Biografía de Tirumalai Krishnamacharya: maestro fundacional del yoga moderno y su influencia en Occidente

Krishnamacharya es una figura simbólica de la Cultura Tradicional India y el padre fundador de las enseñanzas de Yoga para los Europeos. Nació en el Sur de la India en 1888 y perteneció a una familia de filósofos y maestros espirituales, era el mayor de cinco hijos. La mayoría de sus estudios los realizó en Varanasi (Benarés) y Calcuta, baluartes de la filosofía tradicional India donde rápidamente obtuvo las más altas distinciones en todas las ramas de la Filosofía India. Obtuvo la maestría del Yoga Hindú en los Himalayas y del Yoga Budista en Burma, entonces parte de la India. Más tarde, viajó a Cachemira a estudiar Sufismo. Enseñó filosofía India en la Universidad de Benarés y Calcuta antes de aceptar la invitación del Rey de Mysore para enseñar Filosofía India en la Universidad de Sánscrito de Mysore.

Como sus antepasados, enseñó al Rey y fue nombrado filósofo de la Casa Real. Como Maestro de Filosofía, Krishnamacharya fue invitado por muchas Casas Reales y Monasterios de la India para participar en Debates Filosóficos, característicos de la Cultura India desde tiempos inmemoriales. Emergió victorioso, no solo en sus argumentos, sino en su habilidad para explicar la aplicación de la Filosofía India, al público general en términos sencillos y convincentes. Además de esto, dominaba 15 idiomas Indios, era astrólogo, músico, deportista y un cocinero refinado.

En 1920, Krishnamacharya empezó a enseñar Yoga a la Familia Real y a los residentes de Mysore. Con el tiempo, le fue dando más importancia a la enseñanza de Yoga. Siempre integraba los aspectos filosóficos de Yoga cuando practicaba o enseñaba. Alrededor de 1935, Krishnamacharya enseñó a su primer alumno no-Indio. Estos nuevos alumnos eran Europeos, y como crecían en número, aprendió por sí mismo inglés para poder enseñar a sus nuevos alumnos en inglés. Vivió en Mysore hasta 1954 cuando se trasladó a Madrás (Chennai) donde vivió hasta su muerte en 1989.

Krishnamacharya tuvo seis hijos, tres hijos y tres hijas. Enseñó Yoga a su mujer Srimathi Namagiriammal así como a sus hijos. Aunque su hijo mayor, T.K. Srinivasan, estaba muy bien versado en Yoga, decidió especializarse en Filosofía India. Hoy en día es una de las autoridades en Nyaya y Mimamsa, dos puntos de vista filosóficos los cuales se distinguen entre los más importantes en la tradición India. Sus otros hijos, T.K.V. Desikachar y T.K. Sribhashyam, renunciaron a sus profesiones para dedicarse exclusivamente a la enseñanza de Yoga. La segunda hija de Krishnamacharya, Srimathi Alamelu es una de las primeras mujeres a las que Krishnamacharya enseñó los Vedas.

Antiguamente la cultura India prohibía la enseñanza del Yoga y la Filosofía a las mujeres. T.K.V. Desikachar fue alumno de su padre hasta su muerte y fundó el Krishnamacharya Yoga Mandiram en memoria de su padre y maestro. Un lugar donde se imparte Yoga principalmente de manera individual, se enseña canto védico, filosofía, se imparten diferentes formaciones de yoga y yoga terapia. Pero sobre todo el KYM se dedica a atender, principalmente a indios, en sesiones individuales de Yoga Terapia. También tiene proyectos para discapacitados y colabora con hospitales y médicos para la aplicación del Yoga a diferentes types de dolencias, diabetes, problemas cardíacos, obesidad, etc.

