El tai chi chuan, originario de China y derivado del kung fu, emergió probablemente hace siglos entre monjes taoístas como un arte marcial y de cultivo interno. El énfasis en el movimiento lento, la respiración y las nociones del Qigong ha hecho que se convierta en un ejercicio saludable y una práctica de bienestar para todas las edades, a menudo asociado con la salud más que con la pelea.
Como explica Ben Judkins, historiador de artes marciales, los beneficios médicos del Taijiquan han sido discutidos en Occidente durante más de un siglo. Estudios clínicos recientes vinculan la práctica con la reducción de enfermedades cardíacas, la reducción del estrés y la mejora del bienestar en la vejez. Todo se reduce a la relevancia: el tai chi es adecuado para las necesidades públicas, incluso cuando existen estilos de pelea más rivales en el mundo de las artes marciales chinas.
La historia de Geddes y Delza en Shanghai en 1949 muestra dos caminos paralelos hacia la difusión del tai chi en Occidente: la observación de un anciano chino y la posterior formación con maestros, a pesar de barreras de género, raza y lenguaje. En aquellos años, estas dos mujeres estadounidenses no habían tenido un acercamiento previo a la práctica, pero su encuentro con el tai chi en China cambió sus vidas y marcó el inicio de una transmisión internacional del arte.
Orígenes y motivaciones: de la danza a una terapia integral
Sophia Delza nació en Brooklyn en una familia bohemia y desarrolló una carrera en danza moderna y teatro, estudiando en París y luego en Nueva York. Geddes, por su parte, provino de una familia adinerada en Noruega y estudió psicoterapia bajo la enseñanza del controvertido psiquiatra Wilhelm Reich en Oslo. Ambas combinaron sus intereses en danza y psicoterapia para explorar ejercicios que integraran mente y cuerpo.
En Shanghai, Geddes se dio cuenta de que el tai chi ya existía desde hacía siglos entre chinos y que no hacía falta “inventarlo”; solo era cuestión de aprenderlo y difundirlo. A pesar de las limitaciones impuestas por normas marciales y por un código que excluía extranjeros y mujeres, Geddes y Delza lograron estudiar con maestros chinos y traer el tai chi a sus países de origen.
Geddes aprendió el estilo Yang del tai chi con Choy Hak Peng en Hong Kong antes de regresar a Inglaterra para promoverlo, mientras que Delza promovió su enseñanza en lugares de alto perfil en Nueva York, abriendo camino para una mayor visibilidad de las artes marciales chinas en Occidente.
Primicias y despegues en Occidente
En 1954 Delza realizó una demostración pública en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, un hito señalado por Ben Judkins como un momento clave en la cultura de artes marciales en Estados Unidos. Este evento abrió la puerta a otras presentaciones y a la enseñanza regular del tai chi en instituciones de renombre como Carnegie Hall y las Naciones Unidas, mucho antes de que otras artes marciales chinas ganaran tracción en el país.
En el Reino Unido, las clases de Geddes encontraron reconocimiento en la London Contemporary Dance School, que integró el tai chi en su programa de primer año. En 1961, Delza escribió T’ai-Chi Ch’uan: Cuerpo y Mente en Armonía, probablemente el primer libro en inglés sobre artes marciales chinas, con la intención de atraer a los occidentales hacia esta obra maestra de la antigüedad centrada en la salud y el ejercicio.
Con el tiempo, la cultura de las artes marciales en Occidente creció de forma notable. Aunque el judo y el karate también se difundían, el tai chi ofrecía una propuesta única de bienestar y desarrollo interior que se adaptaba a un público amplio y diverso.
Contribuciones y desafíos de Delza y Geddes
Delza y Geddes ofrecieron una visión holística del tai chi que conectaba danza y psicoterapia, y su legado ha sido reconocido como clave para la difusión de las artes marciales chinas fuera de Asia. Sin embargo, su trabajo no estuvo exento de obstáculos: la cobertura mediática a menudo ignoró sus aportes y su papel quedó eclipsado por figuras masculinas más mediáticas.
Para comprender la pluralidad de las artes marciales, Jess O’Brien señala que el tai chi es multifacético y puede llevar a muchos caminos; no existe una meta única. Esta visión ayuda a entender por qué Delza y Geddes son referencias distintas y complementarias dentro de la historia de las artes marciales en Occidente.
Legado y continuidad
Desde la última parte del siglo, el tai chi se ha difundido por todo el mundo y sus beneficios de salud están respaldados por estudios clínicos. Las generaciones de estudiantes de Delza y Geddes continúan enseñando y promoviendo el tai chi en distintos continentes, manteniendo viva la conexión entre salud, movimiento y cultura.
Las historias de Geddes y Delza se inscriben en un contexto más amplio de popularización de las artes marciales en Occidente, donde el énfasis en la salud y la práctica meditativa ha permitido un acceso más amplio a estas tradiciones, incluso cuando las piezas narrativas tradicionales estuvieron dominadas por figuras masculinas y relatos centrados en la competencia.
Notas sobre contexto y continuidad
En resumen, el tai chi no solo representa una disciplina física; es una forma de comprender la salud, la cultura y la historia de las artes marciales en el mundo moderno. Las trayectorias de Sophia Delza y Gerda Geddes muestran cómo la curiosidad, la convivencia entre culturas y la búsqueda de bienestar pueden transformar una práctica ancestral en un patrimonio global.

Las Juventudes Hitlerianas | Documental
En el curso de sembrar las semillas del tai chi en Occidente, sus estudiantes -y los de sus estudiantes- enseñan por todo el mundo, consolidando una tradición que trasciende fronteras y generaciones.