A pesar del revés, no todo está perdido para los comités chinos, que aún pueden apelar la decisión del tribunal.
Debieron pasar casi mil años para que el secreto fuera develado. Una estatua china de Buda que hoy es exhibida en Budapest como parte de una muestra de arte resultó ser mucho más que una simple pieza de museo: en su interior se encuentra el cuerpo momificado de un monje budista. Su cadáver, estiman los investigadores, está encerrado en el interior de esta pieza desde los siglos XI o XII. El trabajo fue realizado en el Meandro Medical Center, ubicado en la ciudad holandesa de Amersfoort. Un grupo de científicos le practicó a la estatua una tomografía computada que les permitió escanearla a través de rayos, que luego fue completada con una serie de estudios con endoscopio. El resultado los dejó con la boca abierta: advirtieron que en el interior de la estatua había una estructura esquelética que se correspondía con un cuerpo humano. Los radiólogos detectaron la presencia de pequeños trozos de papel con caracteres chinos antiguos. Bajo la supervisión de especialistas del Museo Nacional, también tomaron muestras de materiales de las cavidades torácica y abdominal, que aún no han sido identificados. La investigación fue liderada por el experto en arte y cultura budista Erik Bruijn, que fue especialmente invitado por el Museo del Mundo de Rotterdam. Los especialistas llegaron a la conclusión de que el cuerpo hallado es del maestro budista Liuquan, que habría muerto entre 1050 y 1150. Esto pudo ser confirmado a través de muestras de material oseo, que fueron sometidas a análisis de ADN. La hipótesis de los científicos es que Liuquan practicó la automomificación, en la que los ascetas budistas seguían durante varios años un estricto y doloroso plan de ayuno, hasta llegar a una etapa final en la que meditaban en posición de loto hasta morir. Al cumplir ese rito, sus cuerpos eran conservados y eran venerados como "budas vivientes". Esta práctica fue prohibida por China siglos más tarde. El descubrimiento de la momia, detalló el Meandro Medical Center en su página web, es de gran importancia cultural, no sólo porque es único de su tipo, sino porque además es hasta el momento la única momia budista china que está disponible en Occidente para la investigación científica.
Una estatua de Buda, expuesta actualmente en el Museo de Historia Natural de Budapest y que viajará en mayo a Luxemburgo, contiene los restos momificados de un monje budista que falleció alrededor del año 1100 d.C., según se ha podido saber tras haber sido escaneada en 2013 y en 2014. La tomografía computarizada realizada el pasado mes de septiembre en el Centro Médico Meander, en Amersfoort (Países Bajos), reveló los restos mortales de un hombre de entre 30 y 50 años con la piel y los músculos perfectamente conservados, aunque en la imagen escaneada sólo se distingue el esqueleto. «Para los monjes no era raro practicar la automomificación, pero encontrar un monje momificado dentro de una estatua es realmente extraordinario», expresa Wilfrid Rosendahl, un paleontólogo alemán que ha dirigido el proyecto de investigación. El monje se murió de hambre, literalmente, practicando la meditación y sometido a un ayuno estricto que le elevó a un estado de trance y a una muerte inducida. Los otros monjes debieron de secar su cadáver junto a un fuego y durante varias décadas fue exhibido en la posición de loto como un ejemplo de devoción, probablemente en un monasterio de China o del Tíbet, según creen los investigadores. Un texto hallado junto a la momia sugiere que podría tratarse de Liuquan, un maestro budista venerado en su tiempo. Con el fin de preservar el cuerpo para la posteridad fue depositado en el interior de una estatua dorada de Buda. En 1996 fue adquirida por un coleccionista privado de los Países Bajos y su extraño contenido fue descubierto durante una restauración. Los investigadores que la estudiaron el pasado mes de septiembre, tras el desmontaje de una exposición en el Museo Drents de Assen, se quedaron estupefactos al realizar una endoscopia y comprobar que los órganos del monje habían sido extraídos y reemplazados por pequeños trozos de papel con caracteres chinos. Un grupo de investigadores escaneó en Holanda una antigua estatua de Buda y halló en su interior una momia de más de mil años. Los científicos tomaron muestras de la momia dentro de la estatua y descubrieron, además, pedazos de papel con antiguos caracteres chinos en ellos. En una tomografía realizada a la silueta se vio claramente un esqueleto humano, informó el Centro Médico Meander, en Holanda.