Krishnamacharya nunca abusó de su posición. Rechazó regalos que le ofrecía el Rey y las diferentes Casas Reales y vivió con el modesto ingreso que tenía como inspector de una plantación de café, llevando arena y piedras para la construcción de proyectos, y practicando la Medicina India (Ayurveda). Incluso cedió su valiosa herencia a su hermano y sus hermanas para poder permanecer fiel a sus principios filosóficos. Rechazó cargos distinguidos que le ofrecían las Casas Reales y los Monasterios para poder mantener su libertad e independencia en sus enseñanzas. Su mujer, Srimathi Namagiriammal siguió su ejemplo y compartió su sencillo estilo de vida. Para Krishnamacharya y sus hijos Namagiriammal representaba la filosofía misma personificada.

Aunque Krishnamacharya era un estricto practicante Hindú, tenía un gran respeto por todas las religiones, pensamientos tradicionales o contemporáneos. Su ausencia de prejuicios le llevó a conocer a muchos líderes Espirituales de otros credos. Muchos líderes religiosos, cabezas de estado, maestros de yoga y filósofos vinieron a aprender con él. Respetaba sus necesidades de confidencialidad y nunca usó estas relaciones para aprovecharse o para su propio beneficio personal. Participaba en la vida familiar, lo cual incluía las actividades domésticas. Para él, todos eran iguales y se merecían la misma atención.

Sri B.K.S. Iyengar, Sri T.K.V. Desikachar and Sri T.K. Sribhashyam son los discípulos más íntimos del maestro. Ellos han invitado al mundo entero a transmitir las enseñanzas de Sri T. Krishnamacharya. Krishnamacharya marcaría un antes y un después en la enseñanza del Yoga al aceptar a una mujer, y además extranjera, como discípula. Fue además maestro de los grandes maestros: B.K.S Iyengar, Pattabhis Jois, Indra Devi y Desikachar.

El Yoga tiene unos 6.000 años de antigüedad. Nace en la cultura védica de la India como método holístico de equilibrar cuerpo, mente y alma. En Occidente el Yoga no llegó a conocerse hasta principios del siglo XX, y no sería hasta los años 60 cuando finalmente comenzó a alcanzar popularidad. En la antigüedad el Yoga era una disciplina practicada por ascetas y vetada a las mujeres. Su profundo cambio y apertura hacia todos sin distinción de sexo, raza y credo se debe en gran parte a uno de los más grandes maestros de Yoga de la historia: Tirumalai Krishnamacharya.

El 18 de noviembre de 1888, cerca de Mysore, en la India, nació Krishnamacharya, hijo de un gran erudito de la época, Srinivasa, y su esposa Ranganayaki. Krishnamacharya fue educado por su padre en el sistema tradicional de gurukula, en el cual el discípulo vivía junto al maestro. Con 10 años de edad Krishnamacharya perdió a su padre y fue enviado a Mysore para aprender sánscrito y filosofía vaishnava. En 1915 se propone viajar al Tíbet cruzando la India y Nepal a través de los Himalayas, En Simla conoce al virrey de la India. Lord Chelmsford padece una grave diabetes y le han recomendado que practique Yoga. Así que le pregunta a Krishnamacharya en tono desafiante: «¿Cuánto sabes de Yoga?». Convencido con la respuesta del joven Krishnamacharya, el virrey comienza a practicar Yoga y en seis meses recupera los niveles normales de diabetes. Como gesto de agradecimiento le facilita el viaje hacia el Tíbet haciéndose cargo de todos los gastos y asignándole dos personas para que le ayudaran durante el arduo periplo. Krishnamacharya pasó siete años y medio en el Tíbet, donde aprendió de su maestro diferentes técnicas de asanas, pranayama y Ayurveda, y memorizó textos yóguicos como los Yoga-sutras.

En 1925 el maharajá de Mysore le contrató para que dirigiera la yoga-shala (escuela de yoga) de su palacio. Allí comenzó a enseñar a niños y niñas por separado, adultos y clases especiales para aquellos con determinadas enfermedades. Dos de esos niños, hoy en día son por mérito propios grandes maestros: B.K.S Iyengar y Pattabhi Jois. Desde Mysore, Krishnamacharya comenzó a viajar por toda la India dando clases de Yoga acompañado por alguno de sus discípulos. El 23 de enero de 1936, ante el Dr. En 1937 Krishnamacharya marcaría un antes y un después en la enseñanza del yoga al aceptar a una mujer, y además extranjera, como alumna en la escuela de Yoga. Antes sólo había enseñado a su esposa y a sus dos hijas, pero ahora se enfrentaba al reto de una mujer que no era familia y venía de Occidente.

