La figura del Dalai Lama: historia, significado y percepciones públicas

Su Santidad sabe cómo encontrar alegría en casi todo y en casi todos, en gran parte debido a su sentido del humor. La multitud se veía tan seria como el tema. Mientras esperaban en el templo, murmuraban tranquilamente y se movían en sus asientos. Cuando Su Santidad finalmente salió de una puerta lateral, el sonido de las sillas de plástico raspando resonó por todo el vestíbulo mientras la multitud se levantaba y aplaudía. Su Santidad entró lentamente, rodeado de monjes vestidos con trajes tradicionales y guardaespaldas en trajes occidentales.

“Básicamente, somos animales sociales”, respondió el Dalai Lama. “Necesitamos amigo para desarrollar la amistad genuina, la confianza es muy importante. Para poder confiar, si usted les muestra el tipo genuino de respeto, el amor genuino, entonces la confianza viene, por lo que aquí creo que la expresión sincera de calidez es la sonrisa. Pero está claro que bromear también es la clave para conquistar a una multitud.”

Se tomó su tiempo y luego, en lugar de poner el paño blanco sobre la mesa a su lado, inmediatamente lo puso en su cabeza, donde descansó como un sombrero absurdo. Luego, se acercó con cierta aire ceremonial a un frasco de cristal con caramelos que estaba en la mesa baja delante de él. Luego se señaló a sí mismo: “Comer”, dijo, y rápidamente desenrolló el papel de aluminio y puso el caramelo duro en su boca. Su comportamiento travieso, su risa y sus bromas lograron su cometido. La solemne y respetuosa multitud comenzó a reírse con él, generando una atmósfera más íntima.

“Tuve esta experiencia (en) 1954 cuando estaba en Pekín”, dijo Su Santidad. “Todo el mundo era demasiado formal”, dice y adopta una postura tiesa burlándose de eso. Su Santidad sugiere que todos se permitan jugar y encuentren lo gracioso en la vida. Al ser juguetón y usar el humor, la gente también se vuelve más observadora y más empática. “Pensar sólo en el aspecto negativo no ayuda a encontrar soluciones y destruye la paz de la mente”, escribe.

Tanto para los que no aceptan el mandato chino como para los que están exiliados en la India o en cualquier otro lugar, el Dalai Lama es la encarnación del espíritu nacional tibetano. Pero ante todo, para ellos el Dalai Lama es un Bodhisatva. El Dalai Lama es un hombre muy compasivo, el gobernador de un país, un eminente maestro y una gran figura espiritual. Para los tibetanos, literalmente, es Avalokiteshvara manifestado en el mundo. Sienten que a través de él, todo el Tíbet, toda su tradición y toda su vida están en contacto con el mundo arquetípico espiritual; con lo trascendental.

Los budistas tibetanos creen que los Dalai Lamas son manifestaciones de Avalokiteshvara o Chenrezig, el Bodhisattva de la Compasión y el santo patrón del Tíbet. Su Santidad el 14º Dalái Lama, Tenzin Gyatso, se describe a sí mismo como un simple monje budista. Es el líder espiritual del Tíbet. Nació el 6 de julio de 1935, en el seno de una familia de agricultores, en una pequeña aldea situada en Taktser, Amdo, al noreste del Tíbet.

En primer lugar, como ser humano, Su Santidad se preocupa por animar a la gente a ser feliz, ayudándoles a comprender que si sus mentes están alteradas, el mero confort físico no les traerá la paz, pero si sus mentes están en paz, incluso el dolor físico no perturbará su calma. Aboga por el cultivo de la calidez de corazón y de valores humanos como la compasión, el perdón, la tolerancia, la satisfacción y la autodisciplina. Dice que, como seres humanos, todos somos iguales. Todos queremos la felicidad y no queremos el sufrimiento. Incluso las personas que no tienen creencias religiosas pueden beneficiarse si incorporan estos valores humanos a sus vidas. Su Santidad se refiere a estos valores humanos como ética secular o valores universales.