La momia fue identificada como el cuerpo del maestro budista Liuquan, a quien los doctores le practicaron una endoscopía. Quizá recuerde algún momento de la infancia en el que vio los huesos de su mano sobre un fondo oscuro. ¿Cómo era posible fotografiar algo que se escondía bajo la piel? La invención de la radiografía se la debemos al alemán Wilhelm Röntgen, quien a finales del s. XIX descubrió un nuevo tipo de rayos capaces de atravesar ciertos materiales. Como su naturaleza era desconocida, los llamó rayos X. Experimento va, experimento viene, observó que esa radiación podía atravesar el tejido humano con más facilidad que los huesos. Ha pasado más de un siglo desde aquel momento y, pese a que se han realizado numerosos avances, el fundamento sigue siendo básicamente el mismo. Los rayos X atraviesan en mayor o menor medida el objeto que se ponga en su camino y llegan a una placa fotográfica. Esta placa está formada por ciertos compuestos químicos (haluros de plata) que, al entrar en contacto con los rayos X, se oscurecen. Dado que los rayos X atraviesan con más facilidad los materiales con átomos más ligeros, como los que hay en la piel y los músculos, estas partes del cuerpo se verán más oscuras en la radiografía. Todo lo contrario pasa con los huesos que, al estar formados por átomos más pesados, aparecen más blancos.
Ahora dejemos de imaginar que radiografiamos una mano. Más allá de para mejorar nuestra salud, la radiografía también es indispensable para entender y cuidar mejor nuestro patrimonio. El gato de Gayer-Anderson es una figura de bronce realizada hacia el 600 a.e.c. en el Antiguo Egipto. Su nombre se debe a un teniente retirado de la armada inglesa que fue un ávido coleccionista de arte antiguo y donó la estatua al British Museum en 1939. En 2007 el museo inglés decidió realizar una publicación sobre esta curiosa figura, para lo que realizaron un exhaustivo estudio técnico que incluyó numerosas radiografías. Al tratarse de una escultura y ser metálica, se emplearon rayos X de alta energía (220 kV) y una exposición prolongada (8 minutos) para que suficiente radiación atravesase el material. Hay dos zonas de la radiografía que nos llaman especialmente la atención: un complejo entramado en la cabeza y una mancha irregular que recorre gran parte del cuerpo. Es muy posible que la mancha sea consecuencia de un trozo de metal que se resquebrajó y se volvió a unir mediante un adhesivo. Al menos eso se deduce al ver que la línea que forma el perímetro es más oscura: los adhesivos absorben menos radiación que el bronce y provocan esa diferencia de color. Volvamos ahora nuestra mirada a la cabeza del gato. Si se fijan detalladamente, verán que dentro del cráneo tiene… ¡un tubo! Todo apunta a que este cilindro se puso ahí como una suerte de andamiaje para reforzar la unión entre cabeza y cuello durante un proceso de restauración. Esa no es la única intervención que ha sufrido la cabeza del felino. En algunas zonas se pueden ver unas líneas más claras en la radiografía que parecen cicatrices y, en cierto modo, lo son.
Pero la radiografía no sólo nos habla de los envites que ha sufrido el gato de Gayer-Anderson a lo largo de su vida, también nos ofrece pistas de cómo nació. Si nos fijamos en las patas, las orejas y el rabo, veremos que son completamente blancas. Eso quiere decir que están realizadas en bronce macizo, mientras que la zona del cuerpo y la cabeza es hueca. Precisamente uno de los secretos más extraordinarios descubiertos en los últimos años mediante rayos X se esconde bajo estatuas de cera. Nos referimos a las tres bailarinas de Degas del Fitzwilliam Museum. El artista francés empleó alambre para crear una estructura sobre la que moldear la cera. Lo sorprendente es que para el relleno usó todo tipo de materiales que rondaban por el taller: corchos de botellas de vino, trozos de tarima, pinceles, etc.
Nos encontramos ante una escultura en madera dorada que tras exponerse en el Drents Museum se llevó al hospital de Amersfoort para realizar una tomografía computada. Pese a lo complejo del nombre, esta técnica sigue empleando rayos X. La diferencia con una radiografía convencional es que el haz de rayos se gira alrededor del cuerpo para lograr diferentes imágenes que, una vez unidas por un sistema informático, forman una imagen tridimensional. Tomografía computada de la estatua de Buda (s. Sí. Dentro de la escultura había un cadáver en posición de flor de loto. Pero no se preocupen, esto no pilló desprevenidos a los trabajadores del centro. En 1997 ya se había descubierto que la estatua guardaba el cuerpo de un monje momificado mediante un exigente rito de automomificación en vida. Eso sí, la tomografía ha permitido estudiar su cuerpo, de unos mil años de antigüedad, como difícilmente se podría haber imaginado.