En 1950, después de 25 años de enseñanza en Mysore, el gobierno de la recién independiente India cerró la escuela de Yoga. Krishnamacharya tenía casi 62 años y era padre de cinco hijos. Krishnamacharya empezó a recibir más estudiantes en su casa provenientes de toda la India y también de Occidente. Publicó varios libros y siguió con la enseñanza de Yoga hasta 1984. A la edad de 96 años se retiró de la vida activa y se dedicó más a la meditación y el estudio de las escrituras sagradas. Además de sus escritos y enseñanzas directas de cómo enseñar Yoga, Krishnamacharya fue el maestro de cuatro de los más renombrados maestros de Yoga del siglo XX: B.K.S Iyengar, Pattabhis Jois, Indra Devi y Desikachar. Cada uno ha desarrollado un estilo de propio, pero todos están basados en las enseñanzas de Krishnamacharya.

Quizá nunca hayas escuchado hablar de él, pero es posible que Tirumalai Krishnamacharya haya influenciado e incluso inventado tu Yoga. Ya sea que practiques las series dinámicas de Pattabhi Jois, el refinado alineamiento de B.K.S Iyengar o ISHTA, su legado se ha esparcido por toda Europa, Asia y las Américas. Es difícil encontrar hoy día una tradición yoguica cuyas asanas no haya influenciado. Aun cuando aprendas de algún yogui apartado ahora de las tradiciones asociadas con Krishnamacharya, es bastante probable que tu maestro haya estudiado previamente el método Iyengar, Ashtanga, o Viniyoga antes de desarrollar su propio estilo. Rodney Yee, que aparece en numerosos y populares videos, estudio por ejemplo, con Iyengar. Richard Hittleman, un conocido yogui de la T.V. de los años 70 estudio con Devi.

Otros profesores han incorporado enseñanzas de varios estilos basados en Krishnamacharya, creando a su vez métodos particulares tales como el White Lotus Yoga de Ganga White y el ISHTA Yoga de Manny Finger. Muchas de sus contribuciones han sido integradas de tal modo en el tejido de la tela del Yoga que, la fuente ha sido olvidada. Se dice que Krishnamacharya es responsable del moderno énfasis en Shirshasana (paro de cabeza) y Sarvangasana (equilibrio sobre los hombros). Fue pionero en el refinamiento de las posturas, en optimizar sus secuencias y en atribuir valor terapéutico a asanas especificos. En efecto, la influencia de Krishnamacharya se puede apreciar, más nítidamente, en el énfasis en la práctica de asanas, que ha llegado a ser la rúbrica del Yoga de hoy.

En el proceso, transformó el Hatha - que era un oscuro riachuelo del Yoga - en su cauce principal. El resurgimiento del Yoga en India le debe muchísimo a sus innumerables tours y demostraciones, durante los años 30 y también a sus cuatro más famosos discípulos - Jois, Iyengar, Devi y a su propio hijo T.K.V. Krishnamacharya sigue siendo un misterio, incluso para su propia familia. Nunca escribió sus memorias o se atribuyó alguna de sus numerosas innovaciones. Su vida está envuelta en mito. Aquellos que lo conocieron bien ya son demasiado ancianos.

Es curioso ver cómo la evolución de la personalidad de este hombre multifacético influenció el Yoga que practicamos hoy día. Krishnamacharya comenzó su carrera como profesor perfeccionando su estricta e idealista versión del hatha yoga. Algunos de sus estudiantes lo recuerdan como un maestro riguroso y volátil, B.K.S. Iyengar decía que Krishnamacharya podría haber sido un santo si no hubiese sido tan egocéntrico y tenido tan mal genio. Ambos hombres continúan siendo totalmente leales a su guru, aun cuando lo conocieron en diferentes etapas de su vida, es como si recordaran a dos personas diferentes.