Como monje budista, Su Santidad se ha comprometido a fomentar la armonía entre las tradiciones religiosas del mundo. A pesar de las diferencias filosóficas entre ellas, todas las principales religiones del mundo tienen el mismo potencial para crear seres humanos buenos. Por ello, es importante que todas las tradiciones religiosas se respeten mutuamente y reconozcan el valor de sus respectivas tradiciones. La idea de que hay una sola verdad y una sola religión es relevante para el practicante individual.

En tercer lugar, Su Santidad es tibetano y, como «Dalái Lama», es el centro de la esperanza y la confianza del pueblo tibetano. Además, Su Santidad ha hablado últimamente de su compromiso en reavivar la conciencia del valor del antiguo conocimiento indio entre los jóvenes indios de hoy. Su Santidad está convencido de que la rica y antigua comprensión india del funcionamiento de la mente y las emociones, así como las técnicas de entrenamiento mental, como la meditación, desarrolladas por las tradiciones indias, son de gran relevancia en la actualidad. Dado que la India tiene una larga historia de lógica y razonamiento, confía en que sus antiguos conocimientos, vistos desde una perspectiva secular y académica, puedan combinarse con la educación moderna.

Es el profeta de la no violencia, pero de pequeño veía las películas de John Wayne. Predica la aceptación serena de la muerte, pero cuando sube a un avión se siente aterrorizado y tiene que cerrar los ojos durante el despegue. No sabe usar un ordenador, pero es capaz de arreglar un automóvil averiado. Imágenes inéditas de la vida de un monje excéntrico.

El Dalai Lama es todo esto: conocedor del alma, estudioso de física cuántica, maestro del arte de la meditación y hombre de ocurrencias fulminantes y frecuentes infracciones del protocolo. Durante una cena en la Casa Blanca se pasó por la cocina para saludar a los cocineros. De visita en París, paseando con la ex primera dama Danielle Mitterrand, se detuvo delante de la estatua de Buda: “Le presento a mi jefe”.

El Dalai Lama es un personaje excepcional, que se sale de los esquemas, cuenta Manuel Bauer, su fotógrafo personal. Este suizo nacido en Zúrich en 1966 es la sombra del líder budista. Juntos han hecho más de treinta viajes, desde Estados Unidos hasta Japón. Sus retratos ofrecen una imagen nueva del jefe espiritual y político de Tíbet: un Dalai Lama secreto, nunca visto hasta ahora. Bauer está siempre a su lado.

La vida cotidiana del Dalai Lama muestra disciplina y curiosidad. Vive al ritmo de un horario temprano: se levanta a las 3.30, medita, reza y luego continúa con su día. En el hotel, la cinta de correr y ejercicios ocupan un lugar habitual, y la experiencia de la mecánica atrae su atención: arreglar cámaras, proyectores y automóviles. Participa con regularidad en encuentros de física cuántica, porque en el misterio de las moléculas se esconde una verdad para el ser humano.

Los oráculos forman parte de sus ritos de iniciación, con círculos luminosos, arco iris y tormentas de viento; el Dalai Lama confía en los oráculos para tomar decisiones importantes. La fuga de Lhasa en 1959 abrió puertas al mundo y consolidó su papel de líder exiliado. Ha conocido a tres papas y a presidentes estadounidenses, desde Roosevelt en adelante. Su cercanía con figuras de alto nivel contrasta con su humildad de monje y su deseo de promover un Parlamento mundial de las religiones.

Entre sus colaboradores destacan el secretario personal y un pequeño equipo que acompaña al Dalai Lama en sus viajes. Dos equipos de guardaespaldas, tibetano e indio, aseguran su seguridad. El panorama político del Tíbet y la figura del Dalai Lama están entrelazados con la historia reciente de la región y su exilio, así como con el debate sobre la autonomía tibetana.

retrato del Dalai Lama con sonrisa etérea

tags: #mano #umana #usata #dal #dalai #lama