El mundo del yoga que Krishnamacharya heredó a su nacimiento, en 1888, era bastante diferente al de hoy. El yoga había perdido mucha fuerza debido a las presiones del régimen colonial británico. Solo un pequeño grupo de hindúes lo practicaba. Pero, a mediados del siglo diecinueve y comienzos del veinte, movimientos revitalizadores hindúes insuflaron nueva vida en la tradición india. De joven, Krishnamacharya se sumergió en el aprendizaje de diversas disciplinas clásicas hindúes, incluyendo el idioma sánscrito, rituales, leyes, medicina india básica. Según notas biográficas escritas por Krishnamacharya cerca del término de su vida, su padre lo habría iniciado en el Yoga a la edad de cinco años, época en que comenzó a enseñarle los Yoga Sutras de Patanjali, y le dijo que su familia descendía de un respetado yogui del siglo IX, Nathamuni. Aunque su padre murió antes de que Krishnamacharya alcanzara la pubertad, inculcó en su hijo una gran sed por el conocimiento y el deseo específico de estudiar Yoga.

En otro manuscrito Krishnamacharya escribió que, cuando todavía era un mocoso, aprendió 24 asanas de un Swami de Sringeri Math, el mismo templo que vio nacer el linaje de Shivananda Yogananda. Tal como siempre contó esta historia, se encontró con un anciano en la puerta del templo, quien le indicó con el dedo un bosquecillo de mangos que había por ahí cerca. Krishnamacharya caminó hacia el bosquecillo donde se desplomó de cansancio. Cuando volvió en sí y se levantó, notó que se habían reunido a su alrededor varios yoguis. Su ancestro Nathamuni le cantó versos de Yogarahasya (en sánscrito, La esencia del Yoga), un texto perdido hacia más de mil años. Las semillas de muchas innovaciones en las enseñanzas de Krishnamacharya se pueden encontrar en este texto, disponible ahora en una versión en inglés (Yogarahasya, traducido por T.K.V. Desikachar, Krishnamacharya Yoga Mandiram, 1998).

imagen retrato de Krishnamacharya y discípulos

Aun cuando la historia del autor pueda parecer rebuscada, apunta a un importante rasgo de la personalidad de Krishnamacharya: Nunca se atribuyó originalidad. En su versión, el Yoga es divino. Después de su experiencia en el santuario de Nathamuni, Krishnamacharya continuó la exploración de una panoplia de disciplinas clásicas indias, obteniendo diplomas en filosofía, lógica, divinidad y música. Practicó Yoga a partir de los conocimientos rudimentarios, obtenidos en los textos y en alguna entrevista ocasional con algún yogui, pero siempre anhelaba estudiar más profundamente, como le había recomendado su padre.

Un profesor universitario lo vio practicando sus asanas y le recomendó que buscara un maestro llamado Shri Ramamohan Brahmachari, uno de los pocos hatha yoguis que todavía quedaban. Sabemos poco sobre Brahmachari, excepto que vivía en una remota cueva con su esposa y tres hijos. Krishnamacharya cuenta que pasó siete años con su profesor memorizando los yoga Sutras de Patanjali, aprendiendo asanas y pranayama, y estudiando los aspectos terapéuticos del Yoga. Durante su aprendizaje, Krishnamacharya dice haber dominado 3000 asanas desarrollando algunos de sus más notables talentos, como detener el pulso.

La educación de Krishnamacharya le habría permitido conseguir una buena posición en cualquier prestigiosa institución, pero eligió honrar la promesa a su mentor y regresó a la pobreza. En los años de 1920 enseñar Yoga no era remunerativo. Los estudiantes eran pocos, y Krishnamacharya tuvo que aceptar un trabajo como capataz en una plantación de café. Krishnamacharya hizo uso de los siddhis, las capacidades sobrenaturales del cuerpo yoguico, para popularizar el Yoga. Estas demostraciones incluían suspender el pulso, detener vehículos con sus manos, hacer posturas inverosímiles y levantar objetos pesados con sus dientes. Por medio de un matrimonio arreglado, Krishnamacharya honró la segunda petición de su guru.

Los antiguos yoguis eran ascetas que vivían en el bosque sin hogar ni familia. Pero el guru de Krishnamacharya quería que aprendiese la vida de familia y que enseñara Yoga que sirviera al ciudadano común. Al comienzo esto resultó ser más difícil de lo imaginado. La pareja vivía en tal pobreza que Krishnamacharya solo tenía un taparrabos, un retazo de género del sari de su esposa. La fortuna de Krishnamacharya mejoró cuando en 1931 recibió una invitación para enseñar en el Sanskrit College de Mysore. Allí recibió un buen salario y la posibilidad de dedicarse por completo a la enseñanza del Yoga.

La familia gobernante de Mysore, por mucho tiempo, había promovido todas las formas de arte autóctono, apoyando e injectando nuevo vigor a la cultura india. Por más de un siglo ya había patrocinado el Hatha Yoga y la biblioteca contenía las más antiguas compilaciones ilustradas de asanas que ahora son conocidas: Sritattvanidhi. Durante las dos décadas siguientes el Maharajá de Mysore ayudó a Krishnamacharya a promover el Yoga a través de la India, financiando demostraciones y publicaciones. Siendo diabético el Maharajá sintió fuertemente la relación entre yoga y la recuperación de la salud, y Krishnamacharya dedicó mucho tiempo a desarrollar esta conexión.

Era demasiado estricto y sus alumnos se quejaron. Así empezó uno de los periodos más fértiles de Krishnamacharya. Como los pupilos eran jóvenes, adaptó técnicas de Yoga, gimnasia y lucha india para desarrollar las secuencias dinámicas de asanas cuyo propósito era conseguir un insuperable estado físico. Este estilo de Vinyasa utiliza los movimientos de Surya Namaskar para entrar y salir de cada asana. Cada movimiento se coordina con una forma especial de respirar y drishti, lo que ayuda a la concentración meditativa. Con el tiempo Krishnamacharya estandarizó las secuencias de posturas en tres series: primarias, intermedias y avanzadas.

Serie de maestros: Krishnamacharya | Desde el mat EP15

Aun cuando Krishnamacharya desarrolló esta forma de practicar Yoga durante la década de 1930, permaneció prácticamente desconocida en Occidente por casi 40 años. Recientemente se ha transformado en una de las formas de Yoga más populares, gracias al trabajo de uno de sus más leales y famosos discípulos: K. Pattabhi Jois conoció a Krishnamacharya en sus tiempos difíciles, antes de los años en el palacio de Mysore. Intrigado por la demostración de asanas le pidió a Krishnamacharya que le enseñara Yoga. Las lecciones empezaron al día siguiente, horas antes de que sonara la campana de la escuela y continuaron cada mañana por tres años hasta que Jois tuvo que abandonar su hogar para entrar en el Sanskrit College. Jois conservó una inmensa cantidad de recuerdos de los años que estudió con Krishnamacharya.

Durante décadas ha mantenido el trabajo que le dejó Krishnamacharya con gran devoción, refinando las secuencias de asanas sin inflingirles modificaciones sustanciales. Desgraciadamente, el texto desapareció, nunca nadie lo ha visto. Existen tantas historias sobre su descubrimiento y contenido que uno se cuestiona su autenticidad. Cuando se le preguntó a Jois si la había leído alguna vez, respondió: "No, solo Krishnamacharya". Cualquiera fuesen las raíces del Ashtanga Vinyasa Yoga, hoy es uno de los más influyentes componentes del legado de Krishnamacharya.

Quizás este método, originalmente diseñado para los jóvenes, ofrece un camino más amigable hacia una espiritualidad más profunda en una cultura que valora la energía y lo externo. En las últimas tres décadas un número creciente de yoguis se ha sentido atraído por su precisión e intensidad. Aunque Krishnamacharya enseñó a niños y jóvenes en el palacio de Mysore, sus demostraciones públicas atrajeron a diversas congregaciones. Disfrutaba del desafío de presentar el Yoga a públicos con diferente formación y educación. Krishnamacharya siempre enfatizaba que el Yoga era para todos, y adecuaba sus enseñanzas para así respetar las creencias de sus estudiantes. Pero mientras pasaba por alto las diferencias culturales, religiosas y de clases, siempre mantuvo una actitud patriarcal hacia las mujeres.

La mujer, que llegó a ser conocida como Indra Devi (nacida en Zhenia Labunskaia, en la Latvia pre-soviética) era amiga de la familia real de Mysore. Después de ver una de las demostraciones de Krishnamacharya, pidió ser admitida como estudiante. Al principio ni extranjeros ni mujeres eran aceptados. Pero Devi insistió, persuasando al Maharajá que intercediera en su favor con este brahmán. De mala gana Krishnamacharya inició las clases, sometiéndola a una estricta dieta y a un difícil régimen de enseñanza destinado a quebrar su voluntad. Después de un año de aprendizaje, Krishnamacharya le pidió que enseñara Yoga. Le pidió que trajera a las clases un cuaderno y pasó con ella varios días dictándole sus conocimientos sobre cómo enseñar el Yoga, sobre dieta y pranayama. Posteriormente logró convencer a los líderes soviéticos de que el yoga no era una religión y así pudo abrir las puertas de la Unión Soviética al Yoga, donde hasta entonces era ilegal. En 1947 se trasladó a Estados Unidos. Viviendo en Hollywood llegó a ser conocida como La primera Dama del yoga, atrayendo a estudiantes como Marilyn Monroe, Elizabeth Arden, Greta Garbo y Gloria Swanson. Devi siempre se ha mantenido en sus enseñanzas, este es un estilo suave.

A la misma familia se unió Indra Devi al extender el alcance del yoga hacia Occidente, y Krishnamacharya le enseñó a combinar pranayama y asanas. Devi añadió un aspecto devocional a su trabajo que llamó Sai yoga. La postura principal de cada clase incluye una invocación de manera que el foco de cada práctica contiene una meditación en forma de oración ecuménica. Aunque ella misma desarrolló este concepto, pudo ya haber estado presente en forma embrionaria, en las enseñanzas que recibió de Krishnamacharya. En la actualidad, acercándose a los 103 años, Devi recibe cada tarde estudiantes en uno de sus seis centros de Buenos Aires, Argentina. Y hasta hace tres años atrás, todavía enseñaba posturas. Bien entrada en sus noventa años, continúa viajando por el mundo, llevando la influencia de Krishnamacharya a mucha gente en Norte y Sudamérica.

Tendrás dificultades en encontrar a alguien en Buenos Aires que no haya escuchado hablar de ella. Se contactó con todos los estratos de la sociedad latina. Durante el periodo en que Krishnamacharya les enseñaba a Devi y a Jois, brevemente también le enseñó a un niño llamado B.K.S. Iyengar, quien creció para jugar, probablemente, el rol más significativo en introducir el Hatha yoga en Occidente. También es difícil saber cuánto influyó su desarrollo posterior el entrenamiento que recibió de Krishnamacharya. Además de inculcar en Iyengar devoción por el Yoga, quizá plantó también las semillas que más tarde germinarían en el yoga de Iyengar. (Algunas de las características por las cuales es conocido hoy día particularmente las modificaciones a las posturas y sus usos terapéuticos son muy similares a las que Krishnamacharya desarrolló en su trabajo de los últimos años).

Posiblemente cualquier investigación profunda en el Hatha yoga produce resultados similares. De cualquier modo, Iyengar siempre ha idolatrado al guru de su niñez. Al comienzo, el porvenir de Iyengar no era claro. Cuando Krishnamacharya lo invitó a vivir en su hogar, la esposa de Krishnamacharya, hermana de Iyengar, predijo que el poco flexible adolescente no tenía futuro en el yoga. De hecho, lo que cuenta Iyengar de su vida con Krishnamacharya suena como una novela de Dickens. Krishnamacharya podía ser un profesor estrictísimo. Al comienzo casi no se tomó...

  1. Conclusiones históricas y su legado en el yoga contemporáneo
  2. Impacto en la enseñanza del yoga en Occidente